Reencuentro

Lo miro de arriba abajo, <>.

—No, lo siento—dije apenada, rasco mi cabeza y sonrió nerviosa.

—Soy Antonio, tu amigo de la infancia—dice, me sorprendo. <>.

—¿En serio eres tú?, estás irreconocible con ese cuerpo atlético y estás muy guapo—suelto sin poder creerlo.

—Sí, soy yo y gracias por el halago—dice con voz cálida, <<¿En serio dije eso?, debo controlar esta boca antes de que diga cosas indecentes>>.

—Perdón, pensé en voz alta—dije aún más apenada, él se ríe en voz baja.

—No te preocupes y lo siento por lo de tu tío—borra la sonrisa de su rostro.

—No te preocupes, para serte sincera, me alegra que haya muerto—dije sin sentir arrepentimiento, él se sorprende y desvía la mirada.

—¿Es por lo que me dijiste cuando éramos niños?—inquiere.

—Sí, nunca voy a olvidar esa sonrisa que tenía cuando acabó con la vida de mi padre, aunque nadie me haya creído, yo siempre lo voy a culpar por su muerte—dije con rabia, él vuelve a mirarme y se acerca dando unos pequeños pasos, se detiene a unos escasos centímetros, me llega el olor de su perfume que para nada molesta mis fosas nasales. <>

—Entiendo, has cambiado mucho desde la última vez que nos vimos—añade Antonio.

—Sí, no quería seguir siendo esa niña vulnerable que conociste—confieso.

—Nunca fuiste vulnerable, pero esta bien. Me enteré de que tu madre es mi nueva jefa, ¿Tú vas a trabajar con ella?—cambia el tema, <>.

—No, solo le voy a enseñar a manejar la empresa, después no volveré a pisar este lugar.

—Entonces, ¿No te volveré a ver?—pregunta con tono triste.

—Tal vez—respondo, <>.

—¿Me permites invitarte un café?, me gustaría platicar contigo sobre todo lo que pasó después de la última vez que hablamos, y si lo hago porque no quiero volver a alejarme de ti—indaga Antonio.

—Claro, pero hoy no voy a poder, ya que tengo que ir a trabajar y salgo muy tarde—dije, él se queda pensando unos segundos y saca su teléfono de su bolsillo.

—¿Puedes darme tu número de teléfono?, así puedes avisarme cuando puedes y podemos mensajearnos un rato—asiento y le dicto mi número de teléfono, él lo anota en su teléfono y lo guarda de nuevo en su bolsillo.

—Tengo que volver a mi sitio, me dio gusto hablar contigo de nuevo, Sara—se da la vuelta y estaba a punto de caminar.

—A mi igual me dio gusto, Antonio y oye—él voltea a verme.

—Te extrañé—dije con voz dulce.

—Yo también te extrañé—regresa su mirada al frente y lo veo caminar hacia su lugar de trabajo.

<>.

Bajo la mirada a mi teléfono y aparece una notificación de que llamó hace un minuto ese número desconocido. <>.

Abro mi celular y entro al ícono de un teléfono, bloqueo ese número y apago mi celular, lo vuelvo a guardar en mi bolsa y continuó con mi caminata.

Liam

Guardo pocas cosas en mi mochila y busco a mi perrito por la casa, lo encuentro bajo el sillón jugando, lo saco de ahí y lo cargo con una mano, regresó a mi habitación y vuelvo a checar que tenga todo.

—Cuídate mucho, amigo—dice Eduardo, me abraza y me da golpecitos en la espalda.

—Lo haré y más si estaré en un lugar que le pertenezca a ese tipo—dije, se separa y asiente.

Escucho que tocan la puerta y mi amigo sale de mi habitación a abrir, me quedo meditando unos segundos y escucho la voz del abogado.

—¡Liam!, ¡Es hora de irnos!—grita, agarro la mochila y la cuelgo en mis hombros, salgo de mi habitación y doy zancadas hasta las escaleras, bajo y me detengo frente al abogado.

—¿Ya te despediste de tu mamá y tu hermana?—inquiere, niego con la cabeza y en ese momento entra mi mamá por la puerta.

—Adiós mi pequeño—se acerca y me abraza—y de parte de tu hermana me pidió que te dijera que la llamarás por el día y noche—añade, asiento y la abrazo también con una mano.

—Adiós mamá—dije.

—Ya tenemos que irnos—repite el abogado, nos dejamos de abrazar y mi mamá me da un beso en la frente.

El abogado y yo salimos de la casa y nos subimos a un auto que estaba enfrente del auto del chófer de mi mamá, volteó a ver a mi mamá y a mi amigo por la ventana antes de que el auto arrancará.

Anni

El auto se empezó a alejar hasta perderse a la distancia. <>.

El amigo de mi hijo se despide y empieza a correr hacia su casa, tengo que volver a la empresa, pero antes voy a hacer algo. Entro a la casa y me dirijo a mi habitación, me acerco a la pequeña mesa donde tengo la foto de mi esposo y una vela frente a ella me arrodilló frente a ello.

—Primero tú y ahora mi hermano… ya no quiero perder a nadie más—dije intentando no llorar, mi herida se volvió a abrir y se hizo más grande. <>.

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