Eran las 4 de la tarde y me encontraba por cerrar la farmacia. Hoy por ser domingo el horario era más corto, ningún cliente había venido así que se podría decir que había tenido un día calmado, claro que haciéndose e lado lo que había ocurrido en la mañana.
Aún no podía creer que le había dado una paliza a un abusador de mujeres, muchos piensan que eso me debe de hacer sentir bien pero de algún modo me siento mal. Tal vez esa no era la manera de parar sus abusos, pero como dijo Magdalena una vez.
Aveces es necesario el usar la fuerza física cuando no es posible con la fuerza mental y verbal.
Cerré una vez más la farmacia como los demás días, está vez tuve cuidado al cerrar la cortina.
El cielo comienza a nublarse, como si estuviera avisando la llegada de alguna lluvia pasajera, pero cambio de pensar cuando comienzo a escuchar truenos y ver relapagos en el cielo. Tal vez esta no sería una simple lluvia.
Camino con rapidez a mi casa, con la esperanza de que no me venga un diluvio encima, pero justo cuando estoy a dos calles de llegar comienza a chispear con fuerza hasta comenzar a Intensificarse.
Abrió la puerta lo más rápido que puedo al escuchar un trueno más fuerte que los demás. Tal vez haya caído cerca del pueblo, pero quién sabe, todo puede pasar.
Entro a mi casa un tanto empapada. Me saco el gorro y saco de mezclilla y los cuelgo en una silla por mientras.
Saco del refrigerador la jarra de agua helada una mano mientras que con la otra tomo un vaso de plástico transparente. Justo en cuanto me sirvo el vital líquido las luces de la casa comienzan a prender y apagar para después irse la luz.
— -maldigo por debajo y dejó el vaso y jarra en la mesa de madera. Comienzo a buscar en cajones algunos cerillos y velas, pero lo único que encuentro s un encendedor de cuello negro largo.
Recuerdo haber visto una velas por la vitrina que está en la sala, aunque siendo sincera ya no recuerdo dónde dejaba esas velas.
Busco en la vitrina, pero lo encuentro fotos y decoraciones de porcelana. Mi atención se queda en una foto enmarcada en donde se encuentran mis padres abrazándome en un parque.
Tomo el cuadro por un momento recordando aquel día. Recuerdo el haberme caído del columpio por intentar avalancearme sin manos. Recibí un buen regaño de parte de mis padres, pero después de que me hicieran una curación en mis piernas y codos raspados mi mamá me compro un cuaderno de dibujo.
Regreso el cuadro a su lugar para no distraerme más rato y cierro la vitrina.
Busco en los cajones cerca de la vieja chimenea pero no encuentro nada.
Espera. Es una chimenea, ¿Porqué no lo pensé antes?
Trato de quitarle el protector a la chimenea para ver si puedo prenderla, le justo cuando miro hacia el conducti de humo y me doy cuenta que este está sellado con unos pedazos de madera del cual caen pequeñas gotas de agua. Ahora recuerdo que mi padre lo tapo al darse cuenta que la llama de la chimenea se apagaba con las lluvias, se enojaba por eso y decidió al final cerrar el conducto y poner un protector para que solo se mostrará cómo parte de la decoración de la casa.
Suspiro frustrada al recordar aquellos y me levanto del suelo después de volver a acomodar el protector.
Busco con la mirada algún lugar donde podría dejar las velas. Busco por la habitación y en el piso de arriba, pero no encuentro nada. Después de un rato encuentro unas velas de aroma que tenían mis padres en una caja de cartón en su habitación, ¿Quién pone veladoras en un lugar así?
Pongo una en la cocina, otras tres en la sala y una que cada habitación y en el pasillo que da a las escaleras.
Justo cuando me queda una, la cual estoy por poner en el pasillo de la entrada un estruendo seguido de un trueno retumba cerca. Algunas cosas se mueven en su lugar, incluso un pequeño candelabro del techo se sacude en el techo. Otro más fuerte suena pero este hace incluso el suelo se mueva un poco. Me sujeto de la pared por el rotundo temblor y tratando de no perder el equilibrio.
Todo se queda quieto después del largo trueno que se escuchó. Me incorporo y vuelvo a tomar la vela en mis manos junto con el encendedor.
Pero justo entonces escucho como algo se cae en la cocina.
Dejo de lado la vela con el encendedor y corro hacia la cocina. Tal vez haya sido un gato que entró por la ventana o puerta de la cocina. Justo cuando estoy por llegar noto como la puerta de metal que da para el patio trasero está abierta. La cortina blanca que cubre la ventana de está está manchada con algo rojo. Veo un rastro del mismo color por el suelo de madera junto con un rastro de agua.
El aire que hace junto con las pesadas gotas de lluvia comienzan a chocar con las ventanas y la puerta se mueve de lado a lado con brusquedad. Siento un nudo en la boca del estómago, busco algun objeto que pueda usar como defensa pero lo único que encuentro es una escoba.
La tomo entre mis manos y la levantó, camino a paso lento y cauteloso a lo que sea que está provocando ese camino rojo. Un olor peculiar me llega y es ahí donde me doy cuenta que lo que está en el suelo es sangre. Observó la tela que está manchada con la misma y regreso mi vista a aquel camino.
Cuando estoy por llegar me encuentro con un chico rubio en el suelo. Usa un saco negro y pantalones ajustados del mismo color. Su cabeza está reposada en el estante de los platos mientras se cubre una parte de su torso, del cual sale sangre.
Dejo a un lado la escoba y salgo corriendo a su lado como si lo conociera.
Quito sus manos de su herida y solo puedo escuchar como comienza a quejarse. Hago a un lado la tela de su saco para ver su herida, me doy cuenta que es un corte unas 4 pulgadas, lo suficientemente grande y profunda como para que comience a desangrarse.
— Aarón Cortéz... Necesito... A Aarón Cortéz -dice entre gemidos de dolor. Pronuncia el nombre de mi padre como si su vida dependiera de ello. Lo miro por unos segundos para darme cuenta de lo pálido que está su rostro. Está perdiendo demasiada sangre. Tomo una toalla que cuelga de la agarradera de la estofa y la hago un pequeño bulto para ponerlo en su herida.
