CAPITULO 6. NO MIRES ATRAS

Siento los músculos de mis piernas tiesos, tanto que llegó a creer que van a explotar en cualquier momento. Las gotas de sudor se deslizan por mi espalda, en un intento de hacerme sentir fresca, sin embargo la adrenalina y el ardiente sol que tenemos arriba hace que esa frescura no me ayude mucho.

He estado entrenando con Juan por días y horas, 2 horas de meditación, otras 2 de entrenamiento físico y una hora y media en entrenamiento mental.

Afortunadamente no he vuelto a "explorar" como hace días, y aunque Juanpa me felicita por ello aún tengo miedo de perder el control y volver a hacer aquello y que cuando eso suceda le haga daño a alguien.

La madera del bastón que hay en mis manos me ha provocado algunas ampollas en mis palmas, al igual que moretones en mis piernas y abdomen. Pero no me quejo si esto es necesario para que pueda controlarme.

— Ah -grito saltando a un lado, esquivando un golpe de su parte, sujetando con fuerza el bastón en mis manos y comenzando a atacarlo. Como era de esperarse no logro golpearlo.

— Deja de pensar mucho,que hace que me duela la cabeza -se queja agachándose para esquivar mi ataque y quedando debajo de mi, sus piernas han quedado dobladas, listas para salir disparado en cualquier momento a la acción.

Cuando lo hace me hecho hacia atrás y sujeto el bastón para tirarlo como si fuera una lanza. Juan se hace a un lado, logrando esquivar el golpe y que este termine incrustado en el pasto.

Comienzo a acercarme a su cuerpo, esquivando sus movimientos con su bastón mientras trato de pelear a golpe limpio.

Le tiró un puñetazo en dirección a su rostro, pero él de hace para atrás, logrando que baje el bastón y con ello si defensa. Me agachó y con rapidez y una elasticidad que desconocía tener apoyo mis manos en el pasto apoyando mi cuerpo en esta y lanzándole una patada en el rostro.

Siento como llegó a tocar algo, cuando me incorporo noto que en el rostro de Juan se a dibujado un pequeño rasguño y a su alrededor un leve tono violeta se comienza a dibujar.

Una sonrisa aparece en mi rostro, contenta por lo que he hecho, pero segura de que me vendrá otra paliza por lograr aquello.

Algo que he aprendido de Juan es que nunca se da por vencido y si alguien llega a hacerle daño, ya sea a él o alguien que conozca una fiera despierta en su interior.

— No sonrías aún, María -dice mi nombre con un extraño tono dulce, que hace que sienta por un segundo miedo en todo mi cuerpo.

— Y tu deja de leer mi mente -añado, con mi postura de ataque. Juan comienza a mover su bastón hacia mí, pero como era de esperarse he esquivado cada ataque que hace, una vez más esa voz de alerta me dice a gritos de donde viene el siguiente movimiento y los esquivo con tanta facilidad que llegó a creer que en vez de pelear estoy bailando.

Esquivo sus golpes, sosteniendo de vez en cuento su puño y bastón con mis manos, lo hago con gracia y sencillez. Noto como baja su guardia.

Lo hace cada vez que lanza el bastón. Es para tomar fuerza para atacar con el puño.

Leeo sus ataques como si fueran una página de algún libro de cocina, grabando cada movimiento que hace en mi mente para después atacar.

Empujó su puño a un lado y con una patada giratoria le arrebató el bastón, el cual cae a tres metros de él y de mí.

Juan mira asombrado el como si arma ha caído al suelo y se aleja de mí, elevando sus palmas de manos y subiéndolas hasta la parte trasera de su cabeza.

— Me rindo -dice con una amarga sonrisa. Me quedo en mi postura de ataque aún, esperando a que él me vuelva a golpear, pero no es así. Al parecer he ganado.

Bajo mis brazos despacio, sintiendo como sus ojos observando cada acto que hago, cada movimiento que mi cuerpo hace. Finalmente dejó caer mis hombros y manos, Juan baja las suyas y marca más su sonrisa.

