Cuando El Reino Colmillo y Sombra Era una de las Poderosas y temidas por su generaciones de Reyes Alfas , con la espera de un nuevo Rey, todo dio un gran giro al tener una Niña Alfa llamada Ema.
Su Poder estaba en juego como su corona, no la creían apta, su vida fue criticada y usada para benéfio de muchos enemigos al ser una niña dulce y vulnerable.
La tomaron de menos, cuando su tortura escalo hasta una noche donde su mejor amiga la mató en un intento de celos por un el amor del Alfa Lucas quien era el más poderosos y deseadas por todas. La manada fue tomada y traicionadan por su tio lleno de odio y envidia hacia el Rey, tomo el control, llevando a su hijo ser el nuevo Rey Alfa, dando una muerte terrorífica a su hermano y su familia
Pero la muerte es algo misteriosa, pues en el cuerpo de Ema recae el alma de una joven totalmente diferente al resto, una máquina mortal llamada Cecilia.
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Ema caminaba junto a Megan mientras se reían a carcajadas de las travesuras que habían hecho los chicos. Al entrar a su habitación, estaban agotadas.
–Todavía nos queda empacar —dijo Ema como si se desmayara al caer en la cama.
–Sí… Solo quiero dormir —respondió Megan tirándose a su lado.
–¡Arribaaa! Empaquen sus pertenencias y tengan todo listo, niñas. Mañana no quiero salir tarde —decía Fernando aplaudiendo para animarlas.
–¡Ahhh, papa! Me duelen los brazos, no puedo —se quejaba Ema.
–Vamos, vamos… Si no lo hacen, no comerán helado —amenazó en tono juguetón.
Ema y Megan se sentaron ilusionadas al ver el helado.
–¡Ch, ch, ch! Primero empaquen y luego comen —dijo burlón al retirarse con el postre.
Ema guardó lo indispensable; Megan hizo lo mismo, ya que ella no participaría en la competición, pero Ema no la iba a dejar sola y decidió llevarla con ellos.
El lugar de la competición se encuentra en las montañas: un recinto amplio donde cada guerrero clasificado puede llevar dos acompañantes, ya que el evento dura siete días. En ese lapso se realizarán las pre-eliminatorias, la semifinal y la competencia final, que premia a la manada ganadora con una importante suma de dinero y un reconocimiento del Rey Alfa —algo muy prestigioso para todos.
Ambas terminaron de organizar sus cosas y disfrutaron del helado mientras le contaban a Fernando sobre su día, haciéndolo reír y hasta poniéndolo celoso.
Eran una familia y estaban felices. Ema los miraba llena de alegría; era como si tuviera a su hermana y a su padre de nuevo… Disfrutaría cada instante y solo agradecía a la luna por esta nueva oportunidad.
Se acostaron después de poner la alarma, pues no querían dormirse demasiado ni llegar tarde: el viaje duraría cuatro horas.
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El día tan esperado finalmente llegó. Ema y Megan ya estaban en el auto con Fernando; habían avanzado bastante y solo faltaban dos horas para llegar.
Ema dormía profundamente en el asiento, ya que su padre las había levantado más temprano de lo habitual por la emoción. Megan contemplaba el paisaje con admiración: era la primera vez que se alejaba tanto de casa y nunca había conocido las tierras montañosas.
–Ema… ¡Llegamos! —dijo Megan emocionada.
–¿Qué… qué? ¡Yo no fui! —gritó Ema sobresaltada. Megan y Fernando rieron a carcajadas.
–Llegamos, hija. Míralo —sonrió Fernando.
Ambas miraron sorprendidas: el paisaje y el recinto eran enormes.
–¿Todo esto pertenece al Rey? —preguntó Megan maravillada.
–Sí… Ha estado en su poder desde generaciones, y este año lo renovó completamente; quedó aún mejor —explicó Fernando.
«No me sorprendería que tenga una silla de oro»
«O que se fabrique una especialmente para él»
Ema rio por lo que le dijo Bell. Bajaron del auto, se estiraron y entraron llevando su equipaje.
Megan se quedó en la habitación de Ema; al lado estaba la de Fernando. En el mismo pasillo se hospedaban Apolo con su madre, Lucas con su hermana, y los hermanos Lorenzo y Arturo junto a la suya.
Y no faltó la insoportable Samanta, aunque estaba en el pasillo de abajo con su padre.
