Duque Fontine: Majestad cómo ha mencionado, nació una niña como primer hijo en toda la historia de nuestro reino.
Al escuchar la voz del Duque gradualmente las voces de la sala se fueron apagando y cuando hubo suficiente silencio, el Duque siguió, cambiando su tono de voz y agudizando su mirada dirigida al rey, lo cuestionó.
- Duque Fontine: ¿Acaso la princesa nació enferma, tiene algún problema con su cuerpo, algo que le impida crecer sanamente?
El Rey miró furioso al Duque quien no tenía pensado callarse y tranquilamente continúo.
- Duque Fontine: por favor responda majestad.
- Marco: no entiendo a qué punto quiere llegar Duque...
- Duque Fontine: vuelvo a insistir majestad ¿puede responder a mi pregunta?
De mala gana el Rey contesto.
- Marco: La princesa no tiene ningún problema de salud.
Entonces el Duque Fontine siguió.
- Duque Fontine: Gracias majestad, entonces no veo cuál es el problema con la condición de heredera de la princesa, ha nacido en perfectas condiciones y además todos aquí saben.
Agrego el Duke levantando su tono.
- Duque Fontine: que ese es su derecho de nacimiento, derecho qué nadie de nosotros tiene poder de quitárselo, incluso usted majestad, y lo sabe o acaso han olvidado la ley de reyes.
Palabras que pusieron de nuevo en alboroto a la sala, el Rey apretó sus puños dónde nadie podía verlos, y dijo.
- Marco: no es así Duque pero, esto es algo que no puedo pasar por alto, no puedo dejar la suerte del reino en las manos de cualquiera.
El Duque Fontine replicó de inmediato, debía terminar esa sesión realizada sin fundamentos lo antes posible.
- Duque Fontine: A mí parecer si lo está haciendo, y discúlpeme majestad se lo digo con todo el respeto que la casa Fontine tiene hacía la familia real pero se equivoca, no está dejando el futuro del Reino en las manos de cualquiera, es su hija y es la legítima heredera, y no podemos suponer cosas sobre un recién nacido, o acaso se a juzgado el derecho de los antiguos reyes apenas nacieran! ¡No, verdad porque no hay nada que discutir porque así lo dice el escrito firmado por las cinco familias y reconocido por los mismos dioses! ¡O lo qué está buscando su majestad es que todos seamos castigados por un capricho suyo!
Cualquier cosa que alguien tratará de decir en ese momento sería inútil, ya que, lo que el Duque acababa de exponer era la verdad y todos incluido el rey estaban regidos por la omnipotencia de esas leyes, y la única forma de que la princesa dejara de ser la heredera era que está muriera o qué se comprobará que no era hija del Rey.
Él rey era una persona de mente cerrada e impulsivo, no podía pensar que esa niña algún día tomaría su lugar, esa niña maldita era lo único que pasaba por su cabeza.
El Rey estaba muy ilusionado con la llegada de su primer hijo, un hombre orgulloso de su ser, se imaginaba una copia exacta de el como hijo, y llego esa niña a destruir todo lo que había imaginado pero sin duda no había nada que se pudiera hacer en ese momento.
Pero en ese momento el rey se había convertido en un ser despreciable ante los ojos del Duque y soltó su lado cruel sin medir las consecuencias de sus palabras.
- Marco: Duque esa niña, tu nieta de la que te estás sintiendo tan orgullosa, tú hija te dijo... que esa niña no es más que una maldición, o que tienes que decir de ese repugnante color negro que lleva su cabello.
El rey se acomoda en su trono, cruzo las piernas y llevo su manso a la cara.
- Marco: las cosas malditas no viven mucho bajo la luz de Azahara.
La frialdad del Rey puso la piel de gallina a más de uno en la sala, pero eso no fue suficiente para intimidar al experimentado Duque.
- Duque Fontine: Es así...
Su Majestad, todavía no me ha dado una razón clara por la cual la princesa no pueda ocupar el lugar que le corresponde, y no me lo ha dado porque no existe.
Sonrió el Duque, los nobles que escucharon y observaron la guerra fría entre los dos comenzaron a cotillear.