— Has mejorado mucho, María -añade limpiando sus manos en su ropa.

Solo sonrió, acercándome hacia dónde está mi bastón y tomándolo con rapidez.

— Tengo un buen instructor -digo y de nuevo esa alerta en mi interior aparece y me giro con rapidez, encontrándome con Juan que ha querido atacarme por la espalda.

— Nada mal -dice al sentir como mi bastón queda cerca de su garganta y con una de mis manos sujeto el suyo que señala mi vientre.

Vuelvo a sonreír y ambos nos alejamos el uno del otro.

Apartó un mechón molesto de mi cabello de mi rostro y limpio unas ligeras gotas de sudor que de mi frente escurren.

— Juan -lo llamo al verlo como se sacude su cabello y con un paliacate se seca el sudor de su cuello.

No tarda en mirarme al escuchar su nombre, me apoyo en mi bastón como tantas veces lo e hecho antes.

— Mandé -dice poniendo toda su atención en mí.

— Antes me contaste sobre los límites que un mago tiene, pero -hago una pausa— ¿Existe algo además de eso que los caracterice? -pregunto encogiéndome de hombros.

Juan apoya sus muñecas juntas en su bastón y me mira dudoso al escuchar aquello.

— ¿Como? -pregunta.

— Me refiero si tienen un elemento o algo que los caracterice. -añado dejando de apoyarme en el bastón— Así como los cuatro elementos, agua, tierra, fuego, aire. -comienzo a contar y el solo asiente.

— Ya -dice dejando a un lado su bastón.— En realidad no, claro que existen magos que usan alguno de esos elementos como la fuente de su poder, sin embargo -recalca— La magia se extiende a algo más que eso. El decirle a los del mundo mágico que deben de usar solo un elemento es como darles un solo límite, es por eso que se crearon las leyes de los límites que antes te conté -dice comenzando a caminar hacia la casa, dejando su bastón descansar en la pared que está a un lado de la puerta.

— Y si -digo nerviosa. Juan se gira, regresando a donde yo estoy. Al parecer aún no quería entrar— Y si en algún momento, algún mago llega a usar todos esos límites a la vez, ¿Que pasaría? -pregunto sería, tratando de no mirarme con miedo a lo que estoy preguntando.

Juan arruga su entrecejo al escuchar aquella pregunta y aunque espero a que se ría de mí no lo hace, solo se acerca más a mi cuerpo y sujeta con fuerza mis hombros.

— Si eso llega a pasar -comienza a decir— El mago morirá -dice tan serio, tan calmado. Como si lo que estuviera contando fuera lo más normal del mundo.

Siento como toda mi sangre se baja hasta mis pies y no vuelve a subir.

Un mago que llega a hacer eso, ¿morirá?

— ¿Que? -digo atónita. Juan deja de sujetar mis hombros y se aleja un poco de mí.

— Es demasiado poder para un mago, o usa el poder de un límite, o no usa nada -dice — Es como una bombilla, este se enciende dependiendo de cuánta energía le des y cuanta pueda soportar, cuando la energía se hace mayor -junta sus manos y con un sonido de su boca las separa, imitando un tipo de explosión.

— Es demasiado -añado.

— Exacto -contesta. Me quedo pensativa por unos instantes, analizando lo que me acaba de decir.

Entonces si yo llego a usar mi poder, debo de controlarlo más de lo que se debe para nunca usar los 7 límites, si fuese así no solo mataría a los que me importan, sinó también a mí.

Una brisa helada comienza a acariciar mi espalda. La mirada de preocupación no tarda en aparecer en el rostro de Juan y antes de que me pregunté yo levantó las manos.

— No soy yo -digo negando con la cabeza.

Unos truenos fuertes comienzan a escucharse, iguales a cuando conocí a Juan. Un nudo en el estómago se me forma al notar como unas enormes y pesadas nubes grises y oscuras comienzan a rodear todo el cielo.

