CAPITULO 10. EL CIRCULO

Mentira.

Un acto que para muchos es lo más vil que puede existir. En algunos casos llega a ser la causa de muerte de algunas personas.

Engaño.

Es lo mismo que mentir, solo que disfrazando lo que sea que quieres ocultar. Incluso se podría decir que el mentirle a alguien se considera pecado y quién lo hace será castigado. En algunas partes son ejecutadas las personas que mentían, engañaban.

Aún recuerdo a mi yo de 4 años, quién el escuchar la palabra mentira la hacía sentir mal. Me ponía los nervios de punta y el miedo rodeaba mi cuerpo.

Si mientes siempre serás una pecadora y cuando mueras arderás en el infierno.

El simple hecho de imaginar algo que nunca había conocido me llegaba a provocar pesadillas. El temor a algo desconocido, lo cual habían pintado como algo malo y horrendo hacía que llegara incluso a no dormir sola por miedo a que el diablo –o como solía llamarlo de pequeña– que el Coco viniera por mí.

Nunca mientas, María. Las mentiras nunca traen algo bueno a la vida y quién miente será infeliz para siempre.

Esas palabras de mi mamá se quedaron grabadas en mi memoria fechas antes de que cerrará para siempre sus ojos.

Pero, ¿Qué pasaría si aquellas mismas personas que te dijeron que nunca hicieras algo, ellos ya lo hicieron antes? ¿Te estaban advirtiendo o diciendo entre líneas lo infelices que son? o ¿tan solo era para protegerme?

Pero, si se supone que los engaños y mentiras son malas y que nunca se deben de decir, ¿Por qué me mintieron toda la vida?

¿Para protegerme? tal vez, pero, ¿de qué me protegerían? ¿a quién se supone que le temían?

Pero, si mis padres pasaron el resto de su vida en el mundo, en el séptimo mundo, el lugar donde van los pecadores y mi papá era alguien muy importante del Iris ¿por qué vivía en un lugar que es considerado como el mismo infierno para los seres que son como él?

Unos golpes que da a una gran puerta que mide más de lo que yo quisiera medir me hace regresar de nuevo a la realidad.

Kim ha dado unos golpes a la enorme puerta que está delante de mí. Es de una madera oscura en la cual tiene adornos en todo su entorno de algo dorado. Tal vez es oro o piedras quizá preciosas, no estoy segura.

Una mano sujeta con fuerza mi hombro derecho. Giro leve mi cabeza para saber quién es, encontrándome con los ojos de Juan quien con una sola mirada me expresa las palabras todo estará bien.

Sonrío al notar su preocupación hacia mí, recibiendo una sonrisa sin mostrar los dientes de su parte y dejando de sentir su mano en mi hombro.

La puerta no tarda en abrir, dejando un pequeño espacio de separación y de la cual un pequeño ser asoma su cabeza de está.

Observa a todos con unos ojos ámbar tan claros que llegó a sentirme reflejada en ellos. Una barba mediana cuelga de su redondo mentón y su nariz chata se arruga al ver a alguien a mi lado.

— Argh... te habías tardado, tarado -bufa molesto al mirar a Juan. Observó de reojo como Juanapa solo muestra una sonrisa burlona y le guiña el ojo.

— También me alegro de verte -ironiza mi compañero. El pequeño hombrecito arruga su frente, dejando ver unas gruesas líneas en su entrecejo, dándome a entender lo viejo que es, o bueno, lo viejo que me llegó a imaginar que es.

— Déjanos pasar, arritranco -se queja Kim, abriendo la puerta con fuerza y dejándola abierta al par.

Se escucha como algo se azota con la pared seguido de un quejido.

Kim entra a la habitación, como si fuera suya. Es seguida por Noah, luego cuando Juan pone un pie dentro de la sala me mira por sobre su hombro y con un movimiento de cabeza me da una señal de que entre.

— Siempre tan femenina -bufa en alguna parte el hombrecito. Doy un paso adelante, notando cómo sale detrás de la puerta mientras se soba su nuca y trasero.

