CAPITULO 7. MARÍA

¿Como puedo explicar lo que siento ahora? no lo sé, o simplemente no me estoy haciendo la pregunta correcta, tal vez sería ¿Como es que todo esto comenzó? ¿Fue con la carta? ¿La visita de la señora Magda? o tal vez, desde mucho antes.

No sé dónde estoy, es más, no llego a sentir que estoy respirando. Siento mi cuerpo flotar, como si estuviera nadando en el abismo. No veo nada, todo es oscuro, ni siquiera se si mis ojos están abiertos o cerrados. Quiero moverme, quiero hacer algo que no sea solo quedarme aquí y ver cómo poco a poco me voy muriendo.

«María»

Ahí va de nuevo.

« María »

¿Cuántas veces van ya? He escuchado esa voz desde hace un buen rato llamándome, han sido diez, tal vez quince. No lo sé, perdí la cuenta después de la octava llamada.

« María »

Otra vez.

, ¿Quién eres? ¿Porque me llamas? ¿Que quieres de mí?

« María »

Un momento, esa voz la conozco. Ya no es la misma. Esa voz.

«María»

Vuelve a llamarme, pero ahora canturreando.

— Mamá -la llamo. Escuchando por primera vez en mucho tiempo mi voz.

— Mary -vuelvo a escucharla, ahora con más claridad. Una luz a la lejanía llegó a notar, girando mi cuerpo a su dirección. Quiero moverme, y como si el espacio que me rodea escuchara mis pensamientos siento mis pies chocar con algo sólido.

El sonido que hace el agua cuando una gota de esta cae sobre el vital líquido se escucha. Observó mis pies, los cuales siguen usando los tennis, llevo la misma ropa, y unas hondas de agua comienzan a rodearme.

Aquella luz es muy tenue, pero cálida. Como si fuera un imán me hace sentir atracción hacia ella. Comienzo a acercarme a ella, escuchando mis pisadas chocar con el tipo de líquido que hay debajo de mí.

Cada vez que me acerco a aquella luz siento como un fuego comienza a cubrir mi cuerpo, dándome calidez y energía. Finalmente cuando llego a estar más cerca de aquello, me doy cuenta que es una tipo de llama de color blanco.

Extiendo mi mano hacia ella, curiosa sobre lo que sea que es, pero cuando lo hago unas imágenes aparecen en mi mente, como si de una tira de película se tratara.

Veo a una mujer vestida con un vestido grueso y un saco de piel. La nieve comienza a caer con más intensidad, dándole una tipo de apariencia de terror al bosque por donde camina. Camina con gran velocidad, lanzando miradas por sobre su hombro con nerviosismo, tal vez con miedo.

Pero cuando se detiene y está por voltearse la imagen cambia, no visualizo su rostro, pero si el collar que cuelga de su pecho.

— Tienes que irte -dice quitándose aquel collar y dandomelo en la mano— Nadie debe de saber que me viste -añade. Veo borroso su rostro, pero logró diferenciar el mismo tono de piel y cabello que aquella mujer que se me apareció antes.

— Pero sobre todo -agrego sujetando con fuerza mi mano— Nunca confíes en Antonio -añade y siento como una fuerza me toma de la espalda, Jalandome con fuerza hacia tras y viendo como la silueta de aquella mujer se va haciendo cada vez más lejana. La luz que me rodea deja de ser blanca, para después convertirse en una color anaranjada.

Abro un poco los ojos, en una ligera línea, encontrando como alguien quiere tocar mi cuerpo y por instinto tomo con fuerza su mano, levantándome con brusquedad de donde sea que estoy acostada.

La chica se asusta al ver mi reacción, aunque no sé si es por la fuerza en la que sostengo su brazo o si mis ojos se han tornado de un color distinto.

Mi vista poco a poco se va aclarando, logrando visualizar mejor su silueta y rostro. Es algo menor que yo, su cabello es rizado rubio, sus ojos son grandes de color azul, tan claros que incluso la luz de unas velas se reflejan en ella.

— Tranquila -dice tragando saliva y levantando su mano izquierda, mostrando su palma en señal de rendición.

Giro mi vista a su brazo, el cual aún sigo sosteniendo y en dónde su mano sujeta un pequeño trapo blanco empapado de agua.

La suelto con brusquedad, observando asustada todo mi alrededor. Es una habitación grande, casi podría decir que es del mismo tamaño que una sala de urgencias, hay camillas por donde sea, un candelabro de piedras en forma de diamante cuelga del techo, es cual tiene forma de capilla y esta hecho de vidrio grueso que que tiene unos dibujos de diferentes tamaños y colores.

Bajo la vista a mi alrededor una vez más, encontrando unas plantas enormes con unas lianas rodean la camilla donde estoy sentada.

