Cap.13 Sufrimiento

...Entregada a la Princesa....

...Cap.13 Sufrimiento...

...Las gotas que con fuerza golpean nuestro reino nos hablan sobre sus recuerdos más allegados, aquellos más dolorosos de recordar....

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...[Pasillos del Castillo]...

— ¿Dónde estás, Kleir? — Corriendo a pies descalzos, desorientada. Con la respiración entrecortada y su distintivo cabello color zanahoria desaliñado, corre en busca de alguien; aquella chiquilla que se escapó de sus manos minutos atrás.

No había nadie alrededor, solo se escuchaban las voces de algunos a lo lejos; tal como si fuera música de fondo. ¿Qué diría la encargada de Elizabeth al verla de esa forma, empapada de sudor y sin sus tacones puestos?. Nada bueno, de seguro.

— Tengo que encontrarla, antes de que alguna de esas cosas lo haga primero… — Decía para sí misma, ignorante de lo que en el momento sucedía al otro lado de donde ella se encontraba. 

Hija de Varzas, Elizabeth, heredera al trono, prometida de la plebeya, Kleir Buttler ¿Seguirás siendo una simple ignorante, o …?

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Como si fuéramos ratones escondiéndose de su depredador, nosotras estábamos detrás de una pared vertical del pasillo que llevaba, al parecer, directamente a la muralla principal. Mientras que esa cosa estaba del otro lado. Parecía inmóvil, pero en realidad estaba olfateando algo. — ¿Qu-que es eso? — Pensaba mientras lo miraba con cuidado. Medía como 2 metros, las partes donde se suponía deberían ir sus articulaciones estaban cosidas con grapas de metal, al igual que sus ojos. Su rostro no estaba dirigido en nuestra dirección, este miraba hacia arriba mientras respiraba. Era una vista totalmente terrorífica.

Yo estaba de pie mientras asomaba un poco la mirada, en cambio, Lin estaba de rodillas, parecía estar analizando la situación. — … Es un Lestern — Soltó de la nada. Recuerdo haber escuchado ese nombre antes, creo que fue en un cuento infantil, ese típico que te cuentan para que duermas temprano. 

— Así que no era solo un cuento… — Pensé. Esta cosa era completamente diferente a como la pintaba mi papá cuando bromeaba conmigo. — Papá… — Retrocedí algunos pasos, volvía a estar preocupada. — Tengo que pasar… y llegar a la ciudad… — Susurraba para darme ánimos, tal vez no sería capaz de cruzar por allí estando esa cosa ahí. Pero de lo que no me di cuenta fue que Lin ya me había escuchado.

— ¿Qué estás planeando?. No puedes ir a la ciudad tú sola, ¡Mucho menos pasar por ahí! — Susurraba también, aunque con un poco más de fuerza que yo. — Aunque esas cosas no se estén dirigiendo a la ciudad, no puedo permitir que vayas tú sola — Agarró mi mano con fuerza.

Por alguna razón, me vino a la mente el momento cuando Elizabeth hizo lo mismo. Su tacto es diferente y su mano es más grande que la de la Princesa. Aunque me moleste aceptarlo, no puedo evitar pensar que la mano de la Joven Arrogante se sintió mejor.

— ¿Eh? — Mi cerebro se detuvo. — ¿Lin, qué fue lo que dijiste…? — Si no estoy mal, la escuché decir algo sobre la ciudad. "¿Hmm?, Sobre la ciudad?" Dijo ella. — ¡Sí! — Dije levemente mientras me agachaba. — ¿Cómo sabes que… ¡esos! No se están dirigiendo a la ciudad? — Pregunté, tenía dudas sobre lo que Lin afirmaba.

— … Hace como una hora recibí los reportes sobre una Horda en la frontera entre Libern y Gazarik. Al pasarla, los centinelas informaron que esas cosas no se movilizaban hacia la ciudad, su objetivo era… —

— … el castillo — Finalicé. Mi corazón estaba más calmado que antes. — Eso significa que mi Padre está a salvo — Fue lo primero que pensé, sin saber que no todo eran buenas noticias. Así que decidí pensar mejor las cosas, ya que había algo que no me cuadraba por completo. — Si esos "Lesterns" no se dirigen a la ciudad, eso significa que todas las personas en el castillo corren peligro… — Thump! Thump! Podía escuchar claramente los latidos de mi corazón, pues lo que estaba a punto de decir ameritaba tal comportamiento de mi cuerpo. — … Incluidas yo y-... — No logré concluir mi oración, los ruidos al otro lado de nosotras no me lo permitieron. 

