#14

A la mañana siguiente, Tomás estaba en el piso de la cantina todo sucio y descuidado.

Samael despertó allí mismo junto con Azrael.

Al parecer lo cuidaron a lo lejos para que nada le pasara pero, ninguno se acercó.

El príncipe ya se encontraba bastante sobrio pero sentía un fuerte dolor en el corazón.

Tomás — Me siento tan vacío sin ti, Yadael...

Samael se acercó un poco a Tom.

Azrael solo los miraba estando alerta.

Tomás — ¿Samael?...¿Qué haces tú aquí?...¿Y yo qué hago en...

— Volteo a ver en donde estaba —

¿La cantina?

Samael — ¿De verdad no te acuerdas?

Tomás — ¿Estaría preguntando?

Samael — Me besaste e intentaste violarme, aparte de eso me toqueteaste.

Tomás se sorprendió al escuchar eso, pero poco después muy arrepentido comenzó a pedir perdón.

Samael — Uh...

Tomás — Perdóname yo...yo no tenía esa intención, yo nunca he querido hacer algo así, lo siento mucho...

Samael — Mientras no se vuelva a repetir, está todo bien, te lo dejaré pasar solo porque estabas borracho.

El arcángel se acercó a Samael y puso sus manos en sus hombros estando atrás de él.

Samael — ¿Uh?, ¿Qué pasa?

— dice mientras voltea a verlo —

Azrael — Tengo que hablar contigo de algo serio.

Tomás se encontraba tan ido en la nada.

Yadael realmente era su única prioridad.

Samael — Espéranos un momento Tom.

Tomás — Ujum...

Estos se fueron a otro lugar más alejado.

Samael — Ahora puedes explicarme, ¿Por qué estás aquí?

Azrael — Necesito hablar un tema contigo, ya que fuiste testigo de la muerte de ese chico eh...¿Cómo se llama?

Samael — Yadael.

Azrael — Él.

Samael — ¿Qué pasa con él?

Azrael — Su alma llegó anoche al cielo, Leonardo está haciendo la transacción de su alma a la vida.

Samael — No me sorprende...

— comienza a caminar hacia adelante —

El arcángel lo sigue y lo mira con atención.

Azrael — ¿Sabes algo de eso?

Samael — Él es hijo de Emma, ¿Te acuerdas?

Azrael — Emma...¿La ángel caída?

Samael — Ella.

Azrael — Pues sí pero...¿Qué fue de ella?

Samael — Una noche que bajé al infierno para ver como estaban pues...estas almas, me la encontré muerta, al parecer abusaron de ella para luego matarla.

Azrael — ¿Eso se lo comentaste a Hades?

Samael — No, su marido me asusta...cuando iba siempre me miraba de manera muy morbosa...

Azrael — Me hubieras dicho y yo le ponía un alto.

Samael — Eso ya no importa, ahora lo importante es...bueno eh...

Azrael — ¿Tomás sigue con la estupidez de declarar la guerra al cielo?

Samael — Sí, y lo hará...

Azrael — ¿Y tú de qué lado estarás?

Este se quedó callado.

Azrael le tomó suavemente el mento y lo miró.

El caído solo apartó la mirada.

Azrael — Sea como sea...esta vez yo...no voy a delatarte...

Samael — Si lo haces o no...no es como que puedan desterrarme...lo máximo que pueden hacer es mandar a matarme.

Azrael — No quiero que hagan eso.

Samael — Soy el arcángel más fuerte de todo el cielo.

Azrael — Lo sé.

El arcángel notó el reloj.

Azrael — Debo irme ya...

Samael — Espera...llévanos.

Azrael — ¿Qué?

Samael — Llévame a mí y a Tomás, por favor.

Azrael — Samael, perdóname pero no puedo hacer eso.

Samael — Si quieres que te perdone por tu traición y falta de lealtad hacia a mí entonces vas a ayudarme.

Azrael — ¡Eres un manipulador!

Samael — Tú decides, me ayudas o seguirás viviendo con la culpa esperando que te perdone.

Azrael suspiró y aceptó.

El caído bastante contento le dió un beso en la mejilla y fue corriendo hasta el príncipe.

Este se sonrojó unos pocos segundos y lo siguió.

Tomás se veía bastante mal, es como si lentamente cayera en una locura desesperada.

Samael se acercó a este y le agarró la muñeca levantándolo.