— Oye, vas a estar bien, ¿Ok? -digo acercando un poco mi rostro a él. El me mira con el celo fruncido por un momento para después tomar mi rostro con una de sus manos. Justo cuando toca mi rostro dice algo que no logro entender.
— Eres la última -dice lo último con un tono de voz apagado para después cerrar los ojos.
— Oye, no,no,no,no... Despierta, ¡Hey! -le grito mientras le doy leves palmadas en su rostro para despierte, pero no lo logro. Ha perdido el conocimiento.
Tomo su cabeza con cuidado y lo acomodo en el suelo, le miró su torso para después sin pensarlo desabrochar su saco y encontrarme con un abdomen bien formado, pero lleno de moretones y raspones.
Observó una vez más la herida, la cual sigue sangrando. Busco algo con que taparla por el momento para después llevármelo a la sala.
Encuentro una tela larga y comienzo a enrollar la por su abdomen sin acercarme tanto a él. Cuando ya lo he tapado me lo llevo a rastras a la sala.
Pesa más de lo que imaginé.
Justo cuando llego ahí lo acomodo con cuidado en el sillón y voy en busca de material para curar sus heridas.
— ¿Pero qué carajos hago? -me digo al ver como estoy cargando cosas, medicamentos y hierbas para sanarlo— Ni siquiera lo conozco, ¿Porqué lo estoy ayudando? -me quejó al regresar a la sala con una tela empapada de agua y una bacija con agua para limpiar la zona.
Mientras limpio su herida miro si rostro. Su nariz respingada resalta en compañía de sus labios levemente gruesos. Su rostro es algo brusco, pero atractivo, sus pómulos son pequeños y sus cejas gruesas son del mismo color que su cabello. Comienza a quejarse y su frente está empapada no se si es por la lluvia o su sudor, pero sin pensarlo limpio la tela que usaba para limpiar su herida y tomo una gasa para empaparla y ponerla en su frente.
Mojo mis manos en la bacija con agua y tomo un bote de alcohol y empapó otra gasa para desinfectar mis manos.
Uso otra con el mismo líquido y lo paso por al rededor de la zona dañada, sus gruñidos se hacen presentes al sentir la gasa tocar con su piel.
— Shhh... Está bien, está bien -digo tratando de calmarlo. Cosa que me parece absurdo pues él está casi inconsciente.
Tomo una aguja de cocer que encontré en la caja de costura y uso el encendedor de antes para calentarla. Ya le había puesto el hilo trasparente que me decía mi papá que usaba en heridas como está. Lo miro por un momento una vez más y luego a la herida.
— Perdón por esto, pero tengo que hacerlo -digo lo último un poco más para mí misma. Es entonces cuando junto las dos partes de la piel y comienzo a pasar la aguja, escucho como él comienza a quejarse, pero después de un rato deja de hacerlo.
Justo cuando acabó hago un ungüento casero con hierbas que mi mamá me había enseñado para que qué las heridas no se integrarán y lo pongo al rededor de su herida para después venta todo su dorso y hombro.
Me le quedó mirando una vez más a su abdomen en donde estaba antes lleno de heridas. Cierro los ojos por un momento tratando de rezar mentalmente para que lo que haya hecho le pueda ayudar un poco aunque sea para poder tener un poco de tiempo en buscar la ayuda de un experto. También lo hago al sentir como mi vista algo nublada y como mis ojos comenzaban a moverse de lado a lado, como si estuvieran demasiado cansados. Aún con los ojos cerrados puedo sentir ese hormiguero en ellos pero todo eso cambia al sentir como algo caliente traspasa por mis manos seguido de una ligera ráfaga de viento. No puedo abrir mis ojos para poder saber con exactitud qué es lo que ocurre ya que la fuerza del viento no me ayuda en mucho, pero justo cuando siento que ha cesado un poco, los abro despacio.
Si aún no podía entender el como es posible que haya una ráfaga de viento dentro de mi casa, ahora no podía creer lo que estaba presenciando. Una tenue luz blanca salía de mis manos, poco a poco si comenzaba a apagar, como cuando un foco deja de funcionar y se va apagando. Un relámpago iluminó gran parte de la habitación, de seguro había caído cerca del lugar, pues aún con las cortinas cubriendo las ventanas podía traspasar el destello de aquel relámpago.
Levante mi manos para poder observarlas mejor, me mire las palmas de las manos para poder encontrar en ellas algo lógico que pueda explicar lo que sea que acaba de pasar; pero solo pude encontrar manchas de la sangre de aquel chico que aún se escondían enteré mis dedos y las décadas arrugas de mis palmas.
Levante mi vista a aquel chico, quién aún seguía inconsciente. La sangre que comenzaba a brotar de su herida había dejado de hacerlo, como si aquella hemorragia se hubiera detenido. Solo había un ligero rastro de sangre en las vendas la cual comenzaba a secarse.
Me aleje de él de un brico por instinto.
¿Qué me estaba pasando? ¿Que había hecho? O más bien ¿Que fue aquella sensación?
Me pase las manos por mi rostro hasta llegar a mi cabello, en el cual pase mis delgados dedos sin importarme el hechos de que seguro me ensuciaria con la sangre de aquel chico que aún seguia en mis manos.
No deje de mirar aquel sillón desgastado en donde se encontraba aquel joven con desconfianza. ¿Cómo era posible que metí a un desconocido a mi casa sin pensarlo dos veces? ¿Es que soy estúpida?
Me golpeaba la cabeza con un uro mentalmente, estaban pasando cosas demasiado extrañas.
Pero no era momento de ponerme paranoica, no ahora que tenía a un desconocido en el sofá de mi casa mal herido —o eso aparenta—, solo podía hacer una cosa.
Me moví con rapidez sin despegar la vista de la sala, por si en algún momento él se despertará y comenzará a atacarme. Busque en la parte baja de la alacena donde mi padre guardaba las herramientas de trabajo que usaba para arreglar la casa, en donde también guardaba una soga lo demasiado gruesa y fuerte como para que nadie la pueda romper.