...El Lestern se estaba moviendo....

Como ventisca de invierno, el frío dominaba el ambiente, de la misma forma que también nuestros corazones temblorosos al ver que la mascota de la Bruja se dirigía a dónde estábamos. — Tienes que irte de aquí — Dijo rápidamente Lin, soltando su agarre.

— ¿Y dejarte aquí con esa cosa? ¡Por supuesto que no! — Dije, ahora tomando su mano, misma que ella soltó poco después de haberla tomado.

— Alguien tiene que quedarse aquí para intentar detenerlo, y puedo notar fácilmente quién es la única con una espada — Decía con seguridad y algo de gracia, aunque en realidad estuviera sudando. — ¡Ve! — No me dejó contradecirle, solo me empujó para que empezara a correr.

Y eso fue lo único que pude permitirme hacer. En poco más de una semana conocí a varias personas agradables en este castillo lleno de impurezas, fueron quienes me salvaron del comienzo de una inevitable desesperación para mi alma. — Lo siento… — En mi mente resonaba ese agrio pensamiento, mismo que me acompañaba mientras corría dejando a Lin atrás.

No puedo proteger a mi Padre, no puedo proteger a Lin ¡Y por más que lo intente, nunca podré protegerme a mí misma! No soy capaz, ni de brindar protección a aquellos que extendieron sus manos hacia mí, ni mucho menos perdonar a quienes nunca lo hicieron. U olvidar el trato de alguien que luego intentó mejorar, aunque por lo menos así lo pareciera.

Por más firmes que fueran mis pasos al correr, no los pude escuchar a través de la lluvia torrencial a mi alrededor. Mi vista también estaba algo obstruida por las lágrimas que de mis ojos caían, era un completo desastre. Tanto así que no note cuándo, pero una borrosa figura apareció frente a mí, misma con la cual choqué segundos después de haberla visto.

Y allí me encontraba de nuevo, en el suelo, algo mareada por el golpe, ya era mi segunda vez en el día que chocaba con alguien y nunca hubiera imaginado que sería con la misma de horas antes. Estaba en el suelo con Elizabeth, la Joven Arrogante, pero esta vez no en una posición comprometedora, sino en una mucho más incómoda, ya que parte de mi brazo reposaba sobre su pecho.

— ¡Kleir! — Parecía importarle poco el dónde estaba mi brazo segundos antes, solo saltó sobre mí. Antes de notarlo ella ya me estaba abrazando.

Algo sudada y desaliñada, sin tacones en sus pies; con algunos rasguños en estos y en su vestido. Parecía haber estado corriendo sin descanso desde hace un tiempo, aun así, no sentí incómodo su abrazo. Más bien, era una sensación tal vez inexplicable que podría resumir en una sola palabra, "Confusión".

— Nunca seré capaz de entender a esta chica — Pensé para mis adentros. Elizabeth Varzas era como una ola de emociones diversas y complejas para mí. Inspeccionar mi cuerpo de forma meticulosa fue lo primero que hizo al yo llegar aquí, y en mi primer día ya estaba durmiendo a mi lado y llamándome su esposa. Con el pasar de los días quise intentar entenderte, pero es obvio que no puedo aún. — Incluso ahora no entiendo el porqué de tus lágrimas mientras me abrazas — Este sentimiento que pinza mi corazón con cada palpitar, ¿qué es lo que es?. Uno completamente diferente, es uno del cual no estoy segura.

Justo cuando estaba a punto de corresponder la acción de la Princesa, escucho el agudo grito de una mujer que decía "¡Cuidado al frente!". Era Lin quien nos avisaba.

No tenía los ojos puestos al lugar donde venía aquello por lo que Lin advertía, mi vista estaba en la Princesa; a quien veía extrañada desde hace unos segundos.

