A la mañana siguiente, Tomás estaba en el piso de la cantina todo sucio y descuidado.
Samael despertó allí mismo junto con Azrael.
Al parecer lo cuidaron a lo lejos para que nada le pasara pero, ninguno se acercó.
El príncipe ya se encontraba bastante sobrio pero sentía un fuerte dolor en el corazón.
Tomás — Me siento tan vacío sin ti, Yadael...
Samael se acercó un poco a Tom.
Azrael solo los miraba estando alerta.
Tomás — ¿Samael?...¿Qué haces tú aquí?...¿Y yo qué hago en...
— Volteo a ver en donde estaba —
¿La cantina?
Samael — ¿De verdad no te acuerdas?
Tomás — ¿Estaría preguntando?
Samael — Me besaste e intentaste violarme, aparte de eso me toqueteaste.
Tomás se sorprendió al escuchar eso, pero poco después muy arrepentido comenzó a pedir perdón.
Samael — Uh...
Tomás — Perdóname yo...yo no tenía esa intención, yo nunca he querido hacer algo así, lo siento mucho...
Samael — Mientras no se vuelva a repetir, está todo bien, te lo dejaré pasar solo porque estabas borracho.
El arcángel se acercó a Samael y puso sus manos en sus hombros estando atrás de él.
Samael — ¿Uh?, ¿Qué pasa?
— dice mientras voltea a verlo —
Azrael — Tengo que hablar contigo de algo serio.
Tomás se encontraba tan ido en la nada.
Yadael realmente era su única prioridad.
Samael — Espéranos un momento Tom.
Tomás — Ujum...
Estos se fueron a otro lugar más alejado.
Samael — Ahora puedes explicarme, ¿Por qué estás aquí?
Azrael — Necesito hablar un tema contigo, ya que fuiste testigo de la muerte de ese chico eh...¿Cómo se llama?
Samael — Yadael.
Azrael — Él.
Samael — ¿Qué pasa con él?
Azrael — Su alma llegó anoche al cielo, Leonardo está haciendo la transacción de su alma a la vida.
Samael — No me sorprende...
— comienza a caminar hacia adelante —
El arcángel lo sigue y lo mira con atención.
Azrael — ¿Sabes algo de eso?
Samael — Él es hijo de Emma, ¿Te acuerdas?
Azrael — Emma...¿La ángel caída?
Samael — Ella.
Azrael — Pues sí pero...¿Qué fue de ella?
Samael — Una noche que bajé al infierno para ver como estaban pues...estas almas, me la encontré muerta, al parecer abusaron de ella para luego matarla.
Azrael — ¿Eso se lo comentaste a Hades?
Samael — No, su marido me asusta...cuando iba siempre me miraba de manera muy morbosa...
Azrael — Me hubieras dicho y yo le ponía un alto.
Samael — Eso ya no importa, ahora lo importante es...bueno eh...
Azrael — ¿Tomás sigue con la estupidez de declarar la guerra al cielo?
Samael — Sí, y lo hará...
Azrael — ¿Y tú de qué lado estarás?
Este se quedó callado.
Azrael le tomó suavemente el mento y lo miró.
El caído solo apartó la mirada.
Azrael — Sea como sea...esta vez yo...no voy a delatarte...
Samael — Si lo haces o no...no es como que puedan desterrarme...lo máximo que pueden hacer es mandar a matarme.
Azrael — No quiero que hagan eso.
Samael — Soy el arcángel más fuerte de todo el cielo.
Azrael — Lo sé.
El arcángel notó el reloj.
Azrael — Debo irme ya...
Samael — Espera...llévanos.
Azrael — ¿Qué?
Samael — Llévame a mí y a Tomás, por favor.
Azrael — Samael, perdóname pero no puedo hacer eso.
Samael — Si quieres que te perdone por tu traición y falta de lealtad hacia a mí entonces vas a ayudarme.
Azrael — ¡Eres un manipulador!
Samael — Tú decides, me ayudas o seguirás viviendo con la culpa esperando que te perdone.
Azrael suspiró y aceptó.
El caído bastante contento le dió un beso en la mejilla y fue corriendo hasta el príncipe.
Este se sonrojó unos pocos segundos y lo siguió.
Tomás se veía bastante mal, es como si lentamente cayera en una locura desesperada.
Samael se acercó a este y le agarró la muñeca levantándolo.
Tomás — ¿Uh...?
