Estaba sentada en la biblioteca junto a la ventana, viendo pasar los autos. Mientras escuchaba a una chica decir: "Las grandes pasiones son enfermedades incurables. Lo que podría curarlas las haría verdaderamente peligrosas." ( Goethe). Palabras que no le encontraba sentido, por qué siendo unos jóvenes de 17 años, donde no sabíamos del amor o del desamor, era ilógico pronunciar frases de amor.
Me llamo Miriam y estoy empezando la universidad, nunca he tenido un novio y no tengo ni la mínima idea de que es tener un novio. Toda mi primaria y secundaria la estudié en un colegio para niñas, pasábamos internas ahí, casi todo el año. Veía como las chicas a falta de chicos y en la época de la curiosidad sexual se besaban y tocaban sus partes íntimas. Muchas de ellas expulsadas por hacer cosas indebidas y prohibidas.
Aquí fuera de las cuatros paredes de mi colegio de niñas, empiezo mi vida universitaria, con miedo a relacionarme con los chicos.
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Cap-11
•••Miriam•••
Llegó un nuevo año escolar. Miriam viajo a la ciudad. Habían pasado 2 meses y Manuel no se había comunicado con Miriam.
Miriam fue al departamento de Manuel. Ahí tenía sus cosas, su ropa, zapato, libros.. Además Manuel le había dejado el departamento a ella, igual que una tarjeta con mucho dinero para solventar sus necesidades.
— Buscaré un trabajo. Para mientras recojo dinero para rentar un lugar donde ir, estaré aquí.
...ring...ring...ring...
— Hola Miriam. ¿Dónde estas?
— María. Te extrañé estos meses. ¿Estas en el internado?
— Si. Ven y vamos juntas a la facultad.
— En un momento llego.
Un rato después. Miriam llega al internado y en cuanto ve a María, corre y la abraza.
— ¿Qué te sucede Miriam? ¿Por qué lloras?
— Solo te extrañé mucho.
— ¿Qué pasó? Dime. No creo que estés llorando por mi.
— Manuel, Manuel se fue a Estados Unidos y tiene dos meses y no se ha comunicado conmigo. No contesta mis llamadas.
— Tal ves está muy ocupado. Una especialidad no es un juego. Solo espera. ¿Dónde dormirás está noche?
— En su departamento, tengo la contraseña. El me dijo que podía vivir ahí durante él estuviese fuera. Pero buscaré un trabajo y me marcharé de ahí. No me siento cómoda estar ahí y él no me contesta mis mensajes.
— Mmmm.. si él te dijo que te quedes, quédate. Por ahora vamos juntas a la facultad. Ahí veremos cuál será nuestras aulas. Ojalá seamos vecinas— Sonrió.
Llegando a la facultad, Miriam tuvo un mareo.
— ¿Estás bien? ¿Desayunastes?
— No. No tengo mucho apetito.
— Debes vitaminarte y alimentarte bien para aguantar este año.
— María, siento que todo me da vuelta— se desmayó.
María pide ayuda. La llevan al hospital.
Le hacen unos exámenes y lo ponen un suero vitaminado. Después de unos minutos Miriam despierta.
— Amiga que buen susto me diste. Debes comer tus tres tiempos. No puedes ponerte así solo por un hombre. Yo sé que lo amas, pero tienes que alimentarte para resistir estos tres años de espera.
— Tienes razón. No iré a clases por hoy, me justificaré después con el maestro. Tú puedes ir a clases. No te preocupes.
— No te voy a dejar sola.
Al final Miriam convenció a María que fuera a clases.
Dos horas después le retiran el suero. Una enfermera le dice que pase en el consultorio número 2, con la doctora para que le extienda una receta y la lectura de los exámenes de sangre.
Miriam va al consultorio 2.
— ¿Puedo entrar? La enfermera me dijo que viniera.
— Si, entra. Eres Miriam Flores. ¿Qué edad tienes? ¿Estudias o trabajas?
— Si soy Miriam Flores. Tengo 18 años. Soy estudiante de Medicina.
— ¿Qué año cursas?
— Voy a mi segundo año.
— ¿Andas sola o acompañada?
— Ahorita estoy sola, mi amiga me trajo pero se fue a clases.
— Bueno, pregunto por qué es algo de rutina. Aquí tengo tus exámenes. Y tienes anemia. Tienes que alimentarte mejor. Además estás embarazada.
Miriam abrió sus ojos sorprendida, no podía creer lo que la doctora estaba diciendo.