No tenía idea de la razón por la que Lin gritaba tan desesperaba, pero lo descubrí al subir la mirada.

Allí estaba ella, una mujer, una…

— ¡¡… Bruja!! — Fue lo último que escuche de Lin antes de que esta recibiera un golpe de parte del Lestern por bajar la guardia.

— ¡L-lin! — Gritó Elizabeth sin alejarse de mí, era consciente de que no lograría nada si corría a donde Lin, no si el Lestern seguía detrás de nosotras.

La mascota de la Bruja no dio un paso más, se mantuvo inmóvil mientras la mujer frente a nosotras seguía su camino. ¿De verdad era ella una Bruja? Nunca antes había visto una, solo escuchado de ellas a través de cuentos, y rumores de las personas de los suburbios.

— Oh, por Nir, ¿Pero qué es lo que tenemos aquí?. ¡Si no es más que la Flor del Alba, Joven Varzas, acompañada de su cachorro, descendiente única de los Buttler! — Decía mientras mantenía el ritmo en sus pasos. Su rostro no expresaba la misma sensación que lo dicho por sus palabras. 

— ¡No te acerques más! ¿¡Qué es lo que quieres!? — Chillaba. No sabía cómo, pero tenía que hacer que se alejara de nosotras. — ¿¡Por qué haces esto!? — No estoy segura de si fue lo último que dije o que ya estuviera cansada de mis gritos, pero por alguna razón se detuvo.

Aquella mujer, con facciones de esos provenientes del sur, se había detenido. Aunque sus ojos ya no estuvieran en nosotras, su presencia era de temer, el aura que emanaba de sí no era más que corrupción, era de total impureza. Esa misma mujer de ojos oscuros habló, dando respuesta a mi pregunta. — Es simple — Respondió. — Es porque las quiero a ustedes dos —

...[...]...

El sol abrasador se posicionaba en su punto más alto en el centro de la Gran Ciudad de Gazarik, de la cual ya no quedaba casi nada. Tanto el sur como el norte, al igual que el oeste de esta, habían sido destruidos. No hubo ni un guardia capaz de retener a los Lesterns. Todos y cada uno de ellos masacrados. Ciudadanos movilizados de sus hogares, muchos de ellos no lograron escapar de la catástrofe. 

El escenario que ahora se mostraba en esa casi desolada ciudad recordaba mucho a anteriores guerras que se dieron en ese lugar. Tampoco era la primera vez que una ellas los invade. Muchos de seguro ya no lo recuerden, pero las verdaderas historias nunca serán olvidadas, más bien siempre quedarán en el corazón de quienes sufrieron ese terror y también de aquellos con una mirada rebosante de anhelo por el pasado.

Allí se encontraba ella, en esa misma ciudad llena de desesperanza. Caminaba sobre los escombros de las de quienes había asesinado, de quienes había aplastado corazones, de quienes había arrebatado sus sueños. — Mi trabajo aquí ha terminado… — Susurraba para sí misma mientras veía a sus "Perros de Caza". — ¡Nos retiramos! — Ordenó. El mensaje les llegó a los Lesterns que tenía a su alrededor, como también a los que se habían alejado al sur y oeste de Gazarik. Todos ellos obedecieron al instante.

Cuando ni un solo de sus mascotas quedó en la ciudad, posó su mano derecha en el broche color Ruby sobre su pecho, pronunciando las siguientes palabras: — An'noDomini — Al terminar fue cuando su ojo izquierdo tomó el mismo color que su gema. — Ama Anne, he terminado con mi parte ¿Cuáles son sus siguientes órdenes? — Parecía hablar a la nada, pero en realidad le hablaba a la persona del otro lado de su ojo.

— «Excelente trabajo, Nara. Puedes retirarte también» — Era la Bruja que ahora se encontraba en Libern la que respondía. — «No era lo que esperaba, pero tengo lo que necesito» — Finalizó, cortando la comunicación entre ella y su Aprendiz.

Algo confundida, "Nara" comenzó a caminar. — La Ama Anne… se escuchaba algo cansada —

...[...]...

