Las calles de la ciudad, a estas horas de la noche, en verdad son oscuras y desiertas, las luces de mi coche a
penas y alumbran dos metros más allá de mí. Ahora que lo pienso; está es la razón por la que no salgo a caminar, las calles son muy oscuras y me llevan a recuerdos que no quiero en mi día a día, pero ni si quiera en las mañanas salgo a pasear, no a menos que esté en mi carro o en compañía, prefiero el carro.
Sólo no me gusta estar en la calle sí existe la posibilidad de contacto con la gente y como eso es muy normal, no salgo a menos que sea muy necesario.
Me pasó la mano tras el cuello, no he hecho una buena compra, algo dentro de mí me lo dice y no es mi negro
corazón quien lo hace, siendo realistas los corazones ni hablan, así que todo bien.
Solamente te estas volviendo más loco.
Silencio.
Voy a darte tu silencio.
El fuerte resonar de una palacontra un sartén suenan en mi cabeza, a esto se le unen las risas de todos más el chirrido que provocan las uñas al rasguñar un pizarrón escolar y el dolor se vuelve insoportable; estos cabrones les gusta joderme.
La canción Monster de Skillet suena alto dentro del auto, no he puesto el estéreo y eso sólo quiere decir que me están llamando, lo cual es molesto ¿Quién llamaría a esta hora de la noche? Mi madre no porqué su vejez ya la obliga a dormir a horas tempranas, así que podría ser Manolo… No, él tampoco. Ese primero llama a alguien más en este mundo que a mí; me siento un poco herido.
Tomo mi celular, deslizando el dedo por la pantalla y contesto, quiero quitarme la espina de la duda que yo mismo me he clavado.
— Habla con Joaquín De Beck, ¿con quién hablo?
— Soy Rogel.
— ¡Rogel! Pero que sorpresa, viejo amigo —doy vuelta en el siguiente cruce, sólo unas calles más al frente y dos a la izquierda y ya estoy en casa, lo que significa que dentro de poco estreno mercancía nueva—, ¿cómo has estado? Hace tiempo que no hemos hablado.
— Tienes razón en eso, pero la verdad es que llame para verificar si es cierto lo que he escuchado —su voz es tan calma, como un maestro de filosofía.
— ¿Y qué es eso que has escuchado?
— ¿Es cierto que has comprado mercancía barata?
Que boca más grande posees Manolo Fisterra.
Deberíamos castigarlo.
Ni siquiera sabemos si fue él quien fue de chismoso.
Es el único que estuvo ahí con nosotros y que conoce a Rogel.
Mierda, eso es verdad.
— Es verdad —los semáforos en verde y que haya poco tráfico hacen del trayecto rápido, por eso no me sorprende verme ya cerca de mi casa, en donde se encuentra una furgoneta color crema con líneas azules, entre más colorida menos sospecha para los vecinos—. La he llamado: Gardenia, ¿lindo, no lo crees?
— ¡Te ha costado sólo cincuenta dólares! De seguro está enferma o es estúpida, tal vez sea travestí, ¿y si resulta ser una amante de provocar incendios o matar gatitos? ¡No la quiero cerca!
— Si es que resulta ser travesti, no habría problema; me gusta meterla también en hombres: culos son culos —la puerta de mi garaje se abre, permitiendo mi entrada y la de la furgoneta, servicio a domicilio—. Te dejaré la mente tranquila: no es hombre, pues la presentaron totalmente desnuda —le escucho maldecir bajo y eso hace que sonría, es tan fácil de joderle—. En fin. Debo irme, hablaré contigo después. Necesito abrir mi regalo.
— Estás demente —lo escucho soltar un suspiro.
— ¿Quién no lo está en este mundo? —finalizó la llamada, hablar con él es tan divertido.
Apago motor al estacionar frente de mi casa, me retiro el cinturón de seguridad y bajo del coche, dirigiéndome a la furgoneta con paso lento, realmente no hay prisa. Les indico que entren a la cochera que comienza a abrirse poco a poco, ellos no tardan en acatar la orden. Espero en la oscuridad con los nervios de punta, todos en mi cabeza hacen ruidos extraños y es porque también están emocionados.
