Mientras Anacleto iba por el encargo de Martin, este ya planeaba una lección para Rosendo, pagaría caro la osadía de ser desdeñoso hacía Anacleto.
Él sabía lo que era la envidia y el orgullo, de no ser más que un simple empleado, y que venga alguien a arrebatar todo, por lo que has trabajado. Pero en esta ocasión no podía dejar pasar por alto lo que Rosendo había hecho.
Martin manda a llamar, a Rosendo a su oficina.
Martin: Pasa Rosendo quiero hablar contigo. Verás tú cómo capataz de mi finca, tienes mucha gente a tu cargo, incluso no he tenido problemas de ninguna índole contigo, solo que está vez te excediste con respecto a tus deberes en tu area, tú trabajo no incluye chismes ni habladurías con respecto a otros trabajadores.
Rosendo: Pero patrón, no sé por qué me dice todo esto, ya lo dijo usted, cumplo con mi trabajo.
Martín: Entonces lo de Anacleto es chisme?
Rosendo: Pero patrón, Anacleto no hace nada, anda de vago y todavía quiere comida y que le paguen su sueldo.
Martin azota el escritorio, con su bastón de oro.
Martin: Quien te crees que eres para cuestionar, mis decisiones, tu no eres quien para juzgar que puesto u obligaciones le doy a cada uno de los trabajadores. Y si Anacleto no está es por qué yo lo mando a conseguir gente para trabajar aqui o lo vas a hacer tú?, permíteme dudar si todos en la finca te odian, a partir de hoy te relegó de tus obligaciones como capataz, te espero está noche para tu liquidación, retirate.
Rosendo: Pero cómo así patrón? Si hago bien mi trabajo y además esa gente solo dice mentiras, deme otra oportunidad, le juro por mi mamacita, que no vuelvo a caer en chismes.
Martin: Lo pensaré, ahora vete y te espero está noche.
Martin estaba furioso, no toleraba que nadie cuestionara, su autoridad, él era muy hombre y aparte era el patrón, y ninguna alimaña, podía retar su autoridad y vivir para contarlo, a menos que le sirviera a futuro conservarlo.
El charro y Celia
En otro lugar más recóndito, y obscuro, una Celia delgada y desnuda, limpia la cueva del charro, ha sufrido torturas indescriptibles, abusos físicos y psicológicos a manos de su verdugo, el charro.
Celia: Cuándo piensas liberarme?
Charro: Jamás, tú qué entiendes por eternidad? Supongo que los profesores privados de tu ex papá te enseñaron sobre líneas temporales.
Celia: Si me enseñaron eso, pero ya no quiero estar más aquí, no quiero ser más tu esclava estoy harta, déjame ir.
Charro: jajajaja ahora sí te hartaste de mí?, fíjate que no me importa, tú eres el pago de un contrato, así que me perteneces.
Celia: Qué? Quién rayos me hizo semejante atrocidad?
Charro: Tu exmarido, quiso verse más joven y guapo, así que el pago serías tú o tu mocosa, el problema radico en que estaba bautizada, así que la mejor opción fuiste tú, no te da alegría?.
Celia: Ese infeliz, desgraciado, hijo de su ...
Charro: Qué pensaste? ¿Que te amaba? O mejor aún, ¿qué le importabas? No te engañes Celia, solo fuiste un capricho, y un gusto que se dio.
Celia: Malditos tú y él, Pero se me ocurre algo, ayúdame a vengarme y me quedaré a tu lado para siempre.
Charro: Que te hace pensar, que tienes opción o mejor aún qué voy a ayudarte.
Celia: Es simple, Martin es más desgraciado que tú, es sanguinario, despiadado, faltó de empatía, un infeliz narcisista y un total sádico. ¿Pero tienes razón, por qué me ayudarías, a desquitarme de alguien que siendo mortal, es mejor demonio que tu?
Charro: Nadie es mejor que yo, así que te ayudaré, mi única condición, firma este contrato y dalo por hecho.
Es así como comienza una nueva alianza, dónde el mal se enfrenta al mal, quien ganará el destino lo dirá.
La sorpresa
Anacleto, llegó a primera hora a ciudad de México, consigo llevaba la carta que Martin le dio antes de irse, le dijo que pasará al monasterio, del bendito corazón y que ahí el padre José Emiliano le recibirá la carta.
Después de eso iría a la gran biblioteca de la ciudad y pasaría a recoger esa gran sorpresa para Martin.
Martin esperaba con emoción a qué llegará Anacleto, sabía que le traería grandes noticias y una gran sorpresa, que le enviaba, el señor Aquiles, un rico hacendado, que conoció en una de sus fiestas.
Anacleto llegó a la librería y lo atendió, un hombre muy alto y delgado,
Hombre: Dígame, que se le ofrece, aquí no tenemos comida ni que pueda robarse.
Anacleto: No señor, no vengo a robar nada y mucho menos a pedir comida, a mi dios gracias esa, ahorita me sobra.
Hombre: Entonces a qué viene, aquí no hay nada para usted.
Anacleto: Para mí quizás no, Pero para mi patrón sí, vengo por un regalo que le envía el señor Aquiles.
Al oír el nombre de Aquiles, este personaje, cambio de actitud y fue extremadamente amable con Anacleto.
Hombre: Disculpe usted caballero, lamentó mucho mi atrevimiento, salúdeme a su patrón y aquí tiene.
Anacleto: Usted fue grosero conmigo, Pero tengo más clase yo que usted y agradezca que no le diré a mi patrón, sino despídase de su trabajo. Con permiso.
El hombre le entrego un cuadro muy pesado, envuelto en trozos de tela negra.
Aunque Anacleto tenía mucha curiosidad la soporto, no quería volver a defraudar, la confianza de Martin.
Cuál será la sorpresa del Patrón, pensó Anacleto, no se podía imaginar que sería, ya que era muy pesado el regalo.
No sabía si abrirlo o dejarlo, pero para evitar problemas decidió dejarlo por la paz.
Solo Martin lo abriría, las cosas estaban por cambiar y ni Martin estará preparado para ello.
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Comments
Yolanda Villamar
yo creo q es la anciana la q está contando a sus nietas es la niña
2024-08-26
3
Herlinda Luna
Nos falta saber de otras personas de tu historia que pasó con los niños que edad tienen y Cleotilde dónde está
2024-07-15
4
Dyana Gonzalez
😱
ahora mi pregunta es, y dónde está Clotilde con los niños ?..
🤔
muy buena historia 🙂
2024-06-20
1