CAPITULO 5. CUANDO LA MAREA BAJE

«Despierta»

Escucho una voz dentro de mi que me ruega que abra los ojos. Lo hago, abriendolos junto con mi boca de la cual tomo una bocanada de aire, de esas veces en las que haz aguantado tanto la respiración que cuando vuelves a tener oxígeno en tus pulmones te sientes volver a nacer.

- Maria -escucho la voz de Juan llamandome. Mis ojos tratan de enfocar la visión para poder ver con más claridad mi alrededor. El olor a incienso y menta no tarda en hacer que mis sentidos se despierten y en seguida unas intensas ganas de querer vomitar.

Me incorporo de donde estoy acostada y como si él conociera mi reacción acomoda un pequeño bote de basura a mi lado.

Comienzo a vomitar, sintiendo un sabor amargo y metálico. Siento que lo que sale de mi boca es solo agua, pero cuando abro los ojos al terminar de sacar todo lo malo noto que entre tanta saliva unos pequeños cuhagulos negros.

- No es sangre -escucho como me tranquiliza Juan. Me limpia la boca con la palma de mi mano y me volteo para verlo.- Estos cuhagulos son conocidos como Xius, los cuales se dan cuando haz roto algún límite de tu cuerpo o mente -añade con calma, guardando en unos frascos de vidrio unas hiervas que nunca había visto.

Trato de pararme del sofá donde estoy acostada, pero apenas y muevo un poco mi cuerpo siento que todo a mi alrededor se comienza a mover.

- ¿Por eso me siento mareada? -pregunto con la voz baja. Juanpa hace un sonido con su boca de aceptación y con un chasquido de dedos hace que aquellos frascos desaparezcan de la mesa de centro dejando como rastro de ello unas pequeñas luces amarillas, como las que aparecen cuando quemas papel o carbón.

- Al parecer rompiste un límite de tu cuerpo que provocó que te sintieras así. -añade sentándose cerca de mí para poner su mano en mi frente.

-¿ONU? ¿Cuantos más hay? -pregunto sintiendo como su mano acaricia mi rostro y es ahí donde me doy cuenta que mi cara está cubierta de sudor.

- Algunos -añade sin mirarme. Arrugó mi entrecejo sin entender de lo que está hablando y abro mi boca para poder preguntar, pero de nuevo siento como todo se me mueve y prefiero quedarme callada.

Juan deja de tocar mi rostro para después meter algo a mi boca. Es amargo y podría decir que quiero escupirlo, pero no lo hago, es como si fuera algo que me impidiera las náuseas.

- Es una hoja de Lima con miel y jengibre, es para que desaparezca la sensación de vomitar o asco, al igual que te ayudará a recobrar energía -añade limpiando sus manos con una toalla húmeda, la cual hecha en una tina y se levanta para llevársela al igual que el bote de basura que me puso a un lado.

- Solo muerdela hasta que no tenga sabor -me grita desde la cocina. Comienzo a hacer lo que me dice, no quiero tener problemas o algo parecido, además de que no estoy de humor para pelear ahora.

Comienzo a masticar la hoja que ha metido en mi boca, aún teniendo en mi mente la imagen de aquella mujer. Logro escuchar como desde la cocina Juan está aplastando algo con un molcajete y el olor a manzanilla no tarda en inundar mi nariz.

Con algo de fuerza me levanto de donde estoy y a arrastras me acerco a la cocina para toparme a un Juan serio y de espaldas.

- Debes de descansar -me dice sin mirarme.

- Te quiero preguntar algo -digo sintiendo mi boca algo seca por la hoja que aún mastico.

- Hazlo cuando termines de absorber el sabor de la hoja -añade aun machacando algo. Bufo al escucharlo decir eso y con mi mano apoyo mi cuerpo en el marco que separa la cocina con el pasillo y la sala.

- ¿No puedo hacerlo ahora? -insisto.

- Sigues débil -se defiende aún concentrado en lo que sea que está haciendo.

