Cuando tenía cinco años supe lo que me gustaba, lo que anhelaba y lo que quería, en resumidas cuentas: todo. Esa era la respuesta a esas tres preguntas que alguna vez me cuestionaron mis padres, mis profesores y algún que otro psiquiatra que me atendió después de unos sucesos un tanto traumatizantes.
Recuerdo en especial un intento estúpido de mi madre porque fuera lo que la sociedad quería, me llevó a una escuela de artes y sorpresivamente eso me gustó, de alguna forma ganó dinero con ello ahora. Sin embargo, mi comportamiento seguía siendo inadecuado y un poco, muy problemático. Por lo que mi progenitora decidió llevarme con un psicólogo; esté me dijo que de seguro tenía un trauma, el cual me impedía enfocarme en mis deberes y que las tareas que debía de realizar se me hicieran tan difíciles.
Mentira.
Aquellos años fueron una locura.
¿Alguien sabe porque los perros no pueden comer chocolate?
Quiero un pan de ajo.
Era el psicólogo escolar, no es cómo si esperará mucho de él de todos modos.
Recuerdo de que hacía muchas preguntas, las cuales siempre incluían el maltrato hacia mi persona física, emocional o mentalmente hablando, lo que en realidad yo no entendía en ese momento, pero por la forma que actuaba supe que debía ser cauteloso. Mis respuestas a esa edad eran muy claras: mi padre no me golpea, mi madre me ama, mis hermanos no me hacen nada.
Así fue hasta que cumplí diecisiete años.
Sentado en la silla frente de mi escritorio, tecleo mi cuenta en un blog que está enterrado hasta el fondo de la deep web y sonrío al ver todas las fotos subidas por conocidos; en ellas los cuerpos desnudos y atados, sin extremidades o con quemaduras, con profundas mordidas modelan para el espectador y suspiro soñador. Hace tres días que Gardenia llego a casa y hoy será la primera vez que suba una foto de ella.
En la fotografía ella luce una de mis camisas lisas, el color negro resaltando su claro tono de piel y las cicatrices que hay en ella, su cabello rojizo y rizado esparramado en mi almohada, su perfecto perfil luciendo adorable al dormir. Es cuestión de segundos cuando los comentarios empiezan a aparecer: “vaya, ¿eso costo cincuenta dólares? Me arriesgaré para la otra”, “qué lindas marcas de piel tiene”, “ya la hacía muerta” …
Sonrío orgulloso y me paso a la bandeja de mensajes, encuentro proposiciones de sexo casual, invitaciones a nuevos juegos en las catacumbas y lo más importante, ya que lo pedí en la mañana, ya me han enviado los vídeos de seguridad donde Gardenia se encontraba.
Ahora podré ir tras los hijos de perra que la lastimaron…
— ¿Joaquín, estás aquí? —la voz de mi madre me hace suspirar, ¿cómo es capaz de encontrarme siempre?
— Si, madre —cierro la página, dejando solo el fondo de mi computador. Un increíble campo de flores en un atardecer, los llamativos colores de cada flor reluciendo como si fueran de un cuento de hadas. Mi madre entra a mi oficina sonriendo radiante—, ¿se te ofrece algo? Estaba revisando algo del trabajo.
— Las chicas y yo hemos decidido ir a comprar ropa para la nueva muchacha, vendremos dentro de poco.
Es una jodida broma.
Al parecer no lo es.
Hey, quiero que traiga helado.
Necesito un nuevo lienzo.
— Tendrán que dejar a la nueva aquí, mamá —ella frunce el ceño, su sonrisa desvaneciéndose—, recuerda que ha venido de la calle; no sé con qué tipo de gente se relacionó y no quiero que tenga problemas, menos contigo cerca —vaya mentira más boba—. Podrían intentar hacerles algo.
— Oh, supongo que tienes razón. Bien —suspira—, entonces me llevaré a tu padre y las chicas, te dejo a cargo de “bombón”.
— ¿Ya le has puesto apodo?
— La pobre no puede hablar, no sé su nombre y me has dicho que cuando la has encontrado no venía con su licencia o billetera —entrelaza sus manos frente de ella—, llamarla “ella” o “la chica” es un poco grosero, fue la mejor decisión.
