Él la conoció de casualidad en el bosque siendo cazada como un animal para ser entregada como un sacrificio para apaciguar la ira de la diosa luna. La salvó, no porque le importara sino porque le fascinaba ver el terror en aquellos que se creían superiores, los quemó bajo el poder de las llamas eternas del infierno, los oyó rogar, gritar y suplicar por piedad, pero era tarde cuando las llamas eternas tocaban la carne humana esta ardía hasta quedar hecha polvo.
Ella al verlo sintió curiosidad, miedo, curiosidad y agradecimiento. Lo siguió en un viaje sin retorno donde conoció cada cosa, experimentó qué era ser libre, qué era ser ella misma, sonreír, respirar con tranquilidad y despreocupación ante la posibilidad de ser nuevamente perseguida, ya no era una preocupación, la dejó atrás.
Pasó el tiempo y los cielos la reclamaron. La diosa se la llevó y en consecuencia se desató el caos y quienes osaron llevársela, ardieron en llamas eternas, mientras que otros vivían peor que un animal.
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Capítulo 12
KAELYN
Sus palabras me habían confirmado lo que ese beso semanas atrás me habían hecho sospechar. Mi bruja interior miró su mente, miró su alma, ambas eran oscuras y llenas de incertidumbre y deseos que ha reprimido desde el instante en que me conoció. Eso me gustó.
Unimos nuestros labios en un profundo beso cargado de emociones, deseos ocultos y oscuridad que se convirtieron en devoción y deseo cargado de respeto y pasión sin igual. Pronto sentí sus manos sosteniendo mi cintura con más firmeza, respondí a ello atrayéndolo más hacia mí. Profundizamos el beso aún más.
Sentí como apartó sus manos de mi cintura, lo oí quitarse el abrigo que muchas veces me abrigó en los días y noches de lluvia torrenciales, lo dejó caer en el suelo, me sujetó nuevamente de la cintura, dejándome caer sobre el abrigo, me bajó el vestido dejando ver mis hombros los cuales besó con devoción y respeto, le quité el chaleco y lo arrojé lejos, él sonrió, me bajó el vestido hasta la cintura, sentí sus cálidos besos en mi cuello, hasta mis pechos los cuales no dudó en besar, lamer y chupar. Jadee sujetándome de sus brazos, sus besos bajaron a mi abdomen, grité de placer, él me miró pidiendo permiso y asentí. Me quitó el vestido con cuidado, con respeto, sin apartar la mirada.
Al haberme despojado de mi vestido que quedó sobre un arbusto me quitó mi ropa interior, sonrió travieso, siguió dándome besos en el abdomen hasta llegar a mi parte íntima la cual besó y lamió hasta hacerme jadear y gemir tan fuerte que los animales del bosque huyeron a esconderse tras oírme gritar de placer. Dejó mi clítoris en paz, se puso encima de mí y se quitó la camisa, miré su torso era perfecto, tan masculino, tan fuerte. Las marcas de cicatrices de sus pectorales eran líneas desvanecidas, pero bien definidas. Las de su abdomen eran más pronunciadas, las marcas de las cicatrices eran más evidentes y difíciles de esconder, las miré y las toqué, él se inmutó al inicio, pero luego cedió a mi toque con el roce de mis dedos.
Arrojó la camisa en alguna parte del bosque, me quitó las manos y las puso sobre mi cabeza procedió a besar mi cuello con el mismo ritmo salvaje y acelerado que me excitaba.
Clavé mis uñas en su espalda con cada beso y mordida que me daba. Sin pensarlo procedí a quitarle pantalón con magia, se sorprendió al inicio, pero después sonrió con lascivia, se quitó la ropa interior, miré su miembro y no pensé que fuera tan grande incluso dudé que fuera a entrar, pero él fue suave, delicado e introdujo su miembro dentro de mí haciendo que le clavara las uñas en los hombros.
Cambiamos de posición, su físico, su cuerpo, todo de él me atraía de una forma que no lograba comprender. Pero me encantaba, me acerqué a su cuello depositando besos, lamidas y mordidas pequeñas que lo hicieron suspirar. Seguí con ello hasta que llegué a su pecho y continué con el recorrido hasta que finalmente llegué a su abdomen, él me miró y simplemente sonreí. Un par de besos en su miembro lo estaban enloqueciendo, quería tomarme en ese instante, pero lo hice sufrir un poco hasta que me jaló del brazo, me sujetó de la cintura con firmeza, me posó encima de sus muslos fuertes y perfectos.
Nos miramos mutuamente, el color de sus ojos había cambiado, pasaron de ser grises a un rojo carmesí que me fascinaba, supe que su lobo había tomado el control. Lo tomé del rostro y le di un beso en la frente, él, en cambio, tomó uno de mis senos y lo lamió hasta hacerme jadear e hizo lo mismo con el otro y caí sobre su hombro.
Nos besamos nuevamente calmando el fuego que estaba creciendo en los dos. Follamos hasta caer en el suelo con la respiración agitada y con una estúpida sonrisa en la cara de ambos. Miré a Einar y sus ojos habían vuelto a la normalidad, a ese gris plata que me encantaba. Sonreí al verlo acariciar mi pelo que estaba desordenado.
—Te amo—Susurró. Me tomó del rostro con ambas manos y me miró con una mezcla de devoción y anhelo que me hizo estremecer de ternura. Tomé sus manos que sostenían mi rostro con cuidado. Sonreí y le di un beso en la punta de la nariz.
—Te amo...—Susurré sin dejar de mirarlo.
Desde ese día supe que nada sería igual. A la noche mientras dormíamos dentro de una cueva tras haber hecho el amor tantas veces que ya ni siquiera las conté, solo sabía que las caderas me dolían, pero había valido la pena.
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Mientras dormía abrazada a Einar, desnuda a su lado. Con el abrigo cubriendo nuestra desnudez; una voz empezó a resonar en mi mente. Era una mujer murmurando palabras y cosas que no entendía, traté de ignorarlo, pero me fue prácticamente imposible.
La voz empezó a sonar tan clara, tan profunda, incluso dura y fría como el mismo hielo.
"Pagarás el precio de tu traición..."
Dijo la voz cargada de un filo afilado como un cuchillo. No entendía nada y solamente seguí tratando de dormir, pero esa voz seguía y seguía diciendo lo mismo hasta que vi una imagen a Einar siendo sujetado por varias personas desesperadas, gritando con frustración, lloraba de rabia. Miré hacia donde él miraba y me vi a mí misma atada en una hoguera llorando y gritando que me mataran, pero que a él lo dejaran ir. Einar se negaba y en medio del forcejeo, él enloqueció al ver que me habían encendido la hoguera lanzando una antorcha. Grité, lloré, volví a gritar por el intenso dolor y ardor que sentía.
Fue entonces que desperté. Miré a mi alrededor y vi a Einar durmiendo con la respiración tranquila, abrazándome con ambos brazos sujetándome de la cintura. Sintiendo el calor de su cuerpo en el mío. Lo abracé con fuerza tratando de entender qué demonios significaba todo eso. Pero el cansancio me invadió por completo y simplemente me dormí. No pensé en nada, no pensé en nadie, solo en dormir y nada más.