Lleva puesto unos pantalones marrones, de los cuales salen unos overoles negros, los cuales hacen juego con su playera de vestir blanca, unos zapatos de vestir no faltan y aunque en otros momentos me gustaría reírme de como se ve caminando como mujer embarazada, ahora mi mente está completamente ocupada en lo importante de todo esto. Lo cual me trajo aquí.

Mi padre.

— Más respeto para nuestros invitados, Zareck -una voz gruesa se escucha desde el fondo de la oficina.

Busco con la mirada de quién se trata. La oficina está completa de bibliotecas con libro de todos los grosores y colores. Un gran calendabro cuelga del gran pico de esta torre. Siendo decorado de diamantes de todos los tamaños los cuales reflejan la luz de una especie de esfera blanca -similar a la que antes vi en la cafetería- iluminando todo el lugar con destellos dorados y uno que otro arcoíris.

Un juego de sala azul marino con decorados plateados, en los cuales Kim y Noah se han sentado. Una mesa de centro no falta, muchas otras mesas puedo notar a mi alrededor. Unas llenas de herramientas de cartografía, otras de alquimia, otras con pergaminos y pinceles de todos los tamaños, de todo un poco. entre tantas cosas, visualizo un enorme escritorio, completamente ordenado, en el cual una lámpara de fuego ilumina la zona de trabajo, libros y abre cartas no son una excepción. Detrás de este un asiente enorme de cuero se encuentra y un ventanal enorme adorna el lugar. Dejando entrar la calidad luz del sol al medio día.  Un hombre mira a través de esta, usando una traje idéntico al de Juan, solo que blanco. Pronto me doy cuenta que se trata del mismo hombre que antes me fue a ver.

Se gira sobre sus talones para finalmente darme la cara. Si, es el mismo.

— ¿No te das cuenta de quién tenemos entre nosotros? -pregunta al verme. El hombrecito levanta si mirada de dónde está, encontrando mi mirada. Sus ojos se abren al par al verme, su rostro se pone pálido y sus orejas se ponen rojas.

— E.e.es l.l.la -tartamudea señalándome.

— Si, Zareck -confirma el director.

— Por todas las constelaciones -añade asombrado. Dejo de mirarlo, encontrándome con la mirada de aquel hombre puesta en mí.

— Prefiero no hablar de eso, por favor -digo cabizbaja. Escondiendo mi rostro con un delgado mechón de mi cabello. Aún siento la mirada de todos, incluso la de Juan. Puta madre, ¿cuándo me convertí en el centro de atención?

— Lo entiendo -añade el hombre, sonriendo con amabilidad.— No es sencillos saber que tu padre es uno de los magos más importantes del mundo mágico -añade el hombre mientras rodea su escritorio. No lo saben, no saben que él está...— Yo también me sorprendería de saber eso...

— Era -lo interrumpo, logrando captar su completa atención y que arrugue su entrecejo.— Mi padre murió hace años -digo conteniendo las lágrimas que se comienzan a formar en mis ojos e ignorando el nudo que se ha creado en mi estómago.

El rostro de aquel hombre se pone pálido, al igual que el de Noah y Kim, quién ha lanzado una palabrota en forma de susurro.

— Mierda -susurra Kim.

— Dios -dice bajo el hombre que tengo delante de mí. Bajo la mirada unos segundo y luego busco la de Juan, quién con el rostro serio mira al director, pero llegó a notar cierta tristeza en su mirada.

— Pero siento que no solo estoy aquí por él -añado sería, volviendo a mirar al director. Tomando fuerza de mi interior para no derrumbarme en este lugar y mostrándome firme antes estás personas que tengo delante de mí.

La mirada clara del hombre se levanta del suelo y la posiciona en mí. Su rostro es neutro, no llego a notar que es lo que piensa o siente, pero en seguida una sonrisa adorna sus labios desviando la mirada a otro lado.

— Tan directa como lo solía ser él -añade con un tono de voz entre asombrado y melancólico, como si yo le recordara a mi papá.

