CAPITULO 9. BIENVENIDA

El olor a cafeína y pan recién horneado llega a mi nariz al apenas estar cerca del primer pasillo. Cuando entro en este noto como hay otros caminos en este pasillo que conectan con escaleras que no sé a dónde van.

Sigo a Juan que da a la izquierda, pasando por un corto pasillo ancho y entrando por unas puertas que están abiertas al par y de las cuales algunos chicos y chicas salen con unas cajas de cartón con panqueques, galletas o rosquillas y con unos vasos de cartón café con una tapa blanca del cual tiene escrito la bebida que han comprado. Entro a la cafetería, en la cual hay mesas circulares llenas de gente, unas mesas en las esquinas con asientos acolchonados, como los que alguna vez vi en restaurantes de mi mundo. Es una cafetería común, incluso tiene abanicos colgando del techo ubicándose en diferentes lugares para ventilar la zona, al igual que unas pequeñas lámparas que cuelgan de las esquinas las cuales están encendidas por un fuego amarillo. Delante de las mesas, de lado izquierdo justo en una esquina lejana una vitrina enorme está llena de diferentes tipos de panes y creo que guisos.

- Espérame allí\, por favor -me dice Juan\, señalando una de las mesas redondas que queda cerca y que está sola. Asiento y me acerco a la mesa\, sentándome en una de sus sillas\, las cuales son de las que están pegadas con la mesa y de forma de un pequeño banco metálico.

Me siento en uno de esos y justo cuando lo hago una luz blanca sale de esta, iluminando como si fuera un pequeño sol.

Me sobre salto al notarla tan cerca y sentir su calidez en mi rostro. Su luz es cegadora pero hipnotizante, tanto que hasta me gustaría tocarla, es como si fuera niña y mi sueño de tocar una estrella se estuviera cumpliendo.

- Yo que tú no la tocaba -una dulce voz femenina me sobresalta\, logrando captar mi atención y dejar a un lado mi mente. Me giro un poco\, mirando por sobre mi hombro como una chica de mí misma edad\, con un uniforme como el mío\, solo que con un escudo amarillo justo en el lugar donde yo tengo solo un círculo vacío.

Su piel es pálida, su cabello pelirrojo hace resaltar sus ojos verdes claros y labios carnosos de color cereza. Sujeta con ambas manos una charola de color azul en la cual está llena de comida y un pequeño vaso de madera. Me rodea terminando sentándose en un banco que está a mi lado pero a suficiente espacio de mí, acomodando su bandeja en la mesa y una manzana roja grande que estaba por caer.

- Es hipnotizante y hermosa\, pero peligrosa -dice terminando de acomodar sus cosas y levantando su mirada de su comida a mí.- No es una estrella como crees\, en realidad es un pequeño fragmento de un relámpago\, así que se podría decir -hace una ligera pausa señalando con su dedo índice la luz- Que si la tocas terminarás electrocutada -añade con una sonrisa\, mostrando su linda y blanca dentadura.

Hecho un último vistazo a la luz que ilumina la mesa y luego la miro a ella. Sus ojos me observan con detención y podría decir que siento como me llega a escanear sin dejar de sonreír, logrando que los vellos de mi nuca se levanten y me haga sentir nerviosa.

Su mirada va bajando de mi rostro a mis manos que están apoyadas en la mesa y su sonrisa se amplía un poco y cabizbaja toma su manzana y me la pone delante.

- Es malo no desayunar\, después te sentirás mal -dice dejando la manzana delante de mí y comenzando a tomar sus utensilios para después comer.

- Soy Nathalie Johansson -dice terminado con una blanca sonrisa en su rostro. Le regreso el gesto sin mostrar mis dientes\, dibujando una delgada sonrisa en mi rostro.

- Soy María Cortes Guerrero -digo viéndola abrir un pequeño paquete de galletas de nuez y poniéndolas en su charola.

- Mucho gusto María -me dice aun sonriendo y dándome una de sus galletas.

- Con la manzana estoy bien -digo señalando la fruta en mis manos\, pero ella toma una de sus servilletas y me pone la galleta cerca.

- Lo sé\, pero un caprichito de vez en cuando no hace daño -añade arrugando juguetona su nariz. Provocando que vuelva a sonreír\, ahora mostrando mis dientes.

- Y ¿En qué nivel estás? -me pregunta mientras se mete un trozo de galleta a su boca.

- mmm\, ¿nivel? -pregunto sin saber de lo que habla. Ella acerca su mano a su boca para terminar de masticar y después tragar.

