Una vez creí en los cuentos de hadas, pero tarde me di cuenta de que solo eran una mentira que nos cuentan de niños para desviarnos de la maldad de este mundo en el cual por desgracia y caí y morí sabiendo que él no me amaba.
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Prólogo
—Por lo que más quieras—Le suplicó a su esposo que estaba rojo de la ira. Sostenía una daga en su mano temblando de rabia absoluta.—, por favor... baja esa daga. Bájala, te lo ruego.—Él se rio con amargura.—T-Te daré el divorcio, lo que quieras, pero no me mates, por favor...—Él se volvió a reír, pero esta vez con algo parecido a ironía.
—No sabes... cuánto te he odiado, no sabes cuántas veces me he arrepentido de haberte hecho mi esposa, pero hoy... se termina.—Sujetó con fuerza la daga en su mano, listo para matarla. Veía la furia y frustración en sus ojos. En ese momento supo que él nunca la amó y que cada segundo, cada minuto que pasaron juntos solo habían sido una mentira. Un montaje elaborado y planeado de forma cuidadosa.
—Lamento...—Dijo entre sollozos.—haberte obligado a esto, no quise lastimarte. Perdóname.
Él negó con la cabeza mirándola con esa expresión de odio y rabia pura que me daba miedo.
Ella estaba tan aterrada que apenas era capaz de mantenerse de pie y mirarlo a los ojos sintiendo como de a poco las lágrimas que estaba conteniendo salían mojando sus mejillas, su labio inferior temblaba mientras lloraba en silencio viendo como el hombre que alguna vez amó con todas sus fuerzas estaba por terminar con su vida.
La mujer lloró con más fuerza. Dejándose caer en el suelo dándose cuenta de que nunca debió aceptar casarse con el hombre que tenía frente a ella.
Todavía recordaba el día que le dijeron que tenía que casarse con Vidar Schneider, el que era ahora su esposo del cual estuvo enamorada por cinco años. Cinco años viviendo en una realidad que nunca sería verdad...
Ella tarde se dio cuenta de que nunca sería amada por Vidar, que jamás le vería de la misma forma en que ella ha visto con sus propios que él ha mirado a la única mujer que él ha amado.
Alicia Gutenberg...
—Sí vas a matarme, entonces adelante. Hazlo, porque de todos modos lo harás para poder ser feliz con ella. Así que... simplemente hazlo y ya.—Él no dijo nada. Ella cerró los ojos esperando el momento.
El filo de la daga atravesó su carne provocando que sangrara profusamente. Al sentir aquella sensación mojada y tibia supo que finalmente él había acabado con ella. El dolor punzante que se suponía que debía sentir, se sintió más bien como un entumecimiento que gradualmente iba adormeciendo su cuerpo.
Abrió los ojos y miró a su esposo aun sosteniendo la daga que atravesaba su cuerpo. La sacó de la misma forma en que entró, exhaló su último aliento y cayó al suelo de rodillas sintiendo como de a poco su vida se iba disminuyendo.
Finalmente, se derrumbó en el suelo dejando que la oscuridad la abrazara llevándosela a un lugar mejor en el que no tendría que ver al hombre que una vez amó siendo feliz con otra, porque eso era peor que morir.
Un silencio sepulcral se instaló en la habitación dejando únicamente a Vidar como el único vencedor en una guerra que comenzó desde el instante en que fue obligado a casarse con Ayla Richter.