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MALDITO VILLANO

MALDITO VILLANO

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Villana / Posesivo
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Karol

UNA LECTORA MUERE ODIANDO UNA HISTORIA.... SOLA PARA DESPERTAR DENTRO DE ELLA.

NovelToon tiene autorización de Karol para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 14

Llegué a la fiesta con la frente en alto, una sonrisa educada y el porte impecable de toda una señorita de sociedad.

Por dentro, sin embargo, era otra historia.

Estaba a punto de presenciar uno de los espectáculos más interesantes desde mi llegada a este mundo, y, por todos los dioses de esta novela, esperaba que nadie me decepcionara.

Mi padre apenas tuvo tiempo de saludar a algunos conocidos antes de que varios hombres lo rodearan para hablar de negocios. Al parecer, incluso en una fiesta de palacio, los comerciantes más importantes eran incapaces de dejar sus asuntos para otro día.

Yo me quedé a su lado, escuchando con atención fingida las conversaciones sobre rutas comerciales, precios de mercancías y acuerdos entre familias.

No es que los negocios me parecieran aburridos. De hecho, había empezado a encontrarles cierto encanto, especialmente cuando recordaba que, gracias a ellos, podía permitirme vestidos hermosos, joyas y una vida que jamás habría imaginado en mi existencia anterior.

Pero aquella noche tenía otros asuntos pendientes.

Y entonces, finalmente, comenzó el espectáculo.

Las puertas del salón se abrieron y anunciaron la llegada de la señorita Sofia junto al segundo príncipe.

Ah, sí. La protagonista de mi querida novela.

Sofia entró con un vestido de tonos rosados que resaltaba su cabello del mismo color. Caminaba con delicadeza, aferrada al brazo del príncipe, y llevaba esa expresión dulce e inocente que, al parecer, volvía locos a todos los hombres de este reino.

A mí solo me daban ganas de preguntarle cuántas horas practicaba frente al espejo.

El príncipe, por su parte, lucía bastante satisfecho consigo mismo. Levantaba ligeramente la barbilla, como si acompañar a la muchacha más codiciada del reino fuera una hazaña digna de reconocimiento.

Qué adorable.

Dos personas convencidas de que el mundo giraba a su alrededor.

—¿Ocurre algo, Isabel? —preguntó mi padre en voz baja.

Aparté la mirada de la pareja y le dediqué mi mejor sonrisa.

—En absoluto, padre. Solo estoy disfrutando de la velada.

Él me observó durante un instante, como si sospechara que había algo más detrás de mis palabras, pero finalmente volvió a su conversación.

Perfecto.

Poco después, los reyes hicieron su entrada y todos los invitados inclinaron la cabeza en señal de respeto. La música disminuyó mientras sus majestades saludaban a los nobles más importantes y ocupaban sus lugares.

Yo mantuve mi sonrisa educada, aunque mis ojos regresaban una y otra vez hacia las puertas.

Vamos, Clara. No me hagas esperar.

Y entonces ocurrió.

El anunciador pronunció dos nombres que hicieron que varias conversaciones murieran al mismo tiempo.

—¡Su Alteza Real, el príncipe heredero, acompañado por la señorita Clara!

Casi me atraganté con mi propia saliva.

¡Por fin!

Las puertas se abrieron y ambos aparecieron ante los invitados.

Clara llevaba un vestido azul oscuro que hacía resaltar sus ojos de zafiro. Su largo cabello negro caía elegantemente por su espalda, y su postura era tan impecable que parecía haber nacido para caminar por los salones del palacio.

Pero lo que más llamó mi atención fue su mano.

Estaba apoyada sobre el brazo del príncipe heredero.

Y él, ese hombre al que la historia original apenas concedía importancia, la miraba con una expresión que no dejaba lugar a dudas. No parecía incómodo ni obligado a acompañarla. Al contrario, le ofreció el brazo con una naturalidad que hizo que Clara sonriera discretamente.

Mi amiga estaba preciosa.

Y, lo más importante, parecía feliz.