Un silencio incómodo nos rodea y si no fuera por una tos fingida de Kim seguiríamos así hasta que alguno hablara.

— Tienes razón, no solo estás aquí porque él sea tu padre -comienza a hablar el hombre mientras regresa a su asiento, Juan me señala que me siente en una de las sillas de madera que está delante del escritorio. Le hago caso y siento como todos observan mi reacción. El director se ha acomodado en su lugar, ordenando su atuendo y cabizbajo tomando una hoja con algo escrito y una pluma.

— Tu poder es de límite 4, o así lo expresa Juan en su reporte -añade leyendo la hoja que había tomado. Lanzo una mirada a Juanpa, quién no se ha despegado de mí y centra su atención en el director.

— Pero como me puedo imaginar no sabes de qué hablo -añade sin despegar su atención de las hojas que tiene en sus manos.

— Pues... -hablo después de mucho, escuchando lo gruesa que sale mi voz y el cómo llama la atención del director.— Se un poco, sé que... -titubeo mientras miro de reojo a Juan quien también me observa.— El poder mágico de cada uno se mide con base a unos límites y que existen cuatro tipos de reinos Alkvo, Tokë, Zrack e Ignis, también conocidos como los pilares del mundo mágico -termino de decir— Y eso es todo.

Las miradas sorprendidas del director y amigos de Juanpa me observan, como si lo que estuvieran viendo fuera una especie rara en peligro de extinción.

Escucho como Juan chasquea los dedos y mira al cielo contento.

— ¡Vaya! ni yo me sabía todo eso cuando era un niño -dice sin pensar Noah, recibiendo un codazo de Kim para que se calle.

— Increíble -dice el directos aún observándome— Si que le enseñaste bien, Juan -añade ahora mirando a mi mentor, quién asiente orgulloso por el cumplido que le acaban de decir.

— Pero aun así tienes mucho que aprender -agrega y como si se tratara de un globo inflado que ha sido ponchado, Juan baja sus hombros levantados y mira a otro lado avergonzado.

El director vuelve a mirarme con una sonrisa en su rostro.

— Se que todo esto es nuevo para ti y que tienes muchas preguntas -comienza a decir— Y nos gustaría que estudiaras en esta universidad de magia, claro con una beca completa por... ya sabemos porque -añade lo último en un tono triste. Lanzo una mirada a Juan quien no me observa, no entiendo, ¿no se supone que ya era parte de aquí?

— Creí que ya era parte de aquí -digo sin pensar— Es decir, ustedes me ayudaron y sanaron

— Si, pero queremos saber si es lo que quieres hacer, quedarte aquí -añade el director— No te podemos obligar a hacer algo que no quieres

Las miradas de los amigos de Juan, el director y mi mentor se posicionan en mí. Como si mi respuesta fuera la última esperanza para salvar a la humanidad.

Siento mis manos temblar de nervios seguidas de mis rodillas. Nunca me había sentido así antes, tal vez porque sea lo que sea que vaya a contestar me cambiara la vida de una manera drástica.

Decir que si quiero estar aquí sería una respuesta obvia y clara pero también me queda la duda del qué pasar después. No estoy acostumbrada a todo esto. Hace días que sé que soy descendiente de un mago poderoso y que tengo un poder incontrolable, pero si digo que no viviré con miedo de lastimar a los demás toda la vida. En sí, en ambas respuestas siempre viene consigo el miedo a las consecuencias que traerá.

Y aunque se que me estoy adelantando a todo, algo en mi interior me dice el quédate aquí a pesar de mi pánico por lo que venga en un futuro.

Tomando aire y tragando saliva con fuerza sostengo mis manos en los antebrazos de la silla con fuerza y con la esperanza de que estás dejen de temblar. Levantando la mirada la clavo en el hombre que tengo delante.

— Quisiera quedarme pero... -titubeo un poco al saber lo que voy a decir— Desconozco todo este mundo, hace días me entero que mi papá era alguien importante aquí pero él nunca me contó nada sobre esto -añado con timidez.

