Estoy desconcertada con lo del closet con candado, ¿Cómo es posible que se puedan escuchar golpes en su interior?, es imposible a menos que haya algún animal dentro o incluso una persona, tampoco es probable porque tiene candado. Da miedo de solo imaginarlo.
—¿Me estás diciendo que por primera vez en ese lugar soñaste con tu amiga desaparecida y viste como asesinaban a su padre?, ¿Y escuchas golpes dentro de un armario que tiene un candado por fuera?. Será mejor que regreses a casa, eso ya no me está gustando—dije con seriedad, no pienso dejar a mi hermano en una cabaña embrujada y sospechosa.
—Sabes que no puedo hacerlo, tengo que cumplir con lo que ese monstruo pidió en su testamento—menciona afligido.
—Lo sé, pero tengo miedo de que algo malo te pase.
—No me pasará nada malo, solamente fue una pesadilla y los golpes pueden ser mi imaginación, tienes que estar tranquila como yo—dijo—con las llamadas será suficiente para que sepas que estoy bien.
—Esta bien, lo intentaré—dije, tiene razón, mientras me pueda comunicar con él, puedo tener paz y no seguir angustiada toda la semana. Voy a distraerme con otras cosas para mantener mi cabeza ocupada.
—¿Cómo está mamá?—inquiere.
—Ella está bien, aunque la veo más pensativa que triste por la supuesta muerte de ese hombre—añado.
—Me imagino que ella también duda de lo que dijo ese abogado.
—Nuestra mamá no es tan tonta para creer esas tonterías—establezco.
—Muy cierto—los párpados me pesan y mi cuerpo está a punto de colapsar, yo no me esperaba que en México serían las tres de la mañana y en el lugar que mi hermano está, sea temprano. Voy a tener que acostumbrarme hasta que mi hermano regrese, perder unos minutos de sueño lo valen con tal de escucharlo.
—Te tengo que colgar de nuevo hermano, lo siento, pensé que no había diferencia de horario en donde estás. Tengo mucho sueño y no fue mi día—confieso, espero que mañana mi vida mejore un poco y me dé momentos felices, repito ya no quiero más preocupaciones.
—Entiendo, en la noche puedes o no contarme lo que pasó, descansa.
—Lo consideraré, adiós hermano.
—Adiós Sara—cuelgo la llamada y caigo rendida en la cama aún con el celular en mi mano, no sé en cuanto tiempo me tarde en quedarme dormida, parecía que solo sucedió en un segundo.
Despierto sintiendo un celular vibrando en mi cama, lo busco debajo de las cobijas y debajo de mi almohada, me incorporo y volteo encontrando mi celular que al parecer estaba debajo de mí. Lo agarro y veo que dulce me está llamando, antes de que pudiera contestar, la llamada desaparece de mi pantalla y un mensaje me llega al instante.
Hola, Sara, te mando este mensaje para avisarte que hoy es la cita y voy a acompañarte a comprar un vestido elegante, ya que te conozco y sé que no tienes ninguno.
En 20 minutos estaré en tu casa acompañada de mi pareja.
De acuerdo, dulce.
Hago las cosas cotidianas rápidas y entró al chat de Antonio, empiezo a escribirle.
Hola, Antonio, sobre el aviso, no voy a poder estar disponible, voy a salir con mis amigas a una cita.
Esta bien Sara, espero que te la pases bien.
Gracias, aun así te voy a avisar cuando este disponible.
Esta bien Sara, no te presiones, yo puedo esperar.
Vale, adiós Antonio.
Adiós mi florecita.
Guardo mi celular en mi bolsa y salgo de mi habitación sin olvidar ponerle el candado, bajo las escaleras y me dirijo a la cocina donde mi mamá está preparando algo delicioso.
—Mamá, hoy no voy a poder acompañarte a la empresa—dije apenada, ella me mira por encima del hombro sin dejar de cocinar.
—¿Por qué?—inquiere.
—Voy a salir a una cita con mis amigas, en serio lo siento, mamá.
—No te preocupes, hija, lo entiendo, aunque me sorprende que salgas a una cita con tus amigas; no eres de salir con hombres—dice, regresa su mirada a al sartén y yo doy unos pequeños pasos acercándome solo un poco.
—Solo lo hago para pasar el tiempo con mis amigas—aclaro.