Relámpagos iluminan las nubes, mostrando un hermoso y tenebroso paisaje para mí. El aire comienza a hacerse cada vez más fuerte, más frío y más peligroso. Alguna ropa de unos tendederos de los vecinos comienzan a moverse de un lado a otro, con tanta brusquedad que creo imaginar el que en cualquier momento salgan disparados.

— Debemos entrar -me dice tomándome de la mano, observando las nubes y el bosque que queda detrás de mí.— Esto no me gusta nada -añade comenzando a jalarme a la casa. No protesto, corremos a adentrarnos a mi hogar para no salir lastimados o mojados por el cambio tan repentino del clima.

— Que extraño -digo mirando por la ventana de la cocina.— Los del clima nunca dijeron algo sobre que iba a llover o algo parecido -añado bajando la cortina y cerrando la ventana para que no entre el agua.

Juan observa también desde la ventana de la sala e imita mi acción. Un relámpago enorme ilumina todo el patio, llegó a notar por la ventana de la cocina como ha caído al otro extremo del bosque y un ruido fuerte no tarda en aparecer y consigo un ligero temblor que hace que los vaso que tengo en la alacena y los utensilios vibren.

— Había escuchado de los cambios repentinos del mundo humano -comienza a contar Juan acercándose a donde yo estoy— Pero nunca creí que fueran así de bipolares -añade en burla, logrando que una sonrisa en mi rostro se dibuje. Otro trueno vuelve a escucharse, ahora con más potencia y fuerza, pues el temblor incremento un poco. Incluso una taza de la alacena se a tambaleando y caído al suelo, rompiéndose completamente.

Ambos hemos volteado a mirar como los pedazos de cerámica se desbalan por todos lados.

— Iré por el recogedor y la escoba -digo, apunto de ir por ellos y justo en ese instante, el foco que ilumina el pasillo comienza a apagarse y prenderse con rapidez hasta que un tronido se escucha y consigo un apagón.

Me giro con Juan sorprendida de lo que acaba de pasar.

— Yo voy por el recogedor y escoba, ve y busca velas -me dice mientras tira los grandes fragmentos de la taza a la basura.

Asiento y comienzo a subir las escaleras con cuidado, busco en mis cajones y los de mi padre las velas y algo en donde apoyarlas.

Unas gotas gruesas de agua comienzan a chocar con las ventanas, asustandome al escucharlas y en seguida escucho como una puerta de ha abierto con fuerza.

Me incorporo, dejando las velas a un lado y mirando el pasillo que da a las escaleras.

— ¡Juan! -le llamo, pero no logro escuchar nada. Tranquila María, tal vez es solo una puerta de las habitaciones que se abrió por el aire que hace, tal vez dejé una ventana abierta o hay un escape de aire en alguna parte de la casa.

Trato de controlarme, no alterar mis sentimientos y tomo las velas con fuerza y comienzo a bajar.

Mis pasos retumban por la casa, haciéndome dudar si estoy sola en casa.

— Juan -lo llamo más calmada. Él siguen en la cocina, dándome la espalda y llegó a creer que sigue limpiando el desastre de hace rato.— He encontrado las velas, solo falta un encendedor o cerrillos— Añado. Pero cuando me mira por sobre su hombro sus ojos han cambiado de color, ahora no son los mismos, ahora son de un tono verdoso fósforo y con una de sus manos me lanza un tipo de fuego del mismo color.

«Hazte a un lado»

Escucho su voz en mi cabeza y como si fuera un títere, me muevo con rapidez a un lado, logrando ver cómo aquella llama cae en alguien que está detrás de mí.

No logro pisar bien y tropiezo, dejando caer todo mi cuerpo en mi otra pierna y terminando de lado en el suelo.

La llama no tarda en encender una enorme capa que cubre el cuerpo de aquella persona y en segundos está se va destruyendo. Unos zapatos de vestir en pico de hombre se ven debajo de esta y aquella persona se quita la capa, tirandola a un lado, justo a lado de una planta que decoraba la entrada, la cual comienza a arder en el fuego que yo conozco.