- Es algo serio -añado con fuerza. Juan detiene de machacar algo y me lanza una leve mirada por sobre su hombro.

- Tu salud también lo es -dice y continua en lo suyo. Quiero seguir insistiendo, quiero hacerle todas las preguntas que tengo en mente pero la misma voz que antes escuché desde mi interior que me dijo Alto ahora me dice "No es el momento" .

Suspiro hondo, dándome por vencida en seguir insistiendo y decido dejar de apoyar mi cuerpo en el marco y dirigirme de nuevo a la sala.

- Ve a descansar a tu cuarto -dice cuando estoy por irme. Me giro un poco para volver a verlo, tal vez con la esperanza de que ahora me mire pero aún sigue sin hacerlo.

- Duerme un poco, lo necesitarás -añade- Te avisaré cuando la cena esté lista -agrega antes de que yo hablara. Una vez más me ha dejado sin palabras.

Derrotada decido irme a mi cuarto, subiendo con cuidado las escaleras las cuales siempre subía y bajaba con velocidad. Terminó llegando a mi cuarto cuando estoy pasando por la habitación de mis padres que escucho unos susurros.

No entiendo lo que dicen, solo siento como si me estuvieran llamando. Abro la puerta de la habitación, encontrándola normal. Los mismos muebles, mismo suelo, mismas paredes, todo está como solía estarlo antes de que Juan llegará.

Son susurros que cada vez se van intensificando más y más. No llegó a entender lo que dicen, observó de nuevo todo a mi alrededor, buscando la fuente de donde provienen esos susurros.

Un tipo de sentimiento me recorre el cuerpo al observar el armario de mis padres, en especial la parte de mi mamá. Comienzo a dar unos pasos para acercarme a él, logrando acariciar la madera de la puerta que mantiene cerrado el clóset.

Los susurros se van intensificando, van volviéndose más y más fuertes que incluso llegó a sentir mi cabeza explotar por tantas voces que escucho.

Una vez más esa voz que antes había escuchado en mi interior me llama, diciéndome, o más bien gritándome el "Abre".

El miedo comienza a recorrer mi cuerpo, primero adueñándose de mis piernas y luego de mi cadera hasta llegar a mis manos, las cuales comienzan a temblar cuando tocan el pomo del armario.

«María»

Vuelvo a escuchar y sin más abro la puerta del armario, pero no encuentro nada. Solo unos vestidos que ellas solía usar y sus zapatos, al igual que una pequeña caja de madera decorada de piedras en donde guardaba su joyería.

Me siento decepcionada al encontrar solo esto, tal vez algo en mi interior deseaba el que al abrir la puerta encontrará algo que me conectará más a ella, pero no es así. Vuelvo a suspirar y cierro la puerta con la mirada baja. Cuando la levantó me encuentro con el espejo enorme de su habitación y en el cual detrás de mí una mujer se refleja.

Me giro asustada de lo que estoy viendo, lo hago en un intento de defensa, de demostrar que no le tengo miedo. Pero cuando lo hago no encuentro a nadie. Vuelvo a girarme para volver a verme en el espejo, pero cuando lo hago ahora esa mujer aparece delante de mí.

- María -me llama. Me asusto y cuando quiero correr para pedir ayuda siento mis piernas flaquear y me terminó tropezando. Caigo al suelo de espaldas sintiendo como algo golpea la parte baja de mi cabeza. Logrando que vuelva a perder el conocimiento.

Abro mis ojos como si despertara de un sueño profundo, una punzada en la parte baja de mi cabeza no tarda en aparecer cuando siento la luz del sol entrar por la ventana de la habitación, iluminando mi rostro y dejando una leve ceguera en mis ojos. Mi cabeza ha dejado de dar vueltas por todo el lugar para ahora sentirla caliente.

La imagen de aquella mujer no tarda en aparecer en mi memoria, como si esta me hiciera una mala jugada. Levantó mi vista del suelo y me enderezó con brusquedad y miedo de encontrarme con aquella mujer de nuevo.

