Para qué Lían y tú se sientan como en su propia casa.
Ella no se apartó, se volteó y sus caras estaban muy cerca y el deseo de besarla era insoportable. Sin pensar Elias le levantó su cara con un
dedo, pero Sandra se apartó con la cara roja y le dijo:
SANDRA: se te van a quemar los sándwiches.
Elias no pidio disculpa, no iba a disculparse por hacer algo que los dos querían.
El estaba seguro de que Sandra había querido besarlo y sospechaba que la razón por la que se había apartado no tenía nada que ver con los
sándwiches.
Sandra lo miró sacando los sándwiches y no aguanto más y le dijo:
SANDRA: esto es algo de lo que debemos hablar,
entre nosotros hay un pasado Elias, y bastante
malo, cuando Cristian y yo nos comprometimos, tú y tus padres me despreciaban, hiciste todo lo posible para separarme de él; incluso fuiste con tu familia y me ofreciste dinero para que lo dejara,¿Tú sabes cuánto me dolió?
No puedo decir que no haya cierta química entre tú y yo, pero si esperas que me quede no puede haber nada entre nosotros, el pasado pesa demasiado y tarde o temprano sería una carga.
ELIAS: Sandra, yo no quería…
SANDRA: deja terminar, me has traído aquí porque soy la madre de Lian, pero también soy la responsable de la muerte de Cristian.
Eso se lo dijo con lagrimas porque ya no las podía aguantar.
SANDRA: si hubiera terminado con él seguiría vivo, recuerda eso la próxima vez que sientas la tentación de besarme.
Esas palabras fueron como una bofetada para Elias.
Durante los últimos cuatro años, Sandra había llevado con ella esa horrible culpa, se culpaba a sí misma por la muerte de Cristian y merecía
conocer toda la historia, ¿Pero cómo iba a contársela, si la verdad haría que se fuera de la mansión?. Se iría y nunca le perdonaría por lo que
había hecho.
Le gustaría decir que la entendía, que compartía su sentimiento de culpa, pero decir eso empeoraría la situación.
Lían, que entró bostezando en la cocina, rompió el incómodo silencio.
LÍAN: ¿Tienes masmelos tío Elías?
ELÍAS: no, ahora mismo no, pero lo apuntaremos en la lista de las compras para la próxima vez.
Le respondió él, colocando los sándwiches
En cada plato, mientras Sandra llenaba los vasos con el jugo de fresa.
Cenaron los tres como si fueran una familia, pero Sandra parecía tensa y tenía razón, también él sabía que había una historia entre ellos, pero retomar lo que habían dejado a medias en el carro hace cuatro años era romper esa frágil tregua. Solo podían seguir adelante como amigos, si fuera posible Si no, como dos extraños.
Pero como amantes no, eso nunca saldría bien. No porque la culpara por la muerte de su hermano, sino porque se culpaba a sí mismo.
Cuando terminaron de cenar, Lían empezó a quedarse dormido otra vez y Sandra lo tomó en brazos y dijo:
SANDRA: es temprano, pero está cansado, voy a llevarlo a la cama.
ELÍAS: ¿puedes volver después?
SANDRA: no que trabajar un poco.
ELÍAS: ¡ok! Pero no trabajes hasta muy tarde.
Elías se levantó para llevar los platos a la cocina, y pensó que sin ella y el niño la mansión sería demasiado silenciosa, ya se estaba acostumbrando a ellos, después de lavar los platos salió al patio para guardar lo que utilizaron para bañar al perro. Se acordó lo bien que la habían pasado bañando al perro.
Pensó que casi había olvidado lo que era pasarlo bien.
Eso le recordó que hacía días que no llamaba a Lili, la joven con la que mantenía una relación informal, ella estaba volviéndose posesiva y exigente. Iría a la fiesta que había organizado
ese fin de semana, y probablemente se quedaría a pasar la noche.
Con Sandra allí sería un poco incómodo, ya que le dijo que cuando tuviera su mujer iba a ser como un estorbo para él.
Inquieto, miró hacia las ventanas del segundo piso y La luz en el cuarto de Lían estaba apagada, pero la de Sandra estaba encendida, y la imaginó inclinada sobre el teclado trabajando.
Años atrás había pensado que era una casa fortuna, que solo quería el dinero de Cristian, pero se ha dado cuenta de que no es así.
Elías entró a la casa y estuvo un rato repasando las cuentas de algunos negocios. Cuando terminó, estaba cansado y se fue a su cuarto.
Se acordó de Rudy el perro de su sobrino y bajo otra ves a echarle un vistazo.
Cuando llegó al patio vio que a luz en el cuarto de Sandra estaba apagada y la imaginó ya dormida.
Un pasillo conectaba el patio con el garaje y a Elías se asustó al ver que la puerta estaba del garaje abierta.
¿Rudy? Lo llamó, pero no hubo respuesta.
Tomando una linterna, Elías iluminó el garaje, pero no había ni rastro del perro de Lían.
No podía haber salido del patio porque la zona estaba cerrada, de modo que tenía que estar por algún lado.
Subió a la habitación de Lían y comprobó que la puerta no estaba cerrada del todo.
El niño estaba profundamente dormido y Rudy tumbado sobre la alfombra, el perro levantó la cabeza en señal de alerta, como advirtiéndole que estaba allí cumpliendo con su obligación.
Él le dijo en voz baja para no despertar a su sobrino:
ELÍAS: no pasa nada, me parece muy bien que cuides de tu dueño.
Elías sintió ternura por esa escena, nunca le habían gustado demasiado los niños, pero aquel niño inocente le estaba dejando una huella en el corazón.
