El sonido de campanas sonando hace que sienta un nudo en la garganta. El olor a incienso y leña quemada me llega, siento los ojos pesados.
Quiero abrirlos, quiero saber dónde estoy. Murmullos escucho a lo lejos, como voces lejanas llenas de eco, las cuales se repiten una y otra y otra vez, es un idioma extraño. ¿Latino? ¿Portugués?¿Indonesio? ¿Mandarín?, No lo sé. Es como si fueran un conjunto de idiomas en uno solo, como si fuera la madre lengua de todas las demás.
Comienzan a hablar, a decir cosas que no entiendo, pero por una extraña razón es como si se lo que dicen, como si estuviera familiarizada con lo que sea que estén diciendo.
Hëna le të largojë errësirën, 'atamanaa'an tajilub alshams al'amal, naksatragalu nam'ma dāriyannu belagisali.
Oh, Odyssey sábháilapeaca, sábháila hanam Agus b'fheidir gurb í antes t-anam nach dteastaíann vainn riamh.
Nyere ya aka, utilisezle mais ne ledétrisez paz, borei te elixìrio sou na eínai ieró, tā bēi guī yīn tú i que the sun i the moon l'acompanyen sempre.
Es Ist ihr, María sentada.
Comienzan a decir en voz más alta. Al final solo es una voz la que se escucha que dice lo último, una voz masculina.
— Hekk ikun -dice y por una extraña razón mis labios se mueven al mismo ritmo que los de aquella persona.
Finalmente abro mis ojos, sintiendo como alguien pone un dedo en mi frente para despertar.
Lo que veo no me gusta, me da asco, náuseas. Ni si quiera se por qué todo esto me está pasando, no sé si es real lo que veo o sí es un mal sueño, pero de algo estoy segura, el dolor que siento en mi cuerpo, las náuseas horrendas que siento hacen que dude si estoy durmiendo o estoy despierta.
Quiero mover mi cuerpo, quiero correr, huir; pero no puedo. Mis brazos están atados en un pedazo largo de madera, las cuerdas son gruesas y siento mis muñecas lastimadas, con ampollas y rasguños. Me muevo con brusquedad para poder sacar un poco el amarre en el que estoy, mi cabello está empapado de sudor pero un líquido extraño, color negro Tiñe las puntas de mi cabello.
El cielo es oscuro, como la noche, pero la luz cálida del fuego que me rodea es lo único que ilumina el lugar. El fuego está en todos lados, lo que siento bajo mis pies es pasto seco, un líquido de un tono rojo oscuro comienza a salir de aquella montaña de gente que hay delante de mí. Unos rostros pálidos de niños, personas mayores, chicos y chicas de mi edad, todos con un corte profundo de unos 30 centímetros.
Gritos de guerra y de dolor, se escuchan a lo lejos.
Entre el fuego una figura se ve acercándose, caminando sobre este cargando lo que parece un bulto a lo lejos, un hombre con un saco largo de color café, el cual a lo largo esta manchado de la misma sustancia que la de mi cabello.
Camina con gracia, elegancia y a paso firme hacia mi dirección. El fuego que ilumina comienza a hacer que la temperatura en el lugar aumente, siento como las gotas de sudor bajan por mi frente hasta llegar a mi mentón.
Siento mis piernas temblar y no sé si es por miedo o por cansancio de que me este deshidratando.
El hombre que antes vi a lo lejos se ha acercado tanto que ahora queda al otro lado de la montaña de personas que hay delante de mí, la rodea relajado y escucho como deja caer aquel bulto que cargaba es una persona, un chico de más o menos mi edad, su cabello es color azabache y su piel se ve pálida, no sé si es por cansancio o por pérdida de sangre. Se queja al caer al suelo. El hombre lo toma del cabello y lo obliga a ponerse de rodillas, quiere sacarse de encima la mano de aquel hombre, gracias a una llamarada que llega a su lado se ilumina su rostro, su cabello castaño parece que es rubio a la luz del fuego, la parte izquierda de su rostro esta deformada, son cicatrices que parecen ser de una quemadura de gravedad.
Los brazos del chico se mueven con brusquedad queriendo detenerlo de sea de lo que va a hacer aquel hombre.