No encuentro a nadie, todo sigue como estaba antes, incluso mi reflejo en el espejo es el mismo. No hay nadie aquí.

Salgo de la habitación para ir a la mía, teniendo más dudas en la cabeza que antes. ¿Quién era esa mujer? ¿Por qué apareció después de abrir el armario de mi madre? ¿Por qué apareció en mi mente? pero sobre todo, ¿Por qué me está ocurriendo todo esto después de la llegada de Juan.

Paso mi mano por mi cabello, desenredando los nudos que en mis cabellos se crean y tratando de tranquilizar mis sentidos, los cuales comienzo a sentir todos alterados.

La puerta de mi habitación se abre, dejando entrar a un Juanpa que carga una bandeja con una taza de algún tipo de té y un platillo con un tipo de nuez que desconozco. Su rostro aparenta seriedad pero en su mirada llegó a notar algo de preocupación.

Sus ojos se encuentran con los míos y una descarga de miedo me recorre el cuerpo, haciéndome temblar por un instantes.

- Creí que estabas descansando -dice bajando la mirada de nuevo a la bandeja y poniéndola en el peinador que tengo enfrente de mi cama.

Me tranquilizo un poco a verlo calmado y decido acercarme a la cama para sentarme en ella.

- Lo estaba -digo sin mirarlo- Creo -añado en voz baja. Juan no dice nada, solo deja caer sus hombros y lanza un largo suspiro.

- No me mientas -dice algo molesto. Levantó mi vista del suelo y lo observó sin decir nada por un instante. Dudo el si contarle lo que me acaba de pasar, hacerle todas las preguntas que tengo en mi mente y aunque me cuesta un poco termino contándole lo que pase.

- Vi a una mujer -comienzo a contar. Juan permanece tranquilo, escuchando lo que estoy diciendo- Cuando perdí el conocimiento hace rato, una mujer apareció en mi mente -añado ahora mirandolo- Me decía algo que no entendía -cuando digo eso noto como Juan levanta su mentón un poco al escuchar aquello y aunque permanece serio noto nerviosismo en su cuerpo.

- Y hace un momento que subí, escuché susurros en un idioma que no conozco y esa misma mujer se me pareció -agrego sería, con miedo por tener el recuerdo de aquella figura femenina en mi mente. Juan no dice nada, pero puedo notar incomodidad y nerviosismo en su rostro.

Me levanto de la cama para quedar a la misma altura que el y mirarlo a los ojos.

- Volví a perder el conocimiento y cuando desperté ya no estaba, ¿Me puedes explicar por qué después de conocerte me están ocurriendo todo esto? -pregunto molesta- Digo, no es que me moleste el saber que mi padre era un tipo de mago o hechicero que le oculto a su hija de un mundo mágico salido de películas de Disney -ironizó elevando mis brazos. Acercándome a él con la intención de retarlo y que me diga en porqué de todo, siento un nudo en mi estómago al decir aquello.

Juan no hace el intento de alejarse de mí, no se limita a siquiera bajar la mirada y decide seguir mirando mis ojos con la intención de que me tranquilice. Lo sé muy bien porque lo puedo sentir, es una extraña sensación que recorre cada fragmento de mi cuerpo y me dice el "Tranquilízate" .

- Se que tienes muchas dudas aún en tu cabeza -dice en un tono calmado y serio.

- No me digas -añado en un tono sarcástico.

- Si lo digo -añade en un tono algo más fuerte, logrando que me calme un poco y me Heche para atrás.

- lo puedo sentir a la perfección con solo verte, María -añade más tranquilo y sereno.

- ¿Que? -pregunta atónita de lo que me está diciendo y decido alejarme de él. Los ojos penetrantes de Juan me siguen como un cazador persigue su presa y una sensación extraña comienza a recorrer mi cuerpo.

Es una distinta a otras sensaciones que he tenido, es como si alguien más comenzará a controlar mi cuerpo y me pidiera el que me siente y solo escuché.