Al encontrarla la saqué de aquel pequeño almacén y caminé a pasado rápido pero cuidadoso de nuevo a la sala.
El chico aún seguía en el sillón inconsciente.
Sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, pero más valía prevenir que lamentar. No puedo confiar en nada ni en nadie que no sea Magdalena, así me lo había dejado en claro mis padres y el tiempo. Sujete con fuerza los brazos del chico y los amarre al igual que sus piernas. Tal vez le dejaría marca por lo apretado que las estoy dejando, pero si no lo hago la que terminara con una gran marca seriá yo.
Después haberlo hecho me alejo un poco de él. Tomando asiento en la mesa de madera de centro y ver el cuerpo que atado de aquel chico. Lanzó una gran suspiro para luego tomar aire. La lluvia no tarda en escucharse, parece como si en vez de ser una lluvia pasajera fuera una tormenta o huracán.
Los truenos y relámpagos se hacen presentes durante mucho tiempo.
Comienzo a sentir como el cuerpo comienza a pesarme, mi cabeza comienza a perder el equilibrio ver vez en cuando. Me acomodo mejor en el sofá de mi padre para poder mantenerme despierta por un momento más. Pero después de un rato mis ojos, cuerpo y mente comienzan a pedirme a gritos que debo dormir. Por un instante cierro mis ojos para poder descansarlos un poco pero cuando los abro me doy cuenta que ya es de mañana.
El reloj enorme que cuelga de una pared comienza a sonar, dando a entender que son ya las 8 de la mañana, la hora en la que debería de estar abriendo ya la farmacia; pero tal parece que hoy no será un buen día para ir a trabajar.
Me acomodo en el sillón mirando a mi alrededor para inspeccionar que todo esté en orden cuando una voz que desconozco me llama.
— Buenos días. -dice quejándose— Al fin despiertas -ironiza con fastidio. Pego un brinco y un ligero grito al ver como el chico rubio que antes estaba inconsciente se comienza a sentar y a desenredar los nudos ciegos que le había hecho en sus muñecas.
Tomo por instinto lo primero que encuentro para defenderme y por fortuna lo que encuentro es el bastón metálico de la chimenea.
El chico al verme levanta un poco sus manos hacia su pecho, mirándome con las cejas levantadas y los ojos abiertos.
— ¡Espera! -dice con un poco de miedo. Sostenido con fuerza el mango del bastón para que mis manos no tiemblen demasiado. Pero cuando apuntó con el bastón al chico mis manos tiemblan un poco.
— ¿Quién eres? ¿Qué...? ¿Qué haces aquí? -comienzo a tartamudear. — ¿Cómo es que conoces a mi padre? -pregunto con algo de miedo aún sujetando con fuerza el bastón.
El chico por un instante frunce un poco el entrecejo y hace una mueca con su boca.
— ¡Contesta! -digo casi a gritos y acercando el bastón hacia él. Trago saliva con fuerza y nervios al notar como tarda en contestar. El chico mira con miedo la punta afilada del bastón y luego a mí.
— Yo...yo te voy a contestar todo lo que quieras. Pero antes, baja eso por favorcito, no sabes lo que es en realidad -dice con nervios y mirando una vez más con miedo el bastón. Lo observó con duda por un instante y para luego mirar el bastón. No encuentro nada extraño en éste, pero si es que tanto miedo le da esto pues mejor para mí. Acercó una vez más la punta del bastón hacia él y luego lo alejó después de unos segundos.
Por un momento se me hace extraño l tono en el que comenzó a hablar, pero en sí, si comienzo a tratar de analizar todo lo que ocurrió desde la noche anterior no puedo encontrar algo lógico para poder respaldar lo que esta pasando.
El rostro del chico comienza a relajarse un poco al notar como bajo y alejo el bastón de su rostro. Me mantengo aún alerta, por si algo llegase a ocurrir. La tensión en el ambiente se comienza a formar y aunque sé que se tardará en contestar levantó una vez más el bastón para hacerlo temblar y hablar.
— Tranquila, tranquila. -comienza a hablar más rápido— yo solo vine a buscar a Aarón Cortéz. Él es el único que puede tener la solución a un problema que tenemos en el Iris -dice con miedo y nervios.
¿El iris? ¿Una solución? ¿Es que no sabe que mi padre está...?
Dejo caer el bastón al suelo y aunque a él le provoca calma, a mí me provoca más ansiedad.
— ¿Que es el iris? -pregunto sería. El chico frunce una vez más el entrecejo y los labios, como si para él le fuera extraño escuchar ese tipo de pregunta.— !¿Qué carajos es el iris?! -digo casi a gritos. Logrando que él se alerte un poco.
— ¡El mundo mágico!, es el mundo mágico -repite con miedo.— Bueno, en realidad es una parte del mundo mágico, pero claro eso es una larga historia.
— ¿El mundo qué? -pregunto tratando de levantar el bastón una vez más. Él levanta las manos un poco, pues las tiene unidas con las cuerdas de las piernas.
— ¿El mundo mágico? ¿Lugar de los sueños? ¿Él nunca jamás? -pregunta como si estuviera hablando con una niña de 4 años. Frunzo el ceño un poco y trato de levantar de nuevo el bastón pero el grita.
— ¡No! Por favor -dice casi a gritos— ¿Es que nunca te lo contaron? Dónde, ¿Dónde está Aarón? -comienza a preguntar mirando al rededor. — Me dijeron que aquí vivía, ¿Dónde está? Y además -deja las palabras en el aire mientras se ve las manos y piernas amarradas. Bajo por un momento la vista y la regreso al notar como comienza a quejarse. Se toma las manos sujetadas y comienza a tratar de quitárselas.
— Además, debo de ser yo el que hace las preguntas ¿No crees? -pregunta levantando un poco sus muñecas sujetadas y piernas. Bueno, en algo tiene razón pero quién es él para que venga aquí a hablar de cosas locas.
— Sí, claro, lo dice el loco que habla de un mundo mágico y de mi padre al mismo tiempo -digo con enfado y acercando más el bastón hacia él.
