Mientras volaban a Londres Natalie no podía creer que en dos meses se casaría.
Ya había acordado con Casandra como sería el modelo de vestido. Y pensar que cuando conoció a Alexos tenía ganas de arrojarlo por una ventana. Natalie sonrió.
Todo había empezado cuando decidió ir a estudiar a Londres.
Necesitaba hacer algo por ella misma, en eso Kat tenía razón siempre hay demasiadas expectativas que cumplir cuando eres un Beaumont.
Y ella las había cumplido todas siempre había tenido buenas notas, la primera de la clase y cumplido con cada una de las expectativas de sus padres.
Pero las cosas se habían vuelto un caos tras el accidente de su madre, Katherine estaba en su peor momento, a veces se preguntaba si el hecho de no perder a su gemela no había trastornado un poco el comportamiento de Kat, tampoco había ayudado que su madre se hubiera distanciado de ella.
Así que decidió irse a estudiar a Londres, pero cuando terminó sus estudios no quiso regresar. Ella podría haber tenido el puesto que quisiera dentro de las empresas de su padre, pero le hubiera pasado lo mismo que a Henry no importaba cuanto él trabajará siempre sería el hijo del jefe, Henry solía trabajar más de catorce horas diarias, era perfeccionista, se había ganado a pulso el puesto que ostentaba. Pero aún así a los ojos de los demás no era suficiente.
Así que decidió tomar otro camino, se quedó en Londres trabajando. Todo iba bien hasta que Alexos Zouvelekis compró la empresa donde trabajaba. Estaban haciendo una reestructuracióncion de la planta ejecutiva.
— Ah, Natalie! —exclamó un ejecutivo—Natalie es la adjunta del director financiero...
—Su cerebro es como una calculadora y sólo piensa en trabajar.
—Eso no es sano —comentó Alexos con desaprobación—. Los empleados estresados no producen. ¿ Usted conoce mejor a los empleados?, decida como serán los ascensos dijo Alexos.
Natalie fue llamada al despacho de su jefe inmediato.
—He pensado que era mejor que te lo dijera yo y no que te enteraras por recursos humanos —dijo Ricky como si se hubiera saltado las normas para hacerle un favor. — El señor Zouvelekis a decidido Rosse ocupe el cargo.
—Pero si Rosse no tienen la calificación precisa y lleva sólo dos meses en el departamento...—protestó Natalie.
—La sangre fresca hace que la compañía se mantenga alerta y renovada —dijo Ricky mirándola con desaprobación y haciéndola enrojecer.
Natalie volvió a su mesa diciéndose que podría haber aguantado que un candidato mejor preparado que ella le arrebatara el puesto. ¿No sería que era una mala perdedora? Se dijo que era obvio que Rossie debía de tener talentos que ella no había sabido apreciar. La gente que estaba hablando a su alrededor animadamente le recordó que aquella noche se había organizado una fiesta de bienvenida en honor de Alexos Zouvelekis. Nunca le habían gustado las fiestas y menos las de trabajo.
Pero supuso que no ir sería de mala perdedora.
— Has escuchado, dicen que el nuevo jefe le regalo a una de sus novias unas esposas de diamantes.— Salió publicado en una revista.
Natalie no pudo impedir hacer una mueca de desprecio. Si algún día, a un hombre se le ocurría regalarle unas esposas de diamantes, lo mandaría a hacer caída libre sin paracaídas. Claro que era imposible que un hombre le hiciera semejante regalo a ella. Por suerte, no solía atraer a ese tipo de pervertidos. El mero hecho de escuchar a otra mujer fascinada porque un hombre la tratara como a un juguete sexual para divertirse la hacía sentir náuseas.
Lo peor de todo es que ella si conocía la reputación de Alexos Zouvelekis, Henry había estudiado con él en Oxford. Siendo amigo de Henry Beaumont, te parámetro de lo que era su personalidad.Aunque nunca había coincidido con el personalmente. Iba a buscar su abrigo cuando se detuvo al escuchar su nombre
— Creo que deberían de haberle dado el puesto a Natalie.