Tomás — ¿Uh...?

Samael — Nos vamos al cielo.

Tomás — ¿Sí?...

Samael — Sí, este lugar no te está haciendo bien...

Tomás ni siquiera tenía la fuerza suficiente para levantarse, no comer y dormir mal después de tantos años realmente no le sienta para nada bien.

Samael — Oye estás...demasiado débil...

Una sombra desde muy atrás los observaba con mucha atención a los tres, ninguno se percataba de esto.

Tomás — Ah...

— ni siquiera estaba prestándole atención —

Samael — ¡Tomás!

Azrael — Sigue en estado de shock, es normal que no le preste atención a nadie.

Samael — ¿Cómo así?

— voltea a verlo —

Azrael — Vió morir a Yadael en sus brazos, lo asimiló pero ahora su mente está tratando de evadir ese recuerdo.

Samael — ¿Qué hago entonces...?

Azrael — Cuando estemos allá, hablarás con él de la mejor forma posible, harás que te preste atención.

Samael — Yo no tengo donde quedarme, él sí.

El arcángel extendió su mano hasta él mientras abría el portal.

Azrael — Conmigo siempre tendrás un lugar donde quedarte.

Samael sonrió, le dió la mano y juntos pasaron aquel portal.

. . .

Samael — ¡ESPERA!, ¡FALTÓ TOMÁS!

Este en el suelo con la cabeza gacha, fue agarrado por Samael cruzando el portal.

. . .

De pronto en la sala de reuniones del palacio celestial se encontraba Sera y Emily.

De pronto apareció entre una luz divina y cayó Yadael al suelo con unos hermosos ojos celestes, su pelo se tornó a un tono rubio platino junto con una aureola al rededor de su cabeza.

Emily sonrió y se puso muy contenta, por otro lado Sera lo miró demasiado sorprendida.

La pequeña ángel se acercó emocionada.

Emily — ¡Hola soy Emily!, ¡La otra serafín!

Yadael solo la miró y Sera llamó a Adán.

Emily — Aunque puedes llamarme Em...¿Emy?, eh, oh como quieras, ¡Respondo a cualquiera!

— se ríe como la army psicópata de TikTok —

¡Bienvenido al cielo!

Yadael — Ahh...¿Gracias?

(Tengo que buscar a Tomás...)

Sera — Emily, retírate un momento.

Emily — Pero tengo que darle la bienvenida...

Sera — Retírate, por favor.

Esta se despidió y salió alegremente de la oficina.

Yadael — Yo...tengo que irme...

Este rápidamente abrió las puertas de aquella oficina para huir donde su amado, pero al abrir Adán apareció tras la puerta con una sonrisa cínica y lo empujó de vuelta adentro.

Yadael cayó al suelo y los miró bastante asustado.

Sera — Justo a tiempo.

Lute entró atrás de Adán.

Adán — ¿A dónde crees qué ibas pequeño engendro infernal?

Sera — Me está hartando el jueguito del hijo de Morningstar.

Adán — No te preocupes, ahora mismo lo vamos a arreglar, Lute cierra la puerta.

Ella cerró la puerta fijándose de que nadie esté viendo.

El plano cambia ahora con Samael y Tomás en la casa de Azrael.

Samael — Bien, Tomás escúchame por favor.

Tomás — ¿Sí...?

Azrael los miraba apoyado en la pared de brazos cruzados.

Samael — Yadael está de vuelta con nosotros...

Tomás — ¿¡QUÉ!?, ¿¡DÓNDE!?

Al príncipe le cambió la carita a una de felicidad total y emoción.

Azrael — Está pasando la transacción de la muerte a vida con Leonardo.

Tomás — TENGO QUE VERLO

Este estaba por salir pero Azrael le bloqueó el paso.

Tomás — QUÍTATE DE LA PUERTA.

Samael suspiró y se acercó a este.

Azrael — No.

Samael — Escúchame Tomás, no lo podrás ver si su alma está en plena transacción.

Tomás — P-pero volverá a la vida...¿Verdad?

Samael — Así es...¿Verdad Azrael?

Azrael — Sí.

Tomás — Pero...los seres infernales no pueden aparecer aquí...

Samael — Es que hay algo que tú no sabes sobre Yadael.

Tomás — ¿Qué cosa...?

Azrael — Tengo que retirarme, Samael encárgate de no salir, coman algo y ya luego hablan la situación.

