Capítulo 20
Capturados en el acto
Laura
No puedo más, mi obsesión por ese hombre sobrepasa todas las barreras, por primera vez en mis veintidós años me siento presa del deseo. Anhelo tanto su cuerpo que no me doy cuenta de que he estado siendo imprudente al acercarme a él.
Esta misma tarde, trajeron los cuerpos sin vida de dos personas que consiguieron en las colinas del parque ecológico de la ciudad. Nunca antes me había ofrecido para trabajar horas extras, de los cuatro forenses que trabajábamos en conjunto para esta unidad yo era la única que se peleaba para salir temprano. Este día cuando el comisario Rodríguez preguntó a quién le correspondía el turno, levanté mi mano ofreciéndome para quedarme, mientras que Frank me miraba sorprendido.
—Pensé que iríamos a tomar un café juntos —susurra ese hombre cerca de mi oído.
—Dije que lo pensaría, no que sería un hecho. Además, el deber llama. Hoy será una noche larga.
Respondo con una sonrisa amplia y voy a tomar el kit quirúrgico para hacerle frente a este nuevo caso. Lo que no sabía era que se trataba de una madre con su hija de cinco años, sin señal de maltrato físico ni agresión. En las fotos parecían estar dormidas al pie de ese gran árbol.
Comienzo a realizar la autopsia en la infante, sus órganos están intactos. El estómago inusualmente irritado, veo algunos vasos sanguíneos a punto de reventar, coagulaciones en la arteria carótida, son ligeros signos de envenenamiento. Presa del pánico veo la hora en el gigantesco reloj de pared que está arriba de la puerta. El silencio me agobia, y asumo que terminaré pasada las diez de la noche.
Sigo documentando el expediente hasta verificar la hora de la muerte de la niña. El médico auxiliar que hace nada acaba de convertirse en mi aprendiz me ayuda a abrir el cráneo donde realizamos los estudios pertinentes al cerebro, pasado un rato lo dejo solo para que lo cierre. Este me da una mirada de terror, pero de igual manera salgo. Necesito tomar aire fresco. Se hacen las siete de la noche y comenzamos a abrir el siguiente cuerpo, este presenta con exactitud los mismos signos de envenenamiento que la niña. A diferencia que en la mujer encontramos dentro de las uñas de sus dedos índice y pulgar algunos rastros de hierba seca, mismos que enviamos a laboratorio para saber si coincide con el veneno que ingirieron.
Como lo predije terminé pasada las diez treinta. Mi aprendiz se va a las duchas para prepararse y marcharse a casa, yo lo sigo y entro a las duchas de damas donde me doy un baño rápido y me preparo esta vez poniéndome una lencería de encaje color roja que se me veía de infarto.
Termino de arreglarme y salgo del baño. Veo a todas partes y no hay ni un alma en esos pasillos, lo que me lleva a asomarme a las duchas masculinos para asegurarme de que el chiquillo que trabajaba conmigo ya se ha marchado. Camino a la oficina forense ya a las once de la noche, comienzo a redactar el expediente de la autopsia de estas dos personas llegándose la media noche. Me dirijo a la oficina del comisario y veo al guardia que custodia la sala de interrogatorio. Doy las buenas noches y le muestro el sobre que llevaba en mis manos agitándolo un poco para llamar su atención. Este hombre asintió sonriente y pasé rápidamente a la oficina donde nuevamente apagué las cámaras y micrófonos de aquella sala.
Vuelvo a la sala de espera, en un par de tazas sirvo un poco de café negro, como me gusta y en uno de ellos aplico una pastilla de esas que se toman para dormir y se la ofrezco al guardia, nos sentamos en un mueble donde hablamos por un rato, al cabo de unos siete minutos veo que deja de responderme y sonrío. Golpeo ligeramente su barbilla y no se despierta, esas pastillas si que eran muy fuertes.
Lavé los recipientes muy bien y luego me adentré en esa sala. Aquel hombre estaba dormido en un rincón, pero al escuchar que suena la puerta abrió sus ojos de inmediato, regalándome su mejor sonrisa.
Repasó sus labios de manera sensual con su lengua, al momento en que comienzo a bailar muy sexy para él, mientras me voy quitando la ropa poco a poco.
Sí, esto es algo que nunca pensé que haría en mi vida, pero el deseo me incita a hacer cosas que por conciencia jamás haría.
El hombre se levanta y mis ojos se van directamente a su paquetería, la cual está firme en su totalidad y eso me hace ladear una pequeña sonrisa. Apago las luces y él vuelve a encenderlas.
—Me gusta ver lo que me estoy comiendo, te has vuelto todo un bombón —me suelta con picardía y yo solo sonrío sobre sus labios—. No tiene nada de malo que vea tu cara mientras trabajo para excitarte.
—No se trata de ver lo que hacemos, sino de prevenir que la luz llame la atención afuera y alguien venga a sorprendernos, no quiero estar en problemas.
Vuelvo a apagar la luz y comienza la faena. Este hombre me tira de espalda sobre la mesa, besa con ahínco mi cuello bajando por mi pecho y mis senos, los cuales chupa y muerde a su antojo haciéndome soltar pequeños gemidos que trato a toda costa de silenciar. Continúa descendiendo por mi abdomen, dejando marcas de chupetones en él, lo que antes me resultaba una ofensa este hombre hace que se sienta placenteramente bien.