Los empleados de Leah al estacionarse en la cochera bajan luciendo sus finos trajes y pasan a la parte trasera, ya han bajado y tienen las llaves tendidas, es obvio que son de la jaula donde portan a mi Gardenia.
Abren la puerta trasera y ahí está mi linda chica sucia, llena de pánico y heridas, rodeada de porquería y del caliente indio polla grande, es tan débil. También está la candente pelirroja, pudiste haber sido mía, pero ahora le perteneces a un asesino.
Lástima.
— Hola, Gardenia, bienvenida —abro la puerta de su pequeña jaula, apenas y puede estar en cuatro, les entregó las llaves a los trabajadores de Leah junto con cincuenta dólares—, yo me encargo de llevarla dentro. No se molesten.
Sujeto a Gardenia de sus axilas, jalando poco a poco y ella comienza a cooperar segundos después, ¿estará en shock? Es posible, tal vez fue secuestrada o violada, tendré que hacerle estudios médicos. Soy un enfermo, sí, pero eso ha contraer ETS no está conmigo. Dejando de lado que puede manchar mis demás flores y no puedo permitir eso, debo cuidarlas.
Cuando por fin está fuera de la jaula, la giró hacía mí y la pego a mi cuerpo, alejándola de la furgoneta para que ellos puedan salir.
— Que pase buena noche, Señor Beck —se despide el conductor, antes de echar reversa y salir de mi casa, una vez que la puerta del garaje ha vuelto a abrirse.
Gardenia está temblando, ¿frio? No, no lo creo, mi casa nunca está fría, siempre mantenemos la temperatura perfecta para el cuerpo debido al placer de la desnudez. Sin embargo, debo tomar en cuenta de que ella está baja de peso, no luce saludable y es posible que su último baño haya sido hace ya unas semanas… Mierda, me estoy arrepintiendo de haberla comprado.
Me retiro el saco con un movimiento de hombros, lo sacudo un poco para expandirlo correctamente y se lo coloco sobre los hombros, la tela cubriéndole hasta las nalgas. Ella tiembla y da un paso lejos de mí, marcando distancia; sus pequeños y tentativos labios se abren con lentitud, los tiene curtidos y de un color opaco. Está claramente deshidratada.
— Primera regla —hablo primero de que ella, sellando su boca con mi mano al cubrirla—: sólo una pregunta por semana, no vas a hablar ni comentar nada más después; sólo haces esa pregunta y te callas.
¿Acaso he visto enfado en su mirada?
Si, lo es, y ha sido muy lindo.
¿Qué le pasa a está descarada?
¡Qué te hemos salvado, ojos podridos!
— Avanza, necesito enseñarte donde está la cocina y mi habitación, son los dos lugares en los que más vas a estar —acomodo tras su oreja izquierda un travieso rizo, el cual se siente grasoso y duro. Sí que está sucia—. De lo demás se encargará Girasol, no vayas a hacerla enfadar —sonrío, mostrándole el buen trabajo que hace mi dentista—, no pienso rescatarte.
Abrocho el último botón del saco y la instó a avanzar, dirigiéndonos dentro de mi casa. Al cruzar la puerta, Girasol ya está ahí esperando con una enorme sonrisa, la cual desaparece al ver a Gardenia.
Su cabello es demasiado largo, tanto que llega hasta la mitad de sus muslos y es rubio natural, Higins dijo muchas veces que a ella tuve que haberla llamado Rapunzel, pero es que mi Girasol no necesita ser salvada de ninguna torre. Sería sumamente imprudente entrar y creer eso, ella muy peligrosa. Sus ojos son cafés savia, su piel es bronceada y luce como caramelo, y aparte de eso, muy aparte, están sus grandes pechos.
Son deliciosos, están bien proporcionados y se sienten de maravilla cuando los amaso, pero ya no me satisfacen, es una lástima.
De cadera o culo no tiene mucho que presumir, para eso está Rosa, y benditos sean sus padres por haberle heredado esa genética. Y Margarita... ella es divertida. Me hace reír.