— Como tu digas, mamá.
Al salir ella y cerrar la puerta tras de sí, vuelvo a mi correo y pongo reproducción al primer vídeo, la fecha indica hace dos semanas lo cual me resulta extraño. Las mercancías suelen durar meses dentro para “limpiarlos” antes de que entren a jaulas para ser vendidos, pongo pausa y salgo del reproductor para buscar algo más que vídeos y lo encuentro hasta abajo, en el folder hay una nota de parte de Leah:
“Querido señor Joaquín De Beck:
Nuestra más sincera disculpa por la tardanza a su pedido; se nos permite informarle que su mercancía, etiquetada con el número trece, no tiene bitácora de acceso a nuestra organización. De igual forma podrá ver en el primer vídeo su tan repentina aparición: hay una leve interferencia y entonces ella está en una de las jaulas.
No estamos seguros del personal que trabajó esa noche, como tampoco estamos seguros porque se le fue castigada tan seguido y se le retiraba la comida, pero seguiremos investigando.
Solo para aclarar: la sección donde ella está no se monitorea tan seguido como las otras.
Que pase muy buen día.
Leah.”
Hm, esto es interesante. Mi florecita apareció de la nada dentro de una jaula, no hay responsable o sospecho de su entrada a Leah, tampoco respuestas ante los tratos que hacían hacia ella porque esa área en específico no es tan monitoreada como las demás… Qué bueno que nos quedaremos solos.
Cierro todas las pestañas del monitor, apago la computadora y salgo de mi oficina, pisando mis talones viene Hunter, quien se aferra al final de mi pantalonera y deja que lo arrastre. Todavía es temprano, es por ello que me he permitido seguir en pijama, también porque en la tarde se viene un momento que sé lo desagradable que será.
Ando tranquilamente a mi habitación de puerta blanca, al abrirla la encuentro sentada en el sofá trenzando su cabello y al percatarse de mi presencia, su cuerpo tiembla. Fantástico.
Cierro al entrar, Gardenia baja la mirada y se pone lentamente de pie, sigue asustada por lo ocurrido en el baño y eso que han pasado ya tres días, ¿tan aterrador me vi?
Me encamino hacia el peinador, abriendo el ultimo cajón del lado derecho y extraigo un collar grueso de cuerpo negro, uno que posee un corazón dorado al centro, lado opuesto de la hebilla. Lo sujeto con fuerza, necesito sentirlo y saber que está ahí, recordar que tengo el control y debo mantenerme en mis casillas.
Quiero ponerlo en su cuello y hacerla gritar, pero a la vez solamente quiero mostrárselo y ver como sus lindos ojos se llenan de horror.
Debo controlarme.
Camino hacia ella, empujándola con mi cuerpo hasta que su espalda toca la pared que hay entre la enorme cama y el sofá, ella tiembla y mantiene la cabeza abajo, recorro con mi mano desocupada su cadera, trazo la tela con mis dedos y tomó el final de la blusa blanca que ha vestido hoy, la cual ha combinado con un pantalón caqui estilo pescador.
— Quítate esto —digo en voz baja—, ahora.
Obedece, increíble.
Es muy buena.
¡Sus pechos son muy pequeños!
— Bien hecho —al estar su cabello tranzado me resulta fácil colocarle el collar, y lo ajusto lo suficiente para que quede pegado a su piel, pero no tanto como para obstruirle la respiración—, ahora quítate ese sostén que ni logras llenar y quítate ese pantalón también, solo quédate en tanga.
¿Por qué hace tanto caso?
¿por qué sigue haciendo lo que décimos al pie de la letra?
Sabemos la respuesta.
Sí, nos tiene miedo.
— ¿Te asuste tanto en el baño? —pregunto, acariciando sus brazos desnudos hasta sus hombros y paseando mis pulgares por sus clavículas— Ya no luces tan flaca como antes, me gusta eso —bajo y deposito un beso en su coronilla, huele a fresas—. Levanta la cabeza.