- es cierto, la ley de reyes no es algo sobre lo que se pueda pasar por encima.
- siempre hay una primera vez para todo, sería lo mismo con la princesa ¿no?
La voluble opinión de los nobles enojó al rey, y le dio la razón al Duque en cuanto a qué ellos se tragarían sus palabras.
Sin mas argumentos para continuar y antes de que el enojo lo domine el rey termino la sesión con los Lores.
- Marco: Doy por terminada la sesión, la discusión de la sucesión está cerrada, pueden retirarse.
El Duque Fontine estaba satisfecho con los resultados obtenidos, había cumplido su propósito y por fin podría ir a ver a su hija y conocer al pequeño nuevo miembro de su familia.
El Duque salió directo hacia el palacio de su hija, la reina Alicia, el palacio de la reina era el segundo más lujoso y grande, decorado al gusto de la reina, era un palacio elegante y tranquilo como lo era su dueña, en la habitación principal parada junto a un enorme ventanal estaba la figura de la mujer, el largo cabello color plata, los ojos azules, la bella reina enamoraría hasta un ciego.
La reina miraba nerviosamente por la ventana, pronto una voz proveniente de afuera la llamó.
-Majestad el Duque Fontine está aquí.
La voz de la sirvienta principal sonó y antes de que terminará de hablar Alicia se encontraba abriendo las puertas ella misma.
- Alicia: retírense.
Fue lo primero que dijo, una vez que las sirvientas se retiraron se derrumbó en los brazos dé su padre, un tanto sorprendido el Duque reaccionó un poco tarde y abrazo a su hija, calmando a la ansiosa Alicia.
- Duque Fontine: shh Alicia lo que te aflige no pasara...
Fue lo que dijo el Duque, Alicia cerro los ojos aliviada eso significaba que él Rey no podía hacerle nada a su hija.
A pesar del aspecto duro, firme y serio del Duque, era alguien muy cariñosa con su familia, especialmente con su única hija, Alicia.
Pero Alicia no podía estar tranquila de igual forma, por más que la persona en la que ella más confiaba le dijera eso, no después de lo que había sucedido y de lo que no podía hablarle a su padre por más que quisiera.
Invito a su padre a pasar a su habitación, mando a que les trajeran el té y se sentaron en una mesa junto a otro ventanal, el Duque contó a Alicia lo sucedido en la sesión, pero no podía concentrarse en lo que quería contarle a su hija, ya que se distraía viendo hacia donde se encontraba un lujoso ajuar cubierto por blancas cortinas, era obvio lo que había ahí, Alicia lo noto y sonrió.
- Alicia: quieres verla padre ..
- Duque Fontine: he...
Reaccionó un tanto sorprendido el Duque.
- Duque Fontine: verla mm... Si tú lo permites claro.
Alicia con su suave sonrisa le respondió.
- Alicia: ¡claro que sí padre!
Y lo dirigió hacia donde se encontraba la pequeña cuna.
Era raro que la reina tuviera a su hija en su habitación, pero Alicia no permitía que nadie más que ella se hiciera cargo de su bebé, no confiaba en nadie, los últimos días podía escuchar los murmullos de sus empleados, que cuando la veían se callaban avergonzados, pero no era eso lo que la inquietaba sino lo que el Rey pudiera hacer, pero su padre le trajo calma por el momento.
Cuándo estuvieron ya a un lado de la cuna, Alicia corrió las cortinas que la cubrían, la expresión del Duque podría describirse cómo maravillado al ver lo que las cortinas rebelaron.
Entre las sábanas de hilo delicado preparados para un príncipe, una princesa de piel suave y blanca como la nieve, de mejillas regordetas con un poco de sonrojo demostrando que es saludable, y sin duda esos hermosos ojos dorados, enmarcado por largas pestañas de color negro y su cabello en el mismo color, algo que nunca había visto, pero no sentía nada de lo que el Rey había manifestado sobre la niña, lo único que veía era una hermosa niña que pareciera ser moldeada por los mismos dioses, le inspiraba cariño, ternura, amor, todo lo opuesto a lo que su propio padre dijo de ella.