Me observo, notando que no tengo la misma ropa que usaba, ahora traigo un tipo de suéter gris que me queda enorme y un pans color negro.

Hago a un lado la manta que me cubre y vuelvo a observar a la chica.

— ¿Donde estoy? -comienzo a preguntar— ¿Donde esta Juan? -digo pasando mi mano por mi pecho, no siento el collar colgando de él y vuelvo a mirar a la joven, quién está apunto de hablar pero la interrumpo de nuevo— ¿Donde esta mi collar? -pregunto asustada. La chica comienza a ponerse más pálida, abre su boca de nuevo para hablar pero una voz la interrumpe.

— Me alegra que ya hayas despertado -una voz masculina se escucha desde una puerta en forma de arco. Un hombre de mediana edad entra, acompañado de una mujer más joven que él. Lleva usando un saco idéntico al que usaba Juan cuando lo conocí, pero a diferencia de él esté de lado derecho de su pecho tiene un escudo con una rosa y una mujer dibujado y debajo una medalla en forma de estrella con siente picos y en medio una piedra azul lo adorna. Mientras que la mujer usa un traje de color beige, quién también en su disco lleva grabado del mismo lado aquel escudo y dije, solo que a diferencia, lo que lo rodea no es una estrella, si no una tipo de llama.

— Beatriz, puedes retirarte -habla la mujer, su voz es baja pero firme, como la de una madre de iglesia— Tus cuidados se agradecen -añade ahora mirándome.

La chica solo asiente, dejando aquel trapo en un tazón con agua y tomándolo para llevárselo cabizbaja.

La chica sale, cerrando la puerta y dejándome a solas con estas dos personas que desconozco.

Quiero levantarme o por lo menos acomodarme para sentarme en la orilla de la camilla, pero en cuanto lo hago siento un pinchazo en la parte baja de lado derecho de mi espalda.

— ¡Argh! -me quejo apretando los dientes por el dolor.

— No puedes levantarte aún con tanta rapidez -me dice la mujer, acercándose a mí para acariciar mi espalda. Levantó mi vista a ella, sus ojos color verdes me hacen sentir hipnotizada, tanto que no sé si está usando un tipo de magia en mí como lo hacía Juan.

— ¿Que...? -trato de preguntar de qué está hablando, pero una tipo de pulsación vuelve a aparecer en aquella zona. Me alejo lentamente de aquella dama, levantando la sudadera para verme aquella parte. Siento mi corazón palpitar con más rapidez que antes, lo que veo me hace querer vomitar o incluso desmayarme.

Unas ventas rodean todo mi dorso, cubriendo perfectamente aquella zona, pero aunque esta "bien sanada", una venas de color violeta y negras se llegan a ver se una esquina a otra de mi espalda, como si en esta dibujarán un tatuaje o que mis venas se hayan reventado y dejarán su cicatriz en mi piel.

— ¿Que es esto? -pregunto asustada— ¿Que me hicieron? -pregunto ahora alterada. Mirándolos a los dos, quienes solo me observan con lástima y pena.

Ambos se lanzan una ligera mirada de tristeza y aunque los observó de nuevo a ambos, ninguno habla.

— Hace tres días que apareciste aquí -comienza a contar el hombre— Estaba en mi oficina con Zhara -añade señalando a la mujer que tengo delante de mí, quién al volver a hecharle un vistazo me sonríe con tranquilidad. Vuelvo a poner atencion en aquel hombre, en espera de que me diga por lo menos su nombre, pero solo continúa— Cuando caíste del techo toda empapada, creímos que alguien te hizo una broma o algo por el estilo, pero no fue así -hace una ligera pause, poniendo rígidos sus hombros— Al parecer creaste un tipo de portal desde donde vienes y cuando llegaste aquí... -se queda callado.

— ¿Cuando llegue aquí, qué pasó? -pregunto ansiosa, esperando a que me conteste.

— Cuando apareciste en la oficina, ya venías con una costilla fracturada, tu tobillo lastimado y con una cortada en tu espalda -añade la mujer, captando mi atención y ahora centrándola en ella. Observó mi cuerpo, pero solo encuentro mi brazo izquierdo vendado al igual que mi tobillo.

— ¿Si lo tenía fracturado porqué lo puedo mover? -pregunto haciendo movimientos con mi tobillo y también con mi brazo.

— Tal vez de donde vienes tus heridas no saben tan rápido -comienza a hablar de nuevo la mujer— Pero aquí, gracias al poder mágico que hay en el mundo, nuestras heridas sanan muy rápido, apesar de que sean de mayor peligro como las tuyas, lo máximo que tardan en curar es en 4 días, además de que usamos lianas medicinales para curar con más rapidez y evitar que las heridas se infecten -añade lanzándole un vistazo a aquellas lianas que antes me rodeaban.