No quiero hacerlo, no quiero sentarme, callar y escuchar solamente, quiero hablar ¡Que me escuche! y como si de una ventana de vidrio que ha sido rota por una piedra o golpe, esa sensación de esfuma.

El rostro de Juan palidece, sus ojos se abren al par al verme y una pizca de miedo no tarda en aparecer.

Siento mi cuerpo arder, mis manos temblar y como si estás comenzarán a a dormirse.

- María -me llama preocupado- Tienes que tranquilizarte -dice elevando sus manos un poco, mostrando sus palmas de las manos para mostrarme más tranquilidad.

- Lo haré cuando me des respuestas -digo entre dientes, enojada, sintiendo mi sangre hervir. Un ligero temblor comienza a sentir en mi cuerpo, poco después comienzo a notar que ese temblor no solo me afecta a mí, sino también a él y a todo mi alrededor, un pequeño florero que decoraba mi mesa de noche cae al suelo quebrandose por completo y consigo cayendo las flores que lo decoraba.

Dejo de sentirme enojada al notar como todo lo que me rodea se convierte en un caos. Juan esquiva un cajón de mi armario, el cual se abre con fuerza y todo su interior comienza a salir.

El enojo se esfuma y el miedo me rodea, casi tomando todo el control de mi cuerpo. Una ráfaga de aire frío me rodea, sintiendo como los mechones de mi cabello comienzan a tapar mi rostro.

- Juan -lo llamo asustada de mi alrededor. Una luz idéntica a la que apareció cuando lo conocí sale de mis manos, iluminándolas como si dos faros de luz fueran.

- ¡María! -me llama a gritos. El aire que me rodea se comienza a volver cada vez más intenso y feroz, tanto que llegó a sentir por un instante que estoy flotando.

- ¡¿Que me está pasando?! -grito con miedo, mi voz sale temblorosa y podría decir que siento mis ojos arder.

- Debes de tranquilizarte -me grita desde donde está. Una ráfaga más fuerte de aire aparece, logrando que pierda el equilibrio y salga disparado hasta quedar a la orilla de la puerta.

- ¡Haz que se detenga! -grito asustada, más de lo que ya estoy. Unas lágrimas no tardan en salir de mis ojos y ese sentimiento de miedo se va volviendo cada vez más fuerte.

- ¡María! -vuelve a llamarme. Sus ojos buscan los míos y desde dónde está extiende su mano hacia mí- No tengas miedo, que aquí estoy -me dice y con fuerza se levanta y se va a acercando a mí. Su brazo extendido hacia mí comienza a ser rasguñado por las ráfagas de viento que me rodean, llegó a notar como unas líneas rojas de su sangre comienzan a pintar el aire que me rodea.

Su mano al fin llega a rozar la mía, logrando que aquella luz que salía de ella se va apagando.

- María -me dice ya cerca. A pesar del ruido que provoca el viento aún puedo oír su voz, es como si me estuviera diciendo lo que piensa y siente en mi mente.

- No estás sola -añade con más calma.- No tengas miedo, que yo siempre te voy a proteger -agrega y siento como aquel miedo que comenzó apoderarse de mi ser se va haciendo menos.

- Solo... respira -dice con calma y esa sensación de tranquilidad, de paz me recorre. Hago lo que me dice, respiró hondo, muy profundo y cuando sacó todo el aire el aire que me rodea se va haciendo cada vez menos fuerte.

Poco a poco llegó a sentir como mis mechones dejan de chocar con mi rostro y cuello y como todo lo que me rodea deja de vibrar y disparado. Todo se detiene y como si algo me hubiera bajado de las nubes, siento caer mi cuerpo al suelo, siento recogida por los brazos de Juanpa que me rodean con fuerza.

Mi respiración esta agitada y no sé si es por miedo o porque perdí energía. La luz de mis manos se va apagando poco a poco hasta desaparecer y cuando lo hace abrazo con fuerza el cuerpo de Juan.

Como una niña asustada me apego a él, no quiero irme y no quiero alejarme ni un instante de su paz, esa paz que me da calidez y me hace sentir que nunca estaré sola.

