Abigail Frost, princesa de la familia de hielo más poderosa del Norte.
Mis padres, el Rey y la Reina de Hielo, me mandaron a la Academia Nocturne porque mi poder nunca despertó.
En esa academia todos tienen poderes: fuego, viento, sombras, rayos. Yo no tengo nada. Me llaman mestiza, me rechazan y me humillan con la túnica gris de los débiles.
Lo que nadie sabe es que no soy una mestiza.
Soy la primera Reina de Hielo en 1000 años. La única que puede convertirse en LOBA BLANCA. Mi poder es inmenso, capaz de congelar academias enteras.
Y cuando mi loba despierte, todos los que me llamaron débil se arrodillarán.
¿Te atreves a entrar a la Academia Nocturne?
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MI MELLIZO ERA EL OTRO REY
3 días después de mi coronación como Reina Blanca de los 5 Reinos, todavía no me acostumbraba a que todos se arrodillaran cuando pasaba.
Caminaba por los pasillos de la Academia Nocturne con mi nueva corona de 5 picos blancos, con mi vestido blanco y negro de Reina, con mi marca de pareja de Kieran en el cuello que brillaba blanca y negra cuando él estaba cerca, y todos, incluso maestros de 50 años, se arrodillaban.
"¡Reina Blanca!"
"¡Reina Abigail!"
Mis 20 plateadas ahora eran 200. Porque después de que convertí a los 4000 soldados en blancos, muchas chicas y chicos de otros reinos que habían sido llamados mestizos sin poder toda su vida vinieron a la academia pidiendo que les despertara el poder como hice con Mara. Ahora tenía un ejército de 200 plateados con poderes blancos nuevos.
Kieran era mi Rey, pero seguía siendo mi maestro de sombras. Me enseñaba a controlar mi forma de loba blanca gigante bajo Luna Blanca, que ahora era blanca para siempre después de nuestro beso.
Mi madre Lyra se quedó a vivir en mi Torre de la Reina con nosotros. Mi padre, el Rey Elias, también, aunque todavía tenía vergüenza por haberme querido matar y sellar. Su brazo blanco nuevo no se le quitaba. Era su marca de que yo lo desperté.
Todo era perfecto. Hasta que mi madre me llamó a la Torre de Hielo Azul, la torre vieja del Director, a las 3 de la mañana.
"Abigail, despierta. Tenemos que hablar. Tu padre y yo. Es sobre tu nacimiento."
Me puse mi bata blanca y bajé. Kieran quiso venir, pero mi madre dijo: "Solo familia de sangre".
En la Torre Azul, mi padre y mi madre estaban sentados en una mesa de hielo azul que ahora era mitad blanca por mi poder. Los dos tenían cara de que habían llorado toda la noche.
"Abigail, siéntate", dijo mi padre, con su voz ya no de Rey enojado, sino de papá con miedo. "Lo que te vamos a decir no lo sabe nadie. Ni Kael. Solo nosotros dos y la partera que ya murió."
Mi madre agarró mi mano de piel clara. Su mano temblaba.
"Mi amor, cuando naciste hace 19 años... no naciste sola."
Sentí un frío blanco en mi espalda.
"¿Qué?"
"Nacieron dos", dijo mi padre, bajando la cabeza. "Mellizos. Un niño y una niña. Los dos con el mismo cabello negro brillante, con la misma piel clara... y los dos con el mismo poder ancestral descontrolado."
Mellizos. Yo tenía un hermano mellizo.
"¿Dónde está mi hermano? ¿Por qué nunca me dijeron?"
Mi madre lloró con lágrimas blancas que se congelaban en la mesa.
"Porque nacieron en una época en que la profecía decía que solo podía existir un heredero de la Luna Blanca. Si nacían dos con el poder, el Reino del Hielo entraría en guerra civil. Pero el verdadero problema no fue la profecía, Abigail... fue el tipo de poder de cada uno."
Mi padre sacó un espejo de hielo azul viejo y me lo mostró. Era un espejo de recuerdos de un Rey.
En el espejo vi a mi madre joven, de 20 años, gritando en una cama de hielo con dos bebés recién nacidos.
Los dos bebés tenían ojos blancos brillantes y cabello negro. Los dos aullaban con voz de lobos blancos. Hacían que todo el cuarto se congelara blanco.