Sentí una calidez agradable en el pecho. Por un momento, olvidé que había ido allí para presenciar el desastre ajeno y me limité a sonreír de verdad.

Entonces miré hacia Sofia.

Oh.

Dios mío.

Aquella expresión era una obra de arte.

La sonrisa de la protagonista se había quedado congelada en su rostro. Sus ojos rosados seguían cada movimiento de Clara, y aunque intentaba disimularlo, la envidia se le escapaba por todas partes.

A su lado, el segundo príncipe parecía haber olvidado cómo respirar.

Primero miró a Clara. Después al heredero. Luego volvió a mirar a Clara, como si esperara descubrir que todo aquello era una broma de pésimo gusto.

Tuve que llevarme una copa a los labios para ocultar mi sonrisa.

¡JA!

¿Dónde estaba ahora aquella muchacha que, según la historia original, habría hecho cualquier cosa por conseguir su atención?

¿Y dónde estaba el príncipe que parecía convencido de que Clara pasaría el resto de su vida suspirando por él?

La realidad acababa de darles una bofetada tan elegante que casi merecía un aplauso.

—Parece que la señorita Clara ha sorprendido a más de uno esta noche —comentó uno de los hombres que conversaba con mi padre.

—Sin duda —respondió mi padre, divertido—. Aunque no veo por qué habría de sorprendernos. Es una joven extraordinaria.

Sonreí con orgullo.

Exactamente, señor. Mi amiga era extraordinaria y acababa de demostrarlo delante de toda la nobleza.

Sin embargo, la paz duró poco.

Apenas Clara y el príncipe heredero terminaron de saludar a los reyes, el segundo príncipe se acercó a ellos con Sofia detrás. La protagonista llevaba una sonrisa tan tensa que temí que se le rompieran los labios.

Yo me acomodé discretamente para escuchar.

No iba a perderme aquello por nada del mundo.

—Clara, ¿podemos hablar contigo? —preguntó el segundo príncipe.

Mi amiga lo miró con serenidad.

—Por supuesto, Su Alteza. ¿Sucede algo?

El príncipe apretó la mandíbula. Su mirada descendió brevemente hasta la mano de Clara, que continuaba descansando sobre el brazo de su hermano.

—¿Qué significa esto?

Clara parpadeó.

—¿A qué se refiere?

—¡No finjas que no sabes de qué estoy hablando! —espetó él, bajando la voz, aunque no lo suficiente para evitar que los curiosos cercanos prestaran atención—. ¿Desde cuándo te comportas de esta manera? ¿No te parece vergonzoso aparecer con otro hombre como si nada?

Abrí mucho los ojos.

¿Perdón?

¿Acababa de decirle eso?

Clara también pareció sorprendida, pero recuperó la compostura enseguida.

—Estoy acompañando al príncipe heredero a una fiesta del palacio. No comprendo qué tiene eso de vergonzoso.

Sofia intervino con una vocecita temblorosa.

—Clara, quizá deberías haberlo pensado mejor. Algunas personas podrían malinterpretar tu comportamiento…

Ah, no.

La mosquita muerta había decidido participar.

Sentí unas ganas inmensas de acercarme y preguntarle si tenía algún espejo en casa. Tal vez necesitaba uno para recordar que no era precisamente la persona indicada para dar lecciones de conducta.

El segundo príncipe ignoró la pregunta de Clara y continuó, cada vez más indignado.

—¡Pensé que eras una mujer decente! ¡Pero ahora apareces del brazo de mi hermano como si fueras una… una promiscua!

Casi dejé caer la copa.

¿PROMISCUA?

Tuve que apretar los labios con tanta fuerza que me dolieron.

No podía reírme. No podía. Mi padre estaba a pocos pasos, rodeado de comerciantes importantes, y yo era una señorita educada que jamás haría semejante escándalo en el palacio.

Pero aquel hombre estaba poniendo a prueba mi paciencia.

¿Con qué autoridad se atrevía a insultarla?

Clara no le había prometido amor eterno. No era su prometida. Ni siquiera había existido una relación entre ellos. Y, por si fuera poco, él llevaba meses paseándose con Sofia, ofreciéndole atenciones que cualquier persona con dos dedos de frente habría interpretado como un cortejo.