— Bienvenido, Señor, ¿le ha ido bien? —un tono tan neutral en una mujer es cómo las alarmas antes de que un misil toque tierra. Girasol es letal.
— Bastante bien, Girasol; me ha ido bastante bien —tomo la tela de las muñecas de mi traje y jalo a Gardenia más cerca de mí, casi pegándola a mi costado—. Te presento a mi compra del día de hoy: Gardenia —obligo a la pelirroja dar un paso, el cual es torpe y temeroso, lo que hace a Girasol alzar la barbilla con clara repugnancia—. Gardenia, ella es tu hermana, o nueva hermana sí es que ya tenías una.
— ¿Gusta que la lleve a tomar un baño?
¿Y qué la mate en el proceso?
No, gracias.
Uy, oye, Gardenia y Girasol envueltas de vapor y con espuma en sus desnudos cuerpos no suena para nada mal.
— La bañará Margarita, no te molestes. Continua con lo tuyo.
Camino lejos del conflicto y posible bomba de celos, llevando conmigo a Gardenia. Es normal de que Girasol sea así, fue mi última compra, pero es la más madura en edad: tiene treinta y cinco años, debería ser normal para ella que la cambien por jóvenes. Las mujeres de esa edad son peligrosas, me lo dijo mi padre.
En el camino hacia la cocina, me encuentro con Rosa, quien está aseando el suelo con un trapo y cera, el piso de madera es difícil de mantener y estoy agradecido con la estricta educación que le dieron a ella. Sabe muchas cosas y es muy cuidadosa en todas ellas. Me manda un beso al verme, me río y continuó, evitando pisar envases de cera ya vacíos.
Gardenia intenta frenar, pero la sujeto con fuerza y sigo tirando, necesito que Margarita la bañe para después hacerle una debida inspección. También ya debo dormir, ya es pasada de la una. Al doblar en el siguiente pasillo, veo a mi salvación, pero con una cesta de ropa en las manos ¡Demonios!
— ¡Amo! ¡Ha vuelto! —grita emocionada, dando brincos y tirando ropa limpia en el proceso. Al ver a Gardenia, sonríe radiante y salta todavía más, haciendo más desastre del que ya ha hecho— ¡Una nueva!
— Si, su nombre es Gardenia, necesito que le des una ducha...
— Estoy lavando ropa, no puedo; estoy ocupada.
Y se va.
Ella siempre está con la cabra al monte.
Me gusta.
¡Hija de perra, vuelve!
¿Qué clase de Amo o Señor soy? He perdido las riendas de estas salvajes y lo peor es que me gusta mucho. Me río ante el chiste de persona que soy, puesto que la verdad es que esto pasa cuando las dejas mucho tiempo solas; los viajes de negocios y familia impiden una buena maestría a mis muchachas, bueno, dejando de lado a mi madre que las quiere muchísimo.
Sigo mi rumbo en dirección al baño. Está vez tendré que bañar yo la mercancía, hace mucho que no lo hago, no había necesidad. Deberé tener cuidado con su piel dañada, usar artículos naturales sin sales, para su cabello tendrá que ser igual, aunque creo no tener los productos necesarios para uno tan rizado, sin embargo, será mucha suciedad escurriendo.
Gardenia parece entender lo que está por pasar, puesto que intenta zafarse y anclar sus pies desnudos al suelo, pero entonces se queda quieta ¿por qué? Volteo y ahí está mi muchacho, su largo cuerpo peludo meneándose de un lado a otro.
— ¡Hunter! —le grito con emoción, viendo su adorable cuerpo moverse como si una corriente eléctrica lo atravesara.
Mi hurón salta emocionado, creo que lo ha sacado de Margarita o ella se lo ha copiado a él, y corre a recibirme. Sube por la tela de mi pantalón, pasa por mi camisa y llega hasta mi hombro, es ágil el cabrón y sumamente adorable. Acaricio su pequeña cabeza, sonriendo cuando su pequeña rosada nariz golpea mi mejilla así que lo presiono contra ella y le doy sonoros besos en la frente.
