.... . ....
Más tarde, Samael se encontraba en la sala de reuniones buscando unos planos.
De pronto vió como Gabriel entró.
Samael — Gabriel...
Gabriel — Ah, hola Sam.
— Pasa de largo —
.... . ....
Volvió rápidamente para confirmar que a quien había visto era él.
¿¡SAMAEL!?
Samael — Jeje...
Este bastante contento fue a abrazarlo.
Sam bastante alegre correspondió.
Gabriel — ¿Qué haces aquí, cariño...?
Samael — Es una larga historia...
Gabriel — Te escucho, ¿Buscabas algo?
Samael — Unas planillas, pero déjalo para después...
Gabriel — ¿Te reencontraste con Lucifer, verdad?
Samael — Sí...
— puso ambas manos en su cabeza —
Gabriel — ¿Qué te dijo?
Samael — Que sea como sea sigo siendo su hijo.
Gabriel — Pues lamentablemente es así.
— dijo mientras pone unos libros en la repiza —
"¡NO!, ¡YO NO SOY SU HIJO!, ME LA SOBRELLEVÉ Y SOBREVIVÍ SOLO EN EL MALDITO INFIERNO!."
Gabriel — Tienes razón, perdón.
Samael suspiró y se calmó.
Gabriel — ¿Puedo preguntarte algo?
Samael — ¿Qué?
Gabriel — ¿Por qué no fuiste al castillo de los Morningstar?
Samael — ¿Para qué?, ¿Para vivir con Alastor escuchando su despecho por Lucifer?, no gracias.
Gabriel — Pero, ¿Tienes un hermano, no?
Samael — Ese tipo no es mi hermano.
El arcángel se acercó y tomó su mano.
Gabriel — Sam, escúchame.
Samael — ¿Qué?
Gabriel — Ese chico no tiene la culpa.
Samael — Pues no pero...ugh..
Gabriel — ¿Por qué no lo quieres reconocer cómo tu hermano?, ¿Lo sabe?
Samael — Porque imagínate años después enterarte que tienes un hermano que fue el arcángel más poderoso de todo el cielo, y no, no lo sabe...nunca lo va a saber.
Gabriel — ¿Y si se lo toma bien?
Samael — No, Gabriel, no quiero tener nada que ver con la familia Morningstar.
Este le soltó la mano y volvió a acomodar los libros del estante.
Gabriel — ¿Te enteraste de qué se viene una guerra?
Samael — Yo seré parte de ella.
Gabriel — ¿De qué lado estarás?
Samael — Definitivamente del lado de Lucifer no.
Gabriel suspiró y sonrió.
..."Me alegra que no seas como nosotros."...
Samael — ¿No te molesta...?
Gabriel — Claro que no, también tienes el derecho de...hacer tu propia voluntad...
Samael — Gabriel...
Gabriel — ¿Lo sabe Azrael?
Samael — Sí, y la verdad...no quiero pelear contra él...
Gabriel — Pero ya tomaste la decisión.
Samael — Lo sé...
El arcángel se acercó a este y lo miró a los ojos bastante llorosos y cansado de todo.
"Libéranos Samael, por favor."
Samael — ¿Qué...?, ¿Por qué?...¿Qué está pasando?...
. . .
Tomás — Bien...ya tengo algo pensado.
Yadael — ¿Ajá?
Tomás — Quiero actuar como terrorista, así que pondremos bombas en casi todo el lugar.
Yadael — ¿Dónde?
Tomás — En los palacios más que nada.
Yadael — Los que habitan el cielo no tienen la culpa...pobrecitos...
Tomás — Lo sé, pero...el cielo nunca pensó en nuestro pueblo en el infierno.
Yadael — Eso es cierto...
El ángel sintió como estaba siendo ahorcado.
Esa es la señal de que Abimael está cerca.
Tomás se dió cuenta de lo extraño que estaba actuando.
Yad tosió un poco.
Tomás — ¿Estás bien?, ¿Te duele la garganta?
Yadael — No no...voy a tomar un poco de aire.
Tomás — Te acompaño.
Yadael — No no Tomi...quédate, ¿Sí?
Tomás — Uhm...bueno...
Este salió rápidamente y Abimael lo empujó fuertemente al piso.
Yadael — ¡¡¡YA ESTOY AQUÍ YA!!!
