Una vez más Thiago (Rayo) tendrá que enfrentar a sus amigos, pero está vez su estrategia será otra,.
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Salvar a la chica.
11
Antes de llegar al parque, Berni pasó frente a la mansión de los Larios.
—Espera… —le dijo a su guardaespaldas.
El auto se detuvo y pudo ver la cantidad de hombres que Larios movilizaba.
Tras unos minutos tomó una decisión.
—Berni, debemos encontrar a Aurora. Ella está sola; en cambio, Mariana tiene a su séquito y también a los hombres de la familia Guzmán. Pedro la busca.
Con las manos hechas puño y lleno de coraje, decidió que podía buscarla por su cuenta, pero ahora su prioridad sería Aurora. Esa chica no tiene a nadie.
Al llegar al parque, algunos hombres se reunieron con Alberto.
—Buscaremos por toda la ciudad. Yo iré al aeropuerto por si piensa salir del país.
Me informan si tienen noticias de ella.
El joven les envió una fotografía de la chica. Luego, los hombres partieron.
Esa noche, no sintió miedo; se paró delante de ellos sin titubear, con autoridad.
El camino al aeropuerto fue largo. Mientras llegaba, buscó en línea la hora de los vuelos y se aseguró de que no hubiera salido ninguno.
Por suerte, no tendría que salir del país: el vuelo a Francia tuvo un contratiempo y no saldría hasta el día siguiente.
—Berni, buscaremos dentro del aeropuerto. No sé si ella tiene dinero y le tocó quedarse ahí.
Minutos después, revisaron todo el lugar. Más hombres lo seguían en un auto y lo ayudaron, pero no tuvieron éxito.
—Berni, debemos buscar cerca… los hoteles aledaños. En algún lado tiene que estar. No es posible que se la trague la tierra.
Algo dentro de su corazón lo llevó hasta ese lugar, y no se equivocó.
Desde su asiento, abrió su computadora y movió los dedos con rapidez. En un abrir y cerrar de ojos logró hackear la base de datos del aeropuerto: y descubrió que el nombre de la chica figuraba entre los pasajeros que habían adquirido boletos para el día siguiente.
—Aurora… sí que eres obstinada, pero no escaparás así como así. No te lo voy a permitir.
Con esa información, sabía que estaba cerca. Dieron un par de vueltas alrededor del lugar y preguntaron por ella en la recepción de los hoteles.
Por otro lado, Aurora estaba en un club; el hotel donde se hospedaba estaba justo frente a ese lugar.
Hace un par de horas, había estado debatiendo qué debía hacer. El dolor era muy grande y, al final, terminó por ganarle.
Pidió un trago tras otro; sin embargo, ahora no estaba tan segura de haber hecho lo correcto.
En el lugar, unos hombres comenzaron a acosarla.
—Ya les dije que no quiero ir con ustedes. Soy una mujer de principios, nunca me iría con tipos tan nefastos. La chica les gritó.
—¿Nefastos? —repitió el que estaba frente a ella, atrayendo la atención de la joven.
Ella se ciñó en ponerlo en su lugar, sin notar que otro se encargaba de echar algo en su copa.
—¿Sabes qué? Déjalo así. —Los cuatro fingieron irse a su mesa, y la joven agarró su copa con manos temblorosas y la bebió hasta el fondo. Esos tipos la intimidaron, pensó que no se rendirían.
Una vez que bebió todo, uno de ellos se volteó y la sujetó.
—Muñequita, lo que acabas de tomar servirá para poder estar con los cuatro.
Aurora abrió los ojos con incredulidad.
—¿Le pusieron algo a mi bebida? —se preguntó.
Pero ya era tarde; los tipos tenían el camino libre.
Frente a ese sitio, Alberto inclinó la cabeza.
—Tampoco se registró en este lugar… —murmuró.
En realidad, la joven mentía: Aurora sí se encontraba hospedada ahí, pero pidió que no le dieran información a nadie.
—Joven, vamos a seguir buscando —dijo Berni, tocándole la espalda. Ambos salieron.
—Esa niña es una tonta… juro que cuando la encuentre me va a escuchar. Le diré unas cuantas verdades que no le he dicho, la voy a poner en su lugar. —El joven se acomodó en el asiento, mientras Berni rodeaba el auto.
Una vez tras el volante, Berni comentó:
—Me parece que cerca de aquí hay otro hotel.
En ese momento, el joven giró la cabeza en dirección al club.
A través del cristal pudo ver a una joven y a los tipos que la molestaban.
—Puff… —respiró hondo—. Berni, no perdamos tiempo.
No la reconoció de inmediato, y el auto se puso en marcha. Sin embargo, al cerrar los ojos, recordó ese día: Aurora llevaba un vestido color rosa. se parece mucho al de la chica del club.
—No puede ser… Berni, da la maldita vuelta…
—No puedo, el cruce está más adelante.
—¡Maldita sea! —Alberto abrió la puerta sin esperar a Berni y salió, sin pensar en que podía lastimarse. Por suerte, no iban a gran velocidad.
La chica que vio en el club llevaba un vestido igual al de Aurora.
En ese lugar, uno de los hombres intentó besarla, pero ella ponía resistencia.
—No me toques, me das asco.
Los clientes del lugar no hacían nada. El que más deseaba a la chica era Petro, un hombre sin escrúpulos que intimidaba a todo aquel que se cruzara en su camino.
—Ninguna mujer me ha rechazado, y no serás la excepción.
—No me digas… —Alberto apartó a dos de los tipos y se abrió paso, luego le puso un golpe en el rostro.
—Ella dijo que no. ¿acaso no lo entiendes?
De inmediato, Aurora levantó la mirada y sintió una oleada de emociones.
—Alberto… —pero lo vio solo—. ¡Cuidado, detrás de ti! —lo advirtió.
El joven se inclinó un poco y vio pasar la botella.
—Malditos cobardes…
Sin voltear, lanzó el brazo hacia atrás y le dio un codazo al hombre que lo atacó.
—Aurora, intenta salir de aquí. Yo me encargaré. Alberto estaba dispuesto a enfrentarlos, pero no quería que ella saliera lastimada.
Lo insolito fue que los clientes del lugar apostaron a que Alberto terminaría grave.
—Ella no va a ningún lado —dijo Petro, volviendo a atraparla.
—¡Ah! —gritó la chica.
—Maldito Berni… ¿en dónde te metiste? —pensó Alberto.
Sabía que él solo no podría luchar contra cuatro… y menos si ellos tenían a Aurora, por ningún motivo puede ponerla en peligro.