Capítulo 19
Hoy la vi a distancia
Keyler
Termino mi relato y voy al baño a asearme, paso a la habitación nuevamente y me siento a comer una sopa instantánea que compré de camino a casa. Siento como mi estómago se revuelve apenas con el olor, últimamente es lo único que he estado comiendo desde hace días y ya lo aborrezco.
Me recuesto en la cama y cierro mis ojos. Repaso nuevamente aquel momento en que cruzamos nuestras miradas. Siento como mi pecho late como si quisiera salirse de mi cuerpo.
« "Tan cerca y tan lejos" »
Pensé esbozando una gran sonrisa y soltando un suspiro satisfecho.
Estos pensamientos están matándome. ¡Por Dios! Quisiera llegar a ella y besarla, reclamar mi lugar en su vida, no estoy de humor para tanta espera. La quiero y quiero que sea mía sin demora, sin formalidades ni demasiados intentos de conquistarla. Solo quiero que me acepte y ya.
¿A caso es tan difícil?
¡Oh preciosa! No te molestes —habla nuevamente con aquel retrato de su primera novia—. Tú siempre serás la primera, fuiste mi primera ilusión, pero se terminó y todo por culpa de tu estupidez. Todo lo que estas viendo ahora lo tienes bien merecido. Este es tu castigo, debes presenciar cada paso, cada momento, cada detalle y todo por lo que hiciste, por atreverte a abandonarme y querer hacer siempre lo que deseabas.
Sabes que todo fue tu culpa, Si sabías como soy no debiste tomarme a la ligera.
Aún así, mi hermosa Mónica, no dejaré de quererte —acaricia el rostro de esa muchacha en la pintura—. Si estuvieras aquí, te amarraría mas fuerte y esperaría que cambiasen tus ideas, fue tan estúpido enfrentarte a mí, haber huido fue tu peor error, espero hayas aprendido la lección.
¡Oh, por supuesto que lo hiciste! Recuerdo como suplicabas esa noche para que te dejara vivir.
(Tocan la puerta)
—¿Si? —respondp desde adentro mientras destapo una cerveza y la tomo hasta la mitad en un primer trago—.
—Mi niño, soy Sandra, tu vecina —me dice una señora mayor—.
Viro mis ojos con fastidio y abro un poco la puerta.
—Sí. Dígame —respondo desde el interior de la casa.
—Vine a ofrecerte un poco de tarta de limón y pavo al horno que hice para la cena.
—¡Ah... Gracias! —me limito a responder y mantengo la mirada gacha mientras le hablo—.
Me doy cuenta que la doña trata a toda costa de mirarme a los ojos, sé que quiere saber como me veo cuando no llevo puestos esos lentes de contacto.
Keyler se sintió hostigado, quería darle una lección a la doña, por curiosa. Sabía que todas estas atenciones no eran más que por indagar acerca de su enfermedad ocular y nada más, el chico pensó en darle su merecido. Estaba seguro que al día siguiente ella iría a platicarle a las vecinas sobre esto y no dejaba de pensar que daría muy buen tema del que hablar.
—Gracias —respondo mientras le doy una mirada fija y la doña dio un traspié al ver mis ojos, sentir mi mirada invasiva fue aterrador para la doña y eso la desestabilizó en un momento totalmente inesperado
Con una mano sostengo la cesta de la comida y con la otra aprieto su antebrazo para no dejar caer a la señora y le regalo una pequeña sonrisa.
—Tenga cuidado. No se vaya a caer, "Nunca sabemos cuando las emociones fuertes pueden acabar con nuestras vidas" —comento con ironía—.
—Así es muchacho, gracias —responde voz nerviosa — Hace mucho que no te veía, sigues siendo igual de tímido que cuando eras un niño.
—Gracias. Debe cuidarse bien. Un fuerte golpe contra el piso puede dejarla malherida oh... Puede morir en un instante.
—Desde luego —echa un vistazo curioso hacia el interior de la sala—. Gracias por preocuparte muchacho.
Ya comienzo a odiar la imprudencia de la doñita, la miro fijamente haciendo que ella se sienta más incómoda.
—Veo que aún no has podido limpiar la casa, es de mal presagio ocuparla y no destapar los muebles y limpiarla muy bien, creo que puedo ofrecerme para ayudarte, debe ser muy doloroso para ti todo esto. Yo también fui muy amiga de tu madre y lamento su pérdida.
—Lo es—finjo secar mis lágrimas—. Es tan deprimente vivir aquí y ver que todo está como cuando ella lo dejó.
—¿Mañana? Puedo pasarme mañana para ayudarte a dejar todo en orden, no la reconocerás al llegar.
—Entonces mañana —sonrío satisfecho—.
—Déjame la llave al salir y vendré enseguida.
—Eso haré. Señora... ¿?
—Sandra —responde ella le regalo una gran sonrisa.
—Claro, es un hecho, Sandra.
—Me iré a casa, que aproveches la cena.
—Lo haré. ¡CUÍDESE!
Le dice amablemente y la señora sonrió con timidez, sin saber que él lo decía en serio. Keyler pasa al interior de su casa y mira con detenimiento la sala, el piso, las paredes. Nada había sido movido de su lugar. La escoba y el recogedor no habían sido utilizados en años, ni hablar de la cocina y esa habitación.
« Esta señora me será útil por un momento, espero no se vuelva molesta esta situación. Odiaría tener que volver a hacerme cargo de alguien. Es realmente molesto cuando las cosas comienzan a ponerse pesadas, cuando no fluyen, pero ahora su ayuda no es algo que me molesta para nada »
Vuelvo a mi habitación y me deleito con esa deliciosa cena casera, como las que no había probado en años.