Vuelvo a mirarlos, desconfiada sobre lo que me están contando, pero no puedo no creerles. Hace días estaba trabajando en mi farmacia y ahora estoy en no sé dónde gracias a Juan.

— Me dijeron que hace tres días llegue aquí -comento y ambos asienten— ¿Significa que este es el mundo mágico? y si es así, ¿Conocen a Juan Pablo? -comienzo a preguntar sin despegar mi vista de sus ojos.

Una ligera sonrisa tierna se dibuja en el rostro de la mujer y aunque mira de reojo a su acompañante la puerta no tarda en abrirse.

Dejando a entrar a ese hombre idiota que me ha metido en todo este rollo. Usa una playera blanca y un pantalón negro con unos tenis deportivos. Su frente y cuello estan sudorosos, y su pecho sube y baja con rapidez, dándome a entender que ha corrido hasta aquí.

Mis ojos se abren al par en cuanto lo veo entrar.

— Juan -susurro su nombre y antes de que le pregunte algo, él se acerca a mí con velocidad y me abraza.

— Mierda, no sabes lo preocupado que estaba por ti -me dice cerca. volviendo a transmitir su calidez a mi cuerpo como aquella vez que perdi el control. Quiero abrazarlo, pero en cuanto quiero levantar mi brazo un dolor recorre todo mi cuerpo. Siento dolor en el tobillo, brazo y dorso más que antes, incluso una punzada en mi cuello.

Me quejo al sentir como me abraza con fuerza.

— Auch -me quejo y con rapidez él se aleja de mí.

— ¿Estás bien? ¿Que te duele? ¿Te sientes mareada? ¿Cuántos dedos ves? -me pregunta con rapidez y preocupación, poniendo delante de mí tres dedos de su mano. Sonrió al verlo así de alterado, pero de nuevo siento otra punzada en mi cuello. Me paso la mano por este hasta llegar a mi nuca y sintiendo que de esta sale un líquido.

Me asusto al sentir lo que sea que sale de mi cabeza en esa zona y cuando miro mi mano los dedos de esta están empañados de sangre.

Noto por el rabillo de mi ojo como la mujer de antes se acerca a mí con rapidez y preocupación.

— ¿Que es esto? -pregunto asustada. Ella solo aparta mi cabello de aquella zona. No sé cómo reacciona, pero si puedo sentir como de nuevo el miedo me recorre.

— Al parecer la herida de tu dorso se expandió por tu columna hasta llegar a tu cuello -dice sería. Sujetado mi cabello con una pinza y acercando una tipo de carrito con vendas, pinzas y ungüentos. Al igual que están rodeadas de lianas pero estas de un tono morado.

— ¿Que? -pregunto asustada, mirando a Juan quién también mira a la mujer con el ceño fruncido.

— ¿Eso que significa, Zhara? -pregunto asustado Juan, sin dejar de observarme.

Puedo escuchar como la mujer chasquea con su lengua y del carrito toma unas pinzas y gasas.

Antes de acercarse a mí, me mira y toma de mis hombros para que levante la vista de mis manos a sus ojos.

— Seré directa -dice sería pero con tranquilidad— Alguien inyectó en ti un tipo de veneno que si no lo saco pronto comenzará a dirigirse hasta tu corazón o por lo que veo tu cerebro -añade con preocupación. Abro mis ojos al escucharla decir aquello y como instinto vuelvo a mirar a Juan.

— Ahora voy a necesitar que ambos la sujeten de los brazos y piernas -comienza a decir y el hombre de antes se acerca a donde estoy, quitándose su saco y remangando las mangas de su camisa de vestir blanca. Juan se queda inmóvil, no se mueve. Es como si estuviera en shock por lo que acaba de escuchar.

— ¿Qué haces ahí parado, Juan? -le pregunta molesta la mujer, tomando una pinza y mojando la de lo que parece ser alcohol.

— Esto es serio -dice entre dientes el hombre. Puedo casi imaginarme su rostro al ver la herida en mi nuca y cuello. Juan al fin reacciona al escuchar la ronca voz de aquel hombre, tambaleándose un poco para después acercarse a mí.

La mujer me rodea y Juan y aquel Caballero se acercan a mis brazos para sujetarlos con fuerza.

— ¿Es necesario que hagan esto? -pregunto nerviosa.

— Créeme, María. Después me lo agradecerás -dice la mujer y antes de que pueda preguntar cómo es que sabe mi nombre siento como algo me corta aquella zona y estira de ahí.

— ¡AH! -grito de dolor. Ahora entiendo el porqué de que me sujeten los brazos, estos han empezado a temblar con fuerza al igual que mis piernas. Cada vez siento más dolor, como si fuera un tipo de cera que me han pegado y ahora es complicado de quitar.

