----¿Te gustan los arándanos?----Me acercó uno a la boca y me hice a un lado. Me sentía ridículo
El vizconde de Georgia estaba frente a nosotros con una Mujer que no era su esposa, entre sus piernas. Lo patético del asunto, era que su acompañante le estuviese dando de comer en la boca como si se tratara de un niño.
Atenea los estaba imitando, poniéndome incómodo. No quise humillarla, y me abstuve de soltar un comentario hiriente, simplemente me mantuve callado de mala gana
----Están muy buenos, deberías probarlos ¡Quiero más de estos!----Vociferó a todo pulmón, llamando la atención de todos los asistentes----¡Que buenos están!
Se llevó la fruta a la boca, salpicando su barbilla de jugo, haciendo la escena más bochornosa. Le ofrecí un pañuelo, avergonzado. Ella lo aceptó con una sonrisa coqueta que me hizo querer ahogarme
No sabía en qué estaba pensando al momento de aceptar su invitación a la ópera. Atenea no tenía ni una pizca de respeto, se la había pasado riendo a carcajadas por el peinado de una condesa y se había tomado una botella de vino de sopetón. Evite llamarle la atención, pero constantemente trataba de alejarme él. Quería dejar el vicio para siempre
Algo sorprendente que ni yo mismo podía creerlo.
----Hoy estás muy callado ¿Te pasa algo?
----Sabes cuánto odio estas cosas
----Pero lo has hecho por mí----Contestó débilmente
Me mordí la lengua para no decirle la verdad y en su lugar solo me levanté de mi asiento para ir por aire fresco. Maldita la hora en la que decidí aceptar salir con Atenea.
Escuche sus pasos detrás de mí y maldije para mis adentros
----¿Te sientes bien?
----Solo déjame tranquilo----Respondí hastiado de seguir actuando un teatro. La ignoré y seguí mis pasos. Atenea ya estaba a mi lado con el rostro descompuesto
----Es que sigues pensando en aquella pueblerina
Involuntariamente, enfoque mi vista en su terrible aspecto y lo desacomodada que estaba su ropa. Atenea no le llegaba ni a los talones a Claire, ella se había convertido en un desastre.
La miré de arriba abajo con desaprobación.
----No me estés jodiendo, que ganas no me faltan de abrir la boca y terminar esta farsa
Atenea empezó a pestañear rápidamente. Pensé que el tema había quedado zanjado, Pero de un momento para otro, tenía a Atenea pegada a mi pecho tratando de controlar los temblores de su cuerpo. Me asusté al ver que estaba actuando como si la vida se le fuera. Ella estaba aferrada a mi pecho como si fuera a desaparecer
----Dime que no volverás por ella----Me suplicó con la voz entrecortada.----No puedes dejarme Terry
Me sentía extraño, la culpa estaba haciendo de las suyas, algo que nunca creí que fuera posible. Asustado la vi, trate de quitármela de encima, para apaciguar lo que sea que me estaba pasando
----No me gustan los espectáculos Atenea.----Respondí incómodo.
Nunca fui un hombre que le importara los sentimientos de los demás, pero esta vez era distinto. No estaba enamorado de ella, pero tampoco la detestaba. Atenea era una amiga incondicional de la que me aproveché cruelmente.
----Promete que cuando te aburras de ella, la dejarás ir----Suplicó perdiendo la dignidad.
Trague grueso evitando mirarla a los ojos, sabía que si abría la boca iba a destruirla. Saulas miraba la escena entretenida como si fuese una novela dramática. Sus ojos cotillas eran abiertamente curiosos
----Atenea----Logre decir, buscando la manera de hacer que ella entrara en razón.
Se me fue a los brazos, asfixiándome en el proceso. Apreté los labios, buscando paciencia
----Te amo----Pronunció en un desespero. Algo que ni siquiera quise creer. Me detuve en seco para mirarla
Ella vio la expresión en mi rostro. Y dio dos pasos atrás, suspire cansado
----Vale, c-creo que...