Un pánico me corroe, es algo horrible, niego con la cabeza al ver que aquel caballero saca de su manga un tipo de cuchillo extraño, en donde lo que supone debe de ser el mango de este hay una figura de una muerte con una capa, a comparación de otras armas, este está hecho de hueso, lo sé porque su cuchilla es de lo que parece ser un hueso roto.
El chico se mueve con brusquedad y justo entonces el hombre levanta su vista de él y la centra en mí. Esbozando una sonrisa que hace que se me congelé cada parte de mi cuerpo, y todo sucede lento, como si esto fuera un tipo de castigo para mí. El hombre con una sonrisa en su rostro corta sin dudarlo dos veces el cuello de aquel chico quién al final me lanzo una mirada de tristeza y en sus labios se dibujó una palabra.
«Huye»
Es lo que logro entender. El corte es limpio y solo puedo ver como de su cuello un río de sangre comienza a salir.
— ¡no! - grito de dolor, demasiado fuerte. Como si la persona que estuviera viendo morir fue alguien importante para mí. Él hombre solo ríe a carcajadas, deja a un lado el cuerpo y se acerca a mí con el cuchillo en la mano.
— shhh, no grites - dice ya cerca de mí. Su aliento choca con mi rostro y siento como aquella afilada arma se desliza de mi rostro hasta mi cuello— que nadie te escuchará - añade y siento como corta mi cuello, la respiración me falta y solo veo como último su rostro horrendo.
Mis ojos se vuelven a cerrar y logró escuchar a la lejanía su risa.
Me incorporo en la cama con brusquedad, sintiendo unas infinitas ganas de querer respirar, un sonido de escucha, muy agudo. Es mi voz la que sale desde mi garganta en un gran y estruendoso grito de dolor.
Me toco el pecho y garganta, justo en donde sentí como aquella cuchilla me desgarraba el cuello. Respiró hondo con mucha fuerza y rapidez, me miro las manos, las muñecas para inspeccionar que no tenga ninguna herida en estas, no hay nada. Está todo normal, bueno excepcionando lo sudorosa que estoy y lo empapada que está la cama. Me toco la frente para saber si no tengo fiebre, pero no es así.
Un trueno se escucha seguido de un relámpago y luego otro. Por mi ventana escucho como las gotas golpean el vidrio acompañado de unas pisadas fuertes desde el pasillo. Juanpa abre la puerta de mi habitación y entra.
— ¿Que ocurre? ¿Estás bien? ¿Dónde esta? - comienza a preguntar y camina entre el lugar, inspeccionando todos los lados de la habitación incluso debajo de la cama. Su mirada se termina centrando en la mía y cuando parpadeo siento como algo húmedo sale de mis ojos.
Estoy llorando. Juan solo me ve y sin preguntarme se acerca y me abraza. Comienzo a sollozar en su pecho, recordando lo que ví, no sé si contarle lo que soñé, pero ¿Y si solo fue un mal sueño? . Pero era tan real.
Juan sigue acariciando mi cabeza, para relajarme. Tal vez debo decirle esto pero no sé si lo tome de buena manera.
— Él... Él me mataba... Él los mataba a todos... Y yo... Y yo solo... - trato de contar pero no puedo, es como si mi voz se atragantara en mi garganta. Juan me toma por los hombros y aleja un poco de él, su entrecejo está arrugado y aunque presiento que quiere saber más sobre lo que soñé solo trata de sonreírme y volver a abrazarme.
— Está bien... Fue solo un mal sueño - dice aunque algo dentro de mi sabe que eso último que dijo fue una media mentira.
Nunca había tenido estos tipos de sueños, ni cuando miraba películas de terror con mi papá, ¿Por qué ahora los tenía?
Durante su unos minutos estuve así, quieta y callada en los brazos de Juan. No quería irme de ahí, era como si en el encontrará esa paz qué tal vez me faltaba, pero así como había un principio también hay un final. Me aleje a duras penas de él, ya estaba mejor pero no del todo segura en sí alejarme de su abrazo.
— Duerme, María. Lo necesitas - dice mientras me ayuda a volver a acostarme en la cama.
— No quiero - chillo como una niña. Juanpa me regala una sonrisa que hace que me transmita tranquilidad y por más extraño que parezca él me toma de la mano y se acomoda mejor en la cama.
— Pero debes hacerlo, duerme que yo me quedaré contigo - dice mientras acaricia mi cabeza. Dudo unos instantes en si creerle que se quedará conmigo por si algo pasa, pero terminó accediendo en cerrar los ojos y volver a dormir.
