El mal se revela

Al fin había encontrado, a las tres personas que habían requerido, los servicios del charro y que no querían pagar.

Así que mando esa tarde a su esposa a casa de su padre, con el pretexto de salir de viaje de negocios, para que el charro no viera a su esposa, y ella no sospechara de lo que él haría.

Después de que ella se fue, subió a la torre y le dijo al cuervo Lucian.

Martin: Lucían, dile al señor, que su encargo está listo.

Lucian solo chillo y salió volando rumbo al monte dónde está la cueva del charro.

Por la noche, el charro llegó, Martin ya lo esperaba, ansioso y algo nervioso, pues no sabía que podía hacer el charro, con los que no pagaban sus deudas. Los deudores estaban sentados en sillas de madera y estaban atados a estas mismas.

Charro: Muy bien hecho Martin, estos deudores sabrán, por qué no deben quedar a deber conmigo.

De pronto el charro en un chasquido, se transformó en un enorme demonio de garras afiladas, ojos rojos, cuernos de cabra y pies de cabra, los miro con una sonrisa llena de colmillos y una voz sepulcral dijo.

Charro: Todos aquellos que no cumplan el contrato, conocerán el fuego del infierno.

Hombre 1: Señor pero si cumpli, le di el alma de mi madre, qué otra deuda tengo?

Charro: No me quieras tomar el pelo, lo que más amas es el dinero y a ti mismo y te dije que tenías que entregarme lo que más amaras, así que paga.

Mujer 1: Señor pero yo pagué mi deuda, te entregué el alma de nonato, eso no es suficiente?

Charro: Mujer, mujer, mujer, no entiendes todavía que debes respetar el contrato, tú pediste belleza y juventud, yo te lo di y tú no entregaste a tu hijo, me diste el de tu vecina, por quién me tomas.

Joven 1: Señor yo no he pagado por qué no he encontrado con quién tener un hijo y creo que no puedo tener hijos, eso me impide pagar, además no cumpliste el contrato.

Charro: Mira Anacleto, tú pediste, que tu padre no muriera de enfermedad y te lo cumplí.

Anacleto: Pero murió ahogado en el río, y te pedí que no muriera.

Charro: Tú pediste que no muriera de enfermedad, no que no muriera.

Así que cumple tu palabra.

Anacleto: Pero no puedo hacer niños, cómo le hago?

Charro: Ya en este punto no hay nada que hacer, su plazo ya se venció, es tiempo de cobrar a mi manera.

Y en ese momento, un círculo de fuego se formó en el piso y de este comenzaron a salir llamas y lamentos, al igual que almas condenadas por sus malas acciones.

Charro: Ahora seré un tanto venebolo con ustedes, y les daré a escoger, o los torturó aquí mismo o se van al infierno en cuerpo y alma y los torturan allá, ahora decidan.

Hombre: Pos yo creo que me conviene más que me torturen allá, será mejor que si tú lo haces.

Charro: Estás seguro? No hay cambios.

Hombre: Pos no estoy seguro, pero que me queda.

Charro: Concedido

El charro se paró detrás de la silla y con un puntapié, lo empujo hacia el círculo de fuego, las almas comenzaron a bajarlo mientras lo arañaban y golpeaban. Él gritaba de dolor y pedía piedad, pero era tarde, nadie quedaba a deber al charro.

Charro: Ahora tu mujer, qué decides, te vas o te quedas?

Mujer: Me quedo, eso es horrible no pienso, pasar por lo que él.

Charro: Concedido. Martin desátala y acuéstala en esa mesa y solo átala de las manos.

El charro ordenó a Martin torturar a la mujer, para Martin no era complicado hacer lo que el charro pedía, muchas atrocidades había hecho ya, que no sentía dolor o remordimiento por lo que hacía.

Comenzó a tortura a la mujer, mientras el charro observaba complacido.

Charro: Vaya martin, quien diría que eres un loco. Eres hasta mejor verdugo que yo, no puedes serlo no hay nadie mejor que yo así que mídete.

Una vez que la mujer falleció, a causa de la tortura de Martin, el charro le ordenó, cortar en partes el cuerpo y deshacerse de él.

Charro: Ahora sigues, tu jovencito, dime qué prefieres.

Anacleto: Salvarme señor, usted no me concedió lo que pedí, solo me mintió, le exijo que me libere, al no cumplir el contrato no le debo nada señor.

Charro: Vaya para no saber leer ni escribir, eres muy astuto, está bien te libero, pero dime no te gustaría que te hiciera rico o guapo?

Anacleto: No señor, sin mi padre no tengo nada, incluso si eso trajera de vuelta a mi padre, con gusto iría al infierno.

Charro: En serio? Mmm interesante, pero no puedo traerlo a la vida si ya está en el cementerio. Ahora largo antes de que me arrepienta y te acabe.

Liberaron a Anacleto, y se fue, no es que el charro fuera bueno, sabía que después, Anacleto nuevamente lo buscaría y el estaría listo para llevarse su alma, al fin.

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Comments

Israel

Israel

Autora, te luciste, no puedo esperar al siguiente capítulo

2024-06-08

4

hugo antonio anaya marquez

hugo antonio anaya marquez

pobre mujer no me.imagino lo que le hizo martin

2024-06-08

1

hugo antonio anaya marquez

hugo antonio anaya marquez

pobre deudora no me imagino lo que hizo este msrtin y final descuartizo

2024-06-08

2

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