Vuelve a temblar de miedo en cuanto me ve elevar el bastón y acercarlo absurdo rostro, pero después cambia su expresión de miedo a una de duda al escuchar lo último que dije.
— ¿Qué? -añade en un susurro— Yo... Carajo, ¿Donde está Cortez?
— Dos metros bajo tierra -añado con enfado. Puedo sentir como mis ojos comienza a llenarse de lágrimas, trato de contenerlas lo más que puedo para lo parecer alguien débil ante él. Pero lo único que me encuentro es a un chico rubio pálido. Las manos que antes tenía levantadas ahora las tiene en su regazo, su mirada la encuentro pérdida en un punto fijo de la sala para después dar un gran suspiro, esos que lanzas cuando algo te ha salido mal.
— ¿Cuándo fue eso? -tartamudea y parpadea unas cinco veces antes de volver a verme. Le sostengo la mirada por unos segundos para después blandar el agarre del bastón.
— Primero contesta lo que yo pregunté antes. ¿Quién eres? Y ¿Que carajos haces aquí? -digo con frustración. El chico volvió a levantar las manos un poco para pedirme mentalmente que volviera a bajar el bastón que había acercado y levantado demasiado a su rostro.
— Ok, ok, ok. Te voy a explicar -comienza a decir demasiado rápido— Solo, baja eso y vamos a hablar como personas civilizadas, ¿Qué te parece? -pregunta en un intento de sonreír pero termina pareciendo una mueca de dolor.
Me doy cuenta que se comienza a sujetar el torso vendado, justo donde estaba la herida.
Hago a un lado el bastón para poder acercarme a él y quitarle las manos de su vientre.
— No, deja de tocarlo. Terminará infectandose -añado al estar cerca de él y haciendo de lado el saco negro que cuelga de sus hombros. La parte de la herida, en donde ayer estaba comenzando a secarse la sangre ahora se volvía a abrir. Sin pensarlo le desató lá muñecas, y aunque siento su mirada en mí, no me detengo por ningún segundo en mirarle la cara.
— Necesito que te quedes quieto un poco, debo de percatarme de que la herida no se haya vuelto a abrir - digo mientras lo tomo de los hombros y finalmente lo miro a los ojos. Su rostro parece pensativo al verme, como si tratará de encontrar en mi algún error o falla en mi rostro. Se tensa en cuento mis dedos rozan con su piel desnuda y es ahí donde entiendo el porqué me mira así.
Estoy viendo lo con el dorso semi desnudo. A cualquier chica o chico lo pondría nervioso si lo vieran así, pero en mi caso eso no importa.
¡Por Dios! Mis padres tenían una pequeña clínica, ¿De qué tengo que sorprenderme?
A duras penas y con algo de esfuerzo, se acomoda en el sillón de la misma manera en como yo lo había acomodado el día anterior.
Le quitó la venda, la cual ya comenzaba a mancharse de sangre una vez más y justo cuando le quitó el ungüento que le había puesto me doy cuenta que la herida, la cual estaba roja y un poco abierta, pero justo entonces cuando mis dedos rozaron con su herida está se comienza a reconstruir hasta que queda completamente cerrada. Está sana y sin una sola huella de que estuvo en esa zona.
Observó desconcertada la escena hasta que se cierra y cura sola. Me hago para atrás un momento con la intención de alejarme de él, pero es entonces cuando siento que me sujeta de uno de mis hombros logrando captar mi atención.
Sus ojos cafés claros me observan con demasiada atención, como si estuviera contemplando una obra de arte. Para después mostrar una enorme sonrisa con aire de alivio.
— Eras tú -dice con alegría, como si se hubiera ganado la lotería.
Me alejo con brusquedad de él y sin pensarlo corro a la cocina en busca del teléfono para marcar a la policía.
Justo cuando levantó el teléfono y comienzo a marcar, pero es entonces cuando recuerdo que no ha regresado la luz desde ayer y que aún hay llovizna afuera.
Me maldigo al recordar eso.
— ¿En serio vas a marcar a la policía? -dice detrás de mí. Me sobresalto un poco al verlo desde el marco de la entrada de la cocina. Tiene la cuerda gruesa en sus manos, juntandola con cuidado y mirando con una mueca sus manos. — Vaya que tienes fuerza, chica -añade levantando sus manos y señalando con su mirada sus muñecas, las cuales ya comienzan a estar moradas y con unos que otros raspones.
Dejo caer el teléfono, el cual cuelga de la extensión enrrollada y solo se logra escuchar el pi de que no hay señal.
Mis ojos y boca se abren al par a ver cómo el está parado delante de mí como si no le hubiera pasado nada antes.
Agarro un cuchillo lo demasiado grande y filoso de la cocina y apunto con este a el chico. El levanta ambos brazos en manera de mostrar que el es inocente.
Pero después los baja al darse cuenta de lo que sostienen mis manos.
— ¡Genial! Antes era el bastón y ahora un cuchillo, ¿Después que sigue? ¿Un sujeta papeles? - ironiza. Sus brazos se cruzan y su mirada se penetra más en mí.
Sujeto con un poco de fuerza el mango de plástico del cuchillo, pero lo bajo con algo de brusquedad al darme cuenta de lo que estoy haciendo.
Mi mirada se baja a mis manos que dejan el cuchillo de nuevo en su lugar para después regresar mi atención a él chico que tengo delante de mí.
— Vaya, eso fue... Fácil - agrega ladeando un poco su cabeza.
Levantó mi menton un poco para no notar me tan asustada como lo estaba antes.
¡Dios, María! Te estás comportando como una viejita loca, cuando fuiste tú la que le dio el pase a esta casa desde un principio.
Rato de relajarme. El problema de todo esto no es que tenga a un extraño en mi casa, si no que ese extraños es un chico algo atractivo y por lo que podía darme cuenta está loco.
— Tienes 10 minutos para explicarme qué haces aquí y como es que conociste a mi padre - digo aún sería. El chico se relajo un poco y en su rostro se mostró algo de tranquilidad.
— Bueno, es un buen límite de tiempo para todo - añade con algo de sarcasmo en su voz. Me le quedó mirando de brazos cruzados, tratando de ocultar el miedo en mi rostro.
