Ilan tiene un grave complejo con su persona, el cual lo lleva al hospital y, luego, a terapia con Aidan, quien lo ayudará a superar su complejo y le enseñará que su auto percepción no es impedimento para lo que está por venir.
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Capítulo 12
Aidan
Habían pasado dos meses desde que Ilan y yo tuvimos relaciones por primera vez. No ha sido la última vez que lo hemos hecho. Había cambiado mucho nuestra relación este último tiempo, aún seguimos viéndonos en las sesiones, más que nada para guardar las apariencias ante los padres de Ilan. De repente, mi celular comenzó a vibrar en mi bolsillo, lo saqué rápidamente y miré la pantalla, era un mensaje de Ilan. Lo abrí sin perder un segundo.
—"¿Estás ocupado?" —pocos segundos después comenzó a escribir de nuevo—. "Mi padre me ha golpeado de nuevo. ¿Puedo quedarme en tu casa estos días?".
Solté un suspiro pesado; Ilan no podía seguir viviendo así. Temía que le hiciera algo peor.
—"Ven, te daré las llaves".
Le contesté rápidamente. Ilan no respondió, solamente vio el mensaje. Guardé el celular y me quedé en mi escritorio a esperarlo. Unos cuántos minutos después, escuché unos toques en la puerta, no contesté, no hizo falta, ya que la puerta se abrió dejándome ver a Ilan. Entró con la cabeza a gachas, solté un suspiro, me levanté al instante y me acerqué a él.
—Déjame verte.
Cerré la puerta tras él, tomé su mentón e intenté hacer que me mirara, pero me lo impidió.
—Ilan —lo nombré—. Ven —tomé su mano, lo llevé hasta mi escritorio y lo senté en él—. Déjame ver tu rostro, Ilan, por favor.
Negó con la cabeza. Me acerqué un poco más a él y pasé mi mano por su mejilla, Ilan la apartó rápidamente.
—Déjame ver que te hizo.
Soltó un bufido y levantó el rostro al fin sin mirarme, me quedé en silencio mirando sus moretones. Tenía varios morados: en el tabique, el pómulo y su ojo. Sin contar que su labio sangraba dado a una cortada.
—D-deja de verme, Aidan. Y-ya has visto antes como me deja con sus palizas —posé mi mano nuevamente en su mejilla, ésta vez un poco más suave. Suspiró tomando mi mano y presionándola levemente contra su rostro—. Tranquilo, estaré a salvo unos días. Me quedaré contigo.
—¿Traes tus cosas contigo? —dije mirando a su alrededor. Noté que no traía su mochila. ¿Había salido huyendo nuevamente?
—Sí, mi mochila la tiene Aksel. Me encontré con él cuando salía de mi casa. Iba a visitarme, pero se encontró con mi rostro así.
—Vamos, tienen que curarte esa cortada y ver si tu padre no te lastimó de mala manera la nariz —bajó la mirada hacia sus manos—. Vamos —suspiró, se bajó del escritorio y me miró.
—Está bien, vamos, pero antes de tener que fingir... —se acercó a mí, colocó sus manos en mis mejillas y me dio un corto beso—. Gracias por dejar que me quede en tu casa aun cuando no estás.
—No tienes que agradecerme, Ilan. Sabes que no quiero que te sigan haciendo esto —le di otro corto beso—. Ahora vamos, quiero que te revisen —lo llevé hasta la puerta y salimos. Al instante, un chico, que asumo se trata de Aksel, se acercó a nosotros.
—Aidan, él es Aksel —lo presentó. Le sonreí, él me extendió su mano que estreché rápidamente.
—Llevaré a Ilan al otro edificio para que revisen sus heridas —le informé—. ¿Vendrás con nosotros? —Aksel miró a su amigo, quien simplemente se encogió de hombros.
—Sí, está bien.