—Estoy de acuerdo, pero no es guapa. Y no tiene personalidad —añadió Ricky en un tono que a Natalie le llegó al alma—. Para ser sincero, no creo que quedáramos muy bien si ignoráramos las preferencias del señor Alexos y le pusiéramos delante a Natalie el primer día, a el le gusta las mujeres guapas. Sobrecogida por lo que acababa de escuchar y temerosa de que la descubrieran espiando, Natalie salió de puntillas por el pasillo sin el abrigo. Por fin se había enterado de por qué le habían negado el ascenso.
Natalie sintió un nudo de humillación en el estómago, tragó saliva y se controló para no llorar. Era injusto. Aquel puesto era suyo, había trabajado muy duro para conseguirlo. No era justo que la juzgaran por su aspecto físico. Debería demandar a la empresa por tratarla así.
Tampoco se consideraba fea, era alta, delgada, tal vez no tuviera grandes curvas, pero fea no era, aunque solía usar trajes sueltos y no muy lujosos porque no quería resaltar entre sus compañeros.
Alexos Zouvelekis era cretino, misógino indecente pensó ella. Ni Chris era tan repugnante.
Se dirigió a su departamento y aunque no tenía ánimos se preparó para ir a la fiesta, y por primera vez el orgullo la domino, ella no era ningun estropajo sin personalidad, era una Beaumont y esa noche lo sería.
Busco en su closet uno de los modelos exclusivos que había comprado para uno de las fiestas de su madre.
Luego de ducharse y se maquilló. Al verse en el espejo sonrió.
Alexos estaba aburrido una de las cosas que más le molestaba era tener que soportar a empleados aduladores considerablemente borrachos. Con la excusa de tener que atender una llamada telefónica, había salido de la celebración y estaba avanzando por el vestíbulo cuando vio a una impresionante mujer que avanzaba hacia él. Era tan guapa, que se quedó clavado en el sitio. La sedosa cabellera color canela le caía sobre los hombros y enmarcaba su rostro ovalado de perfecta simetría. Tenía ojos claros como el cielo del verano y una boca de labios carnosos que llevaba pintada de color rosa y que resultaba tentadora. Se hubiera fijado en ella en cualquier caso porque era muy alta para ser mujer. A pesar de su altura, llevaba tacones. Era perfecta para él.
Sus voraces hormonas masculinas se apoderaron de él y Alexos se dio cuenta de que quería acostarse con aquella mujer y la siguió.
Natalie no podía creer la cantidad de miradas que le habían regalado mientras cruzaba el vestíbulo. Por desgracia, se sentía expuesta y vulnerable con aquel vestido. No estaba acostumbrada a que los hombres la miraran y había sido tímida toda su vida. Vestida con un traje de chaqueta y hablando de negocios se sentía más cómoda.
Mientras observaba al hombre que se subía al estrado, Natalie no pudo evitar reírse. ¡Qué decepción para todas las empleadas que habían esperado que Alexio fuera un hombre guapo!
— ¿Le importaría compartir el chiste? —dijo una voz masculina a su lado. Natalie se sorprendió, pues no se había dado cuenta de la llegada del desconocido, pero no se volvió hacia él.
—Simplemente estaba pensando que un montón de gente se va a sentir muy decepcionada con Alexos Zouvelekis —contestó.
— ¿Porque? —pregunto Alexos con interés.
—Bueno, tal vez tendría que haber dicho que las mujeres se iban a sentir decepcionadas. Desde luego, no es guapo en absoluto—contestó Natalie con satisfacción.
— ¿Ah, no? Alexos pensó que aquella mujer estaba fingiendo que no sabía quién era, pues no hacía ni una hora que había pronunciado el discurso de bienvenida y había sido el centro de todas las atenciones.
Acostumbrado a aquellos juegos, sintió curiosidad por ver hacia dónde los llevaban.
—No, es bajito. La verdad es qué es muy bajito—insistió Natalie —. Es tan bajito, que debería sentarse debajo de una seta. Alexos se dio cuenta de que ella estaba estudiando a Petros, el hombre que había pensado poner al frente de la empresa cuando la reestructuración hubiera finalizado.
—La altura no lo es todo.
—También parece que le gusta comer —añadió Natalie con una crueldad que no era propia de ella—. Y, además, se está quedando calvo. No me extraña que no le guste salir en las fotografías. No es precisamente Míster Universo.
—No hace falta ser modelo para ser un buen administrador de empresas.
—No, no lo es —lo interrumpió Natalie — Alexos Zouvelekis es un hombre muy rico y la única razón por la que la gente habla con él es porque les impresiona su dinero o porque...
