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Hasta Que El Divorcio Nos Separe

Hasta Que El Divorcio Nos Separe

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:10.8k
Nilai: 5
nombre de autor: 𝐁𝐄𝐀𝐓𝐑𝐈𝐙 𝐘𝐎𝐒𝐄𝐅

Elena yacía en el asfalto, envuelta en su propia sangre, preguntándose cómo el amor de su vida, su hermana y su mejor amiga habían terminado convirtiéndose en sus verdugos. Diez años de matrimonio, confidencias y promesas rotas se desvanecían en un segundo de traición absoluta.

Pero la muerte no fue el final.

Un parpadeo, un susurro de deseo no pronunciado, y el tiempo retrocedió. Diez años exactos. El mismo día, la misma decisión fatal que lo cambió todo. Ahora Elena despierta con el sabor metálico del miedo en la boca y un fuego frío en las venas: sabe lo que viene. Sabe quiénes son en realidad.

Esta vez, no será la víctima.

Una mujer traicionada, un plan imposible, y una fortuna que todos quieren.
¿Hasta dónde llegará Elena para evitar que la historia se repita?
¿Y qué precio pagará por jugar con el destino?

HASTA QUE EL DIVORCIO NOS SEPARE
Porque algunas segundas oportunidades no son un regalo… son una guerra.

NovelToon tiene autorización de 𝐁𝐄𝐀𝐓𝐑𝐈𝐙 𝐘𝐎𝐒𝐄𝐅 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

En Bandeja de Plata

Salí del hotel pasadas las tres de la madrugada, con el cuerpo relajado y la cabeza aún en la nube de la victoria. Sofía se había quedado completamente dormida, satisfecha y sonriente, y yo conduje de vuelta al apartamento con la radio baja y la ventana entreabierta, permitiendo que el aire frío me quitara el olor a sexo y champagne. Todo había estado saliendo perfecto: Castillo avanzando, Elena cada vez más lejos, y él totalmente asegurado. Cuándo finalmente logré llegar al edificio, me limité a aparcar mi vehículo en mi plaza habitual y subí en el ascensor silbando bajito, convencido de que la casa iba a estar en silencio y oscura como siempre lo había estado cada vez que llegaba tarde.

Traté de abrir la puerta de la manera más cuidadosa posible que podía, y me quité los zapatos en la entrada para no hacer ningún tipo de ruido y me dirigí directo hacia la cocina. Debido a que tenía la garganta seca después de tantas horas conversando, riendo y follando. Opté por encender solo la luz de la isla, abrí la nevera, saqué la botella de agua fría y le di un trago largo, mientras me apoyaba contra la encimera, sintiendo cómo el líquido frío descendía por mi garganta y me refrescaba.

—¿En dónde estabas, Marcos? Y por qué llegas tan tarde otra vez?

Al escuchar esas palabras casi me ahogo. El agua se me desvío por el camino equivocado, y no tardé en toser y escupir mientras me daba la vuelta de golpe, con el corazón en la garganta.

Allí se encontraba Elena, sentada en la oscuridad del comedor contiguo, con una bata de seda blanca y el cabello suelto. La luz de la cocina apenas lograba iluminarla, pero era lo suficiente como para poder observar su rostro pálido y sus ojos puestos fijamente en mí.

—Amor... ¿qué haces aquí tan temprano? —logré decir, mientras me limpiaba la boca con el dorso de la mano, intentando sonar lo más sorprendido y preocupado posible—. Pensé que estarías dormida. ¿Te pasa algo?

Ella se levantó despacio, aproximándose con lados suaves hasta quedar a un metro de mí. Olía a su jabón caro, nada de perfume intenso como el que usaba Sofía.

—No me sentía bien —agregó con un tono de voz bajo, casi frágil—. Dolor de cabeza, insomnio... decidí esperarte. Quería hablar contigo.

Tragué saliva, intentando recuperar la compostura. Perfecto, otra crisis emocional de Elena. Siempre igual.

—Claro, cariño. Ven siéntate. ¿Quieres que te prepare algo? —me ofrecí, aproximándome hacia ella para abrazarla, pero ella levantó una mano con suavidad, haciéndome detener.

—No, solo quiero que leas esto —agregó, optando por sacar un sobre manila del bolsillo de la bata y poniéndolo encima de la encimera—. Es importante.

