Séptimo libro de la saga colores.
Lord Leandro Mercier ha regresado a la sociedad aristócrata después de muchos años desaparecido, nadie lo reconocerá, ya no es el joven gordito que era objeto de mofas en las celebraciones, ahora es el soltero codiciado de la capital de Floris, pero el destino lo pondrá frente a una ladrona que intentará robarle todo, sin esperarlo, también su tesoro más preciado, su corazón.
NovelToon tiene autorización de thailyng nazaret bernal rangel para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
14. Más que un robo
...MAUDE:...
Era como tocar el terciopelo con los labios, no comprendía que era aquello hasta que asimilé que lord Leandro me estaba besando, si es que se podía llamar beso, ni siquiera sabía como besar y si no hacía algo pronto descubriría mi inexperiencia.
Él movió sus labios desesperadamente, con movimientos rápidos sobre los míos, las caricias eran tan intensas que mi corazón estaba más acelerado que cuando fui perseguida por una banda enemiga de rufianes.
No podía respirar y mi entrepierna era un manojo de nervios.
Succionó y dió mordidas, pero se alejó.
Me observó.
— Lo lamento, no debí besarla así... Veo que no está dispuesta — Su voz era tan gruesa.
— Es un error — Jadeé, ida, observando su boca, el cosquilleo de su barba todavía se sentía en mi piel, quería más besos.
Apretó su mandíbula — Usted me descontrola, lamento tratarla así, es que no puedo evitar querer besarla.
— Por eso es mejor que me vaya después de terminar el vestido — Dije, era lo mejor, buscaría otra forma de acercarme al duque, porque de ese modo solo me estaba concentrando en el Lord Leandro.
No quería terminar más cerca del lord, si me llevaba a la cama, yo olvidaría por completo mi plan y terminaría mal, porque sabía que si me descubría, las consecuencias serían fatales.
Se acarició el cuello, aflojando su pañuelo.
— Termine el vestido, luego veré si apruebo su decisión.
Fruncí el ceño — Yo no le estoy pidiendo permiso.
Me ahogué cuando volvió a besarme.
Mis manos terminaron apoyadas en su pecho.
Deslizó sus labios entre los míos, con más lentitud, robándome un jadeo, haciéndome temblar.
Rodeó mi cintura y me sostuvo.
Alejó sus labios — ¿Por qué no responde a mis besos? Se ve a leguas que le fascina.
Me tensé — Yo... — No sabía que hacer.
— Luce tan nerviosa, no la juzgaré si me muestra lo que sabe hacer.
Si supiera.
Acerqué mi boca a todo riesgo de ser descubierta y lo besé.
Moví mi boca con calma, atenta a las sensaciones, rozar sus labios era mucho mejor, sentía la textura suave, el grosor y el calor. Estaba explorando su boca con cuidado, era exquisito, respiré agitado cuando hizo eco en ese lugar entre mis piernas.
Lord Leandro Mercier me fascinaba.
Rodeé su cuello cuando respondió.
Al rozarnos mutuamente, mi ansias aumentaron.
Me besó con más profundidad, abriendo mis labios, cedí a la invitación.
Su lengua se deslizó y me estremecí.
Rompí el beso y me observó con la respiración atorada.
— ¿Qué sucede?
— Debo irme — Dije y me soltó, su mandíbula volvió a apretarse.
— No se tarde.
Asentí con la cabeza, acomodando mis rizos y alisando mi vestido con las manos.
Se aproximó y pasó sus manos por mi cabello, lo llevaba recogido con una trenza, pero era tan rebelde que los rizos se estaban escapando.
Colocó un mechón detrás de mi oreja y me estremecí.
Ahogué un gemido cuando rozó su pulgar por mis labios.
— Tus labios son tan gruesos y atractivos, ahora que los probé, me acabo de convertir en un adicto a ellos.
— Mi lord... No me diga ese tipo de cosas — Alejé su mano, pero tomó la mía.
— Por favor, siga trabajando para mí.
— ¿Para qué? ¿Convertirme en su amante hasta que encuentre una esposa? — Gruñí y me observó detenidamente.
— Aún no voy a casarme... — Se quedó callado y fruncí el ceño — Solo puedo pensar en usted.
Mi estómago se ahuecó — ¿Qué va a ofrecerme?
Se quedó callado.
Me zafé de su agarre y caminé hacia la salida.
Me abrazó por detrás, mi cuerpo sufrió una gran subida de emociones, sentir su altura, la firmeza de su cuerpo, el calor y sus brazos rodeandome.
Por primera vez estaba sintiendo lo que era estar cerca de un hombre, de su calor, las ganas de que entrera en mí.
Iba a volverme loca.
Más cuando sentí nuevamente la dureza contra mí.
— Debo irme, suelteme.
— Hablaremos de esto cuando vuelva — Susurró contra mi oído.