Un ruido desde la planta baja me despertó. Los rayos del sol ya entraban por la ventana, cosa que me pareció extraño por el clima loco que hubo en la noche.
¡Sí que vivía en México!
Me volví a acomodar en la cama al escucharlo de nuevo, parecía como si alguien hubiera tirado los platos y moviendo las sillas de la mesa.
— ¿Juan? - grite su nombre, pero no escuché una respuesta, solo volví a escuchar ruido más fuerte de abajo.
Me levanté con brusquedad de la cama, casi saliendo de ella de un salto. Bajo las escaleras con rapidez y justo cuando llegó a la planta baja me golpeó en el dedo pequeño del pie logrando que me queje del dolor tremendo que tengo.
Comienzo a balbucear unas palabras muy entonadas y maldiciones entre dientes mientras me acarició la zona en donde recibí el golpe.
Escucho como alguien se acerca a dónde estoy y a lo lejos escucho la voz de mi "paciente".
— ¿María? - me llama Juanpa. Levantó la mirada de mi pie a él y me doy cuenta que hoy no ha usado su saco negro largo, solo lleva puesto la misma playera blanca que usaba el día que lo conocí y el pantalón de mezclilla que le preste ayer, al igual que sus zapatos negros.
— Creí que estabas durmiendo aún - me dice llegando a dónde estoy.
— Buenos días para ti también - ironizó. Noto como el aprieta sus labios un poco para después negar con la cabeza y ayudarme a sentarme en un escalón de las escaleras.
— A lo que me refiero es que creí que eras de ese tipo de chica que duerme hasta tarde - se defiende alejándose de mí al dejarme en las escaleras.
¿"Del tipo de chica que duerme mucho"?
¿De aquí a cuando hay clasificación de personas? Cómo sea, no quiero ponerme de mal humor tan temprano.
— Bueno, cuando pierdes a tus padres y no tienes en quién sostenerte aprendes a responsabilizarte a muy temprana edad y - no termino en hablar ya ayer él me calla lanzándome un palo de madera largo el cual logró tomar en el aire.
— Si, si, ya te escuché feminista moderna, pero ahora no es momento de charlar - comienza a decir mientras acomoda algo en la mesa.— Hoy desayunaras rápido y comenzaremos a entrenarte - añade tomando con fuerza otro palo de madera.
— ¿Qué?, ¿A qué te refieres con entrenar?- comienzo a preguntar mientras me acerco a la cocina. La cual está más limpia que de costumbre.
— lo que escuchaste. No me mires así, que lo que hago es por tu bien -añade al notar que lo sigo con la mirada. Aprieto un poco los hombros para luego dejarlos caer lanzando un suspiro profundo. estoy a punto de volver a reclamar cuando veo que en la mesa está el desayuno que una vez ame.
Unos hotcakes con miel y mantequilla está en la mesa acompañado de una taza de té de siete azares y a su lado una tipo liga grande para el cabello.
Me acerco a la mesa con cuidado, tratando de analizar lo que estoy viendo. La última vez que me desperté con un desayuno así fue un fin de semana antes de que mi padre muriera.
— ¿y todo esto? -pregunto al sentarme en la mesa para tomar después la liga que hay a un lado de mi taza.
— Necesitarás energía para el día tan duro que se viene, además - hace una leve pausa— Creí que después de la noche que pasaste esto te levantaría un poco los ánimos - añade pasándose el palo por los hombros y colgando sus muñecas de este para después encoger un poco sus hombros.
El amargo recuerdo de aquel sueño me llega a la mente como si m hiciera una mala jugada mi mente. El fuego, el calor, el río de sangre, aquel chico, aquel hombre de rostro deforme, aquella daga. Sostengo el tenedor con fuerza al recordar aquella arma incrustarse en mi cuello.
— María, ¡María! - me llama Juan. Dejo de sostener el tenedor con fuerza al sentir su mano sostener la mía.
De alguna forma él logra tranquilizarme con solo una mirada o caricia, es... Es como mi madre.
— yo... - trato de hablar, pero la voz me sale entrecortada.
— Lo sé - dice en un tono bajo y dulce. Levantó mi mirada de mis manos y lo miro, miro sus ojos buscando en ellos alguna señal de que me esté mintiendo. ¿Como es que sabe de lo que hablo?