— ¿Y? - pregunto al notar que se tarda en hablar.
— Verás, tu padre fue alguien muy importante para el mundo mágico. Se puede decir que es como un pilar para nosotros. - comienza a contar.
— Si claro, y yo soy la hija de Aladin - ironizó. Él levanta una ceja al escuchar mi tono de voz, pero luego la baja.
— Bueno, no es muy común escuchar algo como eso viniendo de alguien que me sano con magia - dependió. Fruncí un poco mi entre cejo al no saber sobre lo que se refería, pero un flashback de lo que pasó la noche anterior me llegó.
Entonces esa luz no fue mi imaginación ni el destello de un relámpago.
Me quedo callada. No es un buen momento para defenderme sabiendo que perderé.
Cierro los ojos una vez más y respiro profundamente. Aún no podía creer en lo que me había metido. Tenía delante de mí a un chico quién parecía salir de un cuento de hadas o uno de esos libros de fantasía que mi madre me había comprado desde que estaba en la primera.
Aquel chico rubio que tenía delante de mí bajaba sus brazos despacio y una de sus manos se bajó a lo que parecía ser un pequeño bolsillo de sus pantalones.
— ¿Qué haces? -pregunte al notar como se rebuscaba algo en aquel bolso. Él solo levantó su mano libre en señal de que me callara y por una extraña razón le hice caso.
Después de un rato, el rubio saco un pequeño frasco de cristal, el cual contenía un líquido de un color demasiado extraño, como si fuera de un color negro con morado, al moverlo se podía ver cómo algunas líneas de brillantina blanca se dibujaban en el vidrio de aquel frasco.
Creo que la duda de saber sobre lo que había en esa cosa se me mostró en el rostro, ya que él solo me sonrió sin mostrar sus dientes y mostró más aquel frasco.
— ¿Qué es eso? -dije entre un susurro.
— Un liquido mágico -dijo con un tono de ironía. Levante una de mis cejas y me crucé de brazos una vez más.
— ¿Qué? ¿Me vas a hacer pequeña como Alicia? -ironice al mirarlo aún de brazos cruzados. Aquel chico solo río y me miró una vez más, en su mirada se podía mostrar un brillo algo peculiar.
— No se quién es Alicia, pero no. No es eso -añadio— lo que hay adentro de este frasco es algo muy importante para nosotros dos, es algo que me ayudara a explicarte mejor sobre el mundo mágico, María -el escuchar mi nombre salir de su boca me hizo sentir un extraño hormigueo en mi espalda.
Aún me parecía extraño el que el supiera sobre mí familia y sobre mí.
— ¿Es como una bola de cristal? -pregunte.
— Algo así - contesto ladeando un poco su cabeza. — Pero bueno, ¿Lista para saber de todo un poco? -dijo comenzando a abrir el frasco, el cual era sellado con un corcho demasiado grueso. Se pudo escuchar un sonoro clap cuando él lo abrió y de este un humo delgado salió.
Estuvo a punto de tirar ese líquido en el suelo cuando lo detuve.
— Hey, en el suelo no -dije tomándolo de los brazos. Sus ojos se abrieron al par al darse cuenta que lo tenía entre mis brazos. Me aleje un poco al darme cuenta de lo cerca que estaba de él. Tal acto le pareció algo gracioso, ya que contuvo una sonrisa en su rostro.
— No pensaba tirarlo en el suelo, me lo iba a hechar en las manos para hacer la magia. Tranquila, no haré una explosión... Por ahora -dijo lo último entre dientes y en un susurro tan bajo que estoy segura que si no fuera por el ligero eco que hay en la habitación no lo hubiera escuchado.
Asentí con algo de curiosidad, sintiendo esos nervios de saber que estaría tramando ahora.
— Antes de empezar me presento -dijo mientras cerraba el frasco al terminar de mojar sus manos con unas pocas gotas de aquel líquido.— Soy Juan Pablo, pero puedes decirme Juanpa -levante una de mis cejas una vez y el solo rodeo sus ojos— no me mires así. Que así me llamaban mis padres -añade.
Comienza a mover sus manos de una manera algo extraña, como si estuviera haciendo unos círculos en el aire con sus dedos y después moverlas de lado a lado en forma circular. Unas delgadas lineas violetas acompañados de unos destellos de un color muy llamativo.
Una luz blanca salió de entre sus manos, logrando cargarme por el gran destello que de este emanaba. Cubri mi rostro con mis manos al sentir como aquella luz me calentaba un poco los párpados.
Finalmente los abri al sentir como aquella luz se comenzaba a apagar. Baje mis manos al darme cuenta que en aquella habitación en donde antes estaba se convirtio en algo desconocido para mi.
Todo estaba oscuro, con estrellas danzando a mi alrededor, unos cuantos gases de colores bailaban debajo de mí.
Ahí fue cuando me di cuenta de donde estaba. Ya no me encontraba en mi casa, ahora estaba en lo que parecía ser el espacio.
Regresé mi atención a Juanpa, quién solo me observaba serio. Dejé de sonreír al verlo, transmitía una sensación de frialdad el estar con él aquí.
Comencé a mover mis piernas, pero un poco de vértigo me invadía al ver como debajo de mí solo había oscuridad profunda.
— Bienvenida al limbo, María -me llamo. Su voz se escuchaba como un eco, lejana pero aún cerca. Podía ver cómo aquella luz que había salido de entre sus manos aún seguía ahí, solo que ahora era un poco más pequeña que antes y con un poco de menos luz que la de un principio.
Su rostro era iluminado por aquella luz blanca, la cual por un segundo llegue a pensar que era otra estrella más de entre tantas.
Su cabello rubio se movía despacio, como si estuviera debajo de una alberca, por un momento quiero decirle sobre ello, pero un mechón de mi pálido cabello también comienza a bailar entre la oscuridad.
— ¿El limbo? - pregunto, escuchando mi voz de la misma manera que la que él— lindo lugar para explicar la teoría del bigbang - ironizó observando una vez más mi alrededor.