— No hay nada de que hablar, va a recibir un golpe si me sigue agarrando cada vez que le plazca — Le advertí, pero mi cuerpo era tan tonto que seguramente fallaría.
Solté un jadeo cuando dió un beso en mi cuello.
— Lo siento, no sé que me ocurre, solo se que quiero tenerla entre mis brazos... Se que debo ser patético en comparación a otros hombres, pero no puedo evitarlo, me trae loco — Confesó contra mi piel y después de unos segundos se alejó.
La ausencia de su cercanía fue un poco molesta.
Quería quedarme y dejar que me hiciera de todo, al fin y al cabo, yo también estaba deseando al lord, incluso al punto de darle mi virtud sin esperar nada a cambio.
Había aprendido a no recibir nada de nadie, así que si el lord me ofrecía solo un momento, no me afectaba en lo absoluto.
Me marché sin mirar atrás.
Al salir de la mansión, me apoyé contra un muro de la calle y solté un jadeo, sentía mi rostro arder.
...****************...
Llegué al refugio al anochercer, con mis ropas de cuero, las armas y la máscara.
Mi hermano estaba reunido con el resto de los rufianes cerca de la salida.
Al entrar todos se prepararon para atacar, pero volvieron a sus posturas serenas al quedar contra la luz de la lámpara de queroseno que colgaba del techo.
Todos tenían los rostros ocultos, Prudence y Carter estaban a ambos lados de mi hermano, los conocía tan bien que ya los distinguía.
Me apodaban Sombra por mi habilidad para esconderme.
Cada quien tenía un apodo.
El resto del equipo eran Lobo, un chico delgado, Navaja, un hombre mayor hábil con los cuchillos y Tabaco, conocido por su habilidad para estafar y engañar.
Los más calificados para robos grandes.
— Llegas tarde — Gruñó mi hermano.
— Estoy aquí, es lo que interesa.
— Tendremos que repasar el plan nuevamente — Gruñó Prudence, igual de fastidiosa que mi hermano.
— Es entendible, ahora que se codea con nobles, se cree una princesa que tenemos que esperar — Protestó Carter y le dí un puñetazo al pecho que lo envió contra la pared — ¡Maldita sea, Sombra, me las vas a pagar! — Se aproximó para atacarme.
Mi hermano se atravesó.
— ¡No hay tiempo para discusiones, debemos marchar a la zona lujosa, Tabaco consiguió una carreta, para no levantar sospechas estará en una hora esperando por nosotros en la parte trasera de las tiendas, estuve revisando el perímetro, no hay obstáculos que impidan entrar, tampoco guardias nocturnos, la confianza de que es un sitio prestigioso lejos de la criminalidad nos da una ventaja!
— Hay rondas nocturnas de guardias reales que vigilan la calle, por si no lo recuerdas — Dije, cruzando mis brazos.
— Mientras la princesa se encargaba de desfilar por pasillos pulcros, averigüé los horarios y el cambio de turno de los guardias reales — Carter agitó su mano con suficiencia.
Le lancé una mirada fulminante.
— Andando, iremos por los tejados — Mi hermano avanzó y lo seguí.
Saltamos por los tejados y muros.
Era una forma rápida y más prudente de avanzar.
Correr, saltar, detenerse, agacharse, así era la rutina de un rufián de nuestra banda.
Yo seguía a mi hermano y el resto me seguía a mí.
El imponente castillo a lo lejos era el único testigo de nuestros movimientos, sus torres tan inmensas sobrepasaban cualquier edificio de la ciudad.
Al llegar al tejado de la primera tienda, Lobo sacó una larga soga de una bolsa de cuero que llevaba en la espalda.
La amarraron a una de las gargolas, comprando primero que estuviese lo suficientemente firme.
Echaron la cuerda abajo.
— Es tu turno, Sombra — Susurró mi hermano.
Mi habilidad con las cerraduras era por lo que debía ser la primera en hacer mi parte.
Caminé hacia el borde, hacia la gárgola, me guindé de la cuerda y empecé a bajar hasta quedar frente a la ventana.
Saqué uno de mis ganchos, lo metí por la orilla, con sumo cuidado, tiré hacia arriba, soltando la perilla que lla mantenía cerrada.
La puerta se abrió, hice un gesto y balanceé la cuerda, me aventé dentro, aterrizando en cuclillas.
Los demás hicieron lo mismo, uno a uno entraron.
Solo pequeñas velas podían ser encendidas, lejos de las ventanas.
La tienda era lujosa, con grandes pasillos ornamentados.
Todos se separaron para tomar todo lo que pudieran y así conservarlos para ellos.
Entré en un vestidor, encontrando telas tan finas que me quedé un momento ida.
