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La mujer del jefe

La mujer del jefe

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor eterno / Completas
Popularitas:4
Nilai: 5
nombre de autor: Dany Figueiredo

A los diecinueve años, Aline creía que su mayor problema era llegar a fin de mes. Hasta que la enfermedad de su madre le puso un precio imposible a la esperanza… y un solo hombre en todo el morro podía pagarlo.

Él es Cobra: dueño de la Rocinha, temido, intocable, acostumbrado a que nadie le diga que no. La propuesta es tan fría como sencilla: ella será su visita íntima tras las rejas, y a cambio el tratamiento de su madre estará cubierto. Sin sentimientos. Sin promesas. Solo un trato.

Pero nadie le avisó a Aline que el hombre más peligroso de Río podía mirarla como si fuera lo único puro que le queda al mundo. Ni que, detrás del arma y la fama, Cobra carga heridas capaces de igualar a las suyas.

Entre balas, celos, secretos de la facción y un deseo que ninguno de los dos supo ver venir, lo que empezó como una transacción amenaza con volverse la historia de amor que ambos juraron no merecer. Porque en el morro, entregar el corazón cuesta más caro que cualquier deuda… y siempre hay alguien dispuesto a cobrarla.

Pasión intensa, drama que aprieta el pecho y un romance prohibido que no vas a poder soltar. Bienvenida al mundo de Cobra. Bienvenida a ser La mujer del jefe.

NovelToon tiene autorización de Dany Figueiredo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2

...Aline 🦢...

—¿En serio? —Abrió mucho los ojos—. ¿Y cómo está tu mamá?

—Ahí va… De aquí a nada los dos van a volver a estar juntos —solté el aire y seguí subiendo la calle.

Las cuatro de la tarde fue la hora en que salí del trabajo. Me encontré a Karla en el camino, una amiga de la infancia; la considero una hermana…

—¿Nunca pensaste en pararle los pies a Kleber? Le caería bien un buen escarmiento, carajo.

—Ya lo pensé, pero tú sabes cómo es mi mamá. —La imagen de ella, toda golpeada, me vino a la mente.

—Me preocupo por ti; a tu mamá la conozco hace un montón. —La miré—. Eres tan linda, tan joven… pasando por estas cosas por los errores de ella.

—Lamentablemente no puedo cambiar la situación en la que ella misma se metió, así que lo único que hago es tratar de ayudar. —Crucé los brazos.

—Pero se está haciendo daño y te está arrastrando con ella, guapa. —Nos detuvimos frente a mi casa—. ¿Cuánto hace que no sales? ¿Que no te diviertes con las amigas? ¿Que no gastas tu plata comprándote cosas para ti?

—¿Y a dónde voy a salir, mujer?

—Este sábado hay baile, para festejar la Navidad. —Puse los ojos en blanco—. ¿Ves? Tienes alma de vieja, ni tu mamá es así.

—¿Y voy a salir de mi rincón cómodo para meterme en un baile repleto de gente involucrada? —Se rió.

—No puedes opinar, linda. Nunca fuiste, así que no sabes cómo es.

—Capaz que voy, necesito salir un poco. —Me aparté el pelo de la cara y la vi sonreír, animada.

—Nos vemos el sábado, a las dos en el salón. Tu primera vez en el baile de la Rocinha: tienes que ir bien guapa. —Me dio un beso en la mejilla, despidiéndose.

Ella siguió subiendo la calle y yo entré a casa. Dejé las cosas sobre la mesa de la cocina y subí al cuarto a cambiarme.

Me puse un short de jean viejo y una blusita negra. Me calcé las chancletas y bajé las escaleras amarrándome el pelo.

Me sentía ansiosa, así que decidí ponerme a limpiar la casa. Puse música y me puse manos a la obra…

Empecé por la cocina: agarré un balde de agua y me senté en el piso frente a la alacena, sacando los alimentos para limpiar bien.

Terminé la cocina unos treinta minutos después; la dejé impecable. Le di una lavada al baño y enseguida seguí con la sala. Cambié el sofá de lugar, cambié los cojines y le pasé un trapito a la tele.

Al menos, cuando mi mamá volviera, encontraría todo limpio.

Por último, subí a arreglar mi cuarto. Lo había limpiado a fondo hacía unos días, así que era cosa simple: barrer el piso y tender la cama.

Pasé un trapo con desinfectante y cambié las sábanas. Abrí las ventanas para que entrara aire, porque aun a las ocho de la noche hacía un calor tremendo.

Hoy es jueves, así que hay tremenda juerga en una vinería cerca de casa; la calle está a reventar.

Escuché la puerta abrirse y bajé la música.

—Aline —me llamó, subiendo las escaleras. En segundos apareció en la puerta del cuarto—. ¿Hiciste limpieza? La casa huele rico.

Solo asentí con la cabeza y apoyé la escoba contra la pared.

—Recibí la plata de la compra del mes; Sérgio me pagó el trabajito que hice en la gomería. —Me mostró los billetes de cien—. Vamos al mercado, ¿sabes qué está faltando?

—¿No puedes ir solo? —Fui cortante.

Cada vez que hace una cagada, trata de redimirse de alguna forma.

—Te estoy pidiendo que vengas conmigo, ¿no quieres ir? No voy a comprar ni mierda.

Respiré hondo, sin paciencia.

—Voy a cambiarme, ya bajo.

Se dio la vuelta y salió, bajando las escaleras. Cerré la puerta y saqué del clóset un pantalón de jean claro; me quité el short y me lo puse.

Agarré el celular y bajé a la sala. Cuando me vio, se levantó del sofá y tomó las llaves. Salió primero a prender el carro, mientras yo trababa la puerta.

Enseguida me subí al asiento de atrás y él arrancó. Cuando dobló y empezó a bajar por una calle, una Ferrari roja pasó rozando el carro a toda velocidad. Kleber tiró el volante hacia un lado con todo, y por poco choca contra unas motos que estaban frente a una barbería.

—¡Imbécil! —gritó.

Me quedé callada, mirando otra vez por la ventana. Un rato después llegamos al estacionamiento. Él se quedó estacionando y yo agarré el carrito y entré al supermercado.

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