Emma Brandt. ♣︎
Los meses pasaron y mis citas con el psicólogo se dieron por terminadas porque había dejado de mencionar mis alucinaciones, sigo con la receta médica, pero al menos ahora enfrente de los demás me encuentro estable y con una buena salud mental.
No he dicho una palabra sobre mis sueños con Conejo y he intentado ser la novia perfecta para Henry. Nos hemos besado, nos hemos tocado, pero después de 6 meses saliendo juntos finalmente quiere dar otro paso, algo que he pensado que debería dejar ir y simplemente disfrutar de mi primera vez con el chico más gentil y dulce que he conocido.
—No puede presionarte.—Declaró Diana, mi mejor amiga de cabello rojizo y ojos marrones, ambas tenemos la misma edad y estamos estudiando la misma carrera en la universidad.—Si no estás lista, entonces no lo hagas, es tu cuerpo y es tu decisión.
Ahora nos encontramos hablando en mi habitación, ella en mi cama y yo en el pequeño sofá que se encuentra en la esquina del cuarto (normalmente lo utilizo para leer mis libros con más comodidad y privacidad).
—Lo sé.—Puse mis piernas arriba del sofá individual y las abracé para ocultar mi rostro entre ellas.—Pero ha sido demasiado paciente conmigo, ¿cuánto tiempo debes esperar antes de tener sexo con tu novio?
—Henry tendrá que esperar y comprender que no eres solo un objeto que puede darle placer, así que debes esperar hasta que esas dudas ya no estén.—Recomendó ella.
Han pasado 6 meses desde mi cumpleaños, mismo día que comencé a salir con Henry y todo ha sido demasiado hermoso a su lado, pero tener sexo con él es como si..
Es como si estuviera engañando a ese hombre que sigue apareciendo en mis sueños.
—Moriré virgen si espero hasta entonces.—Murmure con frustración.
Me gusta Henry, en este último tiempo realmente he aprendido a quererlo y odio no poder actuar como una novia lo haría.
...Tic Tac.....
...Tic Tac.....
...Tic Tac.....
Mi reloj de bolsillo interrumpió el breve silencio que se formó en la habitación e hizo me ganará la atención de Diana.
—Dejando a tu novio perfecto de lado.—Señaló hacia mí con su mano.—¿Siempre llevas contigo ese viejo reloj?
Este viejo reloj es lo único que me hace recordar algo que nunca ocurrió y sé que debería dejarlo atrás por el bienestar de mi salud mental, pero tengo esa pequeña voz en mi cabeza que ruega aferrarse a el.
—Me gusta.—Simplemente respondí a su pregunta con la palabra más indicada para expresar que siento con este reloj.
—Tienes unos gustos anticuados.—Se burló ella.
Diana es una chica energética, demasiado carismática y muy irresponsable, pero me encanta ser su amiga porque siempre dice todo lo que siente y todo lo que piensa de su entorno, eso hace que sea muy fácil comprenderla.
—Los gustos hacen a la persona, eso me hace una chica anticuada supongo.—Sonríe.—¿Pero que me dices de ti?, te gusta juntar el chocolate con mostaza.—Hice una mueca al recordarla comer esa mezcla extraña.—Eso te hace sin duda alguna una completa sociópata.
—¡¡Oye!!.—Gritó ofendida y con gracia, tirando una de las almohadas de la cama hacia mi dirección (aunque esta no alcanzo a golperme).
Ambas nos comenzamos a reír sin muchas razones para hacerlo, es divertido estar con ella y nunca podría decirle que en más de una ocasión he visto su cuerpo sin vida en mis alucinaciones, misma escena en donde me encuentro petrificada ante el miedo, no miedo del extraño hombre que siempre termina asesinado a mis seres queridos en mis sueños, no, siento miedo por mí, porque la escena me gusta y me hubiera gustado haber ayudado en el asesinato de ellos.
Esos pensamientos me dicen que no soy normal, las pastillas ayudan cuando las consumó, pero cuando dejó de tomarlas estas regresan con mayor crueldad.
Aveces pienso que mi subconsciente creo a Conejo para alejar esos deseos malvados y para tener un culpable para no ser arrastrada por ese camino.
—Hey Emma.—Habló Diana cuando terminamos de reírnos como maniáticas.—Este fin de semana habrá una fiesta en casa de Javier, ¿por qué vienes con Henry?, tal vez con un poco de alcohol las dudas sobre mantener la castidad se vayan.—Dijo en forma de broma.
—Ja ja ja.—Respondí con una risa sin humor.
Javier es un chico de la universidad que siempre hace fiestas los fines de semana cuando sus padres le encargan la casa para salir fuera de la ciudad por trabajo y obviamente, él siendo tan responsable y buen hijo, decide ser el anfitrión del caos.
—Ni siquiera somos amigas de Javier, no podemos entrar a una fiesta sin antes haber sido invitadas.—Mencioné.
—Todos lo hacen, es una fiesta exclusiva para los estudiantes de nuestra universidad y nosotras estudiamos en dicha universidad.—Sonrió Diana.—Será divertido, yo también invitaré a mi novio para que Henry tenga un compañero de charlas.
Henry y el novio de Diana son buenos amigos, supongo que no se sentirá fuera de lugar si tiene a su compañero para hacerle compañía, aunque no creo que haga falta porque no planeó dejar a mi novio solo en una fiesta que yo le pedí asistir.
—De acuerdo.—Acepté.—Llamaré a Henry e iré si él acepta venir conmigo, no quiero estar en una fiesta rodeada de extraños.
—Claro, yo también iré si mi novio viene conmigo.—Afirmó ella.—No tendría sentido ir a una fiesta sin ellos, sería muy arriesgado ir solas, hay muchas tragedias que podrían ocurrir por una noche de diversión.
...Ella tiene razón....
No es seguro quedarse sola en una fiesta rodeada de extraños alcoholizados y incluso drogados. Es más fácil ser precavida antes que lamentar y no pienso ser víctima de un posible abuso como hace años con el abuelo Edgar.
Mi piel sigue teniendo esos escalofríos cuando recuerdo su cuerpo encima mío, pero luego aparece él, con ese tatuaje que todavía puedo ver claramente cuando cierro los ojos y todos los malos recuerdos quedan en el olvido porque solo esta él en mi mente.
...Conejo....
Sigo tocando mi cuerpo con tu recuerdo, aunque no seas real. Eso no puede ser llamado infidelidad ¿verdad?, no puedo engañar a mi novio con alguien que nunca existió.
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