La urgencia que tenía Sebastián en su oficina lo obligó a salir por un momento de la mansión. Penélope veía desde una de las ventanas como el albino se montaba en su carruaje para salir de la residencia, por suerte, la tormenta había acabado y solo la nieve caía con suavidad, así que el viaje será seguro.
— supongo que ella estará muy cómoda... Pero yo la pondré en su lugar, a esa maldita sirvienta.
En otra parte, Lourdes ponía sus dedos fríos al calor de la chimenea de su habitación. Sin embargo, aún sentía ese calor en los labios.
— no puedo creer que lo haya besado, pero... Por algún motivo, siento que él y yo estamos destinados... ¿Por que tengo ese presentimiento?
Al rato después, la doncella se queda dormida en el sofá. Habían pasado unos 30 minutos luego de que se había ido Sebastián.
— ¿Eh?...— se despierta al oír la puerta ser abierta sin pedir permiso. Lourdes tenía el sueño ligero y por eso se despertó de repente— ¿Quién está ahí?
Por la otra parte de la habitación donde se encontraba los muebles de estar, escuchaba pasos de tacones. Hasta que ve la presencia de esa persona.
— ¿Como se atreve a entrar sin pedir permiso?— dijo Lourdes un poco a la defensiva, veía el rostro de aquella mujer y lo único que se veía era odio puro, era Penélope.
— estás es mi casa, tu eres la intrusa... Solo vengo a dejarte en tu lugar aquí. No se de dónde vengas, pero solo eres una sirvienta de otra casa que se siente la gran cosa por sentir un trato con el joven.
— jamas olvidó de donde vengo, pero tampoco permito que me hable de esa manera...— señalando a la dirección de la salida, Lourdes dice firmemente—... Por favor, salga... No me interesa escuchar la queja suya.
Penélope se muerde el labio, se acerca más y tomando la ropa de Lourdes jalándola a ella con brusquedad.
— eres una maldita... Tienes el olor del joven Sebastián. Así se cerca lo tuviste ¿Verdad?... Eres una trepadora.
— ¡Suélteme, o no respondo después!
— ¡Tú no eres nadie para darme órdenes!...— Penélope a punto de darle una bofetada, Lourdes la detiene con su mano libre.
— no quería darle problemas a Sebastián... Pero no puedo dejarme maltratar por alguien como tú.
De imprevisto, la doncella le aplica una llave a la criada que la hace caer al piso, Penélope pegaba la mejilla del suelo y Lourdes le tenía la muñeca doblada para inmovilizarla.
— sí, soy una sirvienta de otra casa, de la residencia Evegreen, y ahí hay un mayordomo que me enseñó a defenderme para no ser débil.
Si, Mauricio por saber el arte del combate, tiene a todos los sirvientes de la casa entrenados para que pueda defenderse, eso, incluido Lourdes que apesar que llevaba poco tiempo ahí aprendió rápido ciertas técnicas.
— ¡Tú... Maldita intrusa!... ¡Argh!— Lourdes le dobla mas la muñeca.
— que la boca se te vuelva chicharrón... Siendo una sirvienta de Sebastián eres grosera.
— ¡Puedo decirle al joven que me atacaste, puedo usar esto a mí favor... A él no gusta las locas!
— oh, ahora entiendo porque jamás se fijó en ti. Ahora...— levantándola del suelo, Lourdes la toma de la muñeca y la saca de la habitación—... Y si vuelve a entrar te juro que te lanzó por la ventana, no me importa si eres la criada de Sebastián.
Penélope se va de ahí frunciendo el ceño, luego se va con los pasos pesados, no obstante, en el camino del pasillo se pone a llorar, le dolía la muñeca y se sentía ofendida. Sus llantos hacen que otra sirvienta vengan a ver qué era lo que ocurría.
— ¡Penélope!... ¡¿Por que lloras?!
— ¡¿Que te paso?!
— chicas... La invitada del joven Sebastián es una salvaje... Miren lo que hizo a mi muñeca— al mostrarla, ven como estaba enrojecida.
Asombradas, Penélope sigue hablando de lo que no era de Lourdes. Aprovechando de la ausencia de Sebastián, hará posible para que nadie la quiera en esta casa y si es capaz hasta convencerá al albino de que esa mujer no le conviene.