— No es el limbo que tú conoces. Este es diferente. Aquí llevamos a todos los principiantes para explicarles sobre nuestro mundo, política y sociedad. En sí, es como si fuera un salón de clases - comienza a contar. Moviendo sus manos una vez más al rededor de aquella luz.
Escuchaba su voz cada vez más lejana, como si el se estuviera alejando. Parecía algo extraño para mí esto, no podía creer que lo que él me había dicho desde un principio era verdad.
Un pequeño punto de luz paso por delante de mí, como si fuera una estrella fugaz. Trato de tocarla con uno de mis dedos, logrando que este se divida en tres más.
Regresé mi atención a Juanpa, quién había comenzado a caminar dándome la espalda. Escuchaba como decía algo, pero a la distancia de donde él estaba yo no podía diferenciar que era lo que acababa de decir.
— ¿Qué? - pregunté, aunque sonó más a un grito.
—Que comiences a caminar si no es que quieres perderte en el limbo, y créeme, no te gustaría eso - agrego lo último en un tono entre advertencia y a la vez como si el ya conociera eso de perderse.
— por como lo dices, suena como si ya te hubiera pasado - suelto sin pensar comenzando a caminar detrás de él. Escucho como lanza. Un tocan carcajada y se gira sobre su eje para mirarme.
— Larga historia, después te lo contaré -dice y vuelve a caminar. — Te explicaré todo con algún ejemplo de la tierra. Hace unos años si no es que millones, claro -comienza a decir parándose y haciendo un extraño movimiento con sus manos sobre aquella luz blanca. — solo había una oscuridad profunda que cubría todo el universo y en medio de todo está oscuridad apareció una luz brillante, tan cegadora como la de el sol o hasta más - a mi alrededor todas aquellas estrellas comienzan a moverse hacia un punto fijo, logrando así que se junten hasta formar una esfera enorme y tan cegadora que por un momento iluminó todo a mi alrededor, pero la oscuridad era mayor y solo esa ráfaga de luz aparecio por unos simples segundos.
Fue entonces donde me di cuenta de lo que estaba contando.
— Si me vas hablar sobre el bigbang, te recuerdo que eso ya lo sé -ironizó cruzando me de brazos y levantando una de mis cejas. Juanpa se detiene en decir lo que sea que iba a decir y me regala una mirada aburrida.
— Quieres entenderlo todo, ¿Sí o no? - me reta.
— Te recuerdo que te di 10 minutos - conteste de la misma forma que él. El me sostuvo la mirada por unos segundos hasta que después solo dejó caer sus hombros y suspiro muy profundo.
Volvió a mover sus manos en zigzag y de manera circular para después ver pasar a mi alrededor los pequeños fragmentos de estrellas y tal vez planetas que habían nacido de aquella explosión de aquella esfera.
Volví a contemplar todo a mi alrededor, observando como las estrellas, galaxias, gases y constelaciones se formaban. Era como si estuviera en un planetario, pero más realista.
Todo vuelve cambiar, veo pasar a mi alrededor como aquellas estrellas pasan rápido, demasiado a decir verdad. Toda la oscuridad se va desapareciendo viendo veo como otra luz cegadora aparece y ahora parece que estamos en un edén.
El césped verde bajo mis pies hace que por un momento quieta dar un brinco. Todo esto es tan real que me pasó las palmas de mis manos por mis ojos en un intento de que me r gracias de s a la realidad. Pero al abrirlos me doy cuenta que todo lo que me rodea es real, desde aquellas flores de colores que desconocía y animales que nunca creí haber visto hasta aquellas aves que vuelan un poco alto y dejan un camino de lo que parecen ser unas llamas de fuego rojas.
— La magia siempre ha existido, desde la creación del hombre hasta la actualidad - comienza a decir Juanpa detrás de mí. Me giro sobre mi eje un poco para volver a verlo y este se encuentra sentado en lo que parece ser una roca enorme, la cual la cubre una manta de cerped y flores blancas silvestres.— Durante un tiempo todos vivimos juntos, en cierta armonía - cuenta ladeando un poco su cabeza al decir aquello último, como si lo que estuviera contando se tratara de un chiste.— Todo estaba bien, vivian bien, hasta que un día ocurrió algo que nos cambio a todos -dijo mientras se recostaba en aquella roca.
Estuve a punto de preguntar qué fue lo que ocurrió cuando de entre unos bosques escuché como unas pisadas de cabellos y gritos de hombres se escuchaban. No fue hasta entonces qué ví como de entre los árboles unos hombres calbagando caballos blancos salían del bosque. Vestían unas capas rojas carmesí las cuales cubrían su cabeza y unos que otros sostenían unas antorchas, otros espadas y lanzas. Todo paso rápido y en aquel bosque se podía escuchar como el grito de mujeres, hombres y niños se escuchaban. Una mujer con un hombre salieron de entre el bosque, sus vestimentas estaban manchadas de lo que parecía ser sangre y polvo negro, tal vez de la tierra.
Aquella mujer de cabello negro y piel pálida levanto sus manos hacia ellos y recito algo en susurros. El hombre que estaba a su lado hizo lo mismo pero en dirección opuesta.
Vi como unas raíces gruesas de árboles salieron de la tierra en un abrir y cerrar de ojos, unas atravesando a soldados y sus caballos, los gritos desgarradores de estos se escuchaban en todo el edén. Unas lanzas son aventadas hacia el bosque, en los picos de estos se encendieron y justo cuando tocaron el tronco de un árboles te comenzó a quemarse.
Un hombre fue arrojado cerca de mi, logrando que yo me moviera de mi lugar y fallera en el césped, levante mi vista para poder levantarme y ponerme de pie, pero justo entonces la mitad de un caballero cayó a un lado mío, logrando ver cómo la sangre de estos iba pintando y humedeciendo todo el césped que una vez creí hermosos.
Me levanté de un brinco, sintiendo como mis piernas temblaban. En su cuello colgaba una pesada cruz con rubíes y diamantes, otro cayó a dos metros de mí también muerto.