Deseé largarme de aquí, pero desgraciadamente tenía que a tenerme a las consecuencias. Volví adentro con la Rubia pisándome los talones, tratando de procesar lo que acababa de soltar en medio de su estado de ebriedad
Era consiente de que ella estaba callada. La garganta se me había secado y tuve un pinchazo en la cabeza
Necesitaba urgentemente sacar de mi cabeza a esa chica.
Solicite mi auto. Y enseguida llegó, no me despedí de nadie, porque no me interesaba. Me subí y Atenea hizo lo mismo, después de besar la mejilla de veinte mujeres más.
Ella era conocida en este medio. Era la modista más codiciada del país. Trabajaba con las altas casas aristocráticas. Había conseguido fama y riqueza como siempre había querido desde que había llegado ilegalmente aquí. Atenea se había convertido en todo lo que un día soñó, gracias a mí.
Sus trabajos se vendía bien gracias a la fama de ser la concubina del príncipe. El morbo hizo a la gente comprar su ropa y había aumentado sus ventas
Llegamos al palacio. Me bajé del auto y ella imitó mis movimientos, supongo que esperaba dormir conmigo, pero sus ideas iban a hacer en vano, porque yo no tenía intenciones de nada con ella. Estuvimos parados en el salón. Miro sus zapatos sin saber qué decir.
Lo que más quería era terminar con esto y que se fuera de una vez.
----Lamento mi comportamiento de esta noche----Se excusó avergonzada. Pero yo sabía que estaba en sus cabales, solo estaba actuando.
----Son consecuencias del alcohol
----No del todo Terry, no estaba alucinando cuando te dije que te amaba
----No----La corté de inmediato, antes que siguiera con su palabrería----No quiero saber más
Mi pecho se sacudió al ver una mata de cabello negro asomarse en una esquina. La familiaridad de su fragancia me envolvió, quise renunciar a todo y correr hacia donde estaba ella, pero una fuerza invisible me frenó. Sus ojos se cruzaron con los míos y por un lapso de tiempo, ambos quedamos sumergidos en una burbuja de la que no podíamos romper. Hasta que me di cuenta que no tenía sentido insistir en alguien que al igual que todos, me despreciaba.
No iba a dejarla ir, si lo hacía iba a desaparecer para siempre y aunque me resulte insoportable, no podía deshacerme de ella.De todas las criaturas, no me apetecía lastimarla, me producía un cúmulo de sensaciones que prefería a sociarlas al sexo, antes de llamarlo por un nombre
Su vista se desvió a la mujer que tenía a lado, y su expresión cambió. Preferiría que ella no me hubiese visto en una situación que no me agradaba pero me prometi a mi mismo dejar de sucumbir a los encantos de una plebeya sin gracia
Exactamente no entendí cual fue la fuerza que me había lanzado hacer lo que hice, pero solo fue por puro impulso. Tome del mentón a Atenea, y sin pensarlo dos veces, la besé
No lo disfrute, en lo absoluto. Trate de quitárme todo lo que estaba agobiandome y utilizar aquello como un método de escape, pero no funcionó. Termine con aquel beso antes de acabar con migraña. Volví a fijarme en aquel rincón para comprobar que ella seguía estando allí, pero fue más inteligente y se largó. La pequeña arpía había venido a espiarme y tal y como una cobarde, había huido.
----¿Quieres que te acompañe a tu habitación?----Me insinuó muy cerca del oído. Su aliento rozó mi mejilla, de una manera asquerosa
----No hace falta, conozco bien el camino----La hice a un lado, rechazandola.----Dile al cochero que te lleve a tu casa
No espere una respuesta, la deje en medio del salón. Fui a mi habitación y me di un baño de una hora, tratando de quitar el aroma a alcohol que Atenea había impregnado en mí, el sabor de la nicotina estaba en mi paladar por culpa suya.
Había jodido todo, aceptando su invitación por un estúpido impulso de idiotez
Por pura inercia, me vestí rápido y por más que jure no volver a estar cerca de ella, no podía cumplir mi palabra. Me era inevitable no hacerlo, sentía la sensación de ir a buscarla. Fui hasta la habitación que las criadas le prepararon, ahora que era la dama de compañía de mi Madre le había arrebatado todos sus privilegios.