Me levanto con rapidez al verlo acercarse a donde yo estoy, un rayo ilumina el lugar, su luz atraviesa las cortinas e ilumina su rostro. Siento mi sangre palpitar con fuerza al ver aquella cicatriz que abarca gran parte de su cara, unas arrugas y ampollas decoran su lado izquierdo. Ese rostro que me hizo despertar hace días gritando de miedo y dolor ahora está delante de mí, a tan solo dos metros de distancia y acercándose.

— Maria -me llama Juan y con rapidez me acerco a él, pero no logro llegar a donde está. Siento como una fuerza sobre natural golpea mi espalda y comienzo a sentir como mis piernas comienzan a elevarse, noto como lo que está debajo de mí se va disminuyendo, haciéndome creer que estoy volando.

No tardó en sentir como mi cuerpo se golpea con fuerza contra un estante de la cocina y me hace rebotar hasta caer en algo de madera. Siento mi cuerpo herido, como si mis huesos se hubieran aplastado y mis venas se comenzarán a secar.

He caído boca arriba y siento como la mesa que estaba en la cocina ahora está rota a la mitad, quedando en medio de esta como si fuera un tipo de costal.

Unas lágrimas no tardan en salir de mis ojos, deslizándose por mis sienes hasta tocar mis orejas. Quiero gritar de dolor, pero en cuento lo hago sangre comienza a salir por mi boca.

Una extraña energía me comienza a recorrer el cuerpo, a lo lejos llegó a escuchar a Juan y aquel hombre peleando, el sonido que hace su magia es muy diferente a como he visto o escuchado en películas o series de televisión.

Es como un tiempo de zumbido, algo similar a como se escucha el viento cuando está por cambiar el clima.

Pero su energía es la que me pone los pelos de punta.

Una fuerza que desconozco comienza a rodear mi cuerpo, sintiendo como mis músculos, huesos y sangre comienzan a calentarse.

« Levántate »

De nuevo la voz de Juan suena en mi cabeza, pero ahora suena diferente. Es como si me estuviera diciendo entre todo el caos que hay que no me rinda.

Con una fuerza que desconozco de donde provenga me levanto del suelo. Viendo como ellos dos comienzan a luchar cuerpo a cuerpo. Me apoyo de la barra que tengo detras y me presiono el vientre, sintiendo un dolor insoportable debajo de mi costilla izquierda.

Observo como aquel hombre junta su puño derecho con la palma de su mano izquierda y una luz violeta sale de esta, sacando de su palma, un tipo de cuerda que cuando la agita esta se pobe rigida como un baston.

Texcalt

Ese nombre aparece en mi mente con tan solo ver a aquel hombre. De nuevo siento como mi cuerpo se paraliza al verlo, mi corazon comienza a acelerar demasiado rapido y una vez mas siento como me comienza a faltar el aire.

Juan sale disparado hacia donde estoy, aquel hombre lo ha holpeado con tanta fuerza que me preocupa que este herido.

— ¡Juan! -grito asustada al verlo a un metro de mi en el suelo. Juan no se queja, solo se levanta y pasa su mano por la boca. No se porque lo hace, pero cuando la baja noto que em su palma hay una mancha de sangre.

— Maria -me llama y siento mi rostro palidecer. Él me mira sobre su hombro, como muchas veces lo ha hecho, y de su brazo un collar con un dije cuelga.

Lo observó curiosa, su cadena de un tono plateado y el dije con una piedra grande color Violeta. Otro destello de luz ilumina el lugar y puedo notar mejor que se trata del collar que colgaba de aquella muñeca que estaba en la vitrina.

«Tomalo»

Vuelvo a oírlo. No dudo y con rapidez lo tomo, sujetando el collar con fruera sobre mis manos y sintiendo una extraña energía emanando de el.

«Cuando te de la señal» —Comienza a decir— «Corres sin mirar atrás» -añade dejando de mirarme por sobre su hombro.