Volviendo atrás, al lugar donde la lluvia de a poco se detenía, dos jóvenes chicas observaban desconcertadas a la mujer metros frente a ellas. 

Sin saber cómo reaccionar a las palabras que habían escuchado de ella segundos antes, miro a mi alrededor en busca de algo, o más exactamente de alguien que parecía incorporarse de a poco luego del golpe que había recibido.

Al cruzar miradas con Lin, sabía lo que tenía que hacer. — ¿A nosotras? ¿A-acaso planeas convertirnos en uno de esos? — Dije mientras señalaba al Lestern inmóvil tras nosotras.

— Eres mucho más perspicaz de lo que esperaba — Avanzó un paso. — Pero no es eso exactamente lo que quiero hacer con ustedes… ¡Dos! — Lanzó una daga junto con esa última palabra.

— ¡Elizabeth! — Me lancé hacia ella para cubrirla. — ¿Estás bien? — No sentía ningún dolor en mi cuerpo, así que revisé el suyo.

— Mi brazo… — Pronunció levemente. Miré y en su hombro tenía una herida no muy profunda, pero de la cual salía un poco de sangre.

Rasgué la parte baja de mi vestido, que es en realidad de la Princesa, y lo utilicé como venda para cubrir su herida. Nunca antes me hubiera imaginado a mí dándole primeros auxilios a la Princesa. Sacudí la cabeza y me dije a mí misma que no era momento para pensar en esas cosas. Fue ahí cuando escuché una leve carcajada.

— Ja… ¿No te parece gracioso que estés ayudando a la misma persona que días atrás te trató como objeto de investigación, eh, pequeña Buttler? — Aunque su rostro no lo demostrara, su voz sí lo hacía, disfrutaba ante la desgracia y la ironía.

— ¿Cómo es que tú-...? —

— Tengo ojos en todas partes, por todo el castillo — Jaló su mano hacia atrás, al parecer su daga estaba unida a una fina hebra de metal.

— Pues… — Divisé un reflejo a la distancia, como también un leve sonido a mi espalda. — … Pues… no luce así del todo — Dije luego de ver cómo varias flechas se dirigían justo a su cabeza.

Pero, como si estas no fueran nada, la Bruja las detuvo por completo. — ¿Ah, sí? — Se burlaba.

Varias flechas seguían llegando, pero ninguna acertaba, ya que ella se encargaba de destruirlas antes de que tan siquiera la tocaran. Hasta que…

— ¡¡Haaa!! — Se escuchó un grito a nuestra espalda, seguido de un leve silencio. Lin lo había logrado, por fin había atravesado el interior de la bestia.

— Hahh, qué descuidada — La Bruja extendió su mano en dirección al Lestern; del que debajo brotó una especie de sustancia fangosa y obscura, tragándose a su mascota por completo.

— ¡Detente ahí, Bruja! ¡No tienes a dónde huir! — Fueron las palabras del Sub capitán de la Guardia, ignorando que también serían las últimas.

— Son ustedes lo que no tiene escapatoria — Guardó su daga y caminó en dirección al Sub capitán. No lo aparentaba, pero el haber utilizado lo que se tragó al Lestern le había costado energía. — Tengo una muestra de lo que quería, así que podría retirarme por ahora… pero, no sin antes llevarme algo conmigo — 

El Sub capitán, notando las intenciones de la Bruja, retrocedió unos pasos antes de decir: — ¡Fuego! — Acción que tomaron sus subordinados para disparar sus armas.

Cómo era de esperarse, ni una de estas acertó tiro alguno. Haciendo que la Ama de Lesterns estuviera cara a cara del Sub capitán. — Tú serás la compensación — Dijo, tomando del cuello al hombre y desapareciendo de la vista de todos.

...Lo habían logrado, la Bruja se había retirado. Lo habían logrado, ¿Cierto…?...

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...La lucha contra la adversidad, la cual causa destrozos y perdidas para ambas partes ¿Puede ser considerada una victoria?. Si en la noche más oscura se encuentra la luz más brillante, ¿Eso no significa que todos somos villanos en esta batalla?...

.......

...Continuará....

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Comments

esta muy bueno, quiero más capítulos 😭

2024-06-17

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