#20 — Finale.
— Narra Samael.
De pronto un sonido a mi al rededor se escuchaba, no era algo común como siempre había sido.
..."¿Dónde estoy?"...
Fue la primera pregunta que se hizo mi mente apenas escuché aquellos ruidos para nada comunes.
Era un sonido de autos y gente caminando a mi lado mientras hablaba por teléfono, todos me miraban de una manera extraña ya que es raro ver a un tipo tirado en plena calle.
Al levantarme noté como ya no tenía orejas, ni cola, mi piel ya no era pálida, solo era blanca como si fuera...un humano...
De pronto ví un vidrio al lado mío en una de las tiendas y me miré.
...Efectivamente soy un humano....
..."¿Estoy en la tierra?"...
Esa era la única pregunta que estaba abordando en mi mente.
Solo soy un chico rubio de ojos azules...es extraño...jamás pensé que esto pasaría al acabar con el cielo y el infierno...
De pronto noté como en mi dedo meñique hay un hilo rojo.
"¿Y esto?"
Me pregunté y a paso lento caminé hasta donde me llevaba aquel hilo.
Me sentía extraño, ya no era un ¿Demonio?
"¿Azrael también estará aquí?..."
Pasaron unos minutos y no llegaba nunca a aquel lugar donde me llevaba el hilo.
Inconscientemente yo di un pequeño salto para abrir mis alas pero me caí al suelo.
"Mierda..dolió bastante..."
"Cierto que ya no soy un demonio..."
Me olvidaba que los humanos son mortales...
De pronto sentí como aquel hilo rojo me jalaba fuertemente hasta que hizo caerme.
"¡Mierda!...¡Duele!"
Ni siquiera alcancé a terminar de decir toda la oración y me jaló nuevamente.
No tuve de otra más que levantarme y seguir aquel hilo.
. . .
Pasé varios minutos corriendo hasta que llegué a una pequeña montaña parecida a una cordillera bastante empinada.
"¿Es en serio?, ¿Ahora tengo qué escalar?"
Aquel hilo volvió a jalarme y comencé a subir.
Tenía miedo a donde me llevaba esta cosa, pero aún así subí.
. . .
Cuando subí ví que abajo había un árbol de cerezo y un río donde el agua estaba muy tranquila, el viento y el atardecer era perfecto.
Pero no era solo eso, habían tres chicos allí.
"¿Quienes son?"
Bajé y cada paso que daba me hacía reconocer un poco a aquellos chicos que estaban de espalda.
Dos de ellos estaban abrazados y el otro estaba solo.
Los dos chicos tenían un hilo también entre sus dedos.
Noté que el hilo de mi dedo estaba sujetado al de ese chico que estaba solo.
Me acerqué y estos voltearon.
"¡¡¡SAMAEL!!!"
Dijeron los tres al mismo tiempo y me abrazaron.
Samael — ¿S-son u-ustedes...?
"Míranos bien la cara."
Simplemente no lo podía creer, es Tomás, Yadael, y Azrael.
Samael se lanzó hasta Azrael y este le agarró la cintura mientras le daba una vuelta entre un profundo beso.
Tomás rió.
Yadael — Que lindos...
El pelirojo le tomó la mano al castaño.
Tomás — Bueno...creo que tú y yo desde ahora empezaremos una nueva vida en la tierra...
Yadael — Empezaremos...los cuatro...
Tomás — Y bueno yo...quería saber pues...ya que ahora estamos aquí...yo...e-e-eh...
El castaño se puso de puntitas y lo besó dulcemente.
"Si quiero ser tu novio, Tomás."
Dijo entre risas ya que sabía que Tom le pediría eso.
"¿¡D-de verdad!?"
Yadael — ¡Claro que sí!
Tomás lo tomó de la cintura y lo abrazó lleno de felicidad.
Azrael y Samael los miraron y luego se voltearon a ver para sonreírse mutuamente.
Azrael — ¿Recuerdas lo qué te dije?
"Quizás en otra vida podamos estar juntos."
Samael — ¡S-sí!
— Dijo entre sollozos ya que pensó que jamás lo volvería a ver —
Azrael — Creo que tú y yo tenemos algo pendiente también...