— Eso es imposible. Yo estaba tomando anticonceptivos. Siempre fui puntual.
— Seguro algún día se te pasó. Necesito realizar un ultrasonido para ver exactamente la fecha de posible parto.
— Doctora eso es imposible— acercó sus manos a su cara y comenzó a llorar desconsoladamente— No puedo estar embarazada.
— Tranquilizate niña. El padre del bebé tiene que saber.
— Él no está aquí— agachó su mirada, las lágrimas no dejaban de salir— él se fue hace dos meses a Estados Unidos y no me contesta los mensajes. Él no se ha comunicado conmigo. Mi madre se decepcionará de mí.
— El joven se fue. Tienes que ser fuerte por ese bebé.
— ¿Qué voy a hacer? Mis sueños y todas mis ilusiones están pérdidas. Tengo que dejar la facultad y buscar un trabajo. ¿Por qué él no me contesta? Solo quiero morir.
— Tranquilizate por favor. No vas a morir. Aunque ahora todo pinté gris, algún día sale el arcoiris. Tantas historias que he escuchado de jóvenes donde los padres desaparecen y sabes que, ahí están ellas fuertes y luchando por sus hijos. Asi que tú puedes.
— Como llegué a pensar que él me amaba. Un joven rico que se iba a enamorar de mi.
La doctora sintió una punzada en su corazón.
— Sabes Miriam, tu historia se parece a mi historia de juventud. Nací en cuna de oro. Me enamoré de un joven de mi igual estatus, solo que estaba comprometido. Estamos enamorados. Y aun sabiendo que él tenía un compromiso, yo acepté la relación. Él se casó y yo quedé embarazada de él. Mi familia me obligó a abortar para no manchar el apellido.Y me mandó a estudiar al extranjero para tapar el desastre. Ahora eso solo es un recuerdo. Me casé y ahora tengo una familia hermosa. Un hijo espectacular de tu misma edad. Casualmente estudia medicina.
— Doctora siento que mi mundo se está cayendo en pedazos. Vine de mi pueblo con muchas ilusiones y aquí termina ese sueño.
— ¿Puedes ir a esta clínica por la tarde? — le extendió una tarjeta— Ahí es mi clínica privada. Quiero llevarte el control de tu embarazo, no te voy a cobrar nada, tómalo como una acción buena de mi parte.
— Está bien.
— Te espero, no faltes.
Miriam salió del consultorio con los ojos rojos, con lágrimas, con un sentimiento de pérdida.
Se fue al departamento de Manuel. Ahí lloró amargamente. Escribió un mensaje.
📱 Manuel, solo te escribo para decirte que te extraño y que te necesito más que nunca. Por favor respóndeme.
Como siempre el mensaje no fue respondido.
Llegando la tarde, se dirigió a la clínica de la doctora.
— Hola doctora, estoy acá. Tengo un poco de vergüenza después de lo de esta mañana.
— Estás más tranquila. Eso es bueno. Cómo te había dicho, tengo un hijo que estudia su segundo año de medicina al igual que tú. También recuerdas que te dije que viví algo parecido como tú.
— Si recuerdo lo que dijo. Gracias por compartir conmigo algo tan personal. Es difícil aceptar que estoy embarazada, y que tendré que dejar mis estudios.
— Quiero ayudarte Miriam. Trabaja para mí, por las tardes. Cómo mi secretaria. No harás tanto esfuerzo, solo organiza mis citas. Te pagaré por eso. No dejes de estudiar.
— ¿Está segura?
— Si. Puedes empezar mañana. Por los momentos te haré el ultrasonido—le realiza el ultrasonido— tienes 10 semanas de embarazo. Y posiblemente tu parto sea el 02 de agosto.
— 10 Semanas.
— Si. ¿En qué universidad estudias?
— En la universidad de Briggs.
— Mmmm ahí estudia mi hijo. Y mi amigo es el director de la facultad. Hablaré con él para que tus prácticas de profesionalización la realices acá. Y así descanses un poco, te parece.
—¿Por qué hace todo esto por mi?
— Ya te lo dije. Es mi acción del año. Mi hijo se llama Esteban Marín.
— Esteban es su hijo— lo dice bastante sorprendida— él es mi compañero de clase.
— Entonces mejor aún, estoy ayudando a su compañera de clase. Otra razón para ser buena.
Miriam salió del consultorio un poco más tranquila, pero aún así tenía que hablar con su mamá. Decidió hablarlo con ella ese fin de semana.