Miro a Gardenia, sus ojos no dejan de ver a Hunter cómo sí tuviera dos cabezas o una polla en la cabeza, creo que
tendré que quitarle ese miedo. Tal vez encerrándola con Hunter y su familia ayude, es una terapia pasivo-agresiva.
Reanudo mi andar con Hunter en mi hombro y tirando de Gardenia, llegó al baño y abro la puerta, está limpio y se
ve como sí el mismo presidente fuera a cagar ahí, no puedo quejarme de la limpieza con las niñas. Sería injusto. Hunter baja de mí por el mismo camino que ha usado para subir, huyendo del baño como si él fuera la razón de esa visita. Bueno, Margarita se encargará de él mañana.
Empujo a Gardenia dentro, cierro la puerta tras de mí y pongo el seguro, antes de caminar hacía la regadera y abrir la llave. Tendrá que ser agua tibia; caliente dañaría su piel y fría de seguro la mata, ambas cosas que no quiero que pasen tan rápido.
— Gardenia, ven —sólo da una pequeña vacilación antes de hacer caso, se coloca frente de mí y baja la mirada—. No hay necesidad de que bajes la mirada, aquí no es Leah o de donde sea que vengas, pero la segunda regla es: mantenerse limpia; no te quiero sucia por toda mi casa —le retiró el saco, le colocó la mano en la espalda baja y la adentro al baño, sisea al sentir el agua, pero entonces su tierno cuerpo se relaja y toma un tono rosado, está agarrando calor—. Después de tu ducha, comerás algo muy leve, nada de carnes ya que eso sería sobrecargar tu estómago, tal vez una fruta y pan integral con mantequilla de maní.
Ella asiente, escucho el gruñir de su estómago y sé que él no está de acuerdo, pero es lo mejor. Me deshago de mi
ropa y entro a la ducha, ella parece querer quejarse, pero guarda sus palabras. Es muy buena haciendo caso y eso me confunde un poco, ¿por qué entonces sería castigada? Tuvo que haber hecho algo diferente entonces.
Lavo el cabello de mi Gardenia antes que el mío, dejando que actúe más tiempo el acondicionador que he colocado de medias a puntas, lo tiene muy maltratado y no me gusta eso. Quiero que sea brillante y suave al tacto. También talló su cuerpo con una suave toalla húmeda, a la cual rocío jabón y gotas de aroma, quiero que huela delicioso.
Me veo con la necesidad de usar mis manos al notar las heridas abiertas.
— Mira que tenemos aquí, otra cicatriz —brazos, cuello, espalda, piernas, muslos e incluso su vagina posee marcas, es más de lo que alguna vez vi en mis pasadas compras—, no te preocupes, Gardenia, mi madre dice que: "sólo los idiotas notarán la fealdad ante una belleza maltratada."
Dejo al agua retirar el jabón de su cuerpo y el acondicionador de su cabello, enjuagando correctamente cada parte de su cuerpo.
Me termino de duchar rápido, cierro las llaves del paso de agua y agarró mi bata, me la coloco y después tomó una toalla grande, con la cual envuelvo el maltratado cuerpo que ahora huele bien. Ambos salimos del baño y la guío a la recamara que denomine “jardín”, al entrar una suave alfombra de largo material color verde lima impide que nuestros pies sigan tocando el frio suelo.
La enorme cama matrimonial ya está siendo ocupada por Girasol y Margarita, ambas abrazándose y completamente dormidas, lo cual no me molesta, pero esperaba ser servido un poco. Rosa está frente el tocador cepillando su castaño cabello que posee hebras doradas, al verme sonríe y se pone de pie, se encamina al closet, extrayendo un poco de su ropa y me la tiende en el sillón de dos metros de largo y medio metro de ancho. Uno que no ocupa espacio dentro de la enorme habitación.
Mi casa fue hecha por un gran arquitecto, un conocido de Leah; es un maravilloso trabajo, limpio y fue entregado a tiempo con todas mis peticiones hechas al pie de la letra: los muros gruesos que impiden el sonido salir de cualquiera de las habitaciones, vidrios a prueba de balas y un estupendo jardín para las reuniones familiares.
