Capitulo 3

El estómago de Juliet estaba revuelto por el miedo de la situación actual. Sin embargo, este tipo de miedo era insignificante con la idea de que el hombre delante de ella se marchara solo y lo mataran. ¡No había amor de por medio, pero aún así era su esposo! No podía entender la indiferencia de los caballeros, en oposición a su propia ansiedad. "¿Por qué los caballeros no detienen al Duque? ¿Acaso no están preocupados por él?" Pasó un momento de silencio. Juliet estaba segura de que no había dicho nada fuera de lugar, pero la atmósfera parecía extraña.

-¿Estás... preocupada...? -Era la voz melodiosa y profunda de su esposo de nuevo, parecía haber una risa al final de su oración -Anda y espérame en la habitación, vuelvo enseguida.

Al terminar, el duque giró el caballo en dirección opuesta, agarrando las riendas.

-Mike, cabalga con ella, que nada le suceda. -dijo mirando a los caballeros.

Y así, en un abrir y cerrar de ojos, desapareció en la espesa oscuridad del bosque antes de que Juliet pudiera decir algo. El sonido de su caballo a galope se desvaneció rápidamente. Por unos leves segundos, la mente de Juliet se quedó en blanco. "¿No es esta una extraña manera de conocer a tu esposo? Y... ¿De verdad lo estoy despidiendo así? ¿Qué pasa si muere...?" Si llegase a sucederle algo, Juliet no sabría qué hacer con su vida, así de patética era.

Inquieta, se subió al caballo cuando el caballero vino a recogerla. Antes de que comenzara a cabalgar, le dijo:

-No estoy contradiciendo las órdenes que te han dado. Pero, ¿pueden venir los mercenarios a la finca del Duque?

-Mi señor ha dado una orden -la voz del caballero era seca, ni aguda ni grave. Juliet contuvo la respiración al darse cuenta de que su voz era demasiado aterradora.

Liliana, la niñera de Juliet, quien los observaba, se acercó a ellos limpiando su vestido.

-Señorita... Perdón, señora. No te molestes en ayudarlos más, uno de ellos estuvo a punto de matarla. Vayamos al castillo. Debes estar asustada, así que por hoy deberías dormir conmigo y...

-La señora es la única que ingresará al castillo.

Los ojos de Liliana se abrieron casi hasta el punto de salirse. Lo mismo ocurrió con un mercenario que estaba cerca.

-¡Pero soy su niñera! ¡No puedo enviarla a una tierra extraña sola!

-¿Cómo se atreve una simple niñera a desobedecer las órdenes de mi señor?

Cada vez que soplaba el viento, el bosque oscuro se balanceaba con un sonido espeluznante. Su niñera aterrorizada miró a su alrededor y se aferró al vestido de Juliet.

-Mi señora, por favor, haga algo. ¡No me digas que me vas a dejar en este horrible lugar! Hay muchos mercenarios, pero en la noche es cuando los demonios están activos. ¿Me llevará con usted, verdad?

Juliet se lamió sus secos labios, mientras sus ojos azules, que habían estado viendo a su niñera suplicante, se volvieron fríos como el hielo.

-Tienes que seguir las órdenes que te han dado.

El rostro de su niñera se puso rígido.

El caballero galopó hacia su destino. Los ojos de Juliet, que poco a poco se fueron acostumbrando a la oscuridad, vieron el castillo en la cima de la montaña a lo lejos. La imponente estructura relucía de modo que se podía vislumbrar incluso desde lejos.

Después de tantas victorias, el Duque solo pidió una recompensa a la familia real. Ahora este era el lugar donde Juliet debía vivir hasta el día de su muerte.

El sonido de las trompetas de cuerno anunció la llegada de la Duquesa.

Al llegar al castillo del Duque, el caballero se bajó del caballo antes de ayudar a Juliet.

El jefe de personal, que sostenía una lámpara en sus manos, parpadeó.

-Parece que has llegado, ¿y dónde dejaste a nuestro señor? ¿Y quién es ella?

-Ella es la nueva duquesa de nuestras tierras, señor.

Sus ojos se abrieron como platos. Por otro lado, Juliet gimió en estado de shock cuando vio al Jefe.

Había escuchado historias de personas que nacieron con labio leporino. La piel desde abajo de la fosa nasal izquierda hasta los labios se partió verticalmente. La sociedad despreciaba a las personas nacidas con discapacidades, diciendo que Dios las odiaba. Y sin embargo, el mismo duque y el jefe que tenía delante, pertenecían a una familia aristócrata de alto rango. Todo era increíble. Aunque todavía no había podido ocultar su sorpresa, Juliet ya había ajustado su mirada.

El jefe se inclinó cortésmente ante Juliet.

-Por favor, perdóname, señora. Entendí mal su fecha de llegada y mi hospitalidad es pobre. Primero la guiaré a su habitación para que pueda descansar.

