El Rey Marco, había ordenado que se evitará hablar de la Reina y en consecuencia de su hija, él había notado la mala decisión que ella había tomado al abandonar su lugar en la sociedad y sus obligaciones como Reina, para aprovechar esto y hacer que el lado de la Reina perdiera poder dio está orden, así poco a poco perderían su influencia y el tema de la sucesión estaría a su favor, al menos eso pensaba.
Por esta misma orden que dio de no hablar de la Reina no sabía nada de su estado de salud, además el Rey se encontraba en medio de un conflicto, ya que no avanzaban en la guerra contra Dogartze.
Hèmera no era un Reino preparado para una guerra, para ninguna guerra, ya que desde sus inicios y hasta ocho años atrás habían vivido en paz.
El Rey como sus soldados eran inexperto en cuanto al arte de la guerra se trataba, el único que sería de ayuda y podría considerarse experimentado en este tema era el Duque Kratus, pero él se encontraba ocupado en el Norte en la constante lucha que tenía con las bestias de la oscuridad, las que la historia de Hèmera consideraba fragmentos del dios Darcel.
La tarea de combatirlas se le había encomendado al Duque del norte, ya que por esa frontera era por dónde intentaban ingresar las bestias al Reino, además en los últimos años las bestias atacaban con más fuerza la frontera, y daban más trabajo al Ducado del Norte.
Entonces, el conejo del Rey estaba liderado por el Duque Leopold quien se había vuelto importante dentro de la política y en quién el Rey decidió depositar su confianza, el Rey hubiera preferido tener en ese lugar al Duque Fontine, pero por obvias razones no era así.
Pareciera que de alguna forma el Reino estaba siendo castigado, y la santa que el templo menciono todavía no había sido encontrada, si ella aparecía traería un poco de calma, pero eso no se veía factible en ese momento.
La que sí sabía sobre el estado de la Reina era Lilia, y lo gozaba, Lilia encontraba satisfacción al escuchar cómo se encontraba Alicia.
Y como es que Lilia sabía todo eso, si Alicia había cortado todo tipo de comunicación y se suponía solo sirvientes leales se encontraban a su alrededor, porque Lilia había enterado al juego, y una de sus primeras fichas movidas le dio resultado, había logrado comprar a un sirviente que servía a la Reina, Alicia no lo sabía pero había un traidor a su alrededor.
Lo que aún molestaba y en gran medida a Lilia, era escuchar sobre como la princesa crecía gozando de salud y que era muy inteligente, Lilia pensaba en que hacer al respecto.
Alicia se encontraba en su habitación, postrada en su cama, Galia se encontraba recostada en sus piernas, no paraba de llorar por cómo veía a su madre, ninguna palabra que Alicia le dijera le servirá de consuelo.
Alicia decidió llamar a su padre ese día, mientras él venía y aprovechando que Galia se había dormido, tomó un papel para escribir una carta, un sobre y el sello de la Reina, y escribió ahí su último pedido.
Alicia sabía que su fin se acercaba, tenía muchos arrepentimientos, pudo haber hecho mejor las cosas para su hija, pero ahora era demasiado tarde para enmendar sus errores, pero sin importar que, estaba segura de algo, el haber elegido estar del lado de su hija, el verla crecer fue lo mejor que le pasó en la vida.
Esto pensaba Alicia mientras lágrimas corrían por sus mejillas y le daba un suave besó en la frente a Galia que dormía profundamente.
El Duque Fontine atendió lo más rápido posible al llamado de su hija, cuando llego mantuvieron la siguiente conversación.
- Alicia: Padre me alegra verte.
El Duque tan solo asintió porque no podía decir que le alegraba ver a su hija en ese estado.
- Alicia: Padre creó que sabes por qué te llamé, no me queda mucho tiempo
La cruda confesión de Alicia estremeció al Duque, escuchar esas palabras de la propia boca de su hija, quebrantó su corazón, él nunca perdió la esperanza de que su hija se recuperara, incluso cuando ella le dijo que dejará de buscar doctores o tratamientos, él lo siguió haciendo sin que ella lo supiera, jamás se daría por vencido, pero lo que escuchaba y veía le había dado una bofetada de realidad. Alicia continuó.
- Alicia: Cuando ya no este padre, quiero que tú abogues por ella, no la dejes sola, ella es todo lo que quise y lo que quiero en está vida, si hay algo de lo que no me arrepiento es de haberla tenido.
- Duque Fontine: No hace falta que lo digas hija, ella es mi nieta y la amo tanto como te amó a ti, haré todo para que ella crezca maravillosamente.
El Duque hablaba con la verdad, él amaba sinceramente a Galia, y haría todo por ella cómo lo haría por su hija.
Entonces Alicia tomó un sobre de su mesa de noche y se la puso en la mano al Duque.
- Alicia: Está carta dásela a ese hombre, Después de… después de ...
Alicia dudaba en terminar la frase, le era raro y difícil hablar de su propia muerte y que es lo que haría su padre después de eso, pero era algo que debía decir así que tomo fuerzas y continúo.
