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DIAMANTES Y BERRINCHES

DIAMANTES Y BERRINCHES

Status: En proceso
Genre:Romance / Comedia / Amor de la infancia
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Eliette Maldondo Velazquez

«Él la celaba como si fuera suya . Ella se cansó del cuento . Ahora la mafia entera hace fila... y al italiano le va a costar el imperio .»

NovelToon tiene autorización de Eliette Maldondo Velazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

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—¿Por qué no descansamos un poquito de todo esto? —sugirió Tessa , cerrando la carpeta del mexicano antes de que donna Francesca terminara de asesinar a Luciano con la mirada.

—Perfecta idea, conejita. Ven —respondió Luciano de inmediato, tomándola de la mano.

¡Pero Dios del Olimpo, Luciano! ¡Casi le arrancas el brazo de un tirón, bruto! ¿A dónde la llevas con tanta prisa? El gigante no esperó a que nadie le diera permiso; prácticamente levantó a Tessa del sillón y la guió a zancadas rápidas hacia las puertas de cristal que daban al jardín trasero de la mansión, dejando atrás a su madre, quien solo negó con la cabeza con una sonrisa de complicidad que Luciano no alcanzó a ver.

Ya afuera, bajo la sombra de los enormes pinos y rodeados por el aroma de las flores frescas del jardín, Luciano finalmente soltó su agarre y se recargó contra una columna de piedra, respirando hondo. Tessa se paró frente a él, cruzando los brazos sobre su pecho, observándolo con una mezcla de preocupación y una profunda tristeza escondida en sus ojos .

—¿Estás bien? —preguntó ella, dando un paso corto hacia él.

—Perfecto, conejita. ¿Por qué preguntas? —respondió él, intentando usar su tono casual de siempre, aunque por dentro se estuviera cayendo a pedazos.

¡MENTIROSO! ¡Pedazo de mentiroso! Yo, desde su cabeza, quería meterle un buen gancho al hígado para que reaccionara. «¡Dile la verdad, idiota! Dile que estás que te mueres del dolor, que sientes que el aire te falta cada vez que ella mira la foto de otro hombre, que no puedes seguir soportando ver cómo escoge a un extraño cuando tú te estás muriendo en vida por confesarle que darías el universo entero y tu propia dinastía con tal de que se quede a tu lado!». Pero no, el señorito prefirió el camino de la cobardía justificada.

—Solo es la resaca de anoche —se excusó Luciano, desviando la mirada hacia los rosales—. Marcelo y yo fuimos a un bar por unos tragos... y unas chicas. Y ya sabes cómo son esas noches.

Tessa bajó la mirada y una sombra cruzó su carita tierna. Una chispa de decepción absoluta le apagó el brillo de los ojos.

—Sí... me imagino —respondió ella con un hilo de voz, fingiendo una sonrisa que no le llegó a los ojos—. Mujeres y alcohol. En tu vida siempre es así, ¿no?

¡Felicidades, animal! La acabas de cagar. Pero en grande, de verdad. Eres un completo idiota . Le acabas de restregar en la cara tu supuesta vida de excesos a la única mujer que te importa .

Luciano, notando el súbito cambio en su energía, dio un paso hacia ella, extendiendo una mano sin atreverse a tocarla.

—Conejita... ¿qué tienes? —preguntó, con una genuina preocupación tiñéndole la voz.

—Nada... —suspiró Tessa, mirando hacia el horizonte del jardín—. Solo estoy un poco abrumada. Es extraño, ¿sabes? Hasta anoche, y durante todos estos años, parecía que nadie en el mundo se había interesado en mí.

«Eso crees tú, mi preciosa» . Pero la realidad es que todos en este continente sabemos otra cosa muy diferente, ¿verdad, Luciano? Todos sabemos que no había pretendientes porque este ogro italiano se encargaba de desaparecerlos o exiliarlos en cuanto intentaban mandarte una sola rosa.

—Y ahora... —continuó Tessa, con la voz entrecortada— ahora resulta que estoy aquí, escogiendo al hombre que pasará el resto de mi vida a mi lado. El hombre con el que tendré hijos... y una hermosa casita con un enorme jardín.

Luciano sintió una punzada en el corazón. La sola imagen mental de Tessa en un jardín, cargando al hijo de un ruso, un italiano o del mexicano , lo estaba volviendo loco.

—Será un castillo —interrumpió Luciano, con un tono rudo y posesivo que no pudo contener—. El hombre que te tenga deberá darte un castillo tan grande y majestuoso que sea digno de ti, princesa. No vas a vivir en cualquier lugar.

Tessa soltó una pequeña risita triste, negando con la cabeza .

—Jiji... no, cariño —dijo ella, mirándolo fijamente a los ojos.

¡Ay, Dios! Cómo le gusta ponerle sal a la herida a esta niña. Tessa, de verdad me das miedo cuando te pones en ese plan. Sabes perfectamente el poder que tienes sobre él.

—Yo no quiero un castillo, Luciano. Yo quiero una casita acogedora, pequeña, que esté completamente apartada de todo esto. De la mafia, del peligro, de los diamantes... de este mundo.

Luciano palideció, dando un paso hacia ella hasta acortar casi toda la distancia. Sus casi dos metros de altura quedaron suspendidos sobre la delicada figura de ella.

—Conejita... ¿te quieres ir lejos? ¿Quieres irte lejos de mí? —preguntó, y por primera vez en su vida, la voz del imponente heredero Marchesi tembló con el miedo puro de un niño abandonado.

¡Ya te vi, precioso! Estás que te mueres por romper todas tus estúpidas reglas de "hermanos de infancia". Estás a un milímetro de su boca, sintiendo su respiración dulce y fresca. ¡Pues bésala de una buena vez! Bésala, que el mundo arda , que el consejo se vaya al demonio y reclámala como tuya ante toda Italia, ¡ya muévete!

Tessa lo miró hacia arriba, con esos ojos empañados por una fina capa de lágrimas que amenazaban con caer. Su dulce carita tierna reflejaba una madurez dolorosa.

—No es eso, Lu... —susurró ella, dando un suspiro que le rozó el pecho al italiano—. Es que... yo siempre pensé que me casaría... bueno, que si el hombre con quien yo pensé que sería mi esposo me escogía... solo por él me quedaría en este mundo rodeada de tantos lobos.

...

¡A ver, alto todo el mundo! ¡¿Soy yo o ella le acaba de confesar con todas las letras de la galaxia que pensó que ÉL la reclamaría como suya?! ¿Estoy loca o el ángel acaba de confesar que el esposo que siempre tuvo en mente era el mismísimo pendejo que tiene enfrente?

Tessa bajó la mirada, dejando que una sola lágrima rodara por su mejilla , y dio un paso hacia atrás, rompiendo la cercanía y dejando a Luciano completamente congelado, con el alma rota y el cerebro en blanco.

—Pero parece que me equivoqué —concluyó ella en un susurro definitivo, dándole la espalda para regresar a la mansión.

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Maria Garcia
me encanta su novela
Eliette Maldondo Velazquez: gracias
total 1 replies
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