Aquel hombre se comienza a levantar del suelo, sus movimientos son lentos y precisos, podría decir que todo lo que hace está perfectamente planeado.

Una risa ronca comienza a escucharse cada vez que se incorpora. Está de espaldas, pero noto por el reflejo de un espejo que cuelga de la sala que se limpia la boca, de la cual comienza a salir una gruesa línea de sangre.

Gira su rostro hacia la chimenea y luego al techo, aún carcajeando y cada vez más fuerte.

— Vaya, vaya -dice girándose y limpiando su mano en su ropa. Sus ojos se han cerrado, pero justo cuando se gira completamente hacia nuestra dirección los abre.

Un destello morado comienza a rodear sus iris, tomando un color violeta floreciente que hace vuelva a sentir el miedo apoderarse de mi cuerpo una vez más.

— Tenías que ser su alumno -añade con un tono de burla y enfado. Como si lo que estuviera diciendo lo quemará por dentro. Miro una vez más a Juan, quién aprieta con fuerza su mandíbula al escuchar aquello. Una llama sale de su mano izquierda, rodeando todo su brazo y formando con esta una tipo de armadura plateada con decorados verdes y una llama comienza a bajar por su mano, creando un bastón con los mismos colores pero en una de los extremos una puntiaguda punta de color negro con blanco y con unos cordones de colores y dijes cuelgan.

Juan lo gira sobre sus manos hasta quedar en una postura donde sus piernas quedan separadas y en sentadilla y sus manos sujetando de ambos extremos el bastón, señalando la punta de su arma a dirección de su enemigo.

— Corre -dice y sin pensarlo dos veces sujeto con fuerza el collar que me dio y salgo huyendo del lugar, en dirección directa.

Corro con fuerza, sintiendo como los músculos de mis piernas comienzan a palpitar con fuerza. La lluvia cae a mares, mi ropa está toda mojada al igual que mi cabello. A pesar de que lo tengo sujeto en una coleta, lo mojado que está hace que los mechones de este me cubran el rostro y cuello.

Me adentro al bosque, brincando y esquivando las raíces y ramas de los árboles. Pasando por charcos de lodo y sintiendo mi corazón palpitar cada vez más y más rápido.

Un zumbido empiezo a escuchar. Es tan molesto que hace que me cubra los oídos y tome mi cabeza para dejar de escucharlo. Gritó de dolor terminando en el suelo y justo entonces un destello blanco se ilumina detrás de mí.

Giro mi cabeza para saber de qué se trata, visualizando un enorme relámpago que cae a dirección de mi casa y un fuego no tarda en aparecer. Una ráfaga de viento me golpea el rostro, trayendo consigo la lluvia y ramas de los árboles. A lo lejos llegó a visualizar como aquel hombre del que huyó salde de la casa a paso lento y tranquilo. Como un aristócrata.

Trato de levantarme de donde estoy, pero en cuanto lo hago mi pie pisa mal y resbala entre todo el lodo que se ha creado a mi alrededor.

— Chingada madre -maldigo volviendo a tratar de levantarme. Escucho de nuevo ese zumbido en mis oídos y cuando logró levantarme moro de reojo hacia atrás, notando que aquel hombre está cada vez más cerca de mí.

Vuelvo a correr, a pesar de sentir como mi tobillo derecho me arde y palpita.

Salto unas raíces de los árboles, mirando hacia atrás de ves en cuando, una rama me rasga el brazo mientras que otra mi mejilla. Escucho el mismo sonido que hacían Juan y aquel hombre y sin pensarlo agachó mi cabeza un poco, cubriendola con mis brazos. Como me imaginé una bola de color violeta choca con unas de las raices de un árbol que queda delante de mí, comenzando a quemar el árbol, pero se apaga por la lluvia que está cayendo. Otro sonido escucho similar, ahora cayendo a centímetros de distancia de mí, una finalmente me rosa. Logrando que pierda el equilibrio y tropiece sin mirar por donde voy.

