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CUANDO EL AMOR VUELVE A LLAMAR

CUANDO EL AMOR VUELVE A LLAMAR

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Completas
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

Valentina Ferrer creyó que tenía la vida perfecta: un esposo al que amaba, cinco hijos maravillosos y un hogar humilde, pero lleno de felicidad. Hasta que un accidente en una obra le arrebató a Gabriel y la dejó sola frente al dolor, las deudas y la responsabilidad de sacar adelante a su familia.
Convertida en viuda a los treinta y cinco años, Valentina tendrá que dejar atrás sus miedos y recuperar los sueños que abandonó por amor. Lo que no imagina es que, en medio de su lucha, conocerá a Maximiliano Devereaux, el hombre más rico, poderoso y atractivo de la ciudad.
Él vive rodeado de lujos. Ella apenas intenta sobrevivir. Él está acostumbrado a mandar. Ella no permitirá que nadie vuelva a decidir por su vida.
Entre dos mundos completamente opuestos, una atracción imposible comenzará a crecer. Pero Valentina aún carga con las heridas de su pasado y teme que volver a amar signifique traicionar la memoria del hombre que nunca dejó de amar.

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: Historias que merecen ser contadas

Valentina abrió el cuaderno antes de que amaneciera.

La primera fase de la campaña empezaba esa semana y quería llegar a la reunión con los comerciantes preparada. Había dividido las tareas en columnas: nombres de los negocios, horarios, productos destacados, historias de sus dueños y fotografías necesarias.

La lista creció más de lo que había previsto.

Aun así, por primera vez desde la muerte de Gabriel, el día tenía un propósito que no se limitaba a cumplir con las obligaciones de la casa.

Preparó el desayuno y dejó las loncheras listas. Amalia se ofreció a llevar a los niños a la escuela para que Valentina pudiera visitar el primer negocio con Mariana.

—No tienes que preocuparte por nosotros —le dijo Isabella mientras guardaba sus cuadernos—. La abuela nos lleva.

—Lo sé. Pero igual voy a pensar en ustedes.

—Entonces piensa en la campaña también —dijo Emilia—. Para que te salga bien.

Valentina sonrió.

—Lo intentaré.

Mariana la esperaba frente a la panadería que había aceptado ser parte del proyecto. El local era pequeño, pero desde la puerta se sentía el aroma del pan recién hecho. En la pared había fotografías antiguas y un reloj que se atrasaba unos minutos.

—El dueño es Esteban —explicó Mariana—. Lleva veinte años aquí. Dice que no sabe contar historias, pero estoy segura de que sí.

Esteban las recibió con las manos cubiertas de harina. Tenía la expresión de alguien que todavía no se acostumbraba a que le prestaran atención.

—No sé qué podría decirles —comentó—. Yo hago pan. La gente viene, compra y se va.

—¿Y cómo empezó? —preguntó Valentina.

—Mi padre tenía una panadería en el pueblo. Vine a la ciudad para trabajar en otra, ahorré durante años y abrí este local con mi esposa.

—¿Ella trabaja aquí también?

—Desde el primer día. Si no fuera por ella, no habría durado ni seis meses.

Valentina anotó la respuesta. No le preguntó directamente por sacrificios ni por dificultades. Le pidió que describiera el primer pan que habían vendido y qué recordaba de aquel día.

Esteban sonrió.

—Se nos quemó una bandeja entera. Mi esposa dijo que no pasaba nada, que la siguiente saldría mejor. Y así fue.

—Esa historia habla de mucho más que una bandeja —dijo Valentina—. Habla de empezar, equivocarse y seguir juntos.

Esteban la miró como si recién entonces entendiera lo que querían hacer.

—Nunca lo había pensado así.

Mientras Mariana preparaba la cámara, Valentina conversó con él sobre los clientes habituales, las recetas que conservaba de su padre y el lugar donde guardaba el viejo rodillo de madera con el que había empezado. No buscaba adornar su historia. Quería que sonara como él.

En la tienda de ropa, conocieron a Lucía, quien había heredado el negocio de su madre. En el taller de reparación, un joven llamado Darío les contó que había aprendido el oficio mirando a su abuelo arreglar radios. Cada persona llevaba consigo una historia que no aparecía en los avisos de descuentos ni en las fotografías de productos.

Al regresar a casa, Valentina ordenó las notas y revisó las imágenes. Le gustaba encontrar el centro de cada relato, la idea sencilla que podía conectar a un negocio con quienes vivían cerca.

Trabajó mientras los niños hacían sus tareas en la mesa. De vez en cuando, alguno le preguntaba si podía ayudar con algo. Ella cerraba la computadora, los escuchaba y retomaba el trabajo después.

—¿No te molesta que te interrumpamos? —preguntó Samuel una tarde.

—No.

—¿Aunque estés trabajando?

—Tendremos que organizarnos. Eso no significa que ustedes estorben.

Samuel asintió y regresó a su cuaderno.

Valentina notó que ahora los niños se acercaban a ella con más cautela, como si temieran que cualquier cosa pudiera añadirle otra preocupación. Les explicó que podían pedirle ayuda, hacer ruido y contarle sus problemas. No quería que pensaran que debían desaparecer para dejarla trabajar.

La campaña comenzó a publicarse el lunes siguiente. La primera historia mostraba a Esteban junto a una bandeja de pan, acompañado de una fotografía de la panadería cuando recién había abierto. Valentina releyó el texto antes de enviarlo:

Hace veinte años, Esteban y su esposa hornearon su primera bandeja en este local. No salió perfecta, pero la siguiente sí. Hoy, cada mañana, siguen preparando pan para los vecinos que los han acompañado desde el comienzo.