Llegó el fin de semana. Viajó con María a su pueblo. Miriam le había contado todo a María.
— Hola mamá. Te presento a María, una amiga..
— Hola. Un gusto conocerte.
— Mamá podemos hablar algo.
— Si dime.
— María puedes quedarte aquí un momento— le dijo Miriam.
— Vamos a mi cuarto mamá.
— ¿Por qué tanto misterio Miriam? No me digas que ella es tu novia.
— Mamá estoy embarazada.
Su madre le dio una cachetada.
— A eso te mandé. Eres una chica estúpida. ¿Acaso no viste como tu padre me abandonó contigo cuando apenas estabas en panza? Todo mi esfuerzo tirado a la basura. No aprendes.
Miriam lloraba.
— Miriam, aquí termina mi ayuda contigo. Ve lo haces con tu vida. Aquí no te quiero. ¿Qué van a decir los vecinos? Vete, no te quiero ver — entre lágrimas lo decía.
Miriam salió del cuarto llorando, con su mejilla roja. María se levantó y la abrazó.
— Mi mamá no quiere verme. Vámonos. Yo sabía que esto iba a ocurrir.
— Vámonos. Tu sabes que tienes mi apoyo. No todo es malo. Tienes un bebé en tu vientre, ese bebé debe de ser tu motor para salir adelante.
Esa misma tarde regresaron a la ciudad.
•••Manuel•••
Manuel inició sus estudios. Había perdido mucho peso. Tenía un semblante diferente. Su padre había viajado a verlo.
— Manuel ¿Qué es esta estupidez?
—¿ A qué vienes?
— Por negocios. Quise ver con mis ojos, lo que Morgan me había dicho.
— No me molestes. No quiero verte. Ya estoy acá, haciendo tu voluntad. ¿Qué más quieres?
— Qué carácter más terrible— le dio una cachetada— Soy tu padre, respétame.
— Como si con sólo decir respétame es suficiente.
— Manuel algún día verás que todo lo que hago por ti es lo mejor.
Asi pasaron los meses. Y el parto de Miriam estaba cerca. Solo le faltaba un mes. Aún vivía en el departamento de Manuel. Tenía el apoyo moral de María y de la madre de Esteban. Miriam y Esteban se habían hecho tan cercano, el se había transformado en un amigo indispensable en su vida.
📱— Señor Coen, en el departamento del joven, aún vive la chica.
— Como pude dejar pasar por alto a esa muchacha. Saca las cosas de esa arribista.
— Está bien. Llamaré a un especialista para cambiar la contraseña. También hay algo que decirle.
— ¿Qué tienes que decir?
— La joven está embarazada. Y anda con un joven siempre.
— Aparte de arribista, es una desvergonzada. Todas las chicas pobres son de la peor calaña. Saca sus cosas. Y en cuanto llegue, tráela. Tómale fotos con el muchacho. Y también tráeme los estados de cuentas de todas las tarjetas de Manuel.
— Como ordene señor.
Miéntras Miriam estaba en clases, los sirvientes del padre Manuel, cambiaron la contraseña del departamento, y sacaron todos las cosas de ella.
En la tarde cuando llegó, vio que dos maletas estaban fuera de la puerta. Quiso entrar pero el acceso era denegado. Dos hombres la tomaron de la mano, y la subieron a un auto junto con sus cosas.
—¿Quiénes son ustedes? ¿Qué quieren Voy a llamar a la policía— Ella gritaba.
Unos de los sirvientes le puse un sellador en la boca y le amarró las manos. La llevaron a la oficina del señor Coen.
— Señor aquí está la joven.
— Asi que tú eres la sinvergüenza de la que Manuel está enamorado— sacó las fotos donde estaba caminando con Esteban—¿Qué vas a decir? Que ese hijo es de Manuel.
— Este es mi hijo, solo mío— le dijo Miriam.
— No quiero verte nunca más, menos que molestes a mi hijo. Si lo haces ese bebé sufrirá las consecuencia.
— Viejo maldito Usted es lo peor— le dio una cachetada.
— Estúpida. Lo pagarás caro— le regreso la cachetada— No quiero verte nunca más. Si vuelves a buscar a Manuel, tu hijo correrá las consecuencia.
— Saquen a este mujerzuela de aquí. Ella cree con el hijo de otro hombre iba a lograr dinero— le dijo el señor Coen a uno de sus empleados.