Entre a su habitación y lo primero que me recibió fue un caos, como si un huracán hubiese arrasado por toda la estancia. Arrugue las cejas, confundido
----¿¡Que es todo este alboroto!?----Alcé la voz, mirando la habitación con horror
Todo el lugar estaba de cabeza, los muebles rotos, los libros fuera de lugar y la estancia llena de caos. Aún lado de la cama, estaba una pelinegra rompiendo un cojín como si fuera un animal rabioso
Al sentir mi vista, giro de sorpresa sobresaltada. Me encontré con unos ojos salvajes llenos de lágrimas
----¿¡Que está haciendo aquí!?----Gritó a todo pulmón, perdiendo los estribos. Sus cabellos se movían con demencia en cada movimiento brusco----¿Ya se cansó de su compañía?
Actuaba como una lunática. Sus ojos de ciervo estaban inyectados de rabia. Lejos de causarme miedo me parecían divertidos. Me parecia interesante su pequeña escena de celos, una criatura tan dócil como Claire resultaba entretenida.
----Estas desquiciada----Dictaminé incrédulo, mirándola de arriba a abajo como si le hubiese crecido otra cabeza ----Te dejo cinco minutos y ya estás armando una rabieta
----Vayase con aquella y déjeme en paz.
Corrió hacia mí tratando de echarme, comportándose como una fiera, mientras me golpeaba el pecho. La tome de las muñecas, irritado.
----No me iré de aquí, por que está es mi casa te guste o no----Le advertí a quemarropa. La solté de mala gana, tenerla demasiado cerca me afectaba.
Su respiración era inestable. Las lagrimas caían libremente como riachuelos, su nariz estaba roja como un jitomate. Me provocaba una punzada en el pecho verla llorar por culpa mía y tenias unas intensas ganas de secar sus huellas
----Es usted un salvaje----Escupío llena de odio. No estaba acostumbrado a escuchar obscenidades de aquellos labios tan puros
----¿Lo dices tu?----Pregunté incrédulo en medio de una sonrisa----La pequeña fiera que dejó mi habitación echa un lío
Se pasó las manos por el cabello, frustrada. Alborotando su melena azabache de una manera extraña que la hizo ver más preciosa de lo que ya era. Inoptizado por sus movimientos, no deje ni un momento de observarla
Había añorado volver a sentir su fragancia y la suavidad de su piel. No iba a soportar estar lejos de ella, me era imposible. Ella no era consiente del poder que estaba ejerciendo en mí, cada día me era imposible no sentirla como algo indispensable para mí. La necesitaba tanto como el agua.
No podía siquiera imaginarme un escenario lejos de ella. La sola idea de que se desaparezca de mi vista me aterra. Claire iba a ser la madre de mis herederos, nadie más que esa mujer.
Me acerqué cauteloso y la tomé de las mejillas perdiendo el romanticismo y la poca sensibilidad que tenía. Ella al instante se quedó quieta y se dejó tocar por mí, acaricie su nariz con la mía, seguidamente para después besar aquellos labios pomposos
Cerré los ojos deleitándome con su sabor, acabando la agonía que me está produciendo. Disfruté de aquellos labios puros y virginales como si fuera el manjar más delicioso. Claire me correspondió con un poco de torpeza.
Involuntariamente soltó un gemido que me pareció el sonido más sensual que había escuchado en mi vida. La fiera me tomaba de los cabellos para poder besarla profundamente. Con cuidando la fui acercando a su cama para depositarla y lamer su clavícula. Claire gemía conforme avanzaba. La habitación se inundaban de ruidos obscenos.
Ella cerró los ojos, aferrando sus uñas al cobertor de la cama. Mientras seguía besando su cuello, mis manos fueron ágiles y acariciaron su cuerpo por encima de la ropa. Me detuve un momento, para poder verla a los ojos y preguntarle.
Claire me besó como respuesta. Tomando mi cara para así besarme con salvajismo, de una manera que me fascinó y me hizo sentirme excitado
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Comments
Marely judith Vega rivera
por fa escrito mas capitulo s
2024-07-30
0
Marian Gutierrez
porq dejo la novelaaaaaa
2023-09-30
0
Marian Gutierrez
siga la novela por fis
2023-08-03
0