Antes de cerrar la puerta, miró alrededor con la linterna. Todo estaba en orden, la ropa de Lían, sus libros y juguetes.
Pero entonces se detuvo, helado el rostro de Cristian le sonreía desde una foto colocada en la
mesita.
Esa fotografía era un recordatorio de que, aunque se hubiera ido, Cristian siempre estaría
entre él y la familia que nunca sería suya.
El día de la fiesta llegó, Sandra se había negado estar en esa fiesta que había organizado Elías.
Él le dijo que tenía que estar junto Lían, ellos
eran parte de su familia, esconderlos solo serviría para despertar rumores. Todo el mundo debía saber que estaban viviendo en la mansión y sería mejor que los conocieran en una fiesta, que encontrarse con ellos por casualidad y tener que dar explicaciones.
Ella aceptó y se arregló para la ocasión.
Elías le había contado que la mayoría de los invitados eran socios, pero también habría amigos personales, algunos de los cuales conocían a Cristian y también a ella.
Sandra miró los carros que había en la puerta, esto mostraba el estatus social de Elías. Tal vez aún no era demasiado tarde para desaparecer, pensó, pero en ese momento, Elías llamó suavemente a la puerta del cuarto y le preguntó:
ELÍAS: ¿Estás lista?
SANDRA: ¡Esto es un error Elías! La gente empezará a hablar y…
ELIAS: que hablen! En unos días se olvidarán del
asunto, por cierto, estás hermosa.
Sandra decidió ignorar lo que dijo.
SANDRA: no tenías que subir a buscarme, puedo bajar sola.
ELÍAS:¿Para quedarte escondida en una esquina? No pienso dejar que lo hagas, Sandra tú mereces algo mejor y Lían también¿Dónde está Lían?
SANDRA: viendo películas con Carlos y Rudy.
Tienen pizza, palomitas, gaseosa, de todo. Y Carlos tiene instrucciones para meterlo en la cama a las nueve.
ELÍAS: ok está bien.
Una cosa en la que Elías y ella estaban de acuerdo, Lían no participaría en la fiesta. La noticia de que Cristian había tenido un hijo
sería suficiente por el momento.
Más que suficiente para que empezaran los rumores pensó.
Cuando Sandra se dirigían a la escalera se dio cuenta que la mayoría de los invitados habían llegado ya, había unos cuarenta, todos reunidos en el salón, todos vestidos elegantemente, tomando.
Elías había contratado una empresa para que se encargara de la comida, pero la nana estaba allí, vigilando en la cocina. Ella se mostraba muy amable con Lían, pero seguía mirándola a ella con
frialdad.
Todos los ojos se volvieron hacia ellos mientras Elías y Sandra bajaban por la escalera.
Sonríe le dijo Elías, no vas a un funeral.
Sandra intentó hacerlo, pero sus tacones se doblaban con cada paso y tuvo que aceptar el brazo que Elías le ofrecía. Incluso ese pequeño gesto haría que se levantaran muchas cejas, pero era mejor que arriesgarse a tropezar y pasar una vergüenza.
Cuando llegaron al salón, él le puso una copa de champán en la mano y Sandra tomó un sorbo del burbujeante líquido para darse valor.
Elías llegó con ella hasta donde un hombre de mediana edad.
ELÍAS: willy te presento a Sandra, la prometida de mi difunto hermano.
Él le presentó a un hombre de mediana edad se aloja en la mansión con su hijo, el hijo de Cristián.
El hombre le dio el saludo aparentemente desinteresado.
Los demás invitados mostraron la misma cortesía, las respuestas variaban de la fría amabilidad a la disimulada curiosidad.
ELÍAS: seguro que todos están hablando de nosotros, pero no tienes por qué quedarte a mi lado todo el tiempo.
SANDRA: ¿seguro?
SANDRA: se quedó sola tomando champán y conteniendo la tentación de marcharse. Eso sería una cobardía y debía demostrar que no le tenía
miedo a esa gente.
Reconocía algunas caras de cuando salía con Cristian, pero la mayoría de los invitados eran extraños para ella.
Una rubia alta con un vestido rojo muy revelador se había pegado a Elías y él parecía disfrutar de su compañía. Tal vez eran novios, pero no podía estar celosa, era ridículo. Elías no era propiedad de ella, de hecho, no era nada suyo.
–¿Angie? ¿De verdad eres tú?
Angie se volvió para ver a un hombre alto y rubio que había sido amigo de Cristian.
SANDRA: ¿José?
JOSE: ¡ha pasado mucho tiempo! Desapareciste tras la muerte de Cristian y siempre me he
preguntado qué habría sido de ti.
SANDRA: tuve un hijo, pero imagino que ya te lo habrán contado.
JOSE: sí, he oído algo. En cualquier caso, la maternidad te sienta bien, estas más hermosa que nunca.
¿Estaba coqueteando con ella? Sandra dio un paso atrás, pero Jose dio otro adelante, casi acorralándola contra la pared. El aliento le olía a whisky y Sandra miro por encima de su hombro para ver Elías con la rubia del brazo.
JOSE: ¿Sabes una cosa Sandra? Siempre me has gustado, ahora que Cristian no está, me gustaría que tú y yo…
Me gustaría volver a ver a los amigos de Cristian lo interrumpió ella.
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Comments
quelir68
propiedad
2024-08-11
0
Aida Silva Gomez
seguro era la que se estaba de besucona con cristian/Smug/
2024-07-15
2
Lesly Argumelo
esa novia de Elias tiene cara de putigolfa
2024-06-14
1