–¡Hola, chicos! —dijo Megan feliz al verlos en el jardín.
–¿Cómo les fue el viaje? —preguntó Ema, quien aún bostezaba.
–Cansador; me duele todo el cuerpo —dijo Lorenzo.
–Te advertí que te protegieras del sol —lo regañó Ema.
–Yo descansé como un bebé —afirmó Arturo.
–Yo quisiera dormir así de placidamente —balbuceó Ema.
Lucas reía al verla medio dormida:
–Sabes que eres tierna cuando duermes —susurró en su oído.
En ese instante, Ema le agarró de la oreja:
–¡Deja de hacer eso, alfita! —reclamo. Lucas se quejó y le apretó la nariz en respuesta.
–¡Si sueltas, yo suelto! —dijo Lucas.
Los demás reían mientras Paolo negaba con la cabeza.
–¡A las tres… 1… 2… 3! —dijo Ema soltándolo y moviendo la cara con gravedad.
–¿Alguien quiere desayunar? —preguntó Paolo. Todos levantaron la mano.— ¡Vamos, Megan! Buscamos algo para comer.
Megan lo siguió mientras Paolo le explicaba la distribución de los lugares; estaba muy emocionada y la gente llegaba poco a poco.
–¿Y Silvia? —preguntó Ema.
–Está en el baño; ya viene.
–¿Cómo le fue con su transformación? No pude preguntárselo.
Silvia, la hermana de Lucas, se había transformado hacía dos días y es muy tímida; pocos la conocen. Solo Ema la había visto cuando fue a llevar una herramienta a la casa de Lucas: se encontraron en la entrada y conectaron al instante.
–Bien; estaba encantada de venir, vino a darte ánimos… y no a mí —rió Lucas.
–Es que sabe quién va a ganar, alfita —se jactó Ema.
–Ema… —llamó una voz dulce detrás de ellos.
–¡Hola! ¿Cómo estás? Me alegro verte —dijo Ema recibiéndola con un abrazo.
–Bien… Tienes que conocer a Luz, mi loba —dijo feliz.
–Claro que sí. Desayuna con nosotros —sonrió.
Lucas la presentó a las demás alfas, quienes la saludaron amablemente.
–Y ahí vienen Paolo y Megan —terminó diciendo.
Paolo se quedó mirándola fijamente; Silvia se puso roja al notarlo.
Ema miró a Lucas, quien también la observaba mientras sonreía. Lucas negó con la cabeza y ella asintió: definitivamente, Paolo era su pareja destinada.
–¡Hola! Yo soy Paolo… ¿Tú debes ser Silvia? —tartamudeó.
Ema le empujó suavemente el hombro para que reaccionara:
–¡Hola! Sí, mi hermano me habló de ti —dijo nerviosa.
En ese momento, Lucas aclaró la garganta interrumpiendo aquello que parecía un momento romántico; los celos del hermano estaban más que presentes.
–¡Lucas! Necesitamos hablar —dijo Paolo mirándolo seriamente.
–Claro que sí —respondió con la misma seriedad.
Ambos se retiraron a un rincón apartado. Silvia estaba nerviosa: sabía que su hermano era muy protector y celoso.
–Silvia… Tranquila. ¿Es tu pareja, verdad? —preguntó Ema. Todos la miraron ansiosos esperando la respuesta.
La cara roja de Silvia lo delató; solo asintió con la cabeza.
...
–¡Lucas! Creo que ya te diste cuenta de lo que pasó… —dijo Paolo.
–¿Qué harás? —le preguntó en tono severo.
–¿Me das permiso para conocerla?… Sabes que con Ema no pasa nada —afirmó con firmeza.
–Mi hermana es muy importante para mí, Paolo. Es dulce y tierna, no tiene ninguna maldad en su corazón. Así que… espero que la cuides bien —dijo filoso.
–Te doy mi palabra, cuñado —sonrió. Lucas rodó los ojos y lo empujó juguetón.
...
–¿Podemos hablar un rato? —preguntó Paolo a Silvia, quien miró a su hermano nerviosa, pero vio que este asintió y sonrió feliz.
Ema y los demás les levantaron los pulgares al verlos alejarse.
–No digas nada —advirtió Lucas al ver la sonrisa burlona de Ema.
–Yo no dije nada —sonrió junto con los demás mientras continuaban desayunando.
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