A la mañana siguiente, me despierto seguido de esa molesta alarma. Termino con mi rutina de ejercicios, tomo papel y lápiz, escribo una pequeña nota antes de salir de casa y me dirijo hasta el antejardín de mi vecina que vive tan solo a dos casas de distancia.
Coloco la llave junto a la nota y la cesta sobre aquella silla mecedora.
Días antes noté que ella permanecía en ese lugar mucho tiempo, sería imposible que no la viera.
Me dirijo a mi trabajo, este día tiene que ser bueno. Debo pagar esas molestas facturas atrasadas que de ser por mí las seguiría ignorando, pero sé que puedo llegar a vivir en la calle como indigente a causa de los impuestos.
« Odio tanto la vida de adulto, odio tener que pagar todas estas malditas cuentas. Necesito deshacerme de estas cosas, anhelo tanto la vida que tenía »
Pensaba mientras iba caminando a pocos metros de la puerta del edificio donde trabajo.
...
Este día tampoco alcancé a trabajar, mi mente se ocupó de una manera inesperada, pero a su vez muy agradable.
Es tarde, debo regresar, podría ser peligroso. Sí, Lo sé. Muy peligroso, pero no para mí.
Vuelvo a casa y las luces ya están encendidas, las veo a distancia. También observo a la doña sentada en su silla mecedora.
Esta vez está sonriéndome y yo me acerco temeroso
Ella me mira y me regala una sonrisa. Extiende su mano entregándome mis llaves.
—Gracias, señora Sandra —me limito a decirle y le entrego un pequeño obsequio—.
—No tenías porque molestarte, muchacho. Cuando necesites, ya sabes donde hallarme —responde ella con alegría y yo tan solo asentí agradecido—.
Paso a la casa y no puedo creer lo que veo, definitivamente no lo pudo hacer una sola persona en un día, es imposible.
Todo está en su lugar y esta casa comienza a parecer agradable.
El olfato me arrastra hasta un solo lugar, la cocina.
Veo un par de ollas sobre la estufa, todavía le sale el vapor.
Rápidamente camino hacia ellas y al destaparlas un agradable aroma invade todo mi ser, aquella doña había preparado un delicioso pollo guisado y un arroz que se veía muy apetitoso, con esto podría comer un par de veces, ¿Hace cuanto que no como alguna comida casera?
Sí, cierto. Me devoré la cena que me trajo anoche.
¡Por Dios, el refrigerador está impecable!
Hay agua potable almacenada y también hielo arriba en el refri. Desde este punto de vista puedo asumir que es lo más parecido al polo norte. Hielo arriba y agua abajo. Creo que debo comprar insumos.
Camino al baño a ducharme, me relajo en la tina, ya no se ve sucia ni hay telarañas en ella. Es agradable, pensé que el calentador de agua a este tiempo ni servía, pero si.
Esta señora parece que se está ganando mi respeto.
Salgo luego de al menos unos diez minutos, no pude deducir el tiempo en el que relajé en la bañera, salí de allí al ver mis manos arrugadas por estar tanto rato dentro del agua.
Comí un poco de esa deliciosa cena para luego recostarme en la cama con mi libreta y un bolígrafo.
Escribo como si se tratara de un FlashBack:
📝~ Killer, hoy la vi a distancia mientras iba de camino al trabajo, ella es tan hermosa. Su piel estaba erizada debido al frío y yo moría de ganas de abrazarla y cobijarla entre mis brazos.
Ella se veía tan hermosa incluso bajo la tenue lluvia.
Esta vez me aseguré de que no me viera, me oculté entre las personas que deambulaban en las calles evadiendo la lluvia y procurando llegar a tiempo a su destino.
Hoy he perdido mi día de trabajo, no pude evitar seguirla hasta esa biblioteca. He pasado mucho tiempo esperando afuera observando cada paso que daba.
Desearía poder acercarme más, oler su perfume, sentir su piel ¡Oh... Causa mucho efecto en mí!
~ Sabes a lo que me refiero, ¿No es así?
Por supuesto que lo sabes, ¿Cómo no podrías saber eso? Si está demás decirlo —señaló su entrepierna—.
Ella se veía increíblemente hermosa, tierna, dulce e inocente.
Al terminar su turno laboral fue a su casa y entró a su habitación, es la que tiene la ventana estilo colonial, verla sentada ahí leyendo su libro fue muy agradable. Tuve tantas ganas de pasar y acompañarla, prepararle un café y recostarme sobre sus piernas a escuchar el libro que ahora lleva a la mitad.
"A través de mi ventana, de Ariana Godoy"
Eso es lo que se encontraba leyendo y no puedo evitar mencionar que amo hasta su buen gusto literario.
Mañana iré a verla de nuevo, y todos los días que pueda. Quisiera poder tener más información de ella, estoy seguro de que muy pronto estaré junto a mi gran amor.
~ ¿Crees que debería acercarme?
No importa cuanto silencio hagas, killer, estoy seguro que no estás de acuerdo y esta vez tienes razón. Voy a hacerlo despacio.
~ Si te estás preguntando... La respuesta sigue siendo no. No estoy dispuesto a esperar tanto.
~ ¿Qué si es raro?
Posiblemente para ti sea raro, pero claro que tu respuesta no importa.
Para ti, raro
Para mí, necesario
Pd: Ella es mía, solo que eso aún no lo sabe.
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Comments
hugo antonio anaya marquez
mucho miedo
2024-08-16
1
San Aguirre
¡Ohhhhh! ¡Que miedo!
2024-06-22
2
Marita Peña
IMPRESIONANTE
2024-06-20
3