Siento de nuevo esa brisa, esa misma brisa que me hace sentir más nerviosa de lo normal. Las palmas de mis manos no tardan en comenzar a iluminar con aquella luz blanca que tanto me asusta, puedo llegar a sentir como algo rodea mi cuello y como si mis venas comenzar a ser reventadas y se marcarán en mi piel hasta llegar a mi rostro. Miro el techo una vez más y como si algo me dijera que abra la boca lo hago y de esta una tipo de masa negra con rojo sale poco a poco, flotando en el aire. Cuando siento que al fin lo he sacado todo dejó caer mis hombros y brazos, pero cuando lo hago unas ganas de vomitar me vuelven a dar.

— Rápido, acerquenle el bote -dice la mujer y con un chasquido Juan acerca un bote y comienzo a sacar de mi interior un líquido azul.

Cuando terminó de sacar todo noto como Zhara con unos movimientos de brazos encierra aquella masa en un tipo de jarro color verde y cuando está dentro lo cierra con un tapón de corcho y a su alrededor lo cubren unas hojas de titanio.

Vuelvo a mirar a Juan, quién está a mi lado. Una sonrisa tranquilizadora se dibuja en su rostro y por cansancio dejó caer cabezo en su hombro, sintiendo como acaricia mi cabeza y me repite el todo está bien que se ha vuelto costumbre entre nosotros dos.

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— Ya está listo -me dice Zhara, terminando de vendar mi cuello. Los estiró un poco, sintiendo incomodidad al tener algo en este, acariciando con las yemas de mi mano derecha mi pecho y la gruesa tela de la venda.

— Lo sentirás incómodo por unos días, pero pronto sanará la herida. -comienza a decir terminando de guardar el algodón, alcohol, y otros artefactos en una pequeña caja azul de metal.

— ¿Por cuanto tiempo...? -no termino en componer la pregunta al sentir rasposa y dañada mi garganta.

— Cuatro días, también sentiras débil tu garganta y cuerdas vocales, pero para la tarde de mañana debe de estar sanada. Toma -añade dándome un pequeño frasco transparente con un líquido verdoso, el cual está tapado con un gotero negro.

— Es una medicina hecha con hierbas, son más efectivas -agrego cuando tomo el fresco con mi mano izquierda, sin dejar de mirar aquel frasco. El cual al tenerlo en mis manos lo siento demasiado ligero para su contenido.

— Son dos gotas por la noche y una por la mañana, lo deberás tomar por una semana como mínimo y dependiendo de cómo progresas te avisaré si dejas de tomarlo o no -añade ahora mirando a Juan, quién no se ha ido ni alejado de mí. Él asiente al escuchar aquello con una sonrisa amarga en su rostro.

— Creíamos que estabas bien, pero por lo que ocurrió lo que necesitas ahora es descansar -comienza a hablar aquel hombre mientras termina de ponerse su saco.

Miro a Juanpa en espera de que me diga que hacer o que está pasando, pero solo me desvía la mirada y la centra en Zhara.

— Yo la cuidare a partir de ahora -le dice y ella solo asiente, dejando de nuevo las cosas en el carrito y moviéndolo a un lado para que quede más cerca de la cama.

— Cualquier cosa, aquí está lo necesario para la salud de María, Juan. Tú ya sabes cuál es el procedimiento -le dice Zhara mientras se enjuaga sus manos en un tazón con agua y una toalla.

Él solo asiente y ella termina de secarse sus manos.

— Cualquier cosa, no dudes en buscar a Zhara o a mí, mi oficina está abierta siempre que necesites algo urgente -añade el hombre y con una sonrisa hace una leve reverencia y con una mirada hace que Zhara abra la puerta del lugar y se quede en el marco de esta.

— Está bien -le digo bajando la mirada. Sin decir más sale del lugar en compañía de aquella mujer y la puerta se cierra cuando los dos salen.

Me quedo en silencio, observando mis manos que descansan en mi regazo. ¿Que me está pasando? ¿Todo lo que ocurrió es real? No, María. Si no fuera real este dolor en mi cuello y dorso no me estaría matando.

¡Dios! ¿En que me he metido?

Papá, mamá, ¿Que tanto me ocultaron para que ahora me sienta tan sofocada y ansiosa?

Siento como el lado derecho de donde estoy sentada en la camilla se aplasta y una mano rodea las mías. Levantó la mirada para encontrarme con los ojos de Juan, los cuales me muestran cierto sentimiento de ternura y cariño. Dibujo una leve sonrisa en mi rostro y apoyo mi cabeza en su hombro, sintiendo de nuevo su mano acariciar mi cabeza sin dejar de soltarme.

— Todo estará bien -me dice y un nudo en la garganta se me crea. Aprieto con más fuerza su mano y acurrucó mi rostro en su pecho.

— Lo se -le digo en un intento de sonar sería, pero al final terminó en llanto.

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