—'Y... y además, no crecí con la idea de que la magia existía, eso para mí solo era una de tantas historias que le cuentan a los niños para irse a dormir. -agrego al darme cuenta que no me están interrumpiendo.

— Pero ahora ya lo sabes -añade Juan a mi lado, tomando mi mano para transmitir me tranquilidad. Él y su maldito don de manejar emociones.

— Si, ahora lo sé, ¿pero qué pasará después? ¿qué será de mi luego? -pregunto mirando a todos los que me rodean, incluso a ese enano que está en una esquina observando me como si fuera la mona lisa.

El apretón de manos de Juan se vuelve más fuerte y con ello la sensación de paz en mi interior crece. Es como si usará gran parte de su poder para controlarme.

— Detente, Juan -dice con determinación el director. Su voz suena tan ronca y seria que llega a provocar escalofríos en mi cuerpo. Sin saber por qué le dice eso a mí mentor por reflejo lo miro, dándome cuenta que su apretón de manos se había vuelto tan fuerte que comenzaba a dejarme marcada su mano en mi muñeca.

Diablos, una vez más no pude controlarme.

Juan me suelta al escucharla la orden que le acaban de dar y como si todas sus fuerzas se fueran se tumba en la silla. Cansado.

Asustada por cómo se ve volteo a mi alrededor y me doy cuenta que unas cuantas hojas y velas han caído al suelo. Si, una vez más perdí el control.

— Verga -digo sin pensar, para después callarme al darme cuenta que acabo de decir una maldición fuerte delante del dueño de toda wsga escuela. Buena entrada Maria, buena entrada.

Me muerdo los labios para no maldecir más. Regresando mi atención con lentitud al director que acomoda una vela de su escritorio y sus plumas.

Cuando acaba de acomodar su escritorio apoya sus manos en este, juntando las y lanzándome una mirada sería pero tranquila. Elevando sus cejas hacia mí con una sonrisa serena en su rostro.

— Ahora conoces la magia, conoces de lo que eres capaz, ¿aún así tienes dudas de que pasará contigo? -añade. Me quedo callada unos cortos segundos, que para mí son largos. respiró hondo al saber todo el caos que estuve a punto de crear por una ansiedad insignificante.

Irme no es solución, puedo dañar a la gente que me importa y quedarme me beneficiaria en varias cosas, pero ¿también los beneficiaria a ellos? es decir la hijo de reconocido Aaron Cortez, estudiando en esta escuela y no en otra, de la cual se esperara mucho, eso sería crear cierta reputación hacia este lugar y hacia mi desde que se sabe de mi existencia.

Dudosa por lo que estoy por decir, decido respirar hondo y recordar lo que mi madre siempre me decía.

La decisión que tomes, cambiara tu destino para bien o mal, pero eso solo lo sabrás si tomas acción.

Vaya que tenía razón. Me estoy adelantando a mucho, pero, si me quedo aquí debo de pasar desapercibida aunque eso me cueste un poco.

— Me quedó -digo entre el silencio que comenzaba a crear.

El hombre solo sonríe y estirando su mano hacia mí.

— ¿Estas dispuesta a a parte de la universidad de magia de Ana Bonela? -me pregunta como si de un destino turístico se tratara este lugar. Observando su mirada y luego su rostro extiendo mi mano y la junto con la de él, cuando lo hago una extraña sensación de dolor y odio me recorre, seguida de una imagen que no llegó a e tender.

Un hombre cubierto en sangre, mirando en el suelo a otro sujeto que ha sido ejecutado. Llora por él y con una mirada de odio puedo observar fuego en sus Iris.

Cómo hace días con aquel recuerdo de aquella mujer desconocida, siento como algo me jala y regresa a la realidad. Alejo mi mano de la de él con miedo por lo que acabo de hacer.

— Tranquila, no te voy a morder -dice bromeando. Sonrío un poco al escucharlo decir eso, pero no vuelvo a tomar su mano.

El director mira a todos sonriente.