Samael — Sí, cuídate mucho Azy...y gracias...

Azrael — Por nada.

El arcángel le sonrió y se fue.

Tomás — ¿Qué es lo qué debo de saber de Yadael?

Samael caminó hasta la cocina.

Tomás — ¡Dime!

El caído sacó algo de café de arriba y lo miró.

Samael — ¿Quieres café?

Tomás — ¡No!, ¡Solo dime que tengo que saber de Yadael!, por favor...

¿Tomás por primera vez en su vida negó al café?, algo totalmente nuevo en sus 17 años.

Samael — Primero siéntate y cálmate.

Este se sentó bastante impaciente.

Samael — ¿Siempre has creído qué tu amigo es un ser infernal no?

Tomás — Pues...eso es, si nació en el infierno.

Samael — ¿Llegaste a conocer a su mamá?

Tomás — No, solo me contó lo que pasó con ella.

Samael — Su madre es una caída.

Tomás — ¿¡AH!?

Samael — Eso, su madre era un ángel.

Tomás — ¿Se reveló?

Samael — No, pero si incumplió normas y bueno, así son las cosas aquí.

Tomás — Pero eso quiere decir que...¿Yadael es...?

Samael — Un ángel.

Tomás — ¿¡D-DE VERDAD!?

— Este se alegró más todavía —

Samael — Vaya...a juzgar por tu reacción se ve que es algo que querías...

Tomás — Es que bueno...no lo sé...

Samael — Como sea, cambiando el tema...¿Seguirás con esto de la guerra?

Tomás — Obvio que sí, voy a descubrir quien mató a Yadael.

Samael — Te ayudaré con eso.

Tomás — ¿Deberíamos buscar a Abimael?

Samael — No, ese nunca me dió buena espina.

Tomás — Me dijo que había llegado hace poco, pero no me cuadra ya que sabe hasta lo que pasó contigo y Lucifer.

Samael — (Que puto mentiroso...pero hay algo más escondido acá...)

Él llegó después de nosotros.

Tomás — ¿Me mintió?, ¿Para qué?

Samael — No lo sé, pero la cosa es no buscarlo.

Tomás — Ahora que Yadael estará de vuelta...podré continuar con la guerra.

Samael — Te ayudaré.

Tomás — ¿Sí...?, ¿Aún?...

Samael — Claro, les di mi palabra.

Tomás — ¡Gracias!

. . .

Adán — Al parecer este mocosito es hijo de Emma.

Yadael — ¿¡QUÉ SABES TÚ!?

La teniente le agarró fuertemente del cabello.

Lute — ¡NO LE HABLES DE ESA MANERA AL SEÑOR ADÁN!, MALDITO ENGENDRO INSOLENTE, DEBERÍAS ESTAR MUERTO.

Adán — Pues si murió, ¡JA!

Lute lo soltó.

Sera se preocupó un poco ya que si Yadael se acordaba de que Abimael lo mató, el cielo se vendría abajo.

Yadael — Es cierto...pero...no recuerdo...

Adán — ¡Que puta suerte!

Sera — Al parecer el hijo de Morningstar seguirá con esto de la guerra.

Yadael — ¿¡TOMÁS!?

Lute — CÁLLATE.

Adán — ¿Cómo estás tan segura?

Sera — Abimael me avisó que lo vió en el cielo.

Adán — Voy por él.

Sera  — No, hay algo mejor y lo sabes...

Adán — Oh...sí...

Lute — Uhm...

Adán se acercó a Yadael.

Yadael — ¿Uh?...

Adán — Si no quieres que el putito de tu amigo se muera, harás lo que nosotros digamos.

Yadael — ¿Q-qué...?

Sera — Definitivamente el hijo de Morningstar declarará la guerra, ¿Entiendes eso?

Adán — Deberíamos desterrar al puto de Lucifer.

Sera — Eso después.

Adán — ¿Ahora qué?

Sera se acercó a Yadael.

Yadael — (Tengo miedo...)

Sera — Ya que tu amigo no piensa detenerse en la guerra, tú serás parte del ejercito que peleará en su contra.

Yadael — ¡¡¡ESO JAMÁS!!, ¡NUNCA PELEARÉ CONTRA ÉL!

Adán — Es eso o que nosotros lo matemos en tu puta cara.

Yadael — ...

Sera — Llévatelo Adán, tú sabes como convencerlo.

Adán — Claro que sí.

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