toda mi vida vivi una vida donde fui despresiada y sola pero ahora que e renacido en la hija de un duque disfrutaré esta segunda oportunidad como hija mimada del duque William valtorian
NovelToon tiene autorización de aylustar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 1 pequeñas manos
La vida es rara, ¿verdad?
Un día eres una joven promesa y, cuando menos lo piensas, solo eres Victoria. Una chica huérfana a la que nunca le importó a nadie.
Crecí sola. Sin abrazos, sin alguien que me cuidara por las noches, sin un lugar al que llamar hogar. Aprendí temprano que, si quería sobrevivir, tenía que hacerlo por mi cuenta.
Hoy tengo treinta años. Trabajo todo el día, todos los días. No me importaba demasiado… tenía un novio. O al menos eso creía. Pensé que era alguien que lo daría todo por mí.
Esa noche salí temprano del trabajo. Solo quería llegar a casa y abrazarlo. Pero parece que él nunca quiso que yo volviera.
Un auto pasó a toda velocidad. El impacto fue seco. Mi cuerpo cayó al asfalto y el mundo se volvió borroso. Apenas podía moverme.
Entonces la vi.
Una chica con un vestido rojo y zapatos de diseño bajó del auto con tranquilidad.
—Oh… ¿atropellé a una basura? —sonrió—. Perdón, amiga.
Antonia.
Mi amiga de toda la vida. La chica que estuvo conmigo en el orfanato. La única persona que pensé que jamás me traicionaría.
¿Por qué…?
Otro hombre bajó del auto.
Era Andrés. Mi novio.
Todo fue mentira.
La sangre estaba caliente. La vista se nublaba. Sentí que el cuerpo se me apagaba poco a poco, hasta que un calor extraño me envolvió.
—Bebé…
Abrí los ojos.
Una chica de cabello rosado, como algodón de azúcar, y ojos violetas me miraba con ternura. Su piel estaba pálida, sus labios secos. Se veía débil.
—Qué bueno que pudiste nacer —susurró.
Quise hablar, pero no pude. Mis manos eran pequeñas. Demasiado pequeñas.
No… no puede ser.
Lloré y, sin control, me jalé el cabello.
—No, no, bebé —dijo preocupada—. No jales tu cabello, es tan lindo…
Estábamos en un lugar oscuro. Un sótano, un almacén… no lo sabía. Ella respiraba con dificultad.
—Bebé… perdón —lloró—. No me queda mucho tiempo. Perdón por no poder estar contigo. Eres especial… solo por haber sobrevivido. Sé fuerte, por favor.
No otra vez.
No otra vida sin padres.
No otra vez sola.
Quise gritar, pedir ayuda, suplicar… pero solo pude llorar.
Entonces, la puerta se abrió de golpe.
Un hombre alto apareció en la entrada. Su presencia era imponente. Cabello blanco como la nieve, ojos rojos cargados de frialdad.
Espera…
¿William Valtorian?
—Emma… —dijo, acercándose a la mujer y tomando su mano.
—William… —sonrió débilmente—. Hace meses que no te veía.
—¿Por qué te fuiste así de mí? —preguntó, tocando su rostro.
Ella reunió fuerzas y me mostró.
—Es nuestro bebé. El fruto de nuestro amor.
William miró apenas en mi dirección. Su atención estaba completamente puesta en ella.
Detrás de él entraron varios guardias.
—Los vecinos dijeron que quienes tenían a la señorita Emma se fueron hace días —informó uno.
—Malditos… —gruñó William, levantándola con cuidado—. Julián, encárgate del bebé.
Así que… ni siquiera importé.
—Hola, pequeño duquesa—sonrió el joven—. Es tan pequeña…
Me quedé dormida.
Desperté cuando algo cálido tocó mi mejilla.
—¿Ella es mi hermana? —preguntó una voz infantil.
—Sí, joven Alexander —respondió una mujer—. Es la bebé.
—Es muy bonita —sonrió—. Soy tu hermano mayor.
Alexander Valtorian.
Recordaba ese nombre. Era un personaje amable… y destinado a morir joven.
—Nana, es aburrido tener una hermanita. ¿No juega? —se quejó.
—La bebé nació hace solo tres días, joven —respondió la nana.
Tres días.
¿Y mi mamá?
El pecho me dolió. Lloré sin poder detenerme.
—Tranquila, pequeña —dijo la nana al alzarme.
En ese momento, la puerta se abrió.
William Valtorian entró con paso firme.
—¿Por qué llora? —preguntó con severidad.
—La magia del mago ya terminó, señor —explicó la nana.
Alexander se escondió detrás de ella.
—¿Y tú? —dijo William—. ¿Quién eres?
—S-soy Alexander Valtorian… tengo cuatro años.
—Así que tú eres mi otro hijo —respondió—. Vuelve con tu madre.
—Sí, papá… adiós, bebé —dijo antes de irse corriendo.
—Dámela —ordenó William, tomándome en brazos—. Así que eres una niña.
Apreté su dedo con mis pequeñas manos.
Por un segundo… su expresión cambió.
—Consuelo —dijo sorprendido—. Me agarró la mano.
—Pequeña Astrix Valtorian —murmuró.
Astrix.
Ese nombre.
Astrix Valtorian, la villana de Flores Marchitas. La mujer obsesionada con el príncipe. La que perdió todo.
Pero yo no soy ella.
Yo soy Victoria.
Y esta vez no voy a vivir ni morir por nadie.
Tal vez este mundo cree que ya sabe quién soy…
pero aún no conoce mis decisiones.
puede que en su primera vida la hallan tratado mal sus padres pero en esta le dieron la bendición de un padre que la adora y ella solo se nuestra indiferente con el
lo que debería es aprovechar el amor que el le tiene
esa es mi humilde opinión