—Por cierto, quiero disculparme contigo por lo que dije ayer, no era mi intención lastimarte—dije con arrepentimiento, agachó la cabeza y desvío mi mirada, sintiéndome una tonta. Mi mamá se detiene y se la da vuelta, se acerca a mí y me toma del mentón levantando mi cabeza.
—No tienes porque disculparte Sara, tuviste razón en lo que me dijiste y después de pensarlo en toda la noche, tome la decisión de ya no seguirme lastimando y cerrar esta herida que me atormenta—asegura mi madre, la abrazo repentinamente y una sonrisa se dibuja en mi rostro.
Escuchar a mi mamá decirme eso, me quita la culpa de encima y me hace sentir aliviada, por primera vez en mi vida me siento liberada, sin embargo, no por completo y eso es lo malo. Tocan la puerta repentinamente y mi mamá y yo nos separamos, ella empujó mi cabello hacia atrás y acarició mis mejillas.
—Ahora ve a divertirte con tus amigas—dice mi mamá con entusiasmo.
—Esta bien mamá, pero antes de irme quiero recordarte que si necesitas ayuda en algo, llámame y no te preocupes porque no me vas a interrumpir, siempre tendré tiempo para contestar tus llamadas—aclaro, ella asiente y me despido de mi mamá, me giró y camino hacia la puerta, la abro y dulce me abraza repentinamente unos segundos.
—Ya hay que irnos antes de que las demás lleguen—dice dulce con voz nerviosa y emocionada, me agarra del brazo y me jala hasta su auto donde su pareja se encuentra sentado en el asiento del piloto, me subo en la parte trasera y mi amiga en el asiento del copiloto.
—Hola, Sara, me da gusto volver a verte después de tantos años—dice Leonel con amabilidad.
—Hola, a mi igual Leonel.
Arranca el auto y nos lleva directo a una boutique, todos nos bajamos del auto y mi amiga se apresura a entrar mientras nosotros la seguimos por la espalda. Entramos y una chica se acerca a nosotros.
—Buenos días, les doy la bienvenida a nuestra boutique, si necesitan que les ayudemos en algo, pueden acercarse a mí o a mi compañera—dice la mujer con amabilidad.
—Sí, gracias—dijimos Leonel y yo al unísono. Dulce empezó a buscar y nos dirigimos a donde está ella, empiezo a observar con detenimiento toda la ropa, algunas llamaron mi atención, no obstante, una en especial acaparó todo mi interés.
Un vestido negro de tela fina qué me llega por debajo de las rodillas, con las mangas cortas caídas. Me acerco a un probador y me pongo el vestido, salgo directamente a un espejo y observo como se me ve, el vestido se acopla a mi figura, hace resaltar mis glúteos y mis caderas, incluso mi escote quedo desnudo y me hizo sentirme indecisa. Sin dudar más elijo este, me lo quito en el probador y me pongo la ropa que traía. Mi amiga encuentra un vestido perfecto para ella y los pagamos, salimos de la boutique y nos volvemos a subir al auto.
Regresamos a mi casa y los tres entramos, el silencio en la casa me hace pensar que mi mamá ya se fue a la empresa. Mi amiga y yo subimos las escaleras y quite el candado de mi habitación, las dos entramos y empezamos a arreglarnos, vuelvo a mirarme al espejo contemplando el vestido y dude de nuevo, después de mucho rumiar respire hondo y por primera vez decido dejar mi inseguridad a un lado. Mi cuerpo delgado no me da inseguridad, es otra cosa muy diferente y si me refiero a la ropa escotada, no soy de usarlas por muchas experiencias que tuve y me causó inseguridad.
32 minutos después.
Escuchamos el claxon de un auto afuera y mi amiga se apresuró a terminar de ponerse los últimos retoques, las dos salimos de mi habitación y puse el candado de nuevo, bajamos y Leonel se encontraba en el marco de la puerta haciendo movimiento con las manos de manera extraña.
—Ya estamos listas, amor—dice dulce a su pareja.
—Estás hermosa como siempre mi dulcecito—dice Leonel con voz cálida, acaricia una mejilla de dulce y se fue acercando dándole pequeños besos repetidas veces. Me siento incómoda de solo verlos, mi cuerpo me obliga a salir de la casa y me dirijo a la limusina, me abren la puerta y Fernanda me mete a jalones, señala discretamente a quien es mi cita y me arrepentí de aceptar venir.
—Suerte—Fernanda sonríe ladeado y me guiña un ojo.
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