Fue entonces cuando lo entendí todo entre tanto caos y masacre. Mire horrorizada a mi alrededor una vez más , notando como unos eran heridos con flechas y otros con aquellas ramas que ya estaban teñidas de la sangre todas estas personas.
Regresé mi antencion de nuevo a aquella mujer y hombre quienes atacaban a todos los soldados. Fue entonces cuando lo vi.
Aquel hombre de capa negra ensangrentada iba haciendo unos extraños ademanes con sus manos y es entonces cuando de aquel bosque una pequeña luz aparece, hasta que se vuelve más grande y aparece como el ojo de un huracán.
— Es hora, Muriel -le grito aquel hombre. Unas nubes grises y pesadas no tardaron en aparecer al rededor de todos como si un huracán o ciclón se estuviera formando arriba de todos nosotros.
Aquella mujer miro con ira a aquellos solados que atacaban sus raíces y lanzaban una que otra lanza a su alrededor. Gruesas gotas comenzaron a caer, seguidas de un granizo que parecían más como disparos hacia aquellos caballeros.
Uno de los caballeros fue tirado al suelo, pero justo entonces vi como aquella mujer dejo caer sus brazos y paso rápido por aquél portal que había creado aquel hombre.
Los dos pasaron, pero justo antes de que dicha puerta mágica se cerrará, aquel caballero que había caído al suelo se pudo de pie y lanzó su espada, la cual paso el portal y este desapareció.
La tormenta había aumentado cada vez más y entonces vi como algo volaba hacia ella, personas quizá. No lo sabía con exactitud. Solo sabía algo, que todo esto había sido una pesadilla para ambos bandos.
Regresé mi atención a aquella roca en donde descansaba Juanpa, sintiendo mis ropas y cabellos mojados, pero no lo encontré. Quise gritar su nombre pero fue entonces cuándo todo se volvió de nuevo oscuro después de un relámpago.
Cerré mis ojos con fuerza al ver aquel destello de luz, para después abrirlos.
Estaba de nuevo en aquel lugar, en el limbo. Mi ropa y cabello ahora están secos, como en un principio, Juanpa me mira aún sosteniendo aquella esfera de luz y haciendo unos círculos con sus manos encima de esta.
— ¿Que carajos fue eso? - pregunté. Mi respiración se sentía agitada, como si hubiera corrido un maratón. Juanpa dibuja una sonrisa burlona en su rostro y una irá en mi interior se enciende como la forma de un cerillo.
— Como decía. No todo el tiempo los humanos y nosotros fuimos buenos aliados. - comienza a decir cómo si lo que acabo de preguntar no tuviera importancia.— Después de que eso pasará nos escondimos por un tiempo hasta que el mago Merlín creo el mundo mágico - levantó una de mis cejas al escuchar aquel nombre y estoy a punto de reírme pero él me calla — Ni te burles. Yo también creo que era algo tonto e ilógico que ese mago había existido, pero enorme fue así. Bueno, continuó - dijo aclarándose la garganta un poco.— El mundo mágico se reo y en este se organizaron 4 pilares, algo así como 4 reinos - dice y a mi alrededor veo como aquellas estrellas se mueven mostrando lo que parece ser un mapa en 3D de aquel mundo segundo de firmar 4 escudos.
Uno era el de un Sol con una luna y a su alrededor estrellas y lo que parecía ser agua lo formaban.
Otro a su lado una mujer se encontraba de brazos abiertos y a su alrededor rosas y espadas enterradas en una roca. Tierra.
Otro a su lado mostrada unas hojas acommpalladas de unas líneas que asemejan un Tipo de movimiento en esta, unas flechas salen debajo del escudo. Aire.
Y por último, un escudo algo viejo y tierroso, solo en este se muestra una llamarada de fuego y a su alrededor unas manos la cubren. Fuego.
— El primer pilar, Akvo. - añade señalando el primer escudo. Este brilla más que los demás y sale de él una luz que ilumina una zona en el mapa. Lo que parece una cascada enorme es lo que resalta en aquella zona, unos caminos delgados de dicha agua que sale de aquella cascada y se dirigían por diferentes rumbos. A su lado varias casas y uno que otro castillo decoraba aquel lugar. Era como si este estuviera dividido en varios pueblos.
La flora era linda, pero no tan animada. Tal vez era por ser un lugar en donde hay mucha agua y está pueda ahogarlas.
— Segundo pilar. Tokë - dice otra vez Juanpa y ahora el escudo de aquella mujer se ilumina. Una luz señala otra parte de aquel mapa mostrando un lugar lleno de árboles. Parece como si la flora y fauna hubieran invadido aquel lugar, que incluso algunas casas que son hechas de madera son cubiertas por un lienzo de hojas, tal vez enredaderas.
— Tercer pilar. Zrak - añade una vez más y el logo de aquellas hojas se ilumina igual que los otros. A diferencia de los otros dos, en esta solo hay campos verdes y uno que otro bosque. Pero de algo estoy segura, nunca había vista tanta belleza en un solo lugar, tal vez sea por su clima, pero ahí se puede precenciae la hermosura de la fauna y unas personas cabalgando unos alces y caballos.
— Cuarto pilar. Ignis - dice el nombre de aquel pilar con cierta admiración. Es escudo se ilumina y señala una zona del mapa. A diferencia de los demás, aquí no hay tanta flora, pero si una gran cantidad de fauna, arrollos y todas las casas, caminos, castillos son de piedra.— Todos estos pilares necesitan estar en equilibrio, es por eso que se creó el Iris, lugar donde cada representante de cada pilar va una vez cada 6 meses a este lugar para hablar sobre todo el mundo mágico. Tu papá era el líder del iris, la orden que mantenía el equilibrio en los cuatro pilares. Algo así como la ONU - añadió encogiéndose de hombros. Arrugó un poco la frente al escuchar aquello, sí por si me parece sorprendente el hecho de que mi padre fue parte de una organización como está me dejó casi en blanco, el que él conozca más sobre mi mundo me deja en el suelo.