Dicho esto, los tres nos dirigimos hacia el otro edificio, donde Ilan había estado cuando nos conocimos. Rápidamente las enfermeras se encargaron de sus heridas y, luego, un doctor revisó su nariz. Por suerte se encontraba perfectamente bien. Cuando terminaron de revisar y curar sus heridas, le di mis llaves a Ilan y lo envié a mi casa junto con Aksel. Mientras, yo me ocupaba de mi trabajo, algo más tranquilo sabiendo que ahora se encontraba a salvo. Una vez que mi trabajo terminó, volví a mi hogar. Ilan me esperaba preparando la cena como cada vez que se quedaba aquí. Me acerqué a él y lo abracé por la espalda.
—Te he dicho que no es necesario que hagas de cenar —apoyé mi mentón en su hombro.
—No me molesta hacerlo si es para ti. Además, quiero agradecerte de alguna manera —dejó lo que estaba haciendo y se giró para mirarme—. ¿Cómo te ha ido? —me encogí de hombros.
—Igual que siempre: papeleos y pacientes —dije restándole importancia—. ¿Cómo están tus heridas? —acaricié su mejilla—. ¿Te duelen? —negó con la cabeza dedicándome una pequeña sonrisa.
—No te preocupes, ¿sí? Ahora déjame terminar con esto —me alejó de él aún con la sonrisa en su rostro.
—Está bien.
Luego de la cena, nos dirigimos a mi cuarto y nos acostamos dado a que me encontraba demasiado cansado luego del trabajo. Como de costumbre, Ilan se recostó en mi pecho, acurrucándose contra mí; solté un suspiro pesado cerrando los ojos agotado.
—Aidan —abrí los ojos al instante—. ¿Haremos que esto sea oficial? —colocó su mentón en mi pecho para mirarme.
—¿Eso quieres? —pregunté, él asintió—. No lo sé —suspiró—. No me mal entiendas, no es que no quiera, pero no estoy seguro de hacerlo —creí que se enfadaría conmigo, que se alejaría de mí o me regañaría, pero solo posó su mano en mi mejilla para acariciarla—. Si te quiero como algo más —dije logrando que me sonriera.
—Esperemos un tiempo más, entonces —pasó su índice por la comisura de mis labios—. Entiendo que debe ser difícil para ti, lo es para todos —me dio un corto beso—. Esperaré lo que necesites para que tengas el valor de hacer esto oficial —sonrió recostándose nuevamente—. Sé que es difícil todo esto, imagínate lo que tuve que pasar yo cuando salí del clóset —lo miré sabiendo que él no se daría cuenta—. Te lo contaré otro día si quieres, por ahora solo te esperaré.
—Gracias por entenderlo, Ilan. Prometo que no te haré esperar mucho tiempo.
Volvió a mirarme con el semblante serio unos instantes, luego me sonrió, se acercó a mí y me besó. Correspondí al instante. Unos minutos después, nos separamos, él comenzó a acariciar mi cabello, mientras a mí me vencía lentamente el sueño.
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Me desperté cuando sentí que Ilan se apartaba de mí, abrí los ojos con pesadez y lo miré con algo de dificultad, dado que aún me encontraba algo cansado. Volví a cerrar los ojos, al instante sentí como Ilan me besaba en la frente, mientras acariciaba suavemente mi mejilla; ¿hacía esto siempre que se levantaba antes que yo? Me sorprendía que no lo hubiera sentido antes. Él se alejó de mí, escuché que buscaba algo en su mochila y luego salía del cuarto. Me quedé unos instantes dormitando, con muy pocas ganas de levantarme antes de que suene mi despertador. Aunque, a los pocos minutos de que Ilan se levantó, mi despertados sonó, lo apagué y me levanté, tomé mi ropa y me dirigí al baño a asearme. Una vez hecho esto, bajé a la cocina, donde se encontraba Ilan preparando el desayuno, me acerqué a él y le besé en la mejilla a modo de saludo.
—Buenos días, doctor.
Me extendió una taza de café, que tomé antes de sentarme en la mesa. Por su parte, Ilan sirvió el desayuno y se sentó frente a mí. Desayunamos tranquilamente, hablando de banalidades y lo que haría Ilan hoy mientras yo estuviera trabajando. Cuando se hizo la hora de que me fuera, tomé mis cosas, mi abrigo y, luego de despedirme de Ilan, salí.