Gardenia lo hace lentamente, cierra sus ojos y tensa todo su cuerpo, es cómo si lo preparará para recibir una paliza, cómo si supiera lo que le haré. Lo que le depara en mis manos no es nada a lo que ella vivió en Leah y creo que es momento de dejárselo en claro. Enganchó mi dedo al corazón de metal que se ajusta entre el cuero y tiro de ella, pegando su desnudo pecho al mío.
— ¿Quién eres en realidad? —le preguntó y el azul claro de sus ojos destella, su piel llena de pecas erizándose— Vaya, ¿creías que sería tan fácil el engañarme, el entrar a mi casa y que no sospechara nada con tu sumisa actitud? Que tonta.
Golpea, ya, ahora.
Se lo merece.
Llevo mi brazo hacia atrás y con fuerza golpeó la piel del muslo de Gardenia con la palma de mi mano, ella grita y lleva sus manos a mis hombros, pero no retrocede y eso me hace fruncir el ceño. Todos entramos en confusión cuando sus mejillas se tiñen de rojo, una tonalidad igual que ha tomado el área que he golpeado. Vuelvo a golpear y un gemido sale de entre sus labios rojizos.
¡¿Qué diablos le pasa?!
Mátala, no sirve. Está descompuesta.
¿Es de ese tipo?
Qué rara…
Tomo su rostro entre mis manos y observo con atención su brillosa mirada, las lágrimas que se han acumulado dejan en claro que sí le ha dolido, pero el sonrojo y la forma que sonríe dice otra cosa. Oh, bueno, eso podría significar algo…supongo.
Sus manos se deslizan por mi cuello, lo que me hace tensarme al pensar en el siguiente movimiento qué hará, pero cuando las lleva más arriba y acaricia mis mejillas, solo suelto una risilla baja y bajo a besar sus labios, ella corresponde e incluso me abraza, saboreándome como si de un delicioso dulce me tratara, pero entonces echa su cabeza hacía atrás, alejándose de mí con sumo horror en sus ojos.
Luego me observa con ira.
Fue lo que tuvo que hacer desde un principio, ahora es muy tarde. Qué se joda.
— Eso me agarro de sorpresa, debo admitir, pero volviendo a lo importante: ¿a qué organización sirves, Gardenia? —sus ojos del color azul bebé vuelven a mostrar miedo, pánico, y se abren de sorpresa, horror... — Vaya, eres tan fácil de leer que comienzo a sentirme como un estúpido por haber tardado tanto en hacerte esto.
Traga, temblando nuevamente.
— ¿Crees que nosotros los "enfermos" no hemos ya lidiado con ustedes? —tomo asiento en la cama, observándola de pies a cabeza. Dejando de lado las cicatrices y su delgades por desnutrición, tiene un cuerpo atlético— FBI, CIA, ONU y otras más que no valen la pena mencionar, pues en todas y cada una de ellas hay alguien como yo.
— ¡Eres un cerdo!
Su voz es linda.
Demasiado linda.
A mí me gusta.
Sonrió de lado, palmeo mi regazo y ella parpadea confundida antes de acercarse a mí, sus dudosos pasos deteniéndose entre mis pies. Indico con mi dedo índice de la mano derecha que se inclina y mi bella, tonta flor lo hace. Sujeto su trenzado cabello y tiro con fuerza, acercando su rostro al mío.
— ¿Estás casada, señorita detective? —cuestionó, ella tiene los ojos ardiendo en ira y enojo, quiere en verdad golpearme— Lo tomaré como un "no" tu silencio, será mejor que respondas.
— Lo estoy.
— ¿En serio? Me has besado como si no lo estuvieras —sonrío, acariciando con mi mano izquierda su cintura— ¿Tienes hijos?
— Sí —Ha habido tristeza en sus ojos, es un tema delicado. Hay que ir con cuidado.
— ¿Cuántos?
— Cinco.
— Eres la peor mentirosa que he conocido —suelto un bufido, llevando mi zurda a jugar con el elástico de la tanga— ¿Eres del FBI?
— Sí.
— ¿Cómo te llamas?
— ¿Me llamarás por mi nombre? —Sus ojos brillan ahora. Ama su nombre, parece portarlo con orgullo.
— No, para mi seguirás siendo Gardenia, di dinero por ti y es mi derecho, eres mía —beso su mejilla.
