El entierro

Despierto y mi cuerpo vuelve a temblar, toco mis mejillas y siento húmedo, me doy cuenta de que mi abuela no está a mi lado y me levanto de la cama rápidamente, salgo de mi habitación y me acerco a las escaleras cautelosamente, me asomo y veo a mi abuela y a mi mamá platicar.

—Tienes que llevar a tu hija con un especialista, no es normal que tenga ansiedad a temprana edad y menos cuando sucedió el accidente—sugiere mi abuela con seriedad, mi mamá se queda pensando por unos segundos mientras le da sorbos a su café.

—Tiene razón, la llevaré después del entierro—dijo, se miran fijamente y se quedan en silencio por un largo tiempo.

Mi mamá se levanta y empieza a subir las escaleras, corro de regreso a la habitación y me aviento a la cama. Escucho sus pasos, acercarse, me acomodo en la cama y cierro mis ojos haciéndome la dormida.

—Ya es hora de despertar—grita, vuelvo a escuchar sus pasos acercándose y cesan de repente.

Abro mis ojos y ella se inclina, toca mis mejillas húmedas y nota mi cuerpo temblar, y eso provoca que se preocupe.

—¿Por qué estás llorando y temblando mi niña?, ¿Tuviste una pesadilla?—inquiere, niego con la cabeza y me limpio.

—Soñé con mi papá—confieso con tono triste, ella se sorprende y desvía la mirada.

—¿Y qué soñaste con tu papá?.

—Solo que él se despedía de nosotros, me pidió que te dijera que te ama y pronto se volverán a ver en otra vida, que su despedida no será para siempre, solamente será un adiós—dije, ella regresa su mirada a mí y sus ojos se llenan de lágrimas.

—¿En serio eso dijo?—indaga, asiento y ella se talla los ojos.

Sonríe levemente y suspira, ella intenta sonreír, no obstante, la tristeza evita que eso suceda.

—Gracias por decirme—le sonrió—es hora de que te metas a bañar porque hoy será un día difícil—asiento y me levanto de la cama, pienso en la canción que mi abuela me puso ayer en la noche y me fue calmando los temblores.

3 horas después, Anni.

El camino al cementerio fue largo y aburrido, pero me dio tiempo de pensar en lo que mi hija me dijo por su padre, fue doloroso y también remedio un poco mi dolor. Aun así, no estoy lista para despedirme todavía.

Bajamos todos de la camioneta y caminamos hacia el agujero que ya estaba hecho, las personas se acomodaron alrededor y los hombres amarraron unas cuerdas en el ataúd, el padre dio un paso al frente y al momento que empujaron el ataúd al agujero, empezaron a bajarlo, el padre empieza con sus oraciones.

Siento como mi corazón se agita cada que el ataúd va bajando y no puedo evitar sentir que mi cuerpo va a colapsar en cualquier momento, escucho como el ataúd toca la tierra y uno de los hombres baja al agujero, y quita las cuerdas, sale del agujero gracias a uno de sus compañeros y empieza la tortura.

El padre empieza a echar agua bendita mientras seguía diciendo sus oraciones, volteo a ver a mi hija, su cuerpo tiembla y baja la mirada, regreso mi mirada al ataúd y los hombres con sus palas empiezan a echar la tierra sobre el ataúd.

Siento puñaladas profundas cada vez que la tierra cae, las lágrimas brotaron de mis ojos y mi cuerpo colapso, cayendo de rodillas, mi hermano se acerca e intenta levantarme, pero yo evito que lo haga poniendo toda mi fuerza, él me suelta y mueve la cabeza a los lados con decepción.

Sara

Poso mi mirada en mi mamá y ella rompe en llanto, no pude evitar llorar yo también y siento como toman mi hombro por la espalda, me volteó y mi tío se agacha quedando a mi altura, se acerca a mi oído quedando a unos escasos centímetros.

—Ya nadie podrá protegerte, tú y tu hermano serán míos—susurra con una amplia sonrisa, siento un escalofrío que recorre todo mi cuerpo al oír esas palabras, tiene razón…. Estoy sola… sin embargo, no quiere decir que yo no pueda cuidarme sola y cuidar a mi hermano, yo le hice una promesa a mi padre y la voy a cumplir sin importar lo que pase.

Los hombres terminaron de enterrar el ataúd y las personas presentes empezaron a lanzar flores encima, el padre termina con la oración y las personas presentes se fueron uno por uno hasta solo quedar mi mamá, mi tío, mi abuela y yo.

Mi mamá se acerca a la tumba gateando y llora desconsoladamente, mi tío intenta apartarla y mi abuela interfiere, Roberto le dirige una mirada asesina a mi abuela y se retira sin decir nada, mi abuela Marisol se acerca a mi mamá y se agacha quedando a su altura, la abraza y acaricia su cabeza mientras mi mamá seguía llorando.

¿Cuándo este dolor desaparecerá?, ¿Cuándo se acabará este sufrimiento?, ¿Podremos volver a ser felices algún día?.

18 años después.

Me incorporo en mi cama y miro a mi alrededor, mi cuarto está hecho un desastre y mis pastillas están regadas por toda mi mesa de noche, otra vez estas pesadillas sobre mi padre…

En todo este tiempo que pasó, recuerdo perfectamente cuando mi mamá me llevó con un psicólogo y me detectó el trastorno de estrés postraumático, me recetaron pastillas y tuve terapias, aún sigo con los tratamientos, ya que no hubo mucha mejoría en mí.

Mi abuela falleció 2 años atrás y todavía me duele su partida, ella estuvo conmigo y con mi hermano en nuestros tratamientos, nos apoyó demasiado…

Tuve que trabajar como cajera en un supermercado, ya que mi mamá y yo estamos mal económicamente, nuestra vida después de ese accidente fue decayendo y jamás pudimos volver a la cima, todo por culpa de ese monstruo.

Los recuerdos de mi padre nos mantienen en pie cuando estamos a punto de caer, por eso seguimos luchando para salir adelante y jamás nos vamos a rendir, lo que mi familia no sabe es que cada vez que recuerdo a mi padre, siento que esto fue mi culpa y muy dentro de mí, me culpo a mí misma por todo.

Me levanto de mi cama y entro a mi baño, abro la llave y empiezo a despojarme de la ropa mientras la tina se llena. Mi hermano y mi mamá evitan mencionar a papá para que esos recuerdos tormentosos no me provoquen un ataque, se lo han dicho a personas cercanas al igual que yo.

Cierro la llave cuando la tina se llena, entro poco a poco y me siento, sumergiendo mi cuerpo, el agua tibia me ayuda a aclarar mis ideas y me relaja bastante, también hace que los recuerdos revoloteen en mi cabeza.

Flashback.

—Ya va a nacer tu hermanito—dice mi abuela con una gran sonrisa, la poca emoción que siento me hace sonreír levemente.

—Ya quiero verlo y cargarlo—dije poco emocionada, mi abuela ríe.

—Tenemos que esperar unos días para que tu mamá se recupere—añade, la miro fijamente y agarro el collar.

—¿Cuántos días?—indago.

—No puedo decirte con certeza cuantos días, pero hay que ser pacientes, ¿De acuerdo?.

—Sí.

Fin del flashback.

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