Al volverse hacia su interlocutor, al que no había mirado todavía, se quedó sin habla. No era normal que tuviera que elevar la vista para hablar con un hombre, pero lo que la puso en guardia fue su magnetismo sexual.
Su rostro bronceado y de rasgos elegantes le confería una belleza sin igual. Tenía unos labios firmes y carnosos y el pelo oscuro, pero fueron sus ojos negros como el azabache los que la encandilaron.
Era cierto que no sabía quién era. Lo había confundido con Petros. No le estaba tomando el pelo ni estaba jugando con él. Se dijo que, tal vez, sacan algo positivo de la inusual experiencia de que lo criticaran.
—Me estaba diciendo que la gente habla con Alexos Zouvelekis porque es rico o porque...
—O porque su fama les da miedo, —contestó Natalalie sinceramente.
— ¿Qué tiene usted en contra de Alexos?
—Usted es griego, ¿verdad? —preguntó Natalie
Sí —contestó Alexos mirándola intensamente.
Aquel pelo color canela y aquellos ojos le gustaban sobremanera y, además, hacía mucho tiempo que no veía sonrojarse a una mujer.
— ¿Usted trabaja aqui ? —le preguntó él. Natalie asintió. ¿ Como se llama?
— Natalie dijo ella.
—Habla usted de Alexos Zouvelekis como si lo conociera personalmente... Aquel hombre era griego y seguramente trabajaba para Zouvelekis. Natalie se dijo que debía tener cuidado, que había metido la pata. Sin darse cuenta, se pasó la punta de la lengua por el labio inferior.
Alexos se encontró imaginándose aquella puntita rosa deslizándose eróticamente por su piel desnuda. La fuerte respuesta de su cuerpo lo sorprendió, pues hacía muchos años que había aprendido a controlarse físicamente delante de una mujer guapa.
— ¿Lo conoce?, personalmente pregunto él
—No, pero no me hace falta conocerlo para saber que es un tipo machista que discrimina a las mujeres para sentirse poderoso —contestó Natalie con acidez.
Esa respuesta lo desconcertó por completo.
Esa acusación es muy fuerte cuando no conoce usted al hombre contra el que la está haciendo —le espetó.
Pálida y avergonzada al darse cuenta del enfado que había provocado en su interlocutor, Natalie la cabeza.
—Perdón —murmuró. Se dio la vuelta para irse, pero Alexos se lo impidió.
—No huya —le dijo. Natalie se estaba preguntando qué demonios le estaba ocurriendo. Debía de estar loca para hablar así de su jefe en una fiesta de trabajo. Debía de haber sido el coñac, que le había soltado la lengua. Por supuesto, estaba furiosa porque sabía por qué no le habían dado el puesto que se merecía, pero si no iba a interponer una demanda era mejor que mantuviera la boca cerrada.
— No me ha dicho cómo se llama comento Natalie.
Alexos sonrió haciendo que el corazón de ella latiera aceleradamente.
—Me temo que me llamo Alex —contestó.
— ¿Es un nombre muy común en Grecia?
—Sí, allí todos nos llamamos Alex, Alexos, Alexius —se burló Alexos.
Natalie estaba fascinada, emocionada y asustada al mismo tiempo. Ni siquiera se dio cuenta de que él pedía una copa, pero, cuando el camarero le entregó una copa alta de cóctel, la aceptó y se la tomó.
— Déjeme decirle que el señor Alexos Zouvelekis sabe muy bien lo que hace dentro y fuera de la empresa.
— ¿Tan arrogante es?
— ¿No le gustan a usted los hombros seguros de sí mismo?, pregunto Alexos.
— Sí estar seguro de si mismo es ser arrogante, no no me gusta.
— ¿Porque dice que es machista?
—¿Está usted casado? —se oyó preguntar a sí misma para cambiar de tema. Aquello hizo reír a Alexos.
—Muy sutil por su parte... No, por supuesto que no estoy casado. Dígame por qué cree que Alexos es un machista...
—No quiero hablar de eso.
—Pues yo sí —insistió él mirándola con intensidad.
—Pero yo no —insistió Natalie. No podía dejar de mirarlo y se sentía como si estuviera conectada a él por una corriente eléctrica.