El espacioso dormitorio estaba decorado con sencillez y no tenía muebles, por lo que hacía bastante frío. Las cortinas traslúcidas de la cama no combinaban bien con la habitación y sus escasas decoraciones.

Terminó de bañarse y, sin embargo, el Duque aún no había llegado. Juliet se vistió con un negligé y salió lentamente al balcón. Su cuerpo inmediatamente se puso rígido debido al aire frío de la noche, pero no podía dejar su posición. Los cuernos nuevamente comenzaron a sonar desde la distancia. Juliet se puso de puntillas para ver, pero debido a la oscuridad de la noche no pudo ver nada. Afortunadamente, una sirvienta le informó cortésmente que el Duque estaba a punto de llegar.

-¿El Duque está bien? ¿Se lesionó?

Su corazón latía fuertemente contra su pecho. Sintió que habían pasado mil años antes de que la sirvienta respondiera.

-El cuerno suena dos veces cuando el señor está herido. Cuando está bien, suena una vez.

Juliet suspiró aliviada, sentía que había contenido la respiración en todo ese rato.

-Ahora te guiaré sobre lo que debes hacer cuando saludes a nuestro señor.

Juliet se puso rígida nuevamente. Finalmente, había llegado el momento de conocer a su esposo, quien había sido el tema principal de muchos rumores, aún así ella no sabía nada de su marido. Aunque era consciente de que de ella también habían innumerables rumores.

Hoy fue su primera noche oficial. Hace mucho tiempo ellos se habían encontrado en la capilla donde celebraron su boda, pero él se negó a verla como era debido. Y así, simplemente firmaron papeles.

La sirvienta sacó con cuidado algo de uno de sus bolsillos y se lo pasó a Juliet, quien dudó en aceptarlo.

-¿Qué haré con una tela negra?

Era una tela lujosa terminada con delicados encajes en ambos lados de la tela gruesa. La textura suave reveló lo valiosa que era, aunque no había nada visiblemente especial en la tela.

La sirvienta miró a Juliet con indiferencia y dijo:

-Úselo para cubrirse los ojos. Y pase lo que pase, nunca se lo quite a menos que el señor lo haga.

Juliet se quedó sin aliento. El día que se casaron, el Duque no mostró su rostro. Ella pensó que eran cosas suyas, pero se había dado cuenta de que no era así.

-Nunca debes mirar a nuestro señor a los ojos, a menos que él te lo ordene -dijo la sirvienta.

Juliet apretó la mano donde tenía la tela negra. Por un momento dudó en preguntar, pero la necesidad de hacerlo la hizo hablar.

-¿Qué pasa si lo veo a los ojos?

Juliet miró a la sirvienta vacilar, pero ésta logró responderle, aunque con cierta torpeza.

-Nadie jamás ha desobedecido al señor.

Juliet descartó inmediatamente todas las preguntas que venían a su mente. Ella había sido vendida, forzada a casarse con un hombre que no conocía. Era inútil preguntar tanto por el duque, su única misión era tener un niño. Juliet se hundió en la cama impotente. La sirvienta la vio y le dijo:

-Tienes que quedarte de pie y esperar.

-¿Con los ojos vendados? -preguntó Juliet.

La sirvienta asintió, mirando directamente a los ojos azules de Juliet.

Juliet caminó lentamente hacia el centro de la habitación. Sentía el viento fresco de la noche recorriendo su piel y se tapó los ojos con la tela.

Pronto, un completo silencio y oscuridad la invadieron. Todo su cuerpo tembló. Se dio cuenta de que de esa manera había vivido toda su vida su esposo, en la oscuridad... Luego se dio cuenta de que había una gran diferencia entre cerrar los ojos y cubrirse los ojos. Todos sus nervios estaban tan sensibles que incluso su respiración sonaba demasiado fuerte para sus propios oídos.

Juliet ni siquiera sabía cuánto tiempo había pasado. Cuando todos sus sentidos se oscurecieron, su sentido del tiempo desapareció. Podía notar su propio cuerpo en la habitación. Era una experiencia nueva. Juliet se abrazó a sí misma, arrugando su negligé. Tenía frío, sentía sus manos húmedas y tenía muchas ganas de quitarse la venda de sus ojos. Pero no lo hizo, por miedo a que su esposo entrara justo cuando se la quitara. Al final, simplemente presionó sus suaves dedos sobre la tela negra. En el momento en que bajó la mano, se escuchó el clic desde la entrada de la habitación.

El miedo se apoderó de su mente y, por reflejo, retrocedió tambaleándose. Sus brazos temblaron mientras se inclinaba peligrosamente. Afortunadamente, un brazo duro como una roca sostuvo su cintura y tiró de ella.

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Comments

Elide Rubio

Elide Rubio

jaja Jaja

2023-08-22

2

chimoltrufia

chimoltrufia

jajajajajajja toma perr*

2023-07-17

6

Musai02

Musai02

😯

2023-07-09

0

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