Asiento en agradecimiento hacia Rosa, siento a Gardenia en la esquina del sillón y tomó la braga color violeta
de encaje talla M, me coloco de cuclillas frente de mi reciente compra y sus ojos de azul bebé me observan con suma atención. Demasiada. Es como si quisiera leer mis movimientos para estudiarlos, para saber si soy de confiar o no y eso es estúpido porque claramente no lo soy.
Elevo una de sus piernas sujetándola del talón para meterla en el orificio correspondiente y hago lo mismo en la
otra, colocándole la prenda sin tocarla de más. Después la visto con una blusa de tirantes suelta, una que posee demasiado escote y apenas cubre las aureolas de sus pechos. Son pequeños, sí, y estoy seguro de que puedo tomarlos fácilmente con mis manos, pero eso no los hace menos. Me gustan.
Tomo la toalla y seco su cabello, está maltratado, pero con el tiempo será hermoso y podré arreglárselo como es debido.
— Bien, Gardenia, está será tu cama por ahora, aún no estás limpia lo suficiente como para acostarte conmigo así que dormirás aparte.
Dejo de lado la húmeda toalla, veo sus cortadas y cicatrices, me molesta que sean más de las que tenía previsto.
Voy al tocador y abro el segundo cajón de la izquierda, tomando un pequeño frasco color turques.
Contiene una vieja pomada casera, la cual hace mucho tiempo no usaba, pero siempre es bueno tener este tipo de
cosas a la mano. Vuelvo a Gardenia deteniéndome frente de ella, abro el frasco y el aroma del contenido hace a mi compra arrugar la nariz; tiene razón, no huele nada bien. Tomo un poco de la pomada usando mi dedo índice, me coloco de cuclillas y con la zurda le hago abrir sus piernas, dejando expuestas las cortadas de sus muslos.
Unto el ungüento en cada una de ellas, incluso en las que no son graves o ya han hecho costra.
— No me gustan las cicatrices —digo en voz baja, no queriendo molestar el sueño de Margarita y Girasol—, así que ten cuidado de ahora en adelante —Volteo hacía Rosa, ella yace a un lado de mí de pie todavía—. Trae una manzana picada, por favor.
— ¿Cuadros o rodajas? —pregunta con su voz neutral.
— Rodajas, muy finas.
Asiente con la cabeza saliendo de la habitación a cumplir mi pedido. Rosa vale lo que pague por ella, nunca he
tenido quejas al respecto de su comportamiento ni de sus habilidades, por lo que estoy agradecido de haber cedido ante los caprichos de Rogel. Mi atención vuelve a Gardenia, tomó sus manos e ignoro el temblor que recorre todo su cuerpo; no hay piel dañada en el interior de sus muñecas, será perfecto.
— ¿Te gustan las mariposas?
Cuestiono y ella en respuesta asiente, chica lista. No ha olvidado lo que le he dicho respecto a hablar. Cuando
Rosa trae lo que le he pedido, le ordeno que ya se acueste y ella obedece, colocándose junto a Margarita, quien luce feliz de dormir entre dos de mis mejores flores.
Observó en silencio a Gardenia devorar la manzana, al terminar se acuesta en el sillón y se hace ovillo, cerrando los ojos. La miro hasta que su respiración se acompasa y se le relaja el cuerpo, se ha quedado dormida. Sonrío, me pongo de pie y tomo del armario una sábana y una cobija de lana gruesa, vuelvo con ella y la cubro con ambas, no queriendo que pesque un resfriado por la noche.
Beso su frente con suavidad no queriendo despertarla, me despojo de mi bata y me acuesto con mis flores, un
jardín erótico que me envuelve con sus piernas y brazos, aferrándose con uñas a mi carne.
Sólo faltas tú, Gardenia.
Espero que no tarde mucho en llegar ese momento.
¡Demonios! ¡Debía de llamar a Rogel!
Ya lo haces mañana.
Si, por ahora sólo durmamos, estoy cansado.
Tercera regla: se duerme temprano bajo este techo; solo para no escucharlos.
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Comments
Kennia Rios
Ya quiero hacer un maratón con esta novela <33
2023-02-01
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Kennia Rios
osea que escucha voces? alaaa
2023-02-01
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