Samael — Nos vamos al cielo.
Tomás — ¿Sí?...
Samael — Sí, este lugar no te está haciendo bien...
Tomás ni siquiera tenía la fuerza suficiente para levantarse, no comer y dormir mal después de tantos años realmente no le sienta para nada bien.
Samael — Oye estás...demasiado débil...
Una sombra desde muy atrás los observaba con mucha atención a los tres, ninguno se percataba de esto.
Tomás — Ah...
— ni siquiera estaba prestándole atención —
Samael — ¡Tomás!
Azrael — Sigue en estado de shock, es normal que no le preste atención a nadie.
Samael — ¿Cómo así?
— voltea a verlo —
Azrael — Vió morir a Yadael en sus brazos, lo asimiló pero ahora su mente está tratando de evadir ese recuerdo.
Samael — ¿Qué hago entonces...?
Azrael — Cuando estemos allá, hablarás con él de la mejor forma posible, harás que te preste atención.
Samael — Yo no tengo donde quedarme, él sí.
El arcángel extendió su mano hasta él mientras abría el portal.
Azrael — Conmigo siempre tendrás un lugar donde quedarte.
Samael sonrió, le dió la mano y juntos pasaron aquel portal.
. . .
Samael — ¡ESPERA!, ¡FALTÓ TOMÁS!
Este en el suelo con la cabeza gacha, fue agarrado por Samael cruzando el portal.
. . .
De pronto en la sala de reuniones del palacio celestial se encontraba Sera y Emily.
De pronto apareció entre una luz divina y cayó Yadael al suelo con unos hermosos ojos celestes, su pelo se tornó a un tono rubio platino junto con una aureola al rededor de su cabeza.
Emily sonrió y se puso muy contenta, por otro lado Sera lo miró demasiado sorprendida.
La pequeña ángel se acercó emocionada.
Emily — ¡Hola soy Emily!, ¡La otra serafín!
Yadael solo la miró y Sera llamó a Adán.
Emily — Aunque puedes llamarme Em...¿Emy?, eh, oh como quieras, ¡Respondo a cualquiera!
— se ríe como la army psicópata de TikTok —
¡Bienvenido al cielo!
Yadael — Ahh...¿Gracias?
(Tengo que buscar a Tomás...)
Sera — Emily, retírate un momento.
Emily — Pero tengo que darle la bienvenida...
Sera — Retírate, por favor.
Esta se despidió y salió alegremente de la oficina.
Yadael — Yo...tengo que irme...
Este rápidamente abrió las puertas de aquella oficina para huir donde su amado, pero al abrir Adán apareció tras la puerta con una sonrisa cínica y lo empujó de vuelta adentro.
Yadael cayó al suelo y los miró bastante asustado.
Sera — Justo a tiempo.
Lute entró atrás de Adán.
Adán — ¿A dónde crees qué ibas pequeño engendro infernal?
Sera — Me está hartando el jueguito del hijo de Morningstar.
Adán — No te preocupes, ahora mismo lo vamos a arreglar, Lute cierra la puerta.
Ella cerró la puerta fijándose de que nadie esté viendo.
El plano cambia ahora con Samael y Tomás en la casa de Azrael.
Samael — Bien, Tomás escúchame por favor.
Tomás — ¿Sí...?
Azrael los miraba apoyado en la pared de brazos cruzados.
Samael — Yadael está de vuelta con nosotros...
Tomás — ¿¡QUÉ!?, ¿¡DÓNDE!?
Al príncipe le cambió la carita a una de felicidad total y emoción.
Azrael — Está pasando la transacción de la muerte a vida con Leonardo.
Tomás — TENGO QUE VERLO
Este estaba por salir pero Azrael le bloqueó el paso.
Tomás — QUÍTATE DE LA PUERTA.
Samael suspiró y se acercó a este.
Azrael — No.
Samael — Escúchame Tomás, no lo podrás ver si su alma está en plena transacción.
Tomás — P-pero volverá a la vida...¿Verdad?
Samael — Así es...¿Verdad Azrael?
Azrael — Sí.
Tomás — Pero...los seres infernales no pueden aparecer aquí...
Samael — Es que hay algo que tú no sabes sobre Yadael.
Tomás — ¿Qué cosa...?
Azrael — Tengo que retirarme, Samael encárgate de no salir, coman algo y ya luego hablan la situación.