- Shhhh... tranquila -me susurra acariciando mi cabeza- Todo está bien, todo está bien -me repite sin dejar de acariciar mi cabeza y espalda. Mi cuerpo tiembla al estar en sus brazos y antes de que me dé cuenta comienzo a llorar en su hombro. Escondiendo mi rostro en el pequeño hueco que queda entre su cuello y clavícula, no sé si lloro por miedo a lo que me está pasando o si fue miedo a que pude haber lastimado a Juan. No sé qué es lo que me hizo perder el control, si mi enfado o miedo a saber la verdad.

- Perdón -digo con la voz en un hilo- Perdóname, no quería hacerlo -repito aferrándome más a su cuerpo.

- Lo sé -me dice sin despegarse de mí.- No es tu culpa, María. Nada de lo que pasa es tu culpa -añade alejándome un poco de él para tomar mi rostro y limpiar los húmedos caminos que hay en este y que ha dejado mi llanto.

- Se que quieres respuestas ¡y eso te frustra! -me dice mirándome a los ojos- Pero no quieras saberlo todo de un solo golpe -comienza a decir- Todo será a su tiempo y yo te aclararé esas preguntas que hay en tu cabeza , pero por ahora -agrega con la voz baja- Deja que la marea se calme, cuando eso suceda, yo te lo diré todo -añade y vuelve a acariciar mi mejilla. Lo observó por unos segundos más, tratando de encontrar alguna señal de duda o mentira en su mirar, pero no la encuentro y por una extraña razón me hace sentir más tranquila.

Vuelvo a rodear mi brazos con su cuerpo y pego el mío al suyo.

- Está bien -digo a su lado. Cerrando los ojos y quedándome así con el hasta que deje de sentirme insegura.

- El control de tu magia se evalúa de siete maneras -comienza a explicarme Juan mientras camina por toda la sala en busca de algo que le pueda servir.

- ¿Como las fases de Goku? -me burló dándole un sorbo al té de menta con miel que ha hecho Juanpa para mí.

- Uhmm... Es mejor -dice buscando por todos lados y no encontrando lo que quería. Al final termina bufando y chasqueando los dedos para hacer aparecer un bolso mediano en sus manos y sacando de este un tipo de muñeco de madera.

- ¿Mejor que Goku? -ironizo- Espera a que Carlitos escuche eso, lo vas a hacer enojar peor que a mí -me burló dejando a un lado la taza de té y acomodando mejor mis piernas en el sofá, juntando las y pegándolas a mi pecho.

- Bueno, no es como Goku pero si se asemeja a otra caricatura que ustedes ven, creo que era un chico de cabello amarillo y con cara de gato -añade volviendo a chasquear los dedos y haciendo desaparecer el bolso. Arrugó mi entrecejo al escucharlo decir aquello y una sonrisa en mi rostro no tarda en aparecer.

- Bueno... -dice poniendo el muñeco en la mesa de centro para que pueda verlo.- Te explicaré de la mejor manera y así no tengas dudas -añade poniendo sus brazos en forma de jarra y lanzando un gran suspiro.

Me incorporo un poco al notar como en aquel muñeco una luz emana de la zona baja de su dorso de un color rojo.

- Como antes te mencioné, existen siente fases, mejor conocidas como límites que un mago puede llegar a tener. -comienza a explicar.- De los cuales los magos de tu edad deben de tener controlado hasta el segundo límite, para tu suerte lograste llegar al primero, el cual es conocido como "Sia", el cual se llama así por la diosa de la inteligencia según la mitología egipcia - comienza a contar y la luz que sale de esa zona de vuelve más fuerte, mostrando lo carmesí que es.

- El siguiente límite es conocido como "Chaac", llamado así por un dios maya que era conocido por la fertilidad y energía, en este límite se encuentra la mayor parte de la energía del cuerpo y este lo puedes notar que está a la altura del ombligo -añade y una luz anaranjada no tarda en aparecer arriba de la roja, brillando con más intensidad que la carmesí, haciéndola notar opaca.