- Tu año de estudio -dice con la boca ligeramente llena.

- Ah... -digo apartando la mirada de su rostro y bajándola a mis manos.- Soy nueva\, así que no sé mucho sobre -hago una leve pausa\, dudando en como llamarle a este tipo de estudio académico. ¿Estudio de magia? ¿nivel académico mágico?\, eso\, puede ser eso -el nivel académico de aquí -añado cabizbaja. Escucho como hace un ruido con la boca\, logrando llamar mi atención. Elevando mis ojos a ella y encontrándola sonriendo\, una sonrisa que está a nada de volverse carcajada.

- ¿Qué pasa? ¿Dije algo malo? -pregunto curiosa y algo molesta por su reacción.

- Lo siento -dice entre risas.- No tienes que mentir\, sé que no conocías todo esto antes -me dice sonriente.

Arrugó mi entrecejo al escucharla decir eso.

- ¿Como sabes eso? -pregunto curiosa\, logrando que su sonrisa se apague poco a poco.

Ella se acomoda en su lugar y se acerca un poco a mi para susurrar algo.

- Porque de haber nacido en este mundo\, te hubiera conocido antes -dice encogiéndose de hombros.- Aquí todos se conocen\, algunos más que otros -añade señalando todo nuestro alrededor con su tenedor y luego a mí.

Me quedo en silencio un corto rato al escucharla decir aquello. Nathalie deja de prestarme atención y regresa su mirada a su comida.

Hago lo mismo, dándole una mordida a la galleta de nuez que me había dado. Un hormigueo recorre mi lengua al sentir los trozos de nuez en mi boca, su sabor es muy fuerte para una galleta normal. Creo llegar a abrir mis ojos como platos por el delicioso sabor que en esta hay.

- Rico\, ¿no? -me dice con burla. Logrando captar mi atención de nuevo.

Ha elevado sus cejas y sonreído sin mostrar su perfecta dentadura como antes.

- Su sabor... -digo sorprendida.

- Toda la comida aquí tiene un sabor más intenso que en la Tierra -escucho la voz de Juan detrás de mí. Se ha sentado a un lado mío y dejando una bandeja de comida delante de mí junto con un vaso de agua.

Volteo a verlo, mientras él se sienta y acomoda su uniforme.

- Hola Nathalie -añade saludando a la pelirroja que tengo del otro lado.

- Hola\, Juan -añade con una sonrisa.

- ¿Como está Cameron? -pregunta Juan. Quisiera mirarlos y preguntarles de dónde se conocen\, pero no sé si es el hambre que me está ganando en estos momentos o lo delicioso que sabe toda esta comida.

- Bien\, hace unas horas salió a una misión a los campos elisios -dice Nathalie. Mientras que yo comienzo a partir en pedazos unos Wafles con maple que me trajo Juanpa.

- ¿Es la misión de las rocas? -pregunta mi maestro. Escucho que la pelirroja hace un sonido de aceptación con su boca y veo de reojo que estaba bebiendo algo de un vaso café.

- Creo que si\, no me dijo mucho al respecto -añade arrugando su entrecejo y metiendo una frutilla a su boca. Siento la mirada de Juan en mí y con una sonrisa habla.

- Al parecer ya se conocieron -me dice\, mientras bebo de un vaso similar al que tiene Nathalie\, del cual hay café con leche.

Hago el mismo ruido de aceptación que antes había hecho Nathalie y vuelvo a mi comida.

- Ella es la hermana de Cameron Johansson\, uno de mis colegas de combate -dice mientras toma el vaso de agua que me había traído y me extiende la mano para que le dé el medicamento. Se lo doy y después de que pone las gotas correspondidas en el vaso me lo entrega.

Me entristece el notar que he terminado de comer, pero a la vez razonó en si no he comido mucho.

Tomo el vaso para olerlo, pero no huelo a nada, le doy un pequeño sorbo y un sabor ligeramente amargo me calienta la garganta y aunque no es de mi tipo tomar medicamentos que sean así me lo tomo al final. Dejando el vaso a un lado mientras arrugo mi rostro al sentir más fuerte su sabor en mi boca.

Una ligera carcajada sale de Juan y toma el vaso para ponerlo en la bandeja y hacerla a un lado.

- Dijiste... ¿Colegas de combate? -pregunto aclarándome la voz.

- Cuando llegas a tercer grado\, tienes que escoger con quién ser compañeros de combate\, una vez que lo son\, lo serán para siempre -añade la pelirroja\, terminando de meterse el último bocado de fruta a la boca.