Abimael — ¿Qué es lo qué planea hacer el princesito de Morningstar, eh?
Yadael — ...
Abimael se acercó y le agarró violentamente la cara.
"TE ESTOY HABLANDO."
Yadael — (No puedo...)
Abimael — Bien...si así lo quieres.
El peliblanco formó una pequeña bola de cristal, en la cual aparecía la madre de Yadael junto con Adán.
Mientras tanto en el otro lado.
Adán — ¡Oh!, mira quien está ahí
Emma — ¡YADAEL!
Este le gritaba del otro lado.
Yadael — ¡M-MAMÁ!...
Abimael — Si no quieres que tu querida mamita sea torturada de mil formas...más te vale decirme que es lo que planea hacer la perrita de Lucifer.
Yadael — Bien...
Abimael deshizo aquella bola de cristal y lo miró.
Yadael — Apenas sé un poco, pondrá unas bombas en todos los palacios...
Abimael — Bien, si nos llegas a mentir...no sabes como disfrutaré viéndote sufrir por tu querida mamita.
Yadael — ¿P-por qué eres tan cruel...?, s-se supone q-que son ángeles...
Abimael — ¿Pir qi iris tin criel?, si sipini qui sin ingilis, Ay ya por favor, deja tu dramatismo para otro momento.
Yadael — Es que es la verdad...
"La verdad aquí, queda en incógnita."
Yadael — (¿Qué carajo quiere decir con eso...?)
Abimael — Con permiso, tengo un principito que visitar, y más te vale no abrir la boquita...o sabes perfectamente lo que va a pasar.
Yadael solo asintió.
. . .
Abimael — ¡Tomi!
Tomás — ¡Holaa!
Estos se abrazaron.
Abimael — ¿Cómo estás?, hace rato no te veía...
Tomás — Bien...todo nuestro plan está de lo mejor.
Abimael — ¿Y qué piensan hacer?
Tomás — Primero colocaremos bombas en los palacios, el resto lo está haciendo Samael.
El peliblanco levantó una ceja.
"Oh...¿Samael?"
Tomás — Sí, anda en la sala de reuniones buscando unos planos para facilitarnos las cosas.
Abimael — Ya veo...
Tomás — ¿Pasa algo?
Abimael — Podría ayudar ahora que está Yadael...¿Qué te parece?
Tomás — ¡Claro!, tu ayuda nos será muy útil.
Este sonrió y Yadael entró a la casa.
Abimael — Yo los ayudo a cambio de que me cuenten cada cosa que vayan a hacer...
Tomás — ¿Por qué lo dices así?
Abimael — Porque no quiero sentirme...excluido, ¿Sabes?
Tomás — Yo te contaré todo, no te preocupes
"¿Entonces es un trato, Tomás?."
Abimael le extendió la mano para que este la estrechara.
"Sí, es un trato."
Yadael — (Maldita sea...Tomás..)
En la mano de Abimael había un fuego blanco el cual a vista de Tomás no era visible.
Tomás le estrechó la mano y rápidamente una cadena se formó en su cuello hasta las manos de Abimael.
(Maldita sea, ¿Por qué siempre confías tan rápido, Tomás...?)
Pensó Yadael.
. . .
Yadael — Y-ya volví...
Tomás — Mira, apareció Abimael.
El peliblanco miró a Yadael.
Yadael — Sí...que gusto verte...
Abimael — A mí también me da mucho gusto verte de nuevo.
— sonríe —
. . .
Lilith — No te entiendo en lo absoluto Lucifer, ¿Para qué quieres qué Char y yo bajemos al infierno?
Lucifer — Porque un demonio le declaro la guerra al cielo.
Lilith — Eso puede hacerlo cualquiera, a menos que sea alguien importante, el cielo le da la importancia, ¿No?
Lucifer — Pues es importante...por favor.
Lilith — ¿Quieres qué nos maten?
Lucifer — ¿Prefieres morir en la guerra?
Lilith — No...
Lucifer — ¿Entonces?
. . .
Pasó un rato y Tomás se quedó dormido en el sofá.
Abimael — Bueno, yo me retiro, nos vemos Yadael.
Yadael — A-Ajá...
Este salió.
"Ahora tengo una visita con Samael Morningstar."
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