— Bienvenida, Maria, ya eres parte de este lugar -dice sonriente y aunque quiero sonreír como él no lo logro del todo, pues el haber visto aquella imagen realmente me cuesta creer que el hombre sonriente y simpático que tengo delante haya pasado por algo como eso.

— Bueno, lo que sigue es ir al círculo, no es nada malo, es solo pararte en un círculo de sal y romero para poder saber hasta qué grado es tu poder y así añadirte a una clase -comienza a decir— Aunque lo más seguro es que comiences como todos los otros estudiantes, pero más vale saber con claridad tu nivel -dice levantándose de su lugar para con un chasquido elegante un círculo blanco se forma en medio de la habitación, los muebles los comienza a mover para hacer más espacio y con ayuda de Kim y Noah -o esos es lo que yo creo- comienzan hacer movimientos con las manos y unos dibujos en forma de runas se forman en medio del círculo.

— Ponte en medio de este círculo, el candelabro que cuelga de ahí es en realidad cuarzo, el cual transmite todo tipo de energía -me dice cerca Juan, dándome cuenta que se a recuperado. Asiento dudosa, levantándome de mi lugar para acercarme a ese círculo que me hace sentir nerviosa.

Estoy a punto de poner un paso adentro de está cuándo de nuevo esa voz que he estado escuchando mucho últimamente repite algo que no entiendo.

attention au soleil et à l'homme millénaire

Cierro los ojos un poco al sentir una pequeña punzada en la parte baja de mi cabeza.

Controlarte Maria, no vayas a regarla de nuevo, no está vez.

— Tranquila, no dolerá -dice el director. Logrando que abra mis ojos y lo observé, aun sonríe, tal vez más transmitir me tranquilidad, pero eso no me ayuda mucho. Con una bocanada de aire doy finalmente un paso delante, sintiendo como el aire cambia y algo dentro de mi se rompiera pero no me hace daño. Se siente bien, es como nadar en agua libre, ser libre, es como... poder respirar mejor.

— Hare un hechizo para saber tu nivel, María -escucho la voz de Kim como si estuviera debajo del mar. Asiento en su dirección, buscando después la mirada de Juan quien no deja de observarme con preocupación y serio.

Sonrió un poco, tratando de transmitir el estoy bien con la mirada.

Kim junta sus manos en forma de puño para luego moverlas en forma circular, como si estuviera formando una tipo de esfera en su manos y luego la fiera haciendo más y más grande.

Susurra cosas que no entiendo, lo dice tan bajo que no la llegó a escuchar con claridad. Trato de tranquilizarme y centrarme en esa sensación de libertad que tanto me comienza a gustar.

Me dejó atraer por esa energía que me calienta el cuerpo como el sol, una ráfaga comienza a rodearme, así como la vez pasada, pero no me importa. Es como si algo dentro de mi estaba deseando está momento por tanto tiempo que ahora quiere salir.

Una corriente electrica recorre mi cuerpo de pies a cabeza, para cuando la siento en mi pecho abro mis ojos y boca echando la cabeza hacia atrás para ver el cuarzo que tengo encima de mí. Es hermoso el brillo que esté desprende, un tono blanco y violeta comienza a rodear el lugar, sintiéndome hipnotizada por los destellos que de este salen. Una sonrisa se forma en mi rostro y aunque siento una felicidad tremenda la imagen de una figura que nunca había visto se crea entre tanta luz.

Una especie de roca en donde está tallada dos z inversas y en medios e estás un cuadro en blanco.

No entiendo lo que significa eso y una punzada fuerte en mi pecho hace que aquella corriente de energía que antes me agradaba me comenzará a quemar. Quiero gritar, pero lo único que hago es terminar de rodillas en el suelo sin aire.

un aire comienza a rodearme con brusquedad, borrando una parte del círculo para luego desaparece aquella brisa. Juan corre hacia mí, tomándome entre sus brazos preocupado.

— Maria, ¿estás bien? -me pregunta mientras toma mi rostro con sus manos.

Siento como mis manos tiemblan al igual que mis piernas. La sensación de libertad aún está en mí, pero la sensación de dolor la cual se ya ido me deja asustada.