Por instinto arrugó mi entrecejo y abro mi boca en una ligera O. Juan aprieta su boca por un segundo y después comienza hablar.
— Leí tu mente para saber que te había alterado tanto. Al principio pensaba que era una pesadilla sobre tu padre, pero cuando vi a aquel hombre -se detiene en hablar. Siento por unos instantes que la respiración me falta y mis ojos se humedecen. Juanpa se queda en silencio por unos largos segundos, los cuales me parecen eternos.
— Aquel hombre - añado tratando de que mi voz no suene tan quebrada. Bajo mi vista un poco y siento como Juanpa sostiene con fuerza mi mano y la acerca a su cuerpo.
Aún queda en mi aquella sensación de miedo. Y lo odio. Pero antes de todo esto, ¿Quién le dio permiso de entrar en mi mente?
Pero este no es el momento para reclamarle, no después de lo que está haciendo por mi, aunque sé que es un puede ser un loco que se salió de un psiquiátrico, prefiero vivir en una idea loca, en una donde pueda ser yo sin prejuicios o estereotipos, una realidad deseada a una que llena de idiotas que solo hacen lo que otros digan, una en donde hay egoístas, aristócratas y gente pobre de conocimiento, de mente.
Si, prefiero vivieron una mentira dulce a una realidad cruel.
— Lo sé, ya lo vi - dice entre todo el silencio que se había formado.— por eso, tienes que terminar pronto que te voy a mostrar algo.
Añade con una sonrisa acariciando mi cabeza como a una niña. Trato de sonreír, pero no puedo. Es como si algo me lo estuviera impidiendo. Decido solo desviar la mirada y enfocarme en la comida.

Terminó rápido, y subo a mi habitación para cambiarme. Busco entre los cajones alguna ropa cómoda para hacer ejercicio o alguna actividad a aire libre. Solo me encuentro unos pantalones negros de licra gruesa y una blusa marrón de manga larga. Bajo los escalones con cuidado, y cuando estoy por viajar me doy cuenta que las agujetas de uno de mis tenis está floja. Me inclino ora amarrar la cuando notó a Juan mirando hacia una vitrina que hay en el pasillo que da a la cocina. Lo observó curiosa de lo que sea que esté mirando, su perfil perfecto y cabello color maíz son iluminados por la poca luz que entra desde las ventanas de la cocina. sus ojos marrones observan algo que hay ahí. Pero no sé con exactitud qué es, él solo está ahí, quieto y sin decir nada, mirando a una sola dirección.
— Juanpa - le llamo ya cerca de él. Juan se voltea para verme y logró notar unas lágrimas en su rostro, pero solo sonríe y se voltea para pasarse una mano por el rostro.
— Ah, María. No te escuché bajar, ¿Ya estás lista? - pregunta volviendo a mirarme pero ahora con una sonrisa. Una sonrisa falsa.
— Uhmm, si - añado con duda.
— Genial. Entonces hay que empezar con lo que te dije. Me iré adelantando - dice con rapidez y comienza a caminar a la puerta trasera, dejando e sola en el pasillo.
Observó la vitrina que observaba con tanta atención. Pero no encuentro nada que sea de valor ni sentimental ni económica. Solo hay unos libros de herbolaria y medicina, unos cuantos adornos que de seguro son de centros de mesas de fiestas, unos peluches y una muñeca de porcelana que viste un vestido celeste y unas zapatillas blancas, de ella cuelga un pequeño collas de perlas con una piedra violeta en medio, su cabello es castaño y sus ojos negros como los míos.
A diferencia de otros niños, a mí siempre me gustó el jugar con muñecas como estás. Sí, llámenme chica creepy, pero hay gustos para todos ¿No?
Observó de nuevo a Juanpa, quién se encuentra ya del otro lado de la cocina. Comienzo a caminar hacia el patio trasero, encontrándolo haciendo unos movimientos con el palo de madera que antes me mostró. Moviéndolo como si este fuera una espada o algo parecido, llega a un punto donde aquel palo lo usa ahora como un tipo de escudo y justo después hace un extremo movimiento con sus pies y junto con sus manos y brazos empuja aquella herramienta como un tipo de sable, el cual lleva hacia delante con fuerza, como si a su oponente lo quisiera atravesar con eso.
Una extraña sensación me recorre el cuerpo al verlo hacer esos movimientos. Es como un tipo de deja vú, es como si ya hubiera vivido esto, pero no sé dónde exactamente.