— ¿Como es a sabes tanto de mi mundo? - pregunto acercándome un poco a él. La luz que sostien en sus manos es algo amenazadora pero a la vez calidad, una arma de doble filo quizás. Juanpa levanta una de su cejas y me mira extrañado— Digo, en el mundo mágico es obvio que lo conoces muy bien, pero sobre la política, gobierno y organizaciones que hay aquí, me sorprende que lo sepas - digo alejándome un poco a ver como el me acerca la luz con algo de burla. Una sonrisa en sus labios se dibuja y aleja aquella luz de mí.
— Mis padres son del mundo mágico, pero por azares del destino nací aquí. Así que conozco un poco sobre este mundo - dice haciendola más pequeña aquella luz.
— ¿Porqué me dices esto? - digo una vez más sin pensar. Él me mira levantando ambas cejas y luego riendo— ¿De que te ríes? No estoy bromeando, está información que me diste podría valer millones, ¿Quién no te asegura que iré a contárselo a alguien que esté interesado en esto? - pregunto de manera amenazadora. El rubio solo relaja un poco su sonrisa y me mira de un manera algo extraña, como si estuviera viendo a un niño jugando.
— En primera, porque estoy seguro de que nadie te creerá, en segunda, porque los humanos así son, le temen a lo desconocido y es por eso que tratan de eliminar u ocultar aquello a lo que tanto temen - comienza a decir en un tono de voz serio, como si lo que estuviera diciendo también le afectará a él. Pero después vlborra aquella seriedad de su rostro como si nada hubiera pasado y muestra una sonrisa sin mostrar los dientes. Esas que haces cuando te sientes nervioso— Y en tercera, porque las tres formas de comunicarnos contigo no fueron las mejores que digamos - añade ladeando un poco su cabeza.
— ¿Tres formas? - pregunto ante lo que acaba de decir. Juanpa me sonrió mientras se rascaba un poco la nuca.
— La primera fue la carta que recibiste, la cual tiraste y rompiste, la segunda fue el que tuvieras un sueño sobre esto, pero extrañamente, tu mente esta cubierta por un escudo o algo por el estilo y no pudimos hacer eso. La última fue que te mandara mis otra carta, pero se la comió el perro... Literal - dice aguantando una risa. Arrugó un poco mi entrecejo y hago una mueca con mi boca a escuchar todo lo que el dijo.
¿Que trataron de hacer qué?
Me quedo pasmada, quieta en mi lugar, tratando de asimilar lo que me acaba de decir.
Finalmente mis piernas deciden descansar y me tiro en el suelo, siento como el aire me falta y como las luces que me rodean en tanta oscuridad me comienzan a marear.
Quiero vomitar, quiero dormir, llorar, gritar, reprocharle a mis padres sobre esto, pero sobre todo, solo quiero tenerlos conmigo para que ellos me puedan explicar todo esto.
Trato de respirar, cerrando mis ojos y tomando mi cabeza con mis manos, ocultando la entre mis piernas. Respiro profundo, haciendo el mismo ejercicio de respiración que le había enseñado mi madre cuando sentía ansiedad por los exámenes de la escuela.
«Respira»
Me repito una y otra vez. Sintiendo como mi pecho se sube y baja con rapidez hasta comenzar a tranquilizarse.
Siento como una mano se apoya en mi cabeza y el olor de lavanda me llaga. Abro mis ojos y levanto un poco mi vista a aquel chico rubio que tengo delante, espero a que diga algo, pero solo sigue haciendo unos movimientos con sus manos alrededor de aquella esfera de luz.
— Ok... Si entendí bien, ustedes me mandaron una invitación a una escuela de magia para que yo asistiera por el hecho de que soy la hija del pilar del iris - comienzo a contar. Noto como él va asintiendo por cada palabra que sale de mi boca.
Quiero gritarle un millón de maldiciones, decierle que esta demente, pero no puedo. Aún con todo lo que ha mostrado, por todo eso no tengo alguna idea lógica que me ayude a comprender todo esto.
— Me estoy volviendo loca - digo más para mí. Juanpa ríe un poco logrando que capte mi atención. Lo miro con el ceño fruncido y con mis manos en mis caderas.— ¿Te parece gracioso esto?
— En realidad no, me pareces graciosa tú - añade aún sonriendo con burla.
Arrugó más mis entrecejo y me cruzo de brazos, esperando a que diga algo más pero tal reacción de mi parte hace que esa estúpida sonrisa se le borre del rostro.
— De acuerdo, supongamos que te creo
— ¿Supongamos? - pregunta con cierta ironía. Sí, bueno no encuentro falla en su lógica.
— Está bien - alcanzó a decir— Te creo, pero no entiendo nada de esto. Aún tengo muchas preguntas, como por ejemplo ¿Cómo es que dieron conmigo? Sí mi padre era el que ponía el orden en el mundo mágico o místico, como sea que se llame ¿Porqué se fue? ¿Quién lo ordena ahora? - explotó. Comienzo a sacar preguntas de muchas que tengo en mi cabeza.
En cierto punto esto no tiene sentido, si mis padres eran de un mundo distinto a este. ¿Porqué no me lo contaron? Aunque haciendo ese tipo de pregunta sé que suena estupido hacerla, si mis padres me lo ocultaron fue por algo, siempre hubo sinceridad entre nosotros nunca nos mentimos ni cuando nos descelavamos hasta tarde por ver la televisión.
Debía de haber una razón, debía de saber sobre aquello ahora.
Juanpa nota la duda en mi rostro, lo complicado que es para mí el entender todo esto y aunque estoy segura que trata de acercarse a mí lado para consolarme no lo hace y no sé si es porqué debe de seguir haciendo ademanes a aquella esfera o si lo que realmente necesito es espacio.
Finalmente sus manos se separan de aquella esfera de luz y todos la oscuridad y estrellas que me rodeaban desaparecen con un mismo destello de luz que antes.
Observó todo a mi alrededor, los muebles, los cuadros, la cocina, la sala, las escaleras, incluso la lavanda que salió de aquella grieta del suelo que hizo Juanpa sigue ahí. Todo está como antes y aunque quisiera decir que eh vuelto a la normalidad no puedo, porque algo dentro de mi sabe que esto que estoy viviendo no es normal.
***Download NovelToon to enjoy a better reading experience!***
Comments