Alicia tomó a la bebé en brazos quien ni se inmutó, tranquila observaba a su madre, Alicia miro a su padre y le dijo.
- Alicia: ¿quieres cargarla? Adelante hazlo.
Insistió la reina, dudoso el Duque no es que no quisiera más bien no sabía cómo, entonces Alicia le indicó cómo poner sus brazos a lo que el Duque la imitó, cuidadosamente Alicia dejo a su pequeña en los brazos de su abuelo, quien no podía dejar de sonreír al ver tal paisaje frente a él, cómo si se diera cuenta de que esos brazos no eran los de su madre la niña frunció un poco el ceño y busco la cara de quién la cargaba, cómo alguien que no le teme a nada miro directo a los ojos al Duque, quien sorprendido por el encuentro de miradas soltó una carcajada.
- Duque Fontine: jajajaja veo que eres ruda! ¡Quien se atreverá en el futuro a desafiarte si desde ahora me ves de ese modo! Jajaja !
Continúo el Duque sonriendo y comentando con su hija lo preciosa que era su nieta. Nada de la boca de los dos salió sobre el hecho de su particular cabello negro, y es que de nada servía, ya que desconocían porque era así, pero al fin y al cabo no les importaba este hecho porque esa niña era su preciosa familia.
El Duque la coloco de nuevo en su cuna, y pregunto.
-Duque Fontine: ¿no es muy ruidosa no?
- Alicia: no llora en absoluto padre, es cómo un atardecer tranquilo.
- Duque Fontine: es así, es una niña muy especial. Por cierto Alicia, su majestad ¿la nombró?
En medio de tanto entusiasmo por ver a su nieta olvidó preguntar esto, si el rey le dio un nombre a la niña.
Alicia que los estaba observando, bajo la mirada evitando la de su padre, y con palabras entrecortadas dijo.
- Alicia: no .…no.. Padre... Él, Él apenas la vio no dijo nada más desde entonces.
En Hèmera era tradición que el Rey nombrará al recién nacido que fuera el futuro heredero, no era algo estrictamente necesario pero si hacía parte del reconocimiento del Rey hacia su hijo/a. Esto solo mostraba más el descontento del Rey con la niña.
- Duque Fontine: Entonces tu Alicia, ya pensaste en un nombre, no podemos esperar nada de él, ¿lo sabes?
Dijo el Duque llevando su mano al hombro de su hija y buscando su mirada.
Alicia se dió vuelta y caminó hacia el gran ventanal dandole la espalda a su padre. El Duque pensó que su actitud se debía a qué sentía dolor porque el Rey no le diera un nombre a su hija, pero eso no era por lo que Alicia se sentía tan nerviosa que no podía ni ver a la cara a su propio padre, se sentía frustrada, ansiosa, con miedo porque lo que le había ocurrido la noche anterior no podía decírselo a nadie, por más que lo intentará cuando quería referirse a los hechos que vivió la noche anterior era como si se quedará sin voz, y por mucho que lo intente las palabras no le salían.
Alicia se mantuvo en silencio mientras recordaba lo sucedido.
La pasada noche, sintió cómo un viento frío entraba a su habitación, esto la despertó pensando que tal vez alguna ventana estaba abierta, Alicia medio dormida dirigió su mirada a la cuna de su niña que se encontraba a un lado de su cama, grande fue su sorpresa cuándo no vio a su hija en la cuna, de un salto se dirigió hacia esta ya enterando en un estado de desesperación y pensando lo peor, cuando iba a gritar se percató que había alguien parado frente al gran ventanal, alumbrado por la luz de la luna, y ese alguien tenía a su bebé.
Alicia quiso correr hacia este, pero en el momento que quiso hacerlo, la figura masculina que estaba de espaldas hacia ella se dio vuelta la miro y le ordenó.
-no te muevas mujer.