"Ustedes dos nacieron con un poder divino dividido en dos mitades perfectas", explicó mi padre con la voz rota. "Tú naciste con el Poder Blanco de la Creación y de la Luz. Pero tu hermano mellizo nació con la otra mitad... el Poder Blanco del Vaciado y la Absorción. Podía congelar y congelar el alma de cualquiera que lo tocara. Tu hermano, con solo cinco minutos de nacido, casi congela el corazón de tu madre por accidente al tocarla."
Se me heló la sangre.
"Yo me asusté", confesó mi padre llorando con lágrimas azules y blancas mezcladas. "Vi a un recién nacido capaz de absorber la vida de un reino y dije que era una maldición. Quise destruirlo ahí mismo con mi Hielo Absoluto."
"¿Qué hiciste, mamá?"
"Los separé", dijo mi madre, temblando. "A tu hermano le puse el colgante de colmillo negro más pesado para sellarle su poder de absorción por completo, le cambié el nombre y se lo di en secreto a mi hermana en el Reino de Sombras para salvarle la vida de tu padre. A ti te dejé a la vista, pero para protegerte de la profecía del heredero único y de la ira de tu padre, también te puse un colgante de sello blanco que congeló tus ojos y tus canales de energía, haciéndote pasar por una 'mestiza sin poder' durante 19 años."
"¿Dónde está mi hermano ahora?", pregunté, poniéndome de pie.
"En el Reino de Sombras. Creció creyendo que era un mestizo defectuoso de sombras, un chico sin luz ni clan. Se llama... Arian. Arian Nocturne."
Arian Nocturne. ¿Nocturne? ¿Como Kieran?
"¿Es... familia de Kieran?"
"Sí", dijo mi madre. "Mi hermana se casó con el hermano del Rey de Sombras. Arian es primo de Kieran. Tu mellizo. Pero a diferencia de ti, a él nunca le quitamos el sello. Tu colgante se rompió y liberó tu Luz... pero él sigue caminando en la oscuridad creyendo que no vale nada."
"¿Y por qué me llamaban mestiza a mí si yo nací con poder puro?", pregunté, entendiendo al fin la verdad.
"Porque para que el sello de Arian funcionara a la distancia sin matarlo, el colgante blanco tuyo y el colgante negro de él estaban conectados por sangre", explicó mi padre. "Durante 19 años, tu luz fluía un poco hacia él para mantenerlo vivo con el sello, y su sombra te cubría a ti. Por eso tu energía parecía mezclada, inútil, 'mestiza'. Tu cuerpo no era débil, Abigail... solo estaba cargando con la existencia de tu hermano para que no muriera en el exilio."
No era una mestiza sin poder. Era una mitad dividida que mantenía a su otra mitad con vida.
"¿Dónde está Arian ahora?"
Mi padre señaló hacia afuera.
"En la Academia Nocturne. Llegó ayer con el grupo de chicos del Reino de Sombras que vinieron buscando un futuro. Está en la Torre Plateada, vistiendo túnica de sin poder, sin saber quién es."
Mi hermano mellizo estaba aquí. A 200 metros de mí.
Salí corriendo de la Torre Azul en bata blanca, sin corona, con el cabello negro suelto, corriendo por los pasillos a las 3 de la mañana en dirección a la Torre Plateada.
Kieran me vio cruzar el patio y corrió tras de mí.
"¡Abigail! ¿Qué pasa?"
"¡Tengo un hermano! ¡Mi mellizo está aquí!"
Llegué a la Torre Plateada. Abrí la puerta de un golpe de hielo blanco.
Allí, sentado en el borde de una cama plateada, con la túnica de los sin poder, estaba un chico. Tenía el mismo cabello negro brillante que yo, la misma piel clara y las facciones marcadas que compartíamos desde el vientre de nuestra madre. Llevaba en el cuello un colmillo negro ajado y me miró con unos ojos grises profundos, apagados por años de rechazo.
Al verme entrar en bata blanca y rodeada de aura real, se levantó de golpe, sorprendido.
Era como mirarme en un espejo, pero en versión masculina.
"¿Quién eres?", preguntó con voz cautelosa.
A mí se me cayeron las lágrimas blancas sobre el suelo de piedra.
"Soy... soy Abigail. Tu hermana