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Mi Ángel De La Guarda

Mi Ángel De La Guarda

Status: En proceso
Genre:Amor eterno
Popularitas:727
Nilai: 5
nombre de autor: Mile Vivero Rudas

Luciana era una joven de 17 años, con cabellos castaños y ojos que reflejaban una mezcla de melancolía y determinación. Desde pequeña, había sentido que no encajaba en el mundo que la rodeaba. Las risas de sus compañeros resonaban como ecos lejanos mientras ella lidiaba con inseguridades y un profundo anhelo de pertenencia.

Su vida se complicó aún más tras la muerte de su madre, un evento que dejó un vacío en su corazón. A menudo se perdía en sus pensamientos, buscando respuestas en los libros de fantasía que solía leer. Sin embargo, lo que no sabía era que su conexión con el mundo mágico era más real de lo que imaginaba.

El Consejo Celestial, al notar su vulnerabilidad y el peligro que la acechaba, decidió enviar a su ángel de la guarda,Axel . Su misión era protegerla de fuerzas oscuras que querían aprovechar su tristeza y debilidad. Pero Axel no solo debía protegerla ; también se vería atrapado en un dilema : podría intervenir emocionalmente sin violar las ley celestial.

NovelToon tiene autorización de Mile Vivero Rudas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una entrada poco angelical

El pueblo se sentía más pequeño que nunca. Desde que salieron del hospital, su padre parecía haber envejecido diez años en una semana, pero había algo nuevo en él: una determinación desesperada.

—Solo unos meses más, Lu —decía él cada mañana, mientras se ponía las botas de seguridad para ir al almacén—. En la ciudad hay universidades de verdad. Allí no tendrás que servir copas a los borrachos de siempre.

Luciana lo veía irse y sentía un nudo en el estómago. Quería decirle que no hacía falta, que ella estaba bien, pero no era cierto. Desde aquella noche en la que aquel extraño joven de ojos brillantes la envolvió con lo que ella juraría que eran alas, el mundo se había roto.

A veces, mientras caminaba al club, veía a la gente pasar y, por el rabillo del ojo, notaba que sus sombras no se movían con ellos. O veía rastros de un color violeta oscuro en el suelo que nadie más pisaba.

"Estoy perdiendo la cabeza", se repetía mientras entraba al club para su turno. "Ese chico... Axel... fue una alucinación por el golpe".

Pero Axel no era una alucinación. Estaba allí, aunque ella no pudiera verlo ni sentirlo. Estaba invisible, sentado en lo alto de un andamio en el callejón trasero del club, vigilando. Se moría de ganas de bajar, de soltarle algún comentario sarcástico sobre lo mal que le quedaba el delantal del trabajo o de advertirle sobre el tipo de la esquina, pero tenía órdenes claras: ella debía despertar sola.

—Vamos, pequeña guerrera... —murmuró Axel desde las sombras del techo, observándola a través del cristal sucio de la ventana—. No es tan difícil. Solo deja de negar lo que tus ojos están viendo.

En el interior del club, el ambiente estaba cargado. Luciana estaba sirviendo una mesa cuando, de repente, la puerta se abrió. Un hombre entró, y esta vez no fue una "sensación". Fue un impacto.

Luciana soltó la bandeja. El sonido del metal contra el suelo hizo que todos se giraran.

El hombre que acababa de entrar no tenía una sombra normal. A sus pies, la oscuridad se retorcía como si estuviera viva, llena de pequeños dientes invisibles. Lo peor fue cuando el hombre la miró: sus ojos eran normales, pero Luciana vio, por un segundo, una segunda cara superpuesta a la suya, una máscara de piel gris que se burlaba de ella.

El hombre sonrió y empezó a caminar directo hacia ella.

Afuera, en el andamio, Axel se puso de pie de un salto. Sus alas se agitaron, invisibles pero desplazando el aire con violencia.

—Mierda. Se acabó el tiempo de espera —siseó, preparándose para saltar hacia la ventana.

Luciana retrocedió hasta que su espalda chocó con la estantería de botellas. El hombre de la "doble cara" seguía avanzando, su sombra dentada arrastrándose por el suelo del club como una mancha de petróleo vivo. Nadie más parecía notar nada; los clientes seguían bebiendo y la música machacona ocultaba el sonido de los pasos del extraño.

—Pareces asustada, pequeña —dijo el hombre, y su voz no salió de su boca, sino que retumbó directamente en los huesos de Luciana—. Hueles a miedo... y a algo más. Hueles a Cielo.

Justo cuando el ser estiró una mano grisácea para tocarle el rostro, un estruendo brutal sacudió el local.

¡CRASH!

Una de las ventanas altas del club, cerca del techo, estalló en mil pedazos. Un cuerpo cayó desde lo alto, aterrizando con una voltereta perfecta sobre una de las mesas de madera, que se partió en dos bajo el impacto.

Todos se quedaron congelados. La música se detuvo con un chirrido eléctrico.

—¡Oops! Creo que calculé mal la curva —dijo una voz joven, vibrante y cargada de un sarcasmo que Luciana reconoció al instante.

Era él. El chico del hospital. Axel.

Llevaba la misma chaqueta de cuero, pero ahora estaba cubierta de cristales rotos que se sacudía con total despreocupación. Tenía un mechón de pelo sobre la frente y una sonrisa de lado que decía "soy un problema". Se puso de pie, tambaleándose un poco como si estuviera borracho, aunque sus ojos dorados estaban más afilados que nunca.

—¡Eh, tú! —gritó Axel, señalando al hombre de la sombra negra—. Ese es mi taburete. Y además, tu cara me da dolor de cabeza. Es... demasiado gris para mi gusto.

El demonio rugió, un sonido que para los humanos fue solo un acople del sistema de sonido, pero que hizo que los vasos de la barra estallaran. Luciana se cubrió los oídos, cayendo de rodillas.

Axel caminó hacia ellos con las manos en los bolsillos, silbando una melodía que parecía calmar el aire frío. Se detuvo justo entre Luciana y el monstruo.

—Lo siento, preciosa, interrumpo algo? —le guiñó un ojo a Luciana, ignorando por completo al ser de tres metros que tenía enfrente—. Es que me han dicho que aquí sirven el peor tequila del pueblo y no quería perdérmelo.

—¿Quién... quién eres? —logró articular Luciana, temblando.

—Un cliente insatisfecho —respondió Axel. De repente, su expresión cambió. La burla desapareció y agarró al hombre del traje por la solapa con una fuerza inhumana—. Y tú, escoria del Séptimo... vuelve a tu agujero. Ella está conmigo.

En un movimiento cegador, Axel le propinó un cabezazo al demonio que desprendió una onda de choque dorada, lanzando al ser contra la pared del fondo del club.

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Viviana Ranieri
Esto se está poniendo cada vez mejor!!Ya me estoy comiendo las uñas esperando la actualización. Por favor no tardes demasiado!!! Quiero seguir teniendo uñas🤣🤣🤣🤣🤭
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