capitulo 17: “la tormenta"

Levemente, Sebastián pone una mano en la pared acorralando a Lourdes. Con una sonrisa maliciosa, el albino muestra su dientes.

— dime... ¿Por que me has llamado conejito cuando nos encontramos?

— fue porque... No me acordaba cómo se llamaba... No era mi intención ofenderlo para que se molestará... Perdóneme.

— no estoy molesto... La verdad... Las personas me comparan con una bestia blanca, un lobo... Y tú, me llamas conejito... Una gran diferencia ¿No?— éste sube su mano y Lourdes cierra los ojos con un poco de miedo, éste solo le coloca un mechón de cabello en su oreja—... Solo era curiosidad... No tengas miedo de mi, no te voy a devorar.

— mi señor... El té, está listo— aclaró una criada que llega de imprevisto.

— vamos Lourdes... Eres mi invitada.

Tomó la muñeca de aquella doncella y se la llevó a la sala. La criada que había avisado, veía con indiferencia a Lourdes, pero no había comentado nada y sigue a los individuos.

— Lourdes... Mi nombre es Sebastián...— dijo aquel albino—... Llámame así de ahora en adelante.

— ¿No hay algún problema?...— preguntó ella, un poco nerviosa—... Usted y yo somos diferentes estatus, no quiero ganarme un problema por ello.

— no lo tendrás... Quién quiera darte problemas— mirá de reojo a Lourdes—... La pagará caro.

— D-De acuerdo... ¿Y usted... Digo... Sebastián, vive solo aquí?

— así parece... No soy como el duque, que tiene una enfermedad que aleja a los demás... Pero las personas del norte siempre huyen de mi por mi naturaleza... Verás... ellos me tienen miedo, aún sin conocerme bien, huyen de mí por rumores que en gran parte son ciertos— Lourdes se queda al margen para no pregunta por ese rumor, no ve que el joven sea peligroso o mejor dicho no lo siente así—... Pero que importa, es mejor está sólo que mal acompañado, aunque claro, tu compañía no se compara con otra, me agradas...

— Sebastián...

— ¿Si?

— si no es mucha molestia... ¿Podría escribirle una carta a la mansión Evegreen para que sepan que éstoy aquí?

— por supuesto... Uno de mis sirvientes harán el favor de llevarlo ahora mismo.

— se lo agradezco... No le dije nada a mi señora pensando que volvería antes que ella pero...

— no te preocupes... Volverás una vez que la nieve cesé, lo prometo...— volteó él, dándole una sonrisa suave.

La doncella empatiza con esa sonrisa, así que ella hace lo mismo, lo cual hace decir a Sebastián.

— vaya... Hasta que por fin veo una sonrisa tuya... Me gusta.

La doncella se sonroja levemente. Sebastián la lleva hasta la sala de estar, el lugar era grande, una chimenea con los muebles a su alrededor. Los ventanales mostraba como la nieve cada vez era mas fuerte, los copos chocaban contra el vidrio mostrando un paisaje encantador por la figuras heladas que se mostraba.

El albino hace que Lourdes se siente al frente de la chimenea en unas de los muebles para que tome calor, él se va al otro asiento. La criada que trabaja con Sebastián comienza a servir el té.

—... Y, ¿A que ibas al pueblo?

— yo... Iba a comprar ropa más abrigadora. Como soy de la capital, el clima es más veraniego... Y como aquí es lo contrario, el frio podría enfermarme.

— ya veo... Fue inoportuno que hubiera una tempestad de nieve ahora. Te quedarás aquí hasta que pase... Si necesitas algo, no dudes en pedírmelo...

Lourdes asiente un poco apenada mientras que toma su taza y le da un sorbo. Ella se asombra del sabor tan divino que no teme en preguntar.

— ¿De que está hecho el té?... Su sabor me resulta peculiar pero de una forma buena.