- Alicia: Esta carta dásela al Rey, después de mi funeral.
El Duque que sostenía fuertemente la mano de su hija tembló sin poder controlarse, pero siguió ahí para ella, escuchándola.
- Alicia: Sabes debí traerla antes, pero ya es tarde, espero que ella la acepte… Lo siento padre, debí hacer mejor las cosas, ahora tú deberás cargar con las consecuencias de las decisiones de tú estúpida hija, perdóname padre fui estúpida.
El Duque, una persona correcta en todos los sentidos, serio y estricto ante los ojos de todos, era todo lo opuesto con su única hija, la adoraba y haría por ella cosas con las que incluso no estaba de acuerdo, un padre cariñoso que supo suplir la ausencia de la madre de Alicia mientras crecía, un padre que veía cómo antes sus ojos y sin poder hace nada su mundo se derrumbaba, un padre que lo estaba perdiendo todo.
Sosteniendo la mano de su padre y con su hija dormida a un lado, así fue el último momento de la Reina Alicia.
El Duque sacó silenciosamente a Galia de la habitación para que no viera la terrible escena y la llevo a otra, mientras pensaba cómo le diría a su nieta que ya no podría ver a su madre.
El Duque llamó a un sirviente y fue directo con el Rey, no quería dejar a su nieta sola sin que supiera lo que había ocurrido, pero eran altas horas de la noche, él Duque prefiero darle un tiempo más de calma antes de la tormenta.
El Rey no entendía que había ocurrido porque el Duque Fontine lo buscaba a esas horas, cuándo escucho lo que el Duque fue a decirle el Rey sufrió una conmoción terrible.
Pensó que el Duque estaba mintiendo, pero el Duque Fontine no era alguien que hiciera ese tipo de cosas, además era de su hija de quién hablaba.
- Duque Fontine: Majestad la Reina Alicia ha muerto.
Fueron explícitamente las palabras que usó el Duque sin rodeos.
- Marco: ¡Qué demonios está diciendo Duque!
Gritó desesperado el Rey con una expresión furiosa.
- Duque Fontine: Es lo que escucha majestad, la enfermedad de su majestad fue más fuerte que ella.
- Marco: De que enfermedad habla, que demonios por qué la Reina estaba enferma, porque nadie me lo dijo.
El Rey lucía desesperado y confundido, el Duque no soportaba tanta hipocresía, aquel hombre se atrevía a llorar por su hija frente a él, no pudo responderle porque seguramente terminaría golpeando al Rey, en cambio, saco de su asco rápidamente la carta que le fue entregada por Alicia.
- Duque Fontine: esto... Majestad, me fue entregado por la Reina, para usted.
El Rey con el rostro cubierto en lágrimas vio el sobre que el Duque tenía en sus manos, un sobre con el sello de la Reina, titubeó en sí tomarlo o no, pero finalmente lo tomó.
El contenido de la carta, solo lo hizo caer aún más en el abismo de desesperación, lo único que salió de la boca del rey fue.
- Marco: haz lo que ella pidió, lo autorizo, esa mujer puede entrar al palacio.
El Duque que se mantuvo de pie y en silencio esperando la respuesta, hizo una reverencia y se retiró, un hombre que no tenía ni siquiera tiempo para llorar apropiadamente la muerte de su hija.
Al día siguiente todo el reino sabía del repentino fallecimiento de la Reina Alicia, la nobleza asistió al funeral, que fue rápido como ella pidió, el Duque Fontine ni siquiera pudo despedir en Paz a su hija, porque se vio interrumpido por los comentarios tan fuera de lugar cómo siempre de los nobles.
Un grupo de nobles se acercó a él pará ofrecerles sus condolencias, y tratando de quedar bien con el Duque Fontine, abrieron sus bocas imprudentemente.
- lo sentimos mucho Duque, su majestad era tan joven, ella era tan piadosa y bondadosa que acepto a esa niña maldita que terminó matándola
Ese día hubo más de un funeral, el Duque dejo que terminarán de hablar y cuando lo hicieron, llamó a los guardias y bajó los cargos de insultos a la familia real, ordenó la ejecución de los que dijeron eso, el Duque tenía el poder para hacerlo, y ya que el Rey no sé encontraba en el funeral él era la máxima autoridad.
Tenía demasiadas cosas en las que pensar y no toleraría a nadie que hablara de esa forma de su nieta, esto sería un mensaje para los presentes y no presentes de lo que les pasaría si hacían lo mismo.
Lilia sonrió al escuchar las noticias, mandó traer el mejor vino a su habitación y brindó ella sola, se sentía triunfadora, en el medio de sus divaganza dijo.
- Lilia: ajaja el cordero se a quedado solo, no es más fácil así?
Había una sola cosa cierta, Alicia, ya no estába en el juego.
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Comments
ljp
bueno por lo menos ya descansó pero no pensó en el futuro de la niña🤦♀️
2023-10-20
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