— Ver es una buena idea de aprendizaje - dice poniéndose derecho y apoyando aquel palo en su hombro— Pero la práctica, hace al maestro
Juan me señala con el palo y me extiende otro, es el mismo que me había tirado en la cocina.
Está vez logro tomarlo en el aire con ambas manos, para después apoyarme en él, sosteniéndolo en la tierra.
— Y, ¿Como se supone que voy a entrenar con esto? - ironizo levantando el palo para señalarlo con este. Juan suelta una carcajada mirando al cielo.
— Enseñarte a manejar tu poder sería lo más lógico - comienza a hablar, caminando a mi alrededor— Pero la realidad es otra - hace una leve pausa—Para poder tener un buen equilibrio de tu mente y cuerpo, primero debes de hacer actividad con tu cuerpo, así las neuronas de nuestro cerebro se mantendrán activadas y en buen estado. Meditar también es otra manera de mantener tu cuerpo y mente en balance, pero en estos momentos lo mejor sería el tener tu cuerpo en acción que relajado y antes de que digas algo, sí, vamos a meditar. Pero eso será después - añade estando cerca de mí y apuntando el palo que sostengo en mis manos.
— sostenlo con fuerza - me susurra al oído. un escalofrío recorre mi espalda, hasta llegar a mi nuca, erizando los vellos de mi cabeza y cuerpo. Es un tipo de alerta que desde pequeña he tenido, es como si algo o alguien me avisará de lo que va a pasar. Sin dudarlo me agachó, sosteniendo con fuerza el palo que Juan me dio. Es ahí donde lo veo, me ha querido atacar con el suyo cuando yo estaba de espaldas.
Me hago a un lado sintiendo mi corazón palpitar con fuerza.
— Nada mal - dice con entusiasmo. Quiero decir algo, pero solo una sonrisa burlona se dibuja en mis labios. Juan comienza a querer atacarme con su arma, mientras que yo uso la lia como escudo. Trato de escapar o defenderme de todos sus movimientos, pero es más rápido que yo. Apenas logro esquivar unos dos y ya estoy recibiendo tres, es como si estuviera uno o dos pasos por encima de mí o tal vez...
Comienzo a tararear una canción en mi mente, haciendo movimientos sin pensar o analizarlo antes. Recibido un golpe en mi rodilla izquierda, logrando que está ceda y me tiré al suelo.
Apoyo mi peso sobre mis manos, y mirando por sobre mi hombros tomo el palo y lo atacó, pero para mí desgracia él toma la madera con una de sus manos y la tira a unos metros de mí.
— ¿Que esperas para levantarte? - me pregunta, observando como trato de levantarme del suelo, sintiendo las palmas de mis manos raspadas y mis rodillas adoloridas.
— Estás leyendo mi mente - digo entre dientes. Mordiéndome la lengua para no decir alguna maldición.
— ¿Y? -añade a la defensiva. Me giro sobre mi eje, mirándolo mal, sintiendo el enojo recorrer mi cuerpo.
— Es trampa - chillo con ira. Una sonrisa se dibuja en su rostro y puedo notar un poco como trata de morderse la lengua.
— El enemigo nunca te avisara sus ataques o ases. Es por eso que debes de estar concentrada y si usa sus poderes a su favor, siempre debes - me trata de dar un golpe con su antebrazo derecho, pero lo detengo al instante y le lanzó una patada en el abdomen. juan se hace para atrás y suelta una pequeña carcajada.
— Busca la solución al problema - añado con ironía. Juan se muerde el labio y justo entonces da unos pequeños saltos donde está y en un dos por tres corre a mí, para atacarme.
Observó de reojo mi arma que está a un metro de distancia de mí. Inconscientemente me tiro a ella, sintiendo el roce del arma de Juanpa con mi cadera. tomo el bastón poniéndolo sobre mi usándolo como escudo del ataque del suyo.
Una fricción comienza a formarse entre nuestras armas, su fuerza es demasiada que hace que mis brazos comiencen a temblar, me muerdo la lengua para no gritar o soltar una grosería, mis piernas están juntas y ahí recuerdo que él está cerca. Con fuerza le doy una patada a su vientre haciéndolo retroceder y alejarse de mí.