— Es suficiente por hoy, Juan llévala a la enfermería para que descanse -dice serio el director mientras me ayuda mi mentor a levantarme.

— Mañana hablaremos de esto, hoy descansa -me dice. Asiento, aunque en realidad no me siento cansada, en realidad siento más energía de la que estoy acostumbrada. Pero aun así le hago caso al director, al final de cuentas él es el que manda aquí.

Juan me saca de la dirección, llevándome de nuevo al lugar donde cree que estaré segura.

Durante todo el camino a la enfermería las miradas de muchos jóvenes se posa en mí con admiración, como si lo que vieran fuera una obra de arte, pero no presto atención a lo que se chismean entre ellos. El recuerdo de aquellas imágenes es más importante de lo que creí.

— Juan -lo llamo cuando estamos en la entrada de la enfermería, captando su atención por completo.

— ¿Estás bien? ¿te sientes mal? -me pregunta preocupado una vez más. ¿Hasta cuándo dejaré de preocuparte, Juanpa?

— Si, estoy bien, no estoy cansada ni nada -digo mientras veo de reojo como algunas chicas pasan a mi lado y me admiran.

— ¿Estás segura? -pregunta una vez más.

— Si -asiento. — Incluso puedo comenzar a entrenar como antes contigo y creo que no me cansaré -digo cruzando me de brazos. Juan cascarrea y baja la mirada.

— Estás en shock, suele pasar aveces - dice con una sonrisa en su rostro. Bajo la mirada, cabizbaja por saber que solo he traído preocupaciones a su vida en vez de cosas buenas.

— Hey, tranquila -dice apoyando una de sus manos en mi hombro.— Si quieres te puedo traer un libro o algo para que te entretengas y desahogues toda esa energía de tu interior -dice dandome ánimos. Sonrío al ver cómo hace de todo para verme contenta.

— Si, creo que lo necesito -añado ladeando la cabeza y encogiéndome de hombros. Juanpa solo asiente y quita su mano de mi hombro.

— Entra, en un rato más vuelvo con buenos libros -me dice señalando la puerta de la enfermería. Sonriendo asiento y entro al lugar de antes estaba. Viendo como el se va.

Suspiro cansada y cuando estoy por caminar hacia mí cama una sensación extraña me rodea. Es como si una energía que desconozco estuviera aquí. Mi pecho palpita con fuerza al sentir como esa energía me comienza a amenazar. Pero pronto me doy cuenta que esto le he sentido antes. Si, lo sentí antes, fue cuando desperté aquí.

— En serio que para espía eres malísimo -digo sería. Girando sobre mis talones a una de de las esquinas que hay en el lugar para encontrarme con aquel chico que se había comido mi desayuno sentado en una silla con los pies sobre otra camilla mientras juega con lo que parece ser un cráneo artificial.

Su mirada es diferente a la de antes, sus ojos ya no son tan azules como antes, ahora son de un tono azulado oscuro, como si esa luz de antes se hubiera apagado.

— ¿Sabías que ahora eres la nueva atracción de la escuela, princesita? -dice con burla, poniendo su atención en el cráneo que hay en sus manos.

Me apoyo en una se las camas para verlo mejor, no sé si es porque me siento con más libertad que antes después de entrar en aquel círculo o porque realmente me irrita el tenerlo aquí haciéndose pasar como el chico que todas quieren.

— Te había dicho que no me llamaras así -digo tratando de controlar mi enojo.

— Te llamo como se me de la gana -dice como un típico rebelde.

— No tienes derecho a hacer eso -añado a la defensiva.

— En realidad si -añade volviendo a ponerme atención y señalándome con el cráneo.

— En realidad no, ni siquiera sé quién eres, no nos conocemos tanto como para que me pongas un apodo tan ridículo como ese -agrego con voz firme.

— WOW, esperas que nos conozcamos más -dice con una sonrisa burlona.

— Sabes que no dije eso -contraataco.

— ¿Segura? -pregunta con burla, elevando una de sus cejas admirado  algo que desconozco.

