La fe y la esperanza pueden cruzar las barreras del tiempo y del mismo amor , para mostrarnos que es posible ser felices , con la voluntad de Dios
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Capitulo: 14 “ La Fiesta del Destino”
En medio del caos en el palacio, un emisario de tierras lejanas llegó ante el rey Wilhelm y la reina Ingrid con un mensaje de gran importancia. Venía de parte de los monarcas que gobernaban sobre todo el territorio conocido, quienes anunciaban su visita al reino de Edelhärd para presentar en sociedad a su hijo, un joven príncipe noble pero de salud delicada. Este príncipe debía encontrar esposa rápidamente y, para asegurar el linaje, sus padres deseaban reunir a todas las jóvenes en edad de casarse, sin distinción de clase, en una gran celebración. Este evento marcaría el destino de una futura reina, capaz de gobernar junto al príncipe sobre todo el territorio.
La noticia llegó como un rayo al corazón de los reyes, pues apenas acababan de lidiar con la reciente y caótica fuga de la hija del conde. Sin embargo, la presencia de los monarcas y su solicitud eran irrefutables. Con determinación, ordenaron que todo el reino se preparara para la gran fiesta, donde las jóvenes de toda Edelhärd serían invitadas al palacio.
Preparativos y Emociones
La noticia causó gran alboroto en el reino. Desde las aldeas más humildes hasta las casas nobles, las familias se apresuraron a preparar a sus hijas para la gran ocasión. Entre las jóvenes invitadas, Miryam recibió la inesperada noticia a través de un mensajero del palacio, pues, al ser de las más bellas del reino, no podía faltar a tan importante evento. Aunque el príncipe Klaus, enamorado profundamente de ella, deseaba evitar que asistiera, sabía que las órdenes reales no podían ser desobedecidas.
Klaus, enfrentado entre su amor y las exigencias de sus padres, decidió ayudar a Miryam. La buscó en el mercado y, con delicadeza, le ofreció un magnífico vestido, con un color verde profundo que realzaba sus ojos y una tela suave como el terciopelo.
– No puedo permitir que vayas sin estar preparada. Con este vestido, mostrarás a todos la joya que eres – le dijo, con una mirada de ternura y preocupación.
Ella, con el corazón dividido entre la gratitud y la incomodidad de ir a una fiesta que no deseaba, aceptó, sintiéndose como si estuviera a punto de entrar en un mundo del que siempre se había sentido ajena. Sabía que la gran fiesta traería nuevas dificultades para su amor, pero también confiaba en el plan de Dios y en el destino.
El Encuentro en el Palacio
La noche de la fiesta, el palacio se iluminaba con candelabros dorados y adornos de cristal, reflejando destellos de colores en todas las direcciones. Jardines de rosas y lirios bordeaban el camino de entrada, y fuentes de agua cristalina adornaban el patio central, llenando el ambiente con una frescura que contrastaba con la emoción y el nerviosismo de las jóvenes. Miryam, a pesar de su sencillez, destacaba entre todas. El vestido resaltaba su belleza natural, y sus pasos reflejaban la gracia de alguien que llevaba en el alma la humildad y la fe.
Cuando Klaus la vio entre la multitud, sintió cómo su corazón latía con fuerza. Miryam irradiaba una pureza y serenidad que no encontraba en nadie más. Pero su mirada no era la única que la seguía. El joven príncipe, quien había llegado de tierras lejanas con sus padres para buscar esposa, no pudo evitar observarla con especial atención. Aunque su interés no parecía ser de enamoramiento, había en sus ojos una profunda curiosidad, como si algo en ella despertara un recuerdo distante.
Al verla, el príncipe extranjero sintió una extraña conexión, una nostalgia inexplicable que lo conmovió profundamente. Al acercarse a ella, Klaus sintió una punzada de celos y preocupación, y el ambiente se volvió tenso. ¿Qué era aquello que el príncipe veía en Miryam? ¿Acaso había algo en su pasado que él desconocía?
La Revelación en el Baile
El baile comenzó, y las parejas se unieron en la pista bajo la mirada expectante de todos los invitados. Klaus, sin dudarlo, tomó la mano de Miryam, conduciéndola al centro de la sala, donde ambos se movieron al ritmo de la música con una sincronía y una conexión evidente. Sin embargo, mientras bailaban, la presencia del príncipe extranjero se hizo cada vez más notoria. Aunque no era evidente en su rostro, una inquietud interna parecía agitarlo, como si el baile de Miryam y Klaus trajera a su memoria imágenes difusas y fragmentadas.
En el otro extremo de la sala, la madre adoptiva de Miryam, Sara, había logrado llegar, observando con atención a la pareja que danzaba. La expresión de sorpresa en su rostro fue tan evidente que el príncipe extranjero, al fijarse en ella, sintió que algo importante estaba por suceder. ¿Qué secretos ocultaba aquella mujer y por qué observaba a Miryam con tanta intensidad?
Cuando Klaus, decidido a proteger su amor, se acercó a presentar a Miryam como su prometida, el príncipe extranjero le interrumpió con una petición inesperada:
– Disculpe, alteza – dijo, mirando directamente a Miryam –. ¿Sería posible que nos permitiera conversar un momento? Hay algo en ella… que me resulta familiar, aunque no sé por qué.
La confusión y el nerviosismo llenaron el ambiente. Klaus no podía ocultar su desconfianza y celos, pero no podía oponerse a la petición. Los tres salieron al balcón del palacio, donde las estrellas brillaban en un cielo claro y profundo, reflejándose en el río cercano que serpenteaba junto a los jardines. Allí, en la quietud de la noche, Miryam se preparaba para escuchar palabras que cambiarían su vida para siempre, sin saber que el pasado, enterrado en el secreto de su nacimiento, estaba a punto de ser revelado.
Las revelaciones y secretos que Sara guardaba en aquel camafeo cobraban una nueva importancia en esa noche fatídica.