Mi cuerpo comienza a caer al suelo, chocando con el lodo y pasto para después sentir como va bajando, como si estuviera deslizándome por una colina. Finalmente mi cuerpo se detiene, terminando boca bajo. Mis brazos, piernas, pies, vientre, espalda, todo duele. Trato de incorporarme, pero cuando lo hago ya no sujeto el collar que me había dado Juan antes.

Levantó mi vista, tratando de encontrarlo entre todo el lodo, pasto y ramas que hay a mi alrededor, pero no está.

El pánico comienza a recorrer mi cuerpo al no encontrarlo, pero cuando levantó mi vista noto como una luz morada brilla con tanta intensidad a cinco metros de mí. Me levanto con rapidez de donde estoy corro hacia aquella luz, pero cuando estoy por llegar otra bola del mismo color rosa mi rostro, terminando cayendo a medio metro de distancia de mí y comenzando a quemar a todo su alrededor con rapidez.

Escucho unas ramas ser aplastadas atras de mí. Me giro, encontrándome con aquel hombre más cerca de mí que antes. Por un segundo nuestros cuerpos quedan juntos, me alejo de él con miedo, pero también sintiendo miedo de parte del fuego que hay a mi alrededor.

Sus ojos han dejado de estar en un tono floreciente, ahora son de un color violeta oscuro. Siento mi espalda sudar por el fuego, pero mis piernas temblar por el pánico que me provoca el estar delante de él.

Su simple cicatriz hace que me sienta intimidada.

— Eleonor -dice serio, pero con un leve tono de alegría en su voz. Me siento nerviosa, ansiosa delante de él, además de dudosa por como me ha llamado.

— ¿Qué? -digo en un susurro, por lo que acaba de decir. Una sonrisa retorcida en su rostro se dibuja y antes de que se acerque levanto mis manos a su dirección.

Él se detiene en seco, sintiéndose amenazado por mi reacción. No si quiera se porque lo hago, aún no controlo mi poder como para usarlo a mí favor. Aún me pongo nerviosa con tan solo pensar en ello, pero no lo demuestro delante de él.

No tardó en sentir de nuevo mis manos arder como aquella vez y una leve luz blanca comienza a henmanar de mis palmas.

. María, controla.

Una carcajada se escucha de su parte, comienza a reírse tan fuerte que entre toda la lluvia logro escucharla. Se toma su vientre mirándome con burla y comenzando a aplaudir.

— Vaya niña, ¿En serio crees que con unas licesitas me intimidas? -pregunta con ironía. Aquella sonrisa de su rostro se borra y de nuevo sus ojos vuelven a brillar.

Siento como la respiración comienza a faltarme, como si unas manos cubrieran mi cuello y lo estrangularan hasta dejarme sin aliento, pero el no me ha tocado.

Siento como una fuerza desconocida comienza a elevar mi cuerpo, mis pies dejando de tocar el lodoroso suelo y siento cada vez menos oxígeno en mis pulmones.

Quiero gritar, pedir ayuda. Pero no puedo, la falta de aire no me deja hacerlo, ni siquiera el gemir de dolor.

Sus ojos me observan con rabia, arrugando su nariz y entrecejo mientras yo estoy en el aire sin poder respirar.

Tal vez este es mi final. Maldición.

El recuerdo de mi padre, de mi madre aparece en mi mente acompañado de Carlos, la señora Magda, Juanpa.

No, esto aquí no debe terminar. Esto aún no se termina, no puede terminarse aquí, no cuando le prometí que viviría feliz siempre.

No puedo rendirme, no puedo.

Unas lágrimas comienzan a deslizarse por mis mejillas, empapando más mi rostro. Cierro mis ojos para evitar llorar, pero cuando lo hago siento como una fuerza sorprendente me rodea.

«María»

De nuevo la voz de aquella mujer me llama.