Samael — Sí, cuídate mucho Azy...y gracias...
Azrael — Por nada.
El arcángel le sonrió y se fue.
Tomás — ¿Qué es lo qué debo de saber de Yadael?
Samael caminó hasta la cocina.
Tomás — ¡Dime!
El caído sacó algo de café de arriba y lo miró.
Samael — ¿Quieres café?
Tomás — ¡No!, ¡Solo dime que tengo que saber de Yadael!, por favor...
¿Tomás por primera vez en su vida negó al café?, algo totalmente nuevo en sus 17 años.
Samael — Primero siéntate y cálmate.
Este se sentó bastante impaciente.
Samael — ¿Siempre has creído qué tu amigo es un ser infernal no?
Tomás — Pues...eso es, si nació en el infierno.
Samael — ¿Llegaste a conocer a su mamá?
Tomás — No, solo me contó lo que pasó con ella.
Samael — Su madre es una caída.
Tomás — ¿¡AH!?
Samael — Eso, su madre era un ángel.
Tomás — ¿Se reveló?
Samael — No, pero si incumplió normas y bueno, así son las cosas aquí.
Tomás — Pero eso quiere decir que...¿Yadael es...?
Samael — Un ángel.
Tomás — ¿¡D-DE VERDAD!?
— Este se alegró más todavía —
Samael — Vaya...a juzgar por tu reacción se ve que es algo que querías...
Tomás — Es que bueno...no lo sé...
Samael — Como sea, cambiando el tema...¿Seguirás con esto de la guerra?
Tomás — Obvio que sí, voy a descubrir quien mató a Yadael.
Samael — Te ayudaré con eso.
Tomás — ¿Deberíamos buscar a Abimael?
Samael — No, ese nunca me dió buena espina.
Tomás — Me dijo que había llegado hace poco, pero no me cuadra ya que sabe hasta lo que pasó contigo y Lucifer.
Samael — (Que puto mentiroso...pero hay algo más escondido acá...)
Él llegó después de nosotros.
Tomás — ¿Me mintió?, ¿Para qué?
Samael — No lo sé, pero la cosa es no buscarlo.
Tomás — Ahora que Yadael estará de vuelta...podré continuar con la guerra.
Samael — Te ayudaré.
Tomás — ¿Sí...?, ¿Aún?...
Samael — Claro, les di mi palabra.
Tomás — ¡Gracias!
. . .
Adán — Al parecer este mocosito es hijo de Emma.
Yadael — ¿¡QUÉ SABES TÚ!?
La teniente le agarró fuertemente del cabello.
Lute — ¡NO LE HABLES DE ESA MANERA AL SEÑOR ADÁN!, MALDITO ENGENDRO INSOLENTE, DEBERÍAS ESTAR MUERTO.
Adán — Pues si murió, ¡JA!
Lute lo soltó.
Sera se preocupó un poco ya que si Yadael se acordaba de que Abimael lo mató, el cielo se vendría abajo.
Yadael — Es cierto...pero...no recuerdo...
Adán — ¡Que puta suerte!
Sera — Al parecer el hijo de Morningstar seguirá con esto de la guerra.
Yadael — ¿¡TOMÁS!?
Lute — CÁLLATE.
Adán — ¿Cómo estás tan segura?
Sera — Abimael me avisó que lo vió en el cielo.
Adán — Voy por él.
Sera — No, hay algo mejor y lo sabes...
Adán — Oh...sí...
Lute — Uhm...
Adán se acercó a Yadael.
Yadael — ¿Uh?...
Adán — Si no quieres que el putito de tu amigo se muera, harás lo que nosotros digamos.
Yadael — ¿Q-qué...?
Sera — Definitivamente el hijo de Morningstar declarará la guerra, ¿Entiendes eso?
Adán — Deberíamos desterrar al puto de Lucifer.
Sera — Eso después.
Adán — ¿Ahora qué?
Sera se acercó a Yadael.
Yadael — (Tengo miedo...)
Sera — Ya que tu amigo no piensa detenerse en la guerra, tú serás parte del ejercito que peleará en su contra.
Yadael — ¡¡¡ESO JAMÁS!!, ¡NUNCA PELEARÉ CONTRA ÉL!
Adán — Es eso o que nosotros lo matemos en tu puta cara.
Yadael — ...
Sera — Llévatelo Adán, tú sabes como convencerlo.
Adán — Claro que sí.
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