De nuevo vuelve a hundir su cabeza en mi entrepierna, lo que me hace vibrar extasiada de tanto placer. Este hombre es pura lujuria, puro fuego y deseo.
Es esto lo que me ha hecho adicta a su cuerpo.
¿Qué si está mal? Sí. Es una locura total. Una sexy y exquisita locura que me sube al cielo y me arrastra al infierno en cada encuentro.
No sé quién esté más loco de los dos, si él por ser un paciente psiquiátrico que está preso sabrá Dios por qué razón. O yo, que a pesar de que no me atrevo a investigar más acerca de él, se me hace imposible no venir a verlo. Aun cuando no me atrevo siquiera a preguntar su nombre.
Este hombre me saca de mis pensamientos, me da la vuelta y comienza a embestirme de espalda tal cual a una potra salvaje y esto me encanta. Me hace delirar.
Pasado unos minutos me aparto, coloco mi mano en su pecho y lo empujo con fuerza, él me mira un poco confundido, pero sonriente y es cuando le digo en voz baja que ahora me toca a mí portarme mal.
Lo siento sobre la única silla de toda esa sala. Me siento en espalda a él y lo introduzco lentamente, ese hombre suelta un pequeño gruñido de placer que me incitó a ir por más, comienzo con un movimiento de caderas circular y uniforme. Él coloca ambas manos en mi cintura y aprieta con fuerza pegándome más a su cuerpo, como si su único objetivo fuera fundirse dentro de mí y de esta manera acelero los movimientos a todo lo que puedo dar.
Gotas de sudor destinaban por su cuerpo y por el mío, su tacto sobre mi espalda me hacía enloquecer de tanto placer y delirio, lo que me incitaba a moverme a un ritmo más rápido de arriba a abajo, haciendo un fuerte ruido al chocar con sus piernas. Avergonzada por el sonido que hacia debido a la humedad que había en mí, me levanté y de repente este hombre me sorprendió tomándome de frente una vez más, siendo tan rudo y tan delicado a la vez. Sin duda toda una mezcla de sutileza e indomable fiereza, todo en una misma persona.
¿Cómo no embelesarme con todo esto? Es físicamente lindo, carismático, encantador.
Sigo embobada viendo su rostro de excitación escuchando como nuestros cuerpos chocan entre sí hasta que ambos llegamos al máximo de nuestro clímax.
Exhaustos soltamos todo el aire. Él cae sobre mi pecho dejando besos en él, chupando mis puntas una vez más mientras continúa moviéndose cada vez más lento hasta que pasado un momento sale de mi cuerpo.
No dejamos de reírnos ni un instante, busco mi ropa mientras él vuelve a atraparme entre sus brazos y me besa lento, toma mi calzón y se lo coloca en la cabeza mientras comienza a desfilar semi desnudo frente a mí, como si estuviera en una pasarela y yo no paro de reír, ese hombre es tan ocurrente y divertido que me encanta. Aunque de momento siento miedo a enamorarme, pues es el polvo más delicioso de toda mi vida, es el único que sabe como encender el fuego en mi interior. Pero también sé que es casi imposible mantengamos lo que sea que esté ocurriendo entre nosotros.
Lucho con él hasta que le quito ese panti y me lo coloco de inmediato, luego toda mi ropa y ya mi hombre también estaba vistiéndose cuando escucho el sonido más espeluznante que pude haber podido escuchar este día.
—"Ya que terminaste, ¿Puedes explicarme que fue todo esto Laura? ¿Desde cuándo te acuestas con los presos?".
Un escalofrío recorrió mi espina dorsal y me quedé inmóvil. No había manera de darme cuenta de que las cámaras y micrófonos se encendieron, por suerte la luz estaba apagada así que estoy aliviada de saber que no me ha visto desnuda.
—Maldita escoria sal a dar la cara —gritó aquel hombre terminando de vestirse—. ¿Crees que es muy de hombres esconderse detrás de esa maldita ventana? —golpea fuerte el vidrio que comunica a la oficina principal—.
—Detente. Tranquilo, yo resuelvo esto —le digo temiendo que este hombre se meta en más problemas—. Tu situación debe ser difícil ahora, no te compliques más por favor.
—Nadie va a hacerte daño, no me importa lo que pase conmigo, pero si te tocan... Juro que hasta ese día viven.
Sus palabras fueron conmovedoras, era lo más tierno que podía escuchar de ese hombre, en ese momento no sabía nada de él, lógicamente no podría imaginar cuan en serio lo decía.
—No estoy en problemas, él es un amigo. Estaré bien —le digo en voz alta seguido de un ligero beso en sus labios.
¡Nos vemos pronto!
Salgo de prisa cerrando la puerta con llave y la devuelvo al guardia que seguía dormido cómodamente en el sofá, mientras tanto Frank sale de la oficina del comisario, toma mi mano apretando con fuerza y me lleva a rastras hasta la terraza.
No tengo escapatoria, debo enfrentarme a él y procurar que mantenga su bocota cerrada.
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Comments
hugo antonio anaya marquez
todo se ve muy arriesgado
2024-08-16
1
MARYTANCHY
Te estás arriesgado mucho, y Frank será un dolor de cabeza, Laura alejate de Frank y sigue amando a tu loquito 😜😜😜
2024-06-23
4
San Aguirre
Puro fuego 🔥🔥🔥🔥
2024-06-22
3