— ah... El único té que tomo es el negro con leche, la leche suaviza la amargura del té y le da un toque especial... Me alegra que te guste, pensé que era el único...

— entiendo... Esta delicioso...

Sebastián veía con una sonrisa como Lourdes bebía sin parar.

“parece una niña... Que linda. Ojalá... Y la tormenta se tarde para que te puedas quedar un poco más conmigo"

— ¿Hay algo más que le pueda servir, mi señor?

— por ahora no, Penélope, puedes retirarte.

La criada de Sebastián se había ido, un poco molesta por la llegada de Lourdes. Se pregunta quién era esa sirvienta que acompañaba a su señor.

_______ una hora después.

Los duques habían llegado a su mansión más tardado de lo normal ya que la tormenta era muy fuerte pero afortunadamente nada malo le pasó en el camino. Al estar dentro de la residencia, Mauricio recibe a los señores de la casa abriéndole la puerta del carruaje.

— bienvenidos.

— oh, Mauricio, estamos devuelta... Ayúdame con mi esposo.

— ¿Que tiene el duque?— preguntó sin cambiar su tono.

Maya con una sonrisa le dice.

— nada... Solo está agotado del viaje.

El mayordomo ve un poco más adentro del carruaje y ve al duque casi desmayado.

— no siento las piernas...— dijo Félix, adolorido.

Como pudieron ambos, se llevaron a Félix adentro de la mansión. El duque se sienta en un mueble aún estando consciente.

— Quiero prepararle un baño para que su cuerpo se relaje. ¿Donde está Lourdes?— pregunta Maya.

— oh... Me llegó está carta con uno de los subordinados del joven Sebastián. La doncella ahora está en la residencia Shawn.

— ¿Sebastián?... ¿Por que Lourdes estaría allá?... No me avisó que saldría.

— está carta lo explica...— Mauricio le saca un papel doblado y se lo entrega. Ella lee y entiende la razón del porque está donde está.

— ya veo... Ella quería ir al pueblo y ese joven le dió un aventón, pero la nieve no le dejó ir más allá así que le ofreció quedarse en su mansión... Mauricio... Ese joven...

— no se angustie, señora... El joven Sebastián es un gran aliado de nuestra familia, él sabe que la doncella es de esta familia y no le pasará nada grave.

Maya saca un suspiro de alivio, ella piensa escribirle para estar en contacto.

Luego, más tarde, el baño del duque estaba listo. Félix saca un suspiro agotador al entrar en el agua que estaba en una temperatura tibia, sus músculos aún estaba contraídos por los movimientos que hubo en el carruaje.

— ah... De repente, Maya me atacó en el carruaje sin parar... Lo hicimos tanta veces que me desmayé por un momento— susurró él.— pero lo disfruté más que nadie... Bella es solo mía, su cuerpo, sus besos... Como la quiero.

Después de lavarse todo el cuerpo, sale de la bañera y echa su cabello mojado hacia atrás con su mano.

— bueno... Es mi esposa, tiene derecho a hacerlo conmigo cuántas veces quiera. Además... ¿Que le habrá dicho el oráculo?...

___________________

✓ chicas mías, no se le olvide darle like al capítulo si le ha gustado y recuerden, las imágenes no son mías, son de un manwha llamado: “mi marido esconde su belleza" la utilizo en modo de ilustrar algunas partes interesantes 😏

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Comments

😍♥️Clau de la Rose🌹♥️😍

😍♥️Clau de la Rose🌹♥️😍

menos mal que la que estaba cansada era ella, y el que terminó destruido fue el... pero que bien come Maya 🤤🤤🤤🤤🤤

2025-03-05

2

Jipsianay Garcia

Jipsianay Garcia

pobrecito lo van a dejar sin colágeno y el bravo jjj

2025-02-02

0

Alejandra Huentenao Valdebenito

Alejandra Huentenao Valdebenito

Aquí estoy leyendo de nuevo la historia no me acordaba de estas partes 😅😅😅

2025-01-12

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