Número desconocido

—Hola hermana, estoy bien, estuvo tranquilo, ya estoy en la cabaña y no, no vi nada inusual por ahora—contesta rápido, <<¿A qué se refiere por ahora?, ¿Me quiere preocupar más de lo que ya estoy?>>.

—¿Estás seguro de que no viste nada?—pregunto con preocupación.

—Muy seguro—responde Liam, <>.

—Esta bien.

—Pero quiero decirte algo—dice repentinamente.

—¿Qué cosa?—inquiero, <>.

—No me siento seguro aquí, algo en mi interior me dice que esté alerta y no baje la guardia—confiesa Liam, <>.

—Hazle caso a tu instinto, no te confíes para nada, no sabemos que planes tienen ese abogado y ese monstruo en ese lugar—resoplo—yo no voy a creer que él esté muerto hasta ver su cadáver—espeto con desdén, no me gusta creer en nada de lo que me dicen hasta que me den pruebas, lo digo por experiencia.

—Yo tampoco, su muerte es una incoherencia sin justificaciones—añade, me llega un mensaje en ese momento de un número desconocido y lo abro.

Son tres fotos de las cosas que se robaron de mi habitación, me desconcertó y el miedo me consume acelerando mi respiración. <<¿Cómo pudo obtener mi número esta persona?, ¿Para qué quiere mis cosas?, ¿Quién es? Y lo más importante ¿Por qué a mí?>>.

Llegan tres mensajes más que resultan ser las fotos de esta mañana cuando salí de la empresa, mi sangre se congela y mi cuerpo empieza a temblar, <<¿Esto es una broma verdad?, que me digan que lo es para maldecirlos por asustarme de esta manera, no es gracioso esto>>.

—¿Qué sucede, hermana?, ¿Estás bien?—inquiere Liam preocupado, <>.

—Sí, lo siento, solo estaba viendo algo sin importancia—miento con voz gutural, él ya sabe lo que significa cuando le digo esto, por eso no me insiste y prefiere hablar de otro asunto.

—Entiendo.

<>.

—Tengo que colgar, recuerda llamarme mañana en el día—remarco.

—Lo sé, tranquila.

—Adiós Liam.

—Adiós Sara—cuelgo la llamada y estaba a punto de levantarme cuando una de mis amigas se acerca y se sienta frente a mí, apago mi celular y me acomodo el cabello.

—¿Te sucede algo?—indaga Fernanda enarcando una ceja, intento disimular que estoy tranquila, pero mi cuerpo no me ayuda.

—No—confieso, enciendo mi celular y le enseñó los mensajes que me llegaron, ella ve las fotos detenidamente y se sorprende.

—Las cosas que aparecen en las fotos son las que te robaron, ¿Verdad?—inquiere, asiento y suspiro.

—¿Y quién te tomó estas fotos?.

—Eso es lo que quiero saber, una de ustedes no me está haciendo una broma, ¿Verdad?—indago.

—No, cuando te fuiste a la empresa con tu madre, nosotras nos fuimos a la casa de dulce y estuvimos con ella todo el tiempo—informa, mi cuerpo empieza a temblar más y Fernanda lo nota, se levanta y se sienta junto a mí.

—Sara, tienes que calmarte, le contaré a las demás sobre esto y te acompañaremos con la policía—dice Fernanda con seriedad, hace movimiento en mi celular y lo coloca frente a mí, la música que mi abuela me puso cuando era una niña empieza a reproducirse y los recuerdos positivos inundaron mi cabeza.

Por suerte Fernanda y yo éramos las únicas en el lugar, así que no me preocupa si alguien ve lo que está pasando. Los temblores fueron desapareciendo poco a poco hasta que mi cuerpo se calmó.

—Recuerda tomarte la pastilla que te toca ahora—avisa, <>.

<>.

Hice caso a lo que ella me dice y me tomo la pastilla que me toca, mi amiga toma el libro que dejé en la mesa y lo voltea, lee la sinopsis y me mira con una sonrisa de lado.

—No sabía que te gustaban este tipo de libros, yo te creí más santita y ajena al amor—bromea Fernanda.

—Me gusta leerlos, no experimentarlos en la vida real—aclaro, ella se burla y la asesino con la mirada.

—Te entiendo, pero no tiene nada de malo experimentarlo al menos una vez en la vida, amiga—añade, <>.

—Lo sé, pero me gusta más estar sola que mal acompañada—dije, ella se resigna a insistir más sobre el tema.

—Le voy a decir a las chicas sobre el acosador que tienes, no tardó—deja el libro en la mesa y se levanta, se dirige a la salida, dejándome sola aquí.

Me estoy empezando a agobiar con todo esto, primero tengo que preocuparme de que mi hermano esté en ese lugar y ahora tengo que preocuparme por un nuevo acosador que no entiendo que es lo que quiere de mí, ya no quiero más angustias; no quiero que me dé un ataque de ansiedad.

Agarro el libro y lo empiezo a leer para olvidar todo esto, al menos por un rato, me hundo en mi imaginación y sin darme cuenta ya había terminado mi descanso, regrese a mi puesto y continúe con mi trabajo.

4 horas después.

Salgo de mi trabajo junto con mis amigas y nos dirigimos a una estación de policía, les expliqué todo y les mostré las pruebas, lamentablemente no eran pruebas suficientes para creer que sea un acoso.

—Si eso era todo, se puede retirar—dice el oficial con tono serio, me levanto molesta y salgo de ese cuarto.

—¿Qué pasó?—inquiere Fernanda.

—Nada, vámonos—agarro el brazo de Fernanda y salimos de la estación, las demás nos siguieron y me rodean.

—Me dijeron que no eran pruebas suficientes para considerar que es un acoso—dije con frustración.

—¡Cómo pueden decir eso!, ¡Se ve claramente que este tipo no tiene buenas intenciones contigo!—exclama Kenia, en ese momento me llegan tres mensajes y los abro, siento como un escalofrío recorre mi cuerpo al ver las tres fotos.

—¿Qué pasa, Sara?, ¿Qué te envió?—indaga Dulce, les muestro las fotos y ellas quedan atónitas, por instinto miran a su alrededor, las fotos muestran a nosotras fuera de la estación hablando, eso quiere decir que este tipo nos siguió y está en algún lugar observando.

Me llegan dos mensajes después y los leo en voz alta.

No tengas miedo Sara.

No busco hacerte daño, solo quiero cuidar lo que por derecho me pertenece, o sea tú.

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