Traicionada por quienes más amaba y reducida a la nada, Angie huye de su vida anterior con el corazón roto y sin un centavo. La única mano extendida es la de Roberta, su amiga de toda la vida, que la acoge en su hogar sin hacer preguntas. Allí, Angie conoce al padre de su amiga: Lucian, un hombre imponente, millonario, de mirada profunda y carácter inquebrantable.
Entre ellos surge algo imposible de callar: un deseo abrasador, una conexión que quema cada encuentro, aunque el secreto los condene. Cuando la verdad sale a la luz, la culpa y el miedo la empujan a huir. Pero Lucian no está dispuesto a dejarla ir: la retiene, no como prisionera, sino como la mujer que posee su alma. Ahora Angie deberá elegir: ¿la lealtad que le debe a su amiga, o el deseo que la consume junto al hombre prohibido?
NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Un sospechoso anónimo
Todo parecía tranquilo hasta que la nota llegó.
Estábamos desayunando cuando la encontró Roberta, doblada sobre la bandeja que esperaba en la entrada. La tomó con curiosidad, la desdobló… y su sonrisa se desvaneció al instante.
—¿Qué dice? —preguntó Lucian con voz firme, aunque sus ojos se clavaron en ella con inquietud.
—Dice… —tragó saliva, confundida—: “Cuidado con lo que se esconde bajo este techo. No todos los secretos quedan ocultos para siempre.”
El aire se me escapó de golpe. Sentí que la sangre se me helaba en las venas. Alguien los había visto. Alguien sabía.
—¿Quién te la ha dejado? —preguntó Lucian, levantándose de un movimiento, con la mandíbula tensa.
—No lo sé —respondió ella, mirando a su alrededor—. Estaba ahí cuando bajé. No vi a nadie.
Me obligué a mantener la calma, a fingir confusión, pero las manos me temblaban bajo la mesa. Las palabras de la nota resonaban en mi cabeza como una sentencia: lo que se esconde. Alguien nos había visto. Quizás en el jardín bajo la lluvia. Quizás en la biblioteca. Quizás en el pasillo, cuando creíamos que nadie nos miraba.
Subí a mi habitación con el corazón desbocado. Cerré la puerta y me apoyé contra ella, respirando entrecortadamente. No podía seguir así. Cada instante juntos era un riesgo, y ahora alguien nos vigilaba.
Cuando escuché que llamaban suavemente, no tuve que preguntar quién era. Abrí y Lucian entró rápido, cerrando tras de sí. Su rostro estaba serio, preocupado, pero no asustado.
—Tenemos que terminar —le dije antes de que pudiera hablar—. Esto se ha vuelto peligroso. Nos descubrirán. Y entonces…
—No —me interrumpió, acercándose y tomándome de las manos con firmeza—. No vamos a terminar nada. No ahora.
—¿No lo entiende? —mis ojos se llenaron de lágrimas—. Alguien nos vio. Alguien sabe. Si es Roberta… si se entera, lo perderá todo. Su confianza, su cariño, su familia… y yo también.
—No será ella —dijo, acariciándome la mejilla—. Y pase lo que pase, te protegeré. Lo juro. Nadie te hará daño. Nadie te apartará de mi lado.
—¿Cómo puede prometer eso? —lo miré, desesperada—. No puede controlar lo que piensen los demás. No puede evitar que la verdad salga. Y cuando lo haga… no sé si podrá salvarme. No sé si querrá.
Lucian me atrajo hacia su pecho, rodeándome con sus brazos con fuerza, como si quisiera protegerme de todo el mundo.
—Quiero. Y lo haré. No te dejaré caer, Angie. Eres mi vida ahora. No me importa quién lo sepa, ni qué digan, ni cuánto cueste. Te defenderé frente a quien sea.
—Pero ella… —susurré contra su camisa—. Ella es su hija.
—Y tú eres la mujer que amo —respondió con voz profunda—. No voy a elegir entre las dos. Pero tampoco voy a renunciar a ti. Encontraré la forma de arreglarlo. Confía en mí.
Lo miré, con el alma dividida entre el miedo y la esperanza. Sus palabras eran firmes, su abrazo sincero… pero la duda me carcomía por dentro. ¿Podría realmente protegerme cuando todo estallara? ¿O me dejaría sola cuando viera cuánto le costaba nuestro amor?
—No sé si puedo —admití, con la voz quebrada—. Tengo miedo, Lucian. Mucho miedo.
Él me besó la frente, despacio.
—Lo sé. Yo también. Pero no tienes que enfrentarlo sola. Estoy contigo. Pase lo que pase.
Se fue poco después, dejándome con la nota invisible todavía entre nosotros. Me quedé sola, mirando la ventana, preguntándome quién nos observaba, cuánto sabía, cuándo decidiría revelarlo todo. Lucian prometía protegerme… pero ¿podía confiar en que sería suficiente