Alicia no haría caso e iría desesperada por su hija, pero no pudo mover un músculo, ni siquiera hablar, cómo si ese hombre tuviera poder absoluto sobre ella, no se pudo mover un centímetro, no tuvo más opción que mirar impotente qué haría aquel extraño, pensaba lo peor, que se trataba de un asesinó enviado por el Rey, o por la iglesia, cualquiera de estos podría ser, cuando, se percató que el hombre que tenía en sus brazos a su hija no estaba haciendo nada más que arrullarla cómo ella lo hacía y que la niña seguía tranquila, Alicia ya no entendía nada.
Los pensamientos confusos la aturdieron, si era un asesinó ya la hubiera matado y no se mostraría, se iría lo más pronto posible, pero ese hombre seguía cargando a su hija y viéndola muy cariñosamente.
Alicia siguió intentando moverse sin éxito, entonces noto algo que se dejaba ver por la luz de la luna que alumbraba la escena frente a sus ojos.
Ese hombre que cargaba a su hija, tenía algo igual a ella, cabello negro.
Alicia seguía sin entender nada quien era ese hombre que jamás en su vida había visto, y que era eso no solo tenía el cabello igual a su hija se parecía a su hija.
El aspecto del hombre era de cabellos largo por debajo de su cintura, más alto aún que su esposo el Rey que era un hombre considerablemente de gran altura, sus ojos de color negro como la mismísima noche sin estrellas, piel blanca pálida, y su cuerpo se notaba muy fornido. Podría describirse cómo belleza aterradora, pero por más que Alicia lo mirará no podía pensar en alguien que conociera, e incluso le parecía alguien irreal.
El hombre siguió arrullando y viendo a la bebé, hasta que comenzó a hablar.
Alicia pudo escuchar algo que la estremeció y desconcertó. El hombre dijo medio susurrando a la bebé.
- al fin te encontré.
Y sonrió
Luego dirigió su mirada a Alicia, Alicia sintió terror, miedo extremo, desesperación cuándo ese hombre la miro directo a la cara.
-Galia ese será su nombre.
Alicia no entendía nada, luego de decir eso el hombre dejo suavemente a bebé en la cuna, dando una última mirada amenazadora a Alicia y como si de humo se tratase se desvaneció en la oscuridad.
En el momento en que desapareció Alicia recuperó su movimiento y su voz, desesperada tomó a su hija en brazos y verificó que el hombre no le hubiera hecho nada, luego de comprobarlo abrazo a su hija fuertemente cómo si está fuera a desaparecer si ella la soltaba, luego con la niña en brazos corrió hacia la puerta y comenzó a llamar a los guardias que la custodiaban, los guardias atendieron al llamado de la Reina sin entender que sucedía, y más confusos se quedaron cuando al consultar a la Reina que ocurría está no supo contestarle y después que llamara a los gritos ella misma a los guardias los mandó a sus lugares nuevamente.
Lo que ellos no sabían es que no es que Alicia no quisiera decirles sobre lo sucedido, sino que cuándo quiso hablar de los hechos ninguna palabra salía de su boca, sentía cómo si se asfixiara.
Alicia entró de nuevo a sus aposentos y al cerrarse las puertas se derrumbó en el piso en medio de un ataque de pánico, comenzó a llorar desconsoladamente.
¿Qué era lo que había ocurrido hace un momento, quien era ese hombre, que quería de su hija, porque ella no podía hablar sobre lo que pasó? Todo esto la atormentó, pero al darse cuenta que tenía a su hija en brazos Alicia trato de calmarse.
Alicia pasó saliva muy fuertemente mientras salía de sus recuerdos, y dijo a su padre.
- Alicia: Galia, ese será su nombre.
Las mismas palabras que aquel hombre le dijo.
- Duque Fontine: Es un nombre único, que le queda bien.
Dijo su padre sin saber el contexto detrás de ese nombre.
- Alicia: si le queda muy bien...
Dijo Alicia mientras se volteaba.
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Updated 113 Episodes
Comments
Dulce Cira
Él Dios Demonio 🤔será un amor prohibido o su hija
2024-07-07
1
Alex
Será su padre?? Pero de dónde salió y quién es???
2024-06-14
2
Alex
Pero no es cualquiera!!! Es tu hija!!! 🤬🤬🤬🤬
2024-06-14
1