—Ya se lo sacaré —dijo Alexos muy seguro de sus dotes de persuasión—. ¿Siempre se aprovecha de ser guapa? Natalie se atragantó con la bebida y lo miró sorprendida.
— ¿Perdón?.
— Qué le parece si nos vamos de aquí, a un lugar más tranquilo dijo Alexos mirándola intensamente.
— No creo que sea buena idea respondió ella.
— Yo creo que es la mejor idea que he tenido esta noche dijo él con una sonrisa sensual.
— Está bien, dijo ella.
— La veo en la entrada en cinco minutos dijo él sonriendo.
Obviamente en cuanto lo perdió de vista Natalie huyo.
A la mañana siguiente se quedó dormida, fue una suerte para ella llegar y que su nueva jefa no estuviera.
— Natalie, Rosse no ha llegado, debes reemplazarla en la reunión.
Ella subió al área de presidencia, tomó asiento en su lugar y entonces lo vio entrar. Estaba impresionante con un traje gris camisa azul y corbata a juego. Pensó que era el portavoz del nuevo dueño, hasta que alguien lo llamó señor Zouvelekis.
Natalie deseo que la tierra se la tragara, a lo mejor había llegado el momento de regresar a casa.
En varias oportunidades él la observó, tras terminar la reunión, ella comenzó a juntar sus cosas, Alexos se dirigió a su oficina.
— Señorita Natalie, el señor Zouvelekis desea revisar una información con usted quédese y pase a su oficina le dijo Ricky.
Ella se dirigió a la oficina, golpeó la puerta.
— Adelante, dijo él impaciente.
Ella cuadró los hombros, levantó la barbilla e ingreso, era Beaumont no se dejaría intimidar por el jefe.
— Señor Zouvelekis ¿ en que le soy útil?, pregunto ella.
— Veinte minutos la espere dijo él, incluso volvi a buscarla pero no estaba.
— Pensé que esta reunión era por algún asunto relevante.
— Lo es, no respondió mi pregunta ¿qué me hizo blanco de todos esos insultos?, según me informaron solicito un ascenso, el cual se le negó, cree que porque insulte al jefe lo va a obtener, pregunto él.
— Por supuesto que no, es obvio que el jefe solo da los ascensos cuando se ponen de rodillas y se la jalan dijo ella molesta.
— Perdón, le exijo que se disculpe dijo él furioso poniéndose de pie.
— Disculparme por decir la verdad, nunca despídame si quiere dijo Natalie.
— No sea puesto a pensar que no obtuvo el puesto, por su falta de modales.
— No sea cínico, no me dieron el ascenso porque al jefe le gusta estar rodeado de mujeres guapas lo escuche de buena fuente.—Ahora si me disculpa tengo trabajo que realizar dijo ella poniéndose de pie.
— Todavía no termine de hablar.
— Pero yo si.
—Sabe que podría despedirla y le aseguro que nadie la va a volver a contratar.
— Hágalo. Y veremos si nadie me vuelve a contratar, dijo Natalie saliendo de la oficina.
Alexos estaba furioso nunca en su vida había perdido los estribos con una empleada.
Tomó el teléfono y llamó al director de recursos humanos.
Tenía el legajo de Natalie Beaumont en la mano. Leyó su información profesional había que reconocer que estaba bien preparada, lo que era sorprendente era que siendo abogada, estuviera en el departamento financiero.
Fue cuando leyó su información personal dirección y teléfono.
Nombre del padre Charles Beaumont, no podía ser. Aunque todo cobro sentido solo un Beaumont sería tan soberbio.
Natalie se encontraba en su departamento se había duchado y puesto su pijama, estaba haciendo zaping cuando un golpe en la puerta
la interrumpió.
Ella abrió la puerta y Alexos Zouvelekis ingresó como si fuera el dueño del lugar..
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Comments
Blanca Idalia España Lozano
Me da mucha risa Natalie la descripción tan desagradable que hace del que cree que es Alexos, y lo tiene al lado de ella y él se intenta defenderse.
2025-03-30
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Blanca Idalia España Lozano
Que horror oir comentarios feos sobre tu apariencia , ha de sentirse muy feo , de tus compañeros de trabajo .Y peor que tú capacidad sea pasado por alto por tu apariencia.😱😱😤😤😱😡😠
2025-03-30
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Blanca Idalia España Lozano
Yo creo que hacer el 😍❤️
2025-03-30
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