Samael — De hace muchos años..
"No, olvidémonos de todo el pasado en el cielo y el infierno, ahora empezaremos de cero, ahora como mortales sujetos a la muerte...sea donde sea que vayamos a parar a la hora de morir...creeme que estaré contigo en una y las miles de vidas que vengan."
Dijo Azrael.
Samael comenzó a llorar y lo besó mientras le acariciaba su bello pelo negro.
. . .
"ROSAS CON ESPINAS"
Acabo de despertar en medio de la calle...es extraño porque no es lo que yo recuerdo...
Cuando me levanté sentí un leve mareo.
De pronto también sentí como mis pies son pinchados con espinas.
"¡D-DUELE!"
Al parecer estas espinas me estaban guiando a algún lugar.
Donde no hay espinas no hay rosas. La muerte te ofrece espinas, la eternidad te ofrece rosas y la vida te ofrece ambas.
Cada vez corría más rápido hasta que llegué a una montaña que parecía cordillera.
Una flor (algo de belleza) que se encuentra entre espinas (algo que no es de ninguna belleza significativa).
Tengo miedo...
Pero estas representan el dolor y el sufrimiento que este sentimiento puede ocasionar.
Simplemente subí y me acerqué hasta el árbol de allá y a lo lejos noté claramente el rostro de los cuatro que estaban allí.
"NO HAY ROSA SIN ESPINAS."
. . .
Mientras estos disfrutaban el atardecer y el gran alegre momento de volver a reencontrarse después de la muerte, notaron que un chico estaba frente a ellos.
Este estaba lleno de lágrimas y se le notaba un gran arrepentimiento en los ojos.
"¿Abimael?"
Todos lo miraron bastante desconcertados.
Abimael — ¡Y-yo...l-lo siento mucho!...¡Lo lamento por todo lo que hice!...
Dijo el peliblanco mientras caía de rodillas al pasto lleno de dolor, arrepentimiento totalmente puro y sincero.
Los cuatro se miraron mutuamente y luego lo voltearon a ver otra vez.
Yadael suspiró aliviado, sonrió y extendió su mano hasta él.
Abimael — ¿U-uh?...
"Nunca es tarde para volver a empezar, Abimael."
Dijo Yadael entre una linda sonrisa.
El peliblanco le dió la mano y el castaño lo levantó.
"Tienes nuestro perdón."
. . .
Abimael — ¡Muchas gracias chicos!...
Ahora los cinco se dieron un fuerte abrazo y el peliblanco sonrió también bastante aliviado.
. . .
Sam y Azrael se separaron rápidamente.
Samael — Bueno chicos, deberíamos irnos a casa.
Azrael — Buscar una casa mejor dicho.
Tom y Yad rieron.
Samael — ¡Exacto!
— sonrió y rió también —
¡Vámonos!
Estos cuatro se fueron y Abimael aún bastante triste y arrepentido por todo lo que les hizo se sentó y se quedó mirando el río.
No pasó ni un minuto y alguien le tocó el hombro.
Yadael — Vamos hermano, hay que buscar un hogar.
— Le extendió nuevamente la mano —
Abimael — ¿H-Hermano?...
Yadael — ¡Sí!, te necesito...como tú a mí, esta vez no nos vamos a separar.
Abimael — Yadael yo realmente no merezco tu perdón...soy un bastardo asesino que mató a su propia madre...
El castaño extendió sus brazos y Abimael comenzó a llorar mientras lo miraba.
Yadael — Ven aquí.
El peliblanco no aguantó más y al abrazarlo, las espinas que lo cubrían se desvanecieron totalmente.
Yadael — Nuestra madre ya te perdonó, eso lo sé.
Yad le limpió las lágrimas y se sonrieron mutuamente.
"¡OIGAN!, DEJEN SU SENTIMENTALISMO PARA OTRO MOMENTO!, ¡QUE TENEMOS QUE BUSCAR UNA CASA!"
Les gritó Samael.
Estos corrieron hasta los demás y caminaron abrazados.
El sol se metió entre las montañas, cayó la noche y las estrellas iluminaron como nunca antes vistas en la historia de la tierra.
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Comments
Alexandra Miguel
el mejor final que e visto
2025-01-04
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