Dudas

<<¿Cómo que yo le pertenezco?, ¿Qué se ha creído ese imbécil para decir eso?, aunque tenga miedo, soy capaz de partirle la cara y dejarle en claro que yo no le pertenezco a nadie. Tengo ganas de contestarle, pero no, porque no quiero que esta situación empeore>>.

—¡Sara no es un objeto para que diga esa estupidez!—espeta Kenia.

—No le contestes nada Sara, es mejor que te llevemos a tu casa y le cuentes a tu mamá, esta situación—sugiere dulce.

—No puedo decirle nada, saben que yo no quiero ponerla en peligro—Aclaro.

—Lo sabemos, pero ¿Qué otra alternativa tenemos?, se nota que ese tipo es capaz de lastimar a las personas que te rodean y en los mensajes que te envío, lo deja más que claro—argumenta Fernanda con tono serio.

—Lo sé. Solo les pido que me dejen solucionarlo por mi cuenta y si no funciona, le diré a mi mamá todo, es una promesa.

Las chicas se miran entre sí, no muy convencidas, sin embargo, como me conocen, saben que yo no voy a hacerles caso por más que me insistan. Soy una mujer terca, lo sé.

—De acuerdo, pero nos vas a hacer caso en una cosa y no aceptaremos un no por respuesta—Hace una pausa—vas a salir acompañada a todos lados hasta que soluciones este problema—sentencia Fernanda

—Pero….—me interrumpe.

—Pero nada Sara, no queremos que ese tipo te haga algo—dice con preocupación, las miro a todas con una mirada de derrota. <>.

—Lo sé chicas y por eso les voy a hacer caso para que estén tranquilas—aseveró—Si quieren, pueden acompañarme a mi casa.

Las chicas asienten y me acompañan a mi casa, guardo mi celular e ignoro los mensajes que me llegan. Aún sentimos que alguien nos sigue, sin embargo, no le prestamos atención, empezamos a platicar para olvidar esa sensación al menos por unos segundos.

Antonio

Entro a la casa y Tania se levanta del sofá, se cruza de brazos y siento su mirada de rabia posada en mí.

—¡Llegas muy tranquilo después de que me humillaste en tu oficina!—espeta Tania, <>.

—Como siempre toda la culpa es mía—dije con voz tranquila.

—Exacto, porque nunca haces caso a lo que te digo y de seguro te vas a revolcar con tus amigas las zorras a mis espaldas.

—No sirve de nada que intente convencerte de que tú eres la única mujer que he tocado—refunfuño—me voy a dormir a la casa de mi mamá—me doy la vuelta y salgo de la casa, ella me sigue a mis espaldas e intenta detenerme.

—¡Regresa ahora!.

—No.

—¡Antonio!—grita, la ignoro y los guardias me abren la puerta de reja, salgo y detienen a Tania antes de que pudiera salir.

—¡Quítense!—ordena Tania de mala gana, me detengo y miro por encima del hombro como intenta empujarlos.

—Lo sentimos, señorita Tania, sus padres nos ordenaron que usted no pueda salir—dice uno de los guardaespaldas, escucho a Tania gruñir de rabia, continuó caminando y escucho los gritos de ella a mis espaldas mientras me voy alejando.

Camino hasta la casa de mi madre que no quedaba muy lejos, me detuve frente a ella y toco la puerta, mi madre la abre y me recibe con un abrazo.

—¿Qué haces a estas horas en la calle Antonio?—inquiere.

—Tuve otra pelea con Tania, mamá—ella acaricia mi mejilla y se aparta para que yo pase, fui directamente a la habitación de mi hermana y abro la puerta lentamente, me asomo y la veo profundamente dormida.

—Antonio, ella está bien. Aunque su cáncer siga empeorando, ella nunca va a dejar de luchar por vivir—susurra mi mamá a mis espaldas.

—Lo sé, pero no puedo evitar tener miedo de que ella ya no despierte. Estoy haciendo todo lo que está en mis manos para que desaparezca ese cáncer y no entiendo que estoy haciendo mal.

—Hijo, tú no estás haciendo nada mal, al contrario, estás ayudando a tu hermana—replica mi madre, <>.

—Pareciera que mi ayuda no sirve de nada porque no veo mejorías. No sé si los doctores me están mintiendo de que lo están controlando o simplemente no quieren que yo pierda las esperanzas—añado, siento un nudo en mi garganta de solo rumiar en la muerte.

Mi mamá se queda callada y agacha la cabeza. Supongo que ella piensa lo mismo, y compartimos el mismo dolor que poco a poco va a ir creciendo a medida que mi hermana va perdiendo la vida….

Cierro la puerta despacio y me siento en el sillón, mi madre se sienta a mi lado y posa su mano encima de la mía. Será mejor no seguir cavilando en la muerte, sé que aún hay esperanza de que se salve. No me importa gastar mi dinero porque mi hermana es lo más importante para mí.

Sara

Las chicas me dejan frente a la puerta de mi casa y me ven entrar antes de que se fueran. <<¿Qué voy a hacer para quitarme a ese tipo de encima?, jamás había sufrido este tipo de situaciones, no quiero que llegue a mayores porque supe de casos donde los acosadores matan a su víctima>>.

<>. Mi mamá aparece de la nada y me saca de mis pensamientos.

—¿Cómo te fue en el trabajo?—dice sin ánimos.

—Me fue bien—miento.

—Esta bien mi amor—mi mamá se queda mirando a la puerta unos segundos como si estuviera pensando repetidas veces en una cosa.

—¿Sigues pensando en lo que dijo ese abogado?—inquiero, ella asiente con la cabeza y me mira directamente.

—No me cuadra lo que dijo y no paro de darle muchas vueltas a ese asunto—dice mi mamá.

—Te entiendo mamá, por eso yo no creo en la palabra de ese abogado y me angustia que mi hermano esté en esa cabaña—confieso

—¿Por eso me pediste que le dijera que te llamará de día y de noche?—inquiere mi mamá.

—Sí, tengo que asegurarme de que esté bien.

—Esta bien.

Mi mamá y yo nos quedamos en silencio unos segundos. <>.

—Por cierto, mamá, ¿Puedo poner seguros en la puerta para que nadie pueda volver a entrar a robarme mis cosas o nos hagan daño?—dije intentando que no se escape lo de mi acosador.

—Te lo agradecería mucho, ya que no tuve tiempo de comprarlos—dice mi mamá un poco aliviada, subo corriendo a mi habitación y busco entre mis cosas.

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