Pero, claro, cuando él lo hacía, seguramente era romántico.

Cuando Clara elegía a otro hombre, se convertía en una mujer indecente.

Qué conveniente.

El príncipe heredero dio un paso adelante. Su expresión había perdido toda calidez.

—Te sugiero que midas tus palabras cuando te dirijas a la señorita Clara.

—¡Es mi hermano! —replicó el segundo príncipe—. ¡Tengo derecho a saber por qué está haciendo esto!

—No tienes derecho a insultarla —respondió el heredero, con una calma mucho más intimidante que un grito—. Y mucho menos a exigirle explicaciones sobre una decisión que no te concierne.

Clara apretó suavemente el brazo de su acompañante, quizá para impedir que la discusión escalara.

Después miró al segundo príncipe directamente a los ojos.

—Su Alteza, lamento que mi elección le resulte desagradable, pero no recuerdo haberle prometido jamás que estaría a su disposición.

El rostro de Sofia palideció.

El del príncipe, por el contrario, enrojeció de indignación.

—¡Tú siempre…!

—¿Siempre qué? —preguntó Clara, sin perder la educación—. ¿Siempre he sido amable con usted? ¿Siempre he respetado su posición? ¿Siempre he guardado silencio cuando sus atenciones hacia la señorita Sofia me hacían sentir incómoda?

El salón pareció quedarse en silencio a nuestro alrededor.

¡MI AMIGA!

Por dentro, estaba dando saltos de alegría. Por fuera, mantuve mi sonrisa más refinada.

Clara inclinó ligeramente la cabeza.

—Pues lamento informarle que ser amable con alguien no significa estar enamorada de esa persona. Y elegir con quién deseo compartir mi tiempo no me convierte en una mujer indecente.

El príncipe abrió la boca, pero no consiguió responder.

Por primera vez en toda la noche, parecía no tener ninguna frase arrogante preparada.

Qué momento tan hermoso.

El heredero, todavía con el brazo de Clara entrelazado con el suyo, añadió:

—La señorita Clara es mi acompañante y cuenta con mi respeto. Espero que no tengamos que volver a escuchar semejantes acusaciones.

Aquello fue suficiente para que varios invitados desviaran la mirada, fingiendo que no habían escuchado nada. Otros, en cambio, intercambiaron susurros discretos.

El chisme de la noche acababa de multiplicarse.

Y yo estaba disfrutando cada segundo.

Sofia tomó al príncipe del brazo y murmuró algo que no alcancé a escuchar. Él parecía demasiado ocupado observando a Clara como para prestarle atención.

Qué curioso.

Cuando la tenía cerca y podía contar con su admiración, no parecía valorarla demasiado. Ahora que otro hombre la acompañaba, de repente se había convertido en una joya que no podía permitir que nadie más tuviera.

Qué ego tan delicado.

Clara y el heredero se alejaron poco después, dejando a la pareja detrás. Mi amiga volvió la cabeza durante un instante y nuestras miradas se encontraron.

Le dediqué una sonrisa enorme.

Ella puso los ojos en blanco, aunque no logró ocultar su propia sonrisa.

Yo, por supuesto, levanté discretamente mi copa en su honor.

Aquella noche todavía no había terminado, y algo me decía que las sorpresas apenas comenzaban.

Después de todo, si el segundo príncipe estaba tan molesto por ver a Clara con su hermano, solo podía imaginar lo que sucedería cuando comprendiera que ella no tenía ninguna intención de volver a perseguirlo.

Y si Sofia creía que podía seguir interpretando el papel de la víctima inocente mientras todos le daban la razón…

Bueno.

Tal vez había llegado la hora de que descubriera que no todas las mujeres de esta historia estaban dispuestas a seguirle el juego.

Tomé un sorbo de mi copa y sonreí.

Definitivamente, aquella fiesta estaba superando mis expectativas.

1
Cliente anónimo
y ☺️
Adeilis
La historia es muy interesante, me gusta mucho más capítulo por favor
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