El trabajo no fue la gran cosa, no tenía muchos pacientes hoy, así que no tuve mucho que hacer. Aún faltaban dos horas para que terminase mi horario de trabajo, pero no tenía pacientes ahora, así que decidí salir de mi consultorio. Caminé por el pasillo sin prestar mucha atención a mis colegas, o al menos hasta que me topé con Lyubina. Intenté pasar de ella, pero me fue imposible cuando comenzó a caminar a mi lado esperando claramente que le prestara atención.
—¿Vas a seguir ignorándome? —dijo por fin, me quedé completamente en silencio—. ¿Sigues jugando con ese niño? No sabía que te gustaba cambiar pañales —me detuve en seco y la miré, ella se giró hacia mí.
—Deja de hablar de Ilan de esa manera. No tienes idea de quién es —ella sonrió.
—Aidan, te estas metiendo con un niño que no te puede dar más nada que sexo —se acercó a mí—. Una vez me dijiste que querías tener una familia, que querías ver a tus pequeños niños crecer, dudo que él sea de ese tipo de hombres. No te podrá dar hijos —posó su mano en mi mejilla—. No tendrás más opción que volver conmigo.
Aparté su mano y me alejé de ella. Me daba igual si Ilan podía o no darme familia, no lo dejaré y no pensaba en volver con esa loca. Salí rápidamente del hospital, respiré profundo y miré el cielo que amenazaba con llover en cualquier momento, sentí el frío calarme los huesos, pero no me importó, no me importaba estar sin abrigo en el medio del frío. De repente, sentí mi celular vibrar en mi bolsillo, lo saqué rápidamente y miré el mensaje, se trataba de Ilan, al instante mi humor cambió completamente, se me olvidó que me había cruzado con Lyubina hacía apenas un minuto.
—"¿Tienes tiempo libre? No dejo de pensar en ti y Aksel comienza a molestar demasiado con que te hable".
Sonreí al instante; "no dejo de pensar en ti", no creí que esas simples palabras me dejarían idiota.
—"No tengo muchos pacientes, así que tengo dos horas hasta que llegue el próximo" —le envié—"Tampoco dejo de pensar en ti".
Hablamos hasta que se hizo la hora de que volviera a mi consultorio. Me despedí de él y entré al edificio nuevamente, caminando con paso ligero hasta llegar. Fuera, ya me esperaba uno de mis pacientes, lo invité a pasar y cerré la puerta.
Luego de mi trabajo, salí apresurado del hospital; hoy no vine en auto, por lo que tardaré un poco más en llegar hasta mi casa. Cuando llegué vi a Ilan parado contra la puerta de entrada, me sonrió cuando me vio. Me apresuré a abrir la puerta y dejarlo pasar, me besó en la mejilla como saludo, para luego entrar. Entré detrás de él, cerré la puerta y dejé mis cosas en la entrada.
—¿Qué tal las cosas con Aksel? ¿La pasaron bien? —me dirigí a la sala, donde se encontraba Ilan, él simplemente asintió.
—Mañana no volveré a dormir, me quedaré en su casa.
—Ten cuidado de ida —dije recibiendo un beso por su parte—. ¿Qué quieres cenar? —se encogió de hombros sentándose en el sillón.
—Pidamos pizza —me hizo una seña para que me acercase a él, al instante me senté a su lado—. Quiero pasar tiempo contigo ahora, no quiero que te preocupes por la cena —me tomó del brazo colocando su cabeza en mi hombro, simplemente sonreí.
Luego de cenar, nos quedamos en el sillón acostados, sin mucho más que hacer que estar abrazados mirando la televisión. Suspiré con tranquilidad, teniéndolo entre mis brazos. Aún tenía en la mente lo que me había dicho Lyubina, pero estando con él me di cuenta que nada de eso me importaba, solo me importaba él.
Ilan me encanto qele hicieras frente estás agarrando confianza eso me gusta.