— ¿Qué esperas, Maude? — Preguntó al entrar detras de mí — Debemos vaciar todo esto, Tabaco se parará afuera de la tienda, aventamos las cosas por la ventana y nos largamos.
Me apresuré a tomar las telas para aventar el enorme saco que mi hermano extendió frente a mí.
— Hermano... Robar esto...
— ¿Qué habrá en ese cofre? — Preguntó, señalando un enorme cofre junto a un maniquí — Ábrelo.
Me aproximé a regañadientes, no quería robar más, me sentía tan mal.
Busqué uno de mis alambres y empecé a forzar la cerradura, di varios giros y el cofre se abrió.
Elevé la cubierta, había muchos frascos con perlas, diamantes y rubíes.
— Ooh, somos ricos — Mi hermano celebró.
— Las usan para adornar los vestidos.
— Me importa un comino como se usen, esto nos hará ricos — Empezó a sacar los frascos — Lo mejor de todo es que parecerá un accidente.
— ¿Cómo? — Me tensé.
— Quemaremos este lugar.
— ¿Quemarlo? — Me levanté de golpe — ¿Te volviste loco?
— Muade, baja el tono — Llevó el dedo índice a sus labios.
— Roquer, esto no era parte del plan.
— Lo será.
— No me gusta, no vamos a quemar este lugar — Me negué, no cometería tal acto.
— No es momento para cuestionarlo, los muchachos ya recibieron órdenes, vamos a vaciar está tienda todo lo que podamos y luego la quemaremos, así nadie sospechará de que fue un robo.
— Es una locura... Robar es una cosa, destruir propiedades es...
— Para ese duque, este lugar es como una migaja de toda la fortuna que posee.
— Eso no nos da derecho a... — Mi hermano tomó mis manos y me observó fijamente por debajo de la máscara.
— Todo esto tiene un propósito, no es solo robarle, es destruir todo lo que posee — Gruñó, sentí rabia en su voz.
— Se que sientes rencor hacia todos los nobles, pero no podemos hacer esto... Esto es el límite, acuérdate de nuestros padres...
— Precisamente, esa es la razón con más peso por la que quemaré este lugar — Se agachó para seguir sacando los frascos.
Me estremecí — Hermano ¿Hay algo que no me haz dicho?
— Te lo explicaré luego, no hay tiempo, ayúdame con esto.
— No, no continuaré hasta que me digas — Lo tomé del hombro y se levantó nuevamente.
— El duque fue quien quemó la tienda de nuestros padres — Confesó y me estremecí.
— ¿De dónde sacas eso? — Jadeé, sintiendo que me faltaba el aire.
— Estabas pequeña, así que no lo recuerdas, pero nuestros padres recibieron amenazas del propio duque cuando abrieron la boutique — Dijo y empecé a derramar lágrimas — El negocio prosperó, las personas empezaron a respetarlos, a interesarse por la ropa que creaban, por supuesto que a ese noble no le pareció y sobrepasó los límites, se que fue él, porque unas horas antes del supuesto accidente, amenazó a con quemar el lugar y salió de la tienda furioso, mis padres se preocuparon, pero no hicieron nada al respecto y esa noche, cuando empezó el incendio supe que el duque había cumplido su amenaza.
— ¿Por qué nunca me contaste esto? — Sollocé, sintiendo un dolor inmenso.
— Estaba tratando de olvidarlo, solo podía concentrarme en sobrevivir en las calles cuando nos quedamos sin nada... Pero, ya es momento de vengarnos, de tomar lo que se nos arrebató... Así que es justo que le demos una cucharada de su propia medicina — Gruñó, observando el vestidor — Ver esto arder es justo, acabar con todo lo que tiene el duque es lo que tenemos que hacer, por nuestros padres, por culpa de ese desgraciado murieron carbonizados... No me parece que siga con su poder, su éxito, cuando a nosotros se nos arrebató todo.
— No, no es justo — Gruñí, recordando los peores momentos de mi vida.
Carter entró — Tabaco llegó, debemos apresurarnos.
— Estaremos listos en unos segundos, vacíen todo lo que puedan — Ordenó mi hermano.
Carter se marchó.
Tenía la máscara empapada de tantas lágrimas.
Empecé a tomar todo lo que podía, recorrí esa tienda, recordando a mis padres, sintiendo una furia inmensa.
No era justo.
Vacié los cofres donde guardaban las piezas, aventamos las enormes bolsas dentro de la carreta en la parte trasera de la tienda.
— Hoy empieza su destrucción — Gruñó mi hermano, dejando caer varias vela sobre los rollos de telas.
Salté por la ventana, aterrizando sobre la carreta junto a mi hermano.
Nos alejamos rápidamente, tomando calles solitarias aledañas.
Escondimos la carreta y trepamos al tejado.
Aprecié como el humo se elevaba a lo lejos y como las llamas me recordaban el día que perdí todo.