- ¿Como un tipo matrimonio? -me burló\, mirándolos a los dos.

- Es algo más que eso -añade Juan ladeando la cabeza.

- Es como si se volvieran uno en combate\, son como un tipo de lazo que se crea y es imposible de destruir -le sigue Nathalie.- Una vez que son colegas de combates\, no debe de haber mentiras ni secretos\, pues se supone que ambos se tienen la confianza suficiente para todo -añade haciendo de lado su bandeja.

Razonó lo que me acaban de decir, pero en mi mente es como si me dijeran que es algo similar a un matrimonio, pero, incluso los matrimonios se rompen promesas y ocultan secretos.

Una vaga imagen de mis padres aparece en mi mente como si me jugará una mala broma, muevo mi cabeza de lado a lado para desaparecer ese recuerdo de mi mente unos minutos. No quiero llorar ahora, estoy segura que a ellos no les gustaría verme así.

- ¿Y que pasaría si alguno de los integrantes miente o todos se engañan? -pregunto curiosa\, mirando a Juan quién ha cambiado su expresión de tranquilo a serio en un segundo.

- Si eso llega a pasar cae una maldición a la persona que está mintiendo\, logrando que todos se den cuenta de su engaño y además recorta el poder de quienes mintieron o del traidor -añade con seriedad\, observándome con sus ojos miel que hacen que me sienta nerviosa.

- Pero bueno -dice Nathalie con una voz energética- Por fortuna eso no ha pasado en mucho tiempo -añade sonriente\, logrando captar mi atención y que le devuelva el gesto. Noto de reojo que Juan asiente ante lo que acaba de decir la pelirroja.

- Bueno\, yo ya me tengo que ir -añade Nathalie tomando su bandeja en sus manos.

- ¿Tan pronto? -pregunto sin pensarlo\, logrando que ella sonreía con más alegría que antes.

- Tengo clases\, pero espero volvernos a ver -dice y cuando está por girarse se detiene y vuelve a mirarme- Ah\, y bienvenida\, María -añade y con corto adiós se va\, dejando la bandeja encima de un bote de basura y saliendo de la cafetería.

Dejo de mirarla y vuelvo a prestar atención al rubio que tengo a lado.

- Juan -lo llamo al verlo limpiando con una servilleta una parte de la mesa- ¿Qué tipo de maldición se refería Nathalie? -le pregunto\, logrando captar su atención completa. Deja de limpiar y apoya una de sus manos en su regazo y me observa\, apoyando su cuerpo en el antebrazo derecho en la mesa.

Está a punto de hablar, pero algo detrás de mí hace que su rostro se vuelva más serio, algo así como oscuro.

- No creo que sea momento para hablar de eso -dice volviendo a mirarme. Miro sobre mi hombro a quien tanto vé y me doy cuenta que en la puerta una mujer de casi su misma edad se asoma\, acompañada de un hombre con barba algo mayor. Quienes usan un uniformo idéntico al de él\, incluso la chica usa un pantalón ajustado a su cuerpo en vez de una falda como la mía.

- Debemos de ir con el Director de la escuela -añade\, volviendo a captar mi atención y tomando la bandeja que antes me había traído para después levantarse y hacerme un gesto con la cabeza para que lo siga. Me levanto\, girando sobre mis talones para seguirlo\, puedo notar aquellas personas que antes había visto aún siguen ahí\, la mujer está cruzada de brazos\, dejando resaltar en su pecho una medallas plateadas y doradas que cuelgan de ella\, mientras que el hombre solo está apoyado de espalda en la puerta de la entrada mirando algo entre sus manos que están extendidas.

Cada que nos vamos acercando a ellos puedo notar que algunos alumnos que pasan a su lado susurran cosas que no entiendo.

"Son de élite"

"Es genial ver a todo el equipo completo"

"Son de las 4 naciones"

Entre otras cosas más. Élite, equipo completo, naciones; son muchas cosas que no entiendo.

Finalmente nos acercamos a ellos, noto que la chica usa una coleta muy alta, la cual hace resaltar su lacio y delgado cabello castaño, mientras que el otro chico, quién está apoyado en la puerta de la cafetería, está completamente concentrado en algo que hay entre sus manos, cuando me acerco completamente noto que una leve luz blanca emana de estás y un tipo de esfera azulada del tamaño de una pelota de béisbol flota entre sus palmas.