____________ al día siguiente.
La urgencia que se había presentado a Sebastián se extendió más de lo normal lo que causó que no volviera en toda la noche, aún así, tan pronto que pudo resolverla volvió de inmediato a la mansión.
Aunque el sol en el norte no se mostraba mucho, derretía la nieve acumulada de la tormenta anterior, el clima ya no era peligroso y se podía viajar seguramente en el camino.
— no pensé que me tardaría tanto... Le pediré una disculpa por hacerla espera... Lourdes.
Al llegar a la mansión, sus sirvientes de costumbre esperaban por él. Sin embargo, al saber de su llegada, alguien apresuradamente sale corriendo frente a Sebastián.
— joven Sebastián...
— Penélope...
— es terrible... Esa mujer, su invitada me atacó anoche— el albino mira la muñeca vendada y es cuando pone un rostro ilegible.
Rápidamente toma el rostro de Penélope con fuerza.
— ¿Que fue lo que hiciste?— su voz era amenazante, jamás lo habían visto así, y quién lo hiciera, sería su fin.
Penélope le temblaba la voz con total miedo, no pensó que Sebastián lo tomaría de esa forma.
— yo le puedo decir...— habló la ama de llaves.
— Ingrid...— soltando a la criada, Sebastián se va con la otra sirvienta...— Penélope... Ve haciendo tus maletas, te me vas hoy mismo.
— ¿Que?— preguntó pálida, ella trata de defender su parte—... ¿Acaso no me escuchará primero?... Yo...
— no me interesa oírte. Sé que fuiste tú la verdadera culpable de lo que te hicieron...
— pero...
Sebastián mira de reojo con un toque maquiavélico.
— ¿Olvidas quién soy...? Engañarme sería un completa estupidez. No me importa los años que llevas aquí trabajando. Te doy solo una oportunidad para irte... No hay advertencia a la próxima.
Sin más que comentar, Sebastián sigue a Ingrid. Penélope no podía creer lo que había pasado, aún trabajando tanto años al lado del albino, fue tan tonta de querer engañarlo con algo tan patético.
— ¿Que fue lo que pasó, Ingrid?
— la verdad... Penélope fue quien atacó a la señorita, irrumpiendo a su habitación... Escuchaba como ella le gritaba que solo era una sirvienta de otra casa y que estaba celosa de su presencia... Al final cuándo iba a parar todo, veo que la señorita saca a Penélope del cuarto...
— ¿Lourdes estaba herida?...— dijo Sebastián preocupado—... Dímelo para buscar a Penélope de inmediato.
— no... No tenía alguna herida.
Llegando a la habitación, Sebastián toca la puerta varias veces y llama por ella.
— Lourdes... Soy yo...
La doncella abre la puerta y mira asombrada al joven.
— Sebastián...— tomando las manos de ella, este verificá que no haya tenido alguna herida...— ¿Que... Que hace?
— ¿Estas bien?... ¿Penélope no te hizo nada grave?... Dime la verdad, Lourdes. No me molestare... No contigo.
Con un suspiro, Lourdes hace que el albino pase.
— Sebastián... Lo que pasó con esa criada... L-lo hice por defensa propia.
— lo sé y te creo. Lo que me molesta es la incertidumbre de mis sirvientas y que además no hayas estado a salvo aquí, en mi propia casa... Eso es lo que me enfada...— apretaba su puño fuertemente, sin embargo, siente la suavidad de una mano tomar ese puño.
Era Lourdes que trataba de tranquilizar la molestia de Sebastián.
— no te preocupes... No soy alguien débil que no pueda defenderse... Era algo que no sabías que pasaría.
Con una pequeña sonrisa, él dice.
— cada vez que te sigo conociendo, me gustas más...
Con un leve sonrojo, Lourdes le expone.
— debes estar cansado. Tuviste toda la noche afuera... Entenderé si quieres dormir primero.
— de hecho, no lo éstoy... Ya que tengo algo que decirte... Es sobre la proposición que te quiero hacer...
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muchas gracias por leer ☺️ si le ha gustado no olviden su hermoso like 💗
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Comments
DarkyMoon <3
ese conejito 😍 me encanta, quiero un conejito y tengo un oso inventando 🫤
2024-07-16
13
Mariana fq
un aplauso para esta pareja que esta enamorada😍😍😍, que viva el amor
2024-06-07
5
Nimonous
Tú eres la sirvienta, ella es la invitada del jefe.
2024-01-01
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