- El siguiente límite es el "Minte", conocido así por la ninfa Mente, la como su nombre lo dice se refiere a la mente y sabiduría -dice rodeando los ojos- Quienes llegan a este límite suelen ser los asesores o mentores que te darán clases en la escuela de magia -añade y una luz amarilla no tarda en aparecer arriba de la anaranjada.

- Por lo que veo tú has llegado a ese límite -digo mirándolo y el solo carcajea un poco.

- En realidad no, yo soy de otro -añade con una sonrisa y levantó mis cejas por la serenidad con lo que lo dice.- Continuó -añade y vuelve a ponerse serio- El siguiente límite es "Minerva", conocido así por la diosa de la sabiduría, fertilidad, salud y amor, ese límite es común verlo en magos de sanación, pues de este límite nace su magia. -añade y una luz verde aparece arriba de la amarilla.

- La siguiente y mi favorita es la "Silva" -dice ese nombre con una sonrisa de oreja a oreja- Ese es mi límite, y los magos que llegan a ese logran controlar las emociones y mentes de las personas -añade y una luz azul aparece arriba de la verde.

- ¿y por qué se llama Silva? -pregunto dejando caer mi pies al suelo con cuidado y acercándome al muñeco. Juan abre la boca para decir algo, pero en seguida la cierra.

- No sabes porque -añado y Juan sonríe pero nerviosamente.

- Ehmmm, si lo sé... solo que no recuerdo por qué ahora -añade nervioso y mirando a otro lado. Levantó una de mis cejas y cierro levemente mis ojos. No puedo creer que no conozca el porqué, y se supone que es mi mentor.

¡Vaya maestro me tocó!

- No sé si sorprenderme o decepcionarme -digo en un susurro.

- Bueno, sigo con el otro -añade y continua explicando- el siguiente es el "Texcalt", conocido así por un dios azteca que no diré su nombre no porque este prohibido sino porque no puedo -dice algo avergonzado- Pero quienes logran este límite es algo poderoso y duro, si en llegado caso llegas a este límite obtendrás un poder oscuro y el cual si no tiene buen autocontrol de tu cuerpo y ser, de no ser así puedes llegar a perder más de lo que este límite pide -dice con tanta seriedad que llegó a sentir miedo al verlo y notar como una luz violeta aparece arriba de la azul.

- ¿Como un tipo de sacrificio? -pregunto nerviosa.

- Si -dice seco- Es algo así como un Alama por un alma -añade serio y creo llegar a notar algo de tristeza en su tono de voz. Un silencio incomodo no tarda en aparecer, llegó a sentir que la tensión en el aire está muy pesado, tanto que cuando el vuelve a hablarme me asusta.

- Pero así como hay oscuridad también hay luz, es ahí donde entra el último límite, el cual es "Dione", es llamado así por el significado de la vida, los magos que logran este límite pueden incluso sanar las enfermedades mortales -añade con una sonrisa de lado y una luz blanca brilla en la altura de la cabeza, justo a la punta de la cabeza del muñeco.

- Como dije antes, tu lograste alcanzar el Sia, pero al parecer tu poder es mayor que ese, incluso mayor que el Chaac, Pero para saberlo con exactitud debes de aprender a controlarte y yo te ayudaré en ello -dice con tranquilidad, mirándome a los ojos y mostrándome una linda sonrisa que me contagia.

Mi poder es más poderoso.

Nunca creí que llegaría a escuchar algo así, pero así como el poder es más grande también aumenta la responsabilidad. No quiero volver a sentirme como esta tarde, que perdí el control y casi provocó que la casa estalle. Debo de aprender a controlar mis sentimientos y espero que sí en algún momento llegó a encontrar mi límite, cuando lo logré encuentre paz y tranquilidad.

Que pueda ser feliz y seguir adelante a pesar de las adversidades. Se que será duro, pero después de la tempestad, siempre llegará la calma.

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