- Noah\, Kim -los saluda Juan\, dándole un abrazo a la chica quién al escuchar su nombre sonríe\, dibujando unos ligeros hoyuelos en sus mejillas\, el chico deja de ver lo que sea que estaba viendo en sus manos y con un ligero aplauso saluda a su amigo de mano para después acercarse y darse un corto abrazo.

- Tiempo sin verte\, rubio -se burla el chico\, su tez es morena\, mientras que el de la chica es blanca y puedo llegar a notar como sus venas del cuello y sienes resaltan por su tono de piel.

- Creíamos que ya te habías olvidado de nosotros -ironiza la chica\, mirándolo con sus ojos color azul y una sonrisa en el rostro.

- Si\, claro -bufa Juan al separarse de ellos.

Me he quedado a dos pasos de distancia de ellos para no incomodar. Pero la mirada azul de la chica me mira de reojo y luego vuelve su atención a Juan.

- Ella... -no termina de hablar cuando Juanpa asiente.

- Chicos\, déjenme presentarles a María Cortés Guerrero -dice el rubio\, girando un poco para verme con una leve sonrisa.

Los hombros del chico moreno se ponen rígidos mientras que el rostro de la joven se muestra la sorpresa oculta en una mirada triste.

- La hija de Aarón Cortes Saldaña -añade Juan\, pero puedo llegar a notar tristeza en cuanto pronuncia el nombre de mi papá.

- María\, ellos son Kim Weyslï -dice señalando con la mano a la chica- y mi mejor amigo Noah Huëstg -añade señando a su amigo quien no me ha dejado de mirar.

Le doy una corta mirada a Juan quién me sonríe más, enviándome un mensaje de tranquilidad con su mirada.

- Mucho gusto -digo nerviosa\, extendiendo mi mano a ellos. La chica no duda en tomarla y en cuanto lo hace sus ojos se cristalizan y me abraza con fuerza.

- No sabes cómo te entiendo -dice cerca de mí\, en un bajo susurro que solo ella y yo podemos escuchar.

Se aleja de mí finalmente, sonriendo pero con lágrimas en los ojos. Acaricia mi cabello como lo suele hacer Juan a veces, y ambas miramos al chico, quién al notar la reacción de su amiga se ha puesto serio.

Observó a los dos, por un momento llegó a pensar que se comunican mentalmente. Pues Noah ha cambiado su gesto serio por uno sorprendido.

Se comienza a acercar a mí, quedando a solo centímetros de distancia y aunque llegó a sentir miedo por su gran estatura y su robusto cuerpo, al final decide arrodillarse delante de mí con la mirada baja. Como si acabará de ver a alguien de la realeza.

Algunos chicos que van pasando a mi alrededor observan con sorpresa lo que acaba de hacer el moreno.

- ¿Que...? ¿Qué hace? Levántate -digo nerviosa\, sintiéndome incómoda por su reacción.

- Es la costumbre de su pueblo -me dice Kim\, captando mi atención por completo- Cuando se conoce a alguien que ha pasado por mucho y aun así sigue de pie se le hace una reverencia -termina de decir Kim.

- Es la costumbre de los ciudadanos de Zrak -añade Juan quién observa curioso y con diversión la imagen que se ha creado.

Arrugó mi entrecejo por lo que me acaba de decir, ¿costumbre?.

- Pues te agradezco\, pero puedes levantarte por favor... -digo inclinándome al chico.

- No -dice el joven.

- Por favor -le ruego.

- No puedo -añade- Mis costumbres no me lo permiten -dice serio\, sin mirarme.

- Y en las mías significan que te quieres casar conmigo -añado incómoda. El chico levanta su mirada a la mía y luego a Juan\, quién se ha aguantado las ganas de reír a carcajadas.

El chico se levanta y finalmente me vuelve a mirar.

- Perdón\, no quería incomodarte -dice serio y puedo llegar a notar que sus mejillas y orejas se han puesto rojas de vergüenza.

- Está... bien -digo avergonzada.

Noah se ha alejado de mí. Lanzándole una mirada asesina a Juan, quién se muerde los labios para no sonreír.

- Bueno -dice el rubio dando un aplauso en el aire - Después de mi este momento... incómodo -nos observa- Creo que es hora de ir con el director de aquí\, ¿no crees\, María? -pregunta\, con un tono juguetón en mi nombre\, como si estuviera esperando una respuesta de mi parte.

Asiento nerviosa, sintiendo como Kim me abraza de los hombros y con una sonrisa me mira.

Para después comenzar a caminar a aquella gran construcción de antes, la cual me provoca cada vez más curiosidad.

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