Con ayuda del bastón me levanto, notando lo distraído le lanzó un golpe con el bastón hacia sus piernas, pero él da un brinco y toma mi bastón con fuerza para jalar de él y quitármelo de las manos.
— Hey - me quejo. una sonrisa burlona se dibuja en su rostro y tira a un lado la arma.
— Eso es trampa - añado enojada.
— En una pelea no existe referí que los vaya a detener o decir que alguien hizo trampa -contesta tomando su bastón y girarlo en su mano para después apuntarme con él— Levántate, que esto apenas inicia— añade con una sonrisa de lado. Ver su rostro hace que mis piernas y manos tiemblen por un instante, hay algo en su mirada que no logro descifrar, una pizca de travesura y maldad, me llegó a preguntar el ¿quién es la persona que tengo delante de mí? Pero a la vez escucho una voz dentro de mí que me grita ¡Hazlo!.
Me levanto como puedo, sintiendo todas mis extremidades tensas y algo adoloridas. Bufo al sentir un mechón de mi cabello en el rostro y con una bocanada de aire le soplo y este se mueve un poco para que pueda observarlo mejor. Me acerco a mi bastón y lo tomo sintiendo como la mirada de Juan me persigue.
Cuando lo tomo una vez más ese instinto de "advertencia" aparece y sin pensarlo me echó para atrás con el bastón en mis manos, sintiendo el roce del suyo con mi nariz.
Me tambaleó un poco al estar lejos de él y noto como de nuevo la sorpresa lo invade.
— Lo esquivas bien -dice en voz baja, que llegó a pensar el si me está haciendo un halago o piensa en voz alta. Vuelve a lanzar otro movimiento y de nuevo esas sensación me invade el cuerpo y hecho mi cuerpo hacia atrás una vez más para después agacharme y patear sus piernas, las golpeó y justo cuando pierde algo de equilibrio sujeto el bastón con ambas manos y estoy a punto de querer incrustárselo, pero cuando estoy por hacerlo me detengo.
«Alto»
«Hazlo»
Dos tipos de voces que escucho en mi mente en ese instante, pero la que más suena es la que me pide que me detenga.
Juanpa me mira serio, neutro, tal vez en espera de que lo golpeé, pero como una descarga eléctrica que recorre mi cuerpo tiro el bastón al suelo al sentir un ardor recorrer mis brazos y manos hasta llegar a mi pecho.
— ¡Ah! -grito de dolor perdiendo el equilibrio y cayendo al suelo de rodillas. Escucho la voz de Juan a lo lejos, cosa que me parece irónico pues lo tengo justo a mi lado.
— María... Hey... Mar... -escucho su voz cada vez más lejos, como si de un rastro de eco de tratar— Des... ¡María!... Mari... -dice poniendo su mano en mi mejilla y dando en esta unos golpes ligeros en esta.
Comienzo a parpadear cada vez más lento, sintiendo mi cuerpo pesado y lo que veo borroso. Al final, solo me encuentro con la oscuridad, esa que aparece cuando cierras los ojos.
— María -una voz escucho. — María -es diferente a la de Juan. Es más delgada, dulce, cálida...
— Maria -vuelvo a escucharla. Mi nombre sale de aquella persona que me llama, que llegó a cuestionarme si se trata de una mujer o niño. Una tipo de neblina blanca me rodea, logrando que me sienta sofocada.
«No puedo respirar»
Me digo al querer dar una bocanada de aire y de esta sale más neblina. Quiero respirar, gritar, quiero que alguien me escuche o despierte de esta pesadilla.
— María -vuelvo a escuchar esa voz llamándome, ahora con más claridad. Es una mujer, Entre toda la oscuridad que me rodea trato de buscar a esa persona o ser que me llama, pero cuando lo hago solo llegó a ver una silueta gris a la lejanía. Una mujer vestida de un vestido largo blanco, su cabello es tan negro que se llega a perder entre todo este sitio, no puedo ver su rostro, está todo borroso. Extiende su mano izquierda, señalando algo que está detrás de mí. Sus labios se mueven, pero no escucho que es lo que dice y cuando quiero preguntarle el quien es siento como una fuerza que desconozco me estira de la espalda y al final una luz aparece detrás de mí.
Iluminando lo más que puede aquella oscuridad y neblina que me rodeaba, la mujer solo me ve alejarse y una vez más dice algo que no puedo escuchar.
«Despierta»
— María
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