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De camino a casa los dos guardaron silencio, la acalorada discusión de hace un rato había dejado a Dafne lastimada, nunca en su vida había recibido una mirada tan llena de superioridad y desprecio como esa, se sintió inferior, pequeña y por un momento sintió que no merecía estar al lado de Samael. Cuando bajaron del auto la tomó por el brazo atrayéndola hacia él con suavidad, rodeó su cintura y le dio un cálido abrazo que la hizo sentir reconfortada.

Los días pasaron y Dafne se olvidó de lo que había ocurrido. Sin darse cuenta ya había creado rutinas en su nuevo hogar, como los sirvientes no hablaban su idioma sus interacciones se limitaron a Clair y Samael. Samael retomó sus horarios de trabajo con normalidad y ya era poco el tiempo que pasaba en casa, ella se sintió sola pero apreciaba que él nunca faltara a su palabra de siempre cenar con ella. Cada mañana se despertaba, tomaba un baño y luego salía a desayunar con Clair, odiaba comer sola y por eso siempre la invitaba a comer con ella, después llamaba a su madre y hablaban de cosas triviales, le agradaba verlos a diario porque de esa forma no se iban a sentir abandonados. Después de unos días empezó aburrirse de su rutina, ella era un alma libre que odiaba el encierro, quería salir, caminar, andar en bicicleta pero al pensar en lo frió que debía estar afuera, prefirió quedarse, sin embargo empezó a salir junto con Clair a comprar los comestibles, le era entretenido escoger cosas que nunca había visto, era como una niña pequeña en una dulcería comprando sus caramelos favoritos. Poco a poco se fue ganando el cariño de los empleados, aunque no podían comunicarse hablando, ella preparaba pequeños bocadillos y lo repartía entre todos, ella se sentía feliz al sentir las miradas cálidas de todos al saludar cortésmente.

-¿Volviste a cocinar hoy?

Le preguntó Samael mientras se metía un gran bocado en la boca.

-Si ¿Te gusta?

-Claro, es delicioso. Pero no es necesario que prepares mi cena, para eso están los empleados. Aunque debo decir que prefiero mil veces tú comida.

-Lo sé, pero me aburro y estas cosas me ayudan a entretenerme y además… No creo que esté mal hacerle comida a mi esposo.

Ella tomó su mano y él la miró con ternura.

-Cariño… Ya he estado aquí casi medio año y me gustaría empezar a aprender el idioma.

-Tienes razón, lo había olvidado. Disculpa.

-¿Cuándo crees que pueda empezar?

-Mañana hablaré con mi asistente.  Haré que venga alguien a enseñarte.

El rostro de Dafne se iluminó, ella se levantó de su puesto y se sentó en las piernas de su esposo llenándolo de besos.

-¡Gracias!

A los dos días tal cual él había prometido, una mujer llegó a enseñarle. Eran una mujer alta, rubia con unas cuantas arrugas en su rostro, había tantos rastros de la belleza que había tenido la mujer en su juventud.

-¿Empezamos?

preguntó la mujer con una amable sonrisa, Dafne se sonrojó al ser descubierta mirándola y asintió. El tiempo pasó volando, la clase terminó y Dafne suspiró al darse cuenta de lo complicado que era el idioma, no estaba segura si podría dominarlo en el tiempo que había predicho. Cuando llegó Samael ella lo abrazó un poco deprimida, él acarició su cabeza.

-¿Qué pasó? ¿No te gustó la persona que mandé?

-No es eso… Solo déjame abrazarte unos minutos más.

Mientras lo abrazaba comenzó a sentirse triste, quería estudiar y sentía que estaba perdiendo el tiempo, de repente las palabras de sus padres llegaron a su cabeza y reaccionó.

-Ven, comamos. Debes estar cansado.

Esa noche casi no pudo dormir tratando de eliminar los malos pensamientos, aunque estaba feliz con su matrimonio, se sentía incompleta. Las siguientes clases continuaron y ella puso todas sus energías en tratar de aprender más rápido, llenó la casa con papelitos nombrando cada objeto, se sentía satisfecha al poder decir algunas cosas básicas a los empleados y que ellos le entendieran.  Samael la miraba practicar antes de dormir y la regañaba por ser tan diligente, él la arrastró a la cama y la llenó de besos mientras la miraba con sus ojos llenos de pasión.

Al día siguiente mientras Dafne ayudaba a ponerle la corbata a Samael recordó algo.

-Esposo, había olvidado decirte. Hace unos días me pareció ver un auto llegar a aquella casa.

-¿Cuál casa?

-La de invitados, la que está abandonada. ¿La están renovando?

El rostro de Samael se tensó y se alejó unos pasos.

-¿Cómo era el auto?

-Mmm era un auto pequeño, si no recuerdo mal era rojo.

-Ya veo, seguramente es mi abuela.

-¿La abuela? ¿Piensa usar la casa?

-No lo sé.

Ella notó su incomodidad y supuso que aún no se había reconciliado con su abuela. Esa noche Samael llegó pasada de la media noche, se veía molesto y ella prefirió no preguntar nada. Mientras estaban en la cama ella lo sintió distante, él estaba acostado dándole la espalda y en ese momento ella sintió que la habitación y la cama eran innecesariamente grandes.

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Comments

Wallace_Ross

Wallace_Ross

Se viene el chico 🫣

2025-02-21

0

Albalu HS

Albalu HS

ésta intriga me está matando😠

2024-07-27

8

Adriana Trejo

Adriana Trejo

ya se esta armando una grande

2024-06-23

6

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