— Si, ¿y que chingados haces aquí? -pregunto al fin, poniendo los ojos en blanco.

— Me siento mal y vine por medicina -dice jugando con la boca del cráneo que tiene en manos.

— Pues tómala y vete

— No quiero

— Que te vayas -digo entre dientes. El sonríe más y deja de apoyar sus piernas en la camilla y las baja para luego apoyar en estás sus brazos e inclinar su cuerpo a mi dirección.

— Obligame -dice en un tono reton. Me muerdo la lengua para no decir algo ofensivo, pero comienzo a sentir como voy perdiendo el control y mejor cierro los ojos y respiró hondo.

— No estoy de humor para tus bromitas -digo y solo puedo escuchar como carcajea. Logrando que me sienta más irritada que antes.

— Ni siquiera puedes controlar tu poder y crees que con una mirada de enojada me vas a afectar -dice entre risas. Carcajea do cada vez más fuerte, como si lo que le acabo de decir no le importará. Ok, ya llegué a mi límite, pero respira, tranquila, recuerda que asesinar a alguien es ilegal... aunque no se si lo sea aquí.

Escucho como su risa se vuelve más y más ruidosa y con irá lo único que llegó a hacer es observar el cráneo que sostiene.

Hazlo

Escucho como esa voz de mi interior me obliga a hacer algo que no quiero.

Hazlo, Maria

Vuelve a insistir. Y antes de que me de cuenta el centrado todo mi atención en el cráneo que sostiene que esté comenzó a moverse entre sus manos, logrando captar la atención de el chico y que su risa se apague.

— ¿En serio? hacer temblar un muñeco ya te hace mala -ironiza y eso es más que suficiente para que el cráneo que sostiene explote en sus manos. Él es rápido y lo deja caer antes de que le haya explotado su mano junto con el juguete. Mira asustado el como los pedazos de cráneo caen al suelo, y como uno de esos pedazos rasguña su rostro y a mí me corta un poco el antebrazo izquierdo.

— ¿Que madres? -pregunta entre asustado como asombrado. La herida me comienza a arder. Pero el sentir como comienzo a perder el control me hace centrarme más en mi misma que en la sangre que brota de mi brazo.

— Sal -digo entre dientes. Pero no escucho que haga algún otro ruido.— ¡Que te largues, pendejo! -digo a gritos, mirándolo sería. Él solo me observa unos cortos segundos para luego salir disparado de la enfermería, tomando antes un frasco similar al que me habían dado a mi como medicamento.

Corro a la puerta para cerrarla con seguro, apoyándome en ella al sentir como mi corazón. palpita con fuerza, lo hace tanto que llegó a escucharlo.

La brisa de mi interior no tarda en salir, se lo que viene luego, así que María controlarte. Respuesta hondo, relájate, piensa en algo bueno, en algo puro, en algo que te ayude a distraerte.

— Tu puedes hacerlo -me digo cerrando los ojos con fuerza y respirando hondo.

El recuerdo de mi padre enseñándome a hacer medicina con hierbas llega a mi mente. El como me explico todo con detalle y paciencia y como me reía y aprendía a su lado. Su sonrisa y las veces que me decía que me quería viene a mi cabeza, ayudando de alguna forma a controlar mi irá, la brisa deja de salir de mi.

Me tiro en el suelo al sentir como mi cuerpo se tela y tranquiliza. Abriendo mis ojos y encontrándome con los pedazos de aquel cráneo en el suelo y unas que otras sábanas de las camillas desechas.

Lo he hecho de nuevo, pero ahora es diferente. Lo he controlado sola. Mirando mis manos temblorosas y la herida en mi brazo sonrio.

Llámenme loca, pero esto es bueno para mí, comienzo a controlarme. Lo hago bien, pero necesitaré ayuda para no volver a perder el control como ahora y de paso dejar de cruzarme con ese idiota.

Si, puedo hacerlo. Puedo con esto.

Download

Like this story? Download the app to keep your reading history.
Download

Bonus

New users downloading the APP can read 10 episodes for free

Receive
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play