Abro mis ojos con fuerza, dejando de sentir como las gotas de lluvia dejan de caer sobre mí y una energía comienza a salir de mí. Una ráfaga de viento sale disparada de mi cuerpo, logrando apagar el fuego que hay a mi alrededor y que aquel hombre deje de mirarme y salga disparado hasta terminar chocando con un árbol. Vuelvo a caer al suelo.

Ahora con más energía que antes. Levantó mi vista a aquel hombre, furiosa por lo que me ha hecho pasar, quiero golpearlo, torturarlo, pero una flecha con una fuego color anaranjado termina incrustado en la tierra. Justo en medio de aquel hombre y de mí.

Un chico algo mayor que yo se ve desde arriba de la colina. Sus ojos son de un color anaranjado y en sus manos sostiene un arco dorado, lleva usando una capa café, empapada por la lluvia. Sus ojos me observan y también observan a aquel hombre.

— ¿Que esperas? -Me grita. — No te había dicho que corrieras. -me dice y escucho como aquel hombre comienza a levantarse del suelo.

Vuelvo a mirar a la dirección de donde estaba aquel chico, pero ya no está.

Sin pensarlo corro al collar, tomándolo entre mis manos, observándolo y viviendo a sentir como la lluvia cae y vuelve a mojarme.

Decido colgarmelo en el cuello y comenzando a correr. La piedra comienza a vibrar en mi pecho, haciéndome sentir más y más energética que antes. Comienzo a correr en dirección recta, como si supiera a donde debo de ir, una luz abrazo lo lejos entre los árboles se ve, respiro tranquila.

Tal vez si llego ahí pueda conseguir ayuda o escapar a otro lugar, pero cuando finalmente llegó me doy cuenta del error que he comentido. Terminó en la orilla de un alcantilado. Unas rocas que he pataleando por la velocidad en la que iba se resbalan en este, terminado cayendo hasta chocar con una enorme corriente de agua que hay debajo de mí.

— ¡Eleonor! -escucho aquel hombre volviendo a llamarme de esa manera. , se está acercando. Debo de pensar rápido, debo de ser cuidadosa.

Finalmente el hombre sale del bosque, observando todo a su alrededor y luego a mí. Otra vez sonríe y se acerca a mí despacio.

— ¡Aléjate! -digo volviendo a elevar mis manos, intentando que de estas salga mi energía de nuevo, pero no lo logro. Vuelve a reír y hace un sonido extraño con la boca.

— Estás huyendo de la persona equivocada, Eleonor -vuelve a llamarme de esa manera.

— ¡Deja de llamarme así! -Le grito enfadada. Él se detiene en seco al escucharme hablar, sus ojos se abren al par— Me llamo María, no Eleonor -digo enfadada. El hombre ladea un poco su cabeza y con una sonrisa dice algo que me hace sentir más nerviosa.

— Pero si son las mismas al fin de cuentas -añade y da un brinco de donde está para acercarse a mi. Por instinto doy un paso hacia atrás, pero piso una piedra que está suelta por el lodo y termino resbalando y cayendo en aquel alacantilado. Observando como aquel hombre me observa desde la cima de la colina y gritando de nuevo aquel nombre que comienzo a odiar.

Todo pasa rápido a mi alrededor. Es como si estuviera cayendo en el mar, pero en este logro ver edificios, autos, bicicletas, todo a lo que estoy acostumbrada a ver y como poco a poco comienza a transformarse en otro entorno.

«Juan»

Digo su nombre en mi mente como si pudiera escucharme.

«Perdoname»

Digo, intentando cerrar los ojos. Pero cuando estoy por acerco siento como chocó con algo duro y como unas hojas gruesas y delgadas, con letras que no conozco vuelan a mi alrededor. Todo comienza volverse borroso, solo un tipo de faro enorme ilumina mi rostro y noto como una mujer algo mayor y un hombre de la misma edad que mi padre se acercan a mi. Mirándome con miedo y preocupación.

No logro descubrir que se dicen, poco a poco voy cerrando los ojos, sintiendo como mi cuerpo al fin descansa.

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