Tomé el sobre entre mis manos, y no pude evitar fruncir el ceño. —¿Qué es?

Elena me sonrió —con una de esas sonrisas dulces, casi tímidas, esas que siempre se encargaba de usar cada vez que quería algo grande— y se acercó más a mí, comenzando a acomodarme el cuello de la camisa con dedos delicados, y me alisó las arrugas invisibles.

—Son papeles para transferirte todas mis acciones de la empresa —exclamó, con ese tono de voz suave, observándome directamente a los ojos—. Quiero que las tengas tú. Todo. Porque quiero pasar el resto de mi vida contigo, Marcos, sin preocupaciones, sin peleas por dinero ni poder. Solo nosotros.

No pude evitar parpadear, y solo podía sentir como la sonrisa de había ensanchado completamente sola. ¿Todas las acciones? ¿Para mí? ¿Así, de la nada? Esto era mejor que cualquier plan con castillo. Elena, la controladora, entregándome todo el control absoluto así por así. La observé, incrédulo, y abrí el sobre para leer el documento.

—Amor, esto es... enorme. ¿Estás segura? —inquirí, intentando fingir estar emocionado mientras mis ojos volaban por las cláusulas.

—Completamente segura —contestó ella, todavía acomodando mi corbata como si fuese una esposa enamorada—. Te lo mereces, cariño. Has estado a mi lado durante todos estos años.

Iba a continuar leyendo las cláusulas, a firmar ahí mismo si hacia falta, cuando de repente, mi teléfono comenzó a vibrar en mi bolsillo. Y lo me limité a sacarlo de ahí de manera disimulada: y al ver la pantalla me di cuenta de que era Sofía.

Y respondí rápidamente, apartándome unos pasos.

—¿Sí?

—Marcos... —la voz de Sofía se escuchaba débil, temblorosa—. No me siento bien. Siento un dolor muy fuerte en la panza. Puedes venir, por favor.

Mierda. Observé a Elena, quien también me estaba mirando con esa misma sonrisa tranquila.

—Cariño, ha pasado algo en la empresa —le dije rápido, poniendo una cara preocupada—. Una emergencia con el servidor europeo. Me necesitan ahora mismo. Firmo esto y me voy, ¿vale? Mañana lo hablamos todo con calma.

Elena movió la cabeza asintiendo lentamente, y sacó un segundo documento idéntico del sobre —“por si acaso”, dijo— y me colocó una pluma en la mano.

—Firma los dos, amor. Uno es la transferencia principal, y el otro un anexo de seguridad. Así me puedo quedar tranquila.

Firmé los dos documentos sin limitarme a leerlos más, garabateando mi nombre en las líneas señaladas, y sentía como el corazón me latía fuerte por la prisa y por la euforia de lo que había acabado de ganar.

—Listo —exclamé, guardando las copias que ella me entregó—. Te llamo en cuanto pueda.

Me acerqué a ella, le deposité un beso rápido en la frente —ella cerró los ojos como si lo estuviera disfrutando— y me dirigí hacia la puerta, abandonando el apartamento disparado, ya marcando el número del taxi para ir directamente al hotel.

Cuándo pude llegar al ascensor, allí, volví a sonreír nuevamente. Elena entregándome todo en bandeja de plata, Sofía necesitando de mí... la vida no podía ser mejor. Entonces aceleré mis pasos hacia la salida, convencido de que había acabado de ganar la partida definitiva.

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Mariana Posternak
no tardes tanto en actualizar 🙏
Mariana Posternak
cuando nuevos capítulos o es otra novela sin terminar 😡
Esmeralda Silva Montoya
y eso que le faltó decir que estaba embarazada
Esmeralda Silva Montoya
espero que sea buena
Lismarien Rosales
aaaaaah!!!!! me encanto esta frase!
Maritza Suarez
👍
juan andres palacios
me alegra que reconozca su error, su maldad, su egoísmo
Martha Mena Wong
Ojalá los haga pagar a los mendigos quiero sangre muaaaaaaaack
Eliana Galann
y ahora toca hacerse cargo de las consecuencias,
Blanca Ramirez
excelente historia
IsChez5678🖤🤭
me encanta🥰🙏más más 🙏🙏🤭
IsChez5678🖤🤭
fascinante👏🥰....
👏más....
Johanna Batista
exelente trama pero porque dura tanto tiempo para actualizar por favor escritora no me castigue así please más capitulos por favor
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