Al final, aparecía una invitación a conocer el negocio.

—Está sencillo —dijo Mariana al revisarlo—. Y suena como él.

Valentina pulsó el botón para publicarlo.

Durante una hora no ocurrió nada. Luego empezaron a llegar reacciones y comentarios. Un vecino escribió que compraba allí desde niño. Otra persona compartió una fotografía antigua de la panadería. Esteban llamó a Mariana para contarle que varios clientes le habían dicho que vieron la publicación.

—No se trata de que se vuelva viral —explicó Mariana—. Se trata de que las personas que ya pasan por ahí lo miren de otra manera.

Valentina guardó el comentario en su carpeta de trabajo. Para ella, aquello también era una señal: sus ideas podían servir.

Al final de la semana, tres historias más estaban publicadas. La asociación de comerciantes compartió la campaña en sus propias redes. El pequeño proyecto comenzó a recibir más atención de la que habían esperado.

Un día, Mariana la llamó.

—La asociación recibió una consulta de una empresa grande —dijo—. Están interesadas en apoyar una iniciativa para los comercios de la zona.

—¿Qué empresa?

—Devereaux Group.

Valentina miró el nombre en la pantalla de su computadora. No lo reconoció de inmediato.

—¿A qué se dedican?

—Construcción, desarrollo inmobiliario y otras inversiones. Es una de las empresas más importantes de la ciudad. Están levantando un complejo comercial cerca del centro y, al parecer, quieren que los negocios locales puedan participar en una iniciativa vinculada al proyecto.

—¿Y qué tiene que ver nuestra campaña?

—Les llamó la atención el enfoque. No quieren una publicidad que solo diga “compre aquí”. Buscan una propuesta que conecte el nuevo complejo con la comunidad que ya vive y trabaja en la zona.

Valentina se apoyó en el respaldo de la silla.

—¿Quieren que hagamos algo?

—Todavía no lo sabemos. La asociación tiene una reunión con su equipo de comunicaciones. Me pidieron información sobre la campaña y quieren conocer quién desarrolló los textos.

—¿Les diste mi nombre?

—Les dije que preparaste la propuesta conmigo y que estás coordinando el contenido.

Valentina sintió una mezcla de nervios y entusiasmo.

—No sé si estoy preparada para trabajar para una empresa así.

—Todavía no te están contratando. Solo quieren conocer el proyecto. Si más adelante solicitan una propuesta, la revisaremos juntas.

—¿Y si no les gusta?

—Entonces seguimos con lo que ya estamos haciendo. Valentina, no todo tiene que salir perfecto para que valga la pena.

Ella miró las historias publicadas, las respuestas de los comerciantes y las notas que había preparado. Aún le costaba imaginarse en una reunión con una compañía tan grande. Sin embargo, aquella posibilidad habría parecido impensable unas semanas antes.

—¿Quién dirige la empresa? —preguntó.

—Maximiliano Devereaux. Es el dueño y presidente del grupo. Dicen que es un hombre difícil, muy exigente y acostumbrado a que las cosas se hagan a su manera.

Valentina frunció el ceño.

—Entonces espero que no tengamos que convencerlo personalmente.

Mariana soltó una risa breve.

—No sabemos quién asistirá a la reunión. Por ahora, solo quieren revisar el proyecto.

Antes de despedirse, Mariana le envió el correo de contacto de la asociación y le pidió que preparara un resumen de la campaña. Valentina lo hizo esa tarde, con cuidado de describir su aporte sin exagerarlo. Adjuntó ejemplos de las publicaciones y explicó cómo habían elegido cada historia.

Cuando terminó, lo leyó de principio a fin. Esta vez no esperó a sentirse completamente segura. Lo envió.

Esa noche, durante la cena, contó a su familia que una empresa importante había mostrado interés en la campaña.

—¿Eso significa que vas a conocer a un hombre rico? —preguntó Emilia.

—No necesariamente. La empresa tiene muchas personas.

—¿Y si lo conoces? —insistió Tomás.

—Entonces lo saludaré, si corresponde.

—¿Y si es mandón? —preguntó Isabella.

—Le diré que podemos conversar, pero que las ideas se revisan con respeto.

Amalia sonrió desde el otro lado de la mesa.

—Eso suena a ti.

Valentina bajó la mirada hacia su plato. No se sentía valiente todavía, pero ya no estaba tan segura de que fuera incapaz de enfrentarse a algo nuevo.

Más tarde, guardó la computadora y se quedó un momento en la cocina. La taza de Gabriel seguía en el mismo lugar. Esta vez no la miró como si estuviera esperando que él regresara. La miró como un recuerdo querido, doloroso, pero suyo.

En su teléfono apareció una notificación: la asociación confirmaba que Devereaux Group quería reunirse para conocer la propuesta y conversar sobre una posible colaboración.

Valentina leyó el mensaje, luego lo volvió a leer.

La oportunidad era real.

Y aunque aún no sabía que ese nombre pronto se convertiría en algo más que una empresa, acababa de dar un paso hacia el mundo de Maximiliano Devereaux.

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Zulema Neme
Buenísima la Novela Autora Maravillosa Historia Me Encanto Muchas Felicidades ❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️
Mildred Álvarez
😭es demasiado doloroso estos capítulos
Mildred Álvarez
😭😭😭😭😭😭😭😉
Mildred Álvarez
muy triste
Mildred Álvarez
triste
Zulema Neme
Que Bellos Personajes has Puesto Autora 💕💕💕💕💕💕💕🥰🥰🥰🥰🥰
Zulema Neme
Que Horrible por Dios .El no debe morir
Dilia De Freitas Teixeira
muy bonita
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