— ¡¿Qué vergas crees que haces?!
¡Perra malparida!
— No diga esa palabra, evita decir cosas vulgares. Las flores no insultan.
— ¡No soy ninguna maldita flor!
¡Hay que matarla!
Sujeto sus hombros con fuerza, la derribo en la cama y me coloco encima de ella, su grito de sorpresa y terror me hace sonreír, bajo y muerdo con fuerza la piel de su muslo que está enrojecida. Ella no duda en golpear usando sus puños e incluso patalea con desesperación.
Me enderezo de golpe, la hago girar para que quede boca abajo y ahora estamos en una posición que la deja con muchas desventajas, pero a mí no y eso es claro que le sienta muy mal. Su espalda también luce adorables pecas, bajo y lamo su piel, saboreando lo limpia que está. Gardenia vuelve a insultarme, entonces le abofeteo la nalga derecha y su chillido me hace reír, nos hace reír a todos.
— Te contaré un secreto, Gardenia: hay más ovejas vestidas de fieros lobos, que lobos de inocentes ovejas —lamo de nuevo, está vez su cuerpo tiembla— ¿Eres una inocente oveja haciéndose la fuerte, Gardenia? —un leve pellizco con los dientes y ella se retuerce de placer, que linda es. Es extraña— o ¿eres un fiero lobo vestido de oveja?
Vuelvo a dejar caer mi mano con fuerza contra su carne, muerdo y ella explota, se viene tan fuerte que me ha sorprendido un poco, pero un alimento dulce no se debe despreciar. Bajo de la cama colocándome de rodillas tras de ella, lamiendo lo que ella ha dejado salir de su cuerpo y al enderezarme después de unas lentas lamidas, la veo temblar.
— ¿Estás bien? —no responde, solo se queda en la cama con la respiración acelerada. Murmura algo contra el colchón, suspiro y la hago girar, su desastrosa expresión sonrojada haciendo a todos contener el aliento— ¿Dijiste algo?
— Sólo no lo hagas de nuevo.
Ilusa. Tonta.
— Te compre —digo sin más, acariciando su mejilla antes de tomarla en brazos y acomodarla correctamente en la cama, ella ya pertenece al jardín—. Tuviste que pensarlo dos veces antes de meterte en esta mierda.
— ¡Nunca me dijeron que un violador me haría un oral!
— No te escuche decir “no”, por lo que no cuenta como violación —tomo asiento al lado de su cadera, acariciando su vientre desnudo— ¿Por qué aceptaste esto? ¿Por qué llegar tan lejos?
— Eso no te incumbe.
— Estuviste dos semanas en una de las secciones bajas de Leah —su rostro delata sorpresa y miedo, lo que arruina la imagen que me ha dado hace poco—; no pongas esa cara. Investigué y Leah es muy observador, nosotros no somos tontos. Tengo una gran idea de lo que has visto ahí, deberías estar en shock todavía y hecha un ovillo en algún rincón, pero no es así —bajo mi mano al muslo que he golpeado, brindándole calor—. De todo lo que vistes en el penúltimo piso del infierno que es Leah ¿por qué decidiste continuar?
— Es personal.
Tiene algo que ver con el tema de hijos.
Eso era mentira, estoy segura.
Oh, hombre. Odio las mentiras.
— Te informo que a la venta a la que fuiste anunciada había necrofílicos, zoofílicos, caníbales —no hay reacción—, pedófilos —¡Reaccionó! —. Eres fácil de leer, Gardenia, tuviste que haber practicado más antes de lanzarte a la boca de los lobos.
— ¿Eres un lobo?
Su pregunta es dicha con ojos entre cerrados y en un tono infantil, luce a punto de dormir y eso me hace hacer una mueca, parece ser que es de las que duermen cuando logran tocar el cielo. Bajo y beso su frente, cubro su cuerpo con una cálida manta y salgo de la habitación, necesito una ducha y cambiarme para la tortura que será la tarde noche.
Ya otro día investigare si ese esposo e hijo existen, y si es verdad que trabaja en FBI o solo me dio la razón para que la deje.
De todos modos, no le funcionó.
Sonrío. No, lo hizo.
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