Capítulo 19

-¿Pasa algo?

-No, solo que estos tres días que estuve sin ti fueron un total delirio.

-¿A qué te refieres, Chris? No comprendo.

-Lo que quiero decir es que ¡te extrañé! —dijo mientras la miraba a los ojos.

-Chris, ¿estuvo bien todo allá?

-Yo también te extrañé, pero a mí no me engañas.

-¿Cómo? ¿Te dijeron algo de mí?

-Realmente no sé qué sucedió en esos tres días allá en Kansas, pero cuando le contabas a los demás cómo fue tu viaje, noté cómo cambió tu expresión también cuando ibas contando cada detalle de tus días en casa.

-Chris sintió la necesidad de llorar, pero no podía, pues al fin había encontrado a alguien que lo comprendiera, alguien que lo notara, pero él sabía que no era del todo honesto con ella, por lo que la abrazó con ternura mientras acariciaba su cabello.

-El chico la tomó de la cintura y la acercó a él -Ana sintió mariposas en el estómago.

-¿Puedo? —Chris miraba su lindo rostro bajo la luz y esos labios rosados que solo se le antojaban al verla, no esperó a que la chica respondiera y la besó.

-¿Por qué tardan tanto?—preguntó la madre de Ana.

-No lo sé, señora, pero ya se demoraron.

-Si gusta, puedo ir a ver qué sucede —intervino Mar.

-Se dirigió a la cabaña, buscó en la sala, la cocina y en las habitaciones principales. Fue a verla a su habitación y antes de tocar la puerta, escuchó a Chris hablar.

-¿Puedo continuar?

-La chica lo quitó de encima sin decir más.

-Chris respetó su decisión pero se sintió triste.

-Mar, tras escuchar su conversación, notó que los dos estaban juntos en la misma habitación, por lo que no los interrumpió y se regresó a la fogata.

-Ana no encuentra su casa de campaña y Chris la está ayudando—mintió Mar.

-Bien, Mar, entonces empecemos nosotros.

-Mar estaba pensando en miles de escenarios sobre lo que había escuchado, pero dejó que ellos tuvieran un momento a solas mientras cubría a su amiga.

-El chico estaba fascinado, amaba besar esos lindos labios, tan perfectos con solo sonreír. A los pocos minutos, la madre de Ana notó que algo estaba pasando y que ya se habían tardado demasiado.

-¿Aún no los encuentran? —preguntó la madre de Ana.

-No han de tardar, sabe que Ana siempre fue desordenada desde pequeña –mencionó Thom.

-Tienes razón, hijo, esa niña es muy desordenada. -No se apure, señora, iré por ellos.

-Está bien, Mar.

-Al llegar a la habitación de Ana, tocó la puerta. -Ana, los están esperando afuera, tu mamá iba a venir por ti pero la detuve. Apresúrate, cariño.

-Ana se asustó por un momento cuando escuchó que su madre estaba por ir a su habitación.

-Ya salgo, Mar, gracias.

-Mar se regresó y mencionó a las damas que ya se dirigían a la fogata.

-Ana, siento mucho mi comportamiento.

-La chica lo interrumpió y le dijo:

-No te preocupes, Chris, yo también quería. Con esto lo abrazó y se dieron un último beso. A lo lejos, desde su cama, la chica vio su maleta donde tenía sus cosas de acampar, la tomó y salieron de la habitación. Para no levantar más sospechas, Ana salió primero y luego Chris.

-Bien, ya estamos aquí. Chris me ayudará a poner mi casa de campaña.

-Bien, no tarden, mientras estaremos asando bombones aquí. Chris la ayudó y luego se fueron a sentar al lado de la fogata y asaron bombones también, mientras tanto, Evelyn comenzaba a dibujar a todos juntos sobre su libreta de dibujo.

-Evelyn, tienes un gran talento -mencionó Thom. -Concuerdo contigo, Thom, de verdad son lindos -dijo Mar.

-¿Evelyn, esto es lo que planeabas? —preguntó Ana.

-Nooo, aún falta una cosa.

-Mira al cielo, Evelyn -dijo la madre de Ana.

-La niña miró y se alegró, pues su plan había salido perfecto. Todos miraron al cielo y vieron algo increíble, pues cuando Evelyn era más pequeña, su mamá la llevaba a ver las luciérnagas por la noche, pues en la cabaña había muchas y salían de noche alumbrando la finca con muchos destellos.

-Esto es lo que quería que todos vieran, son muy bonitas ¿verdad?

-Wow, Evelyn, es maravilloso esto —dijo Thom.

-Todos se pararon de la fogata y fueron a ver más de cerca las luciérnagas. Éstas bajaban cada vez más hasta llegar a volar cerca de ellos. Ana abrazó a su hermana y la cargó para que apreciara más de cerca.

-Vamos, Ana, ven —sugirió Mar.

-Las chicas se encontraban jugando bajo la manada de luciérnagas que iluminaban el lugar, Chris y Thom observaban tal escenario y contemplaban la felicidad de Ana, pues no la veían sonreír casi siempre. Se unieron a jugar con las chicas un rato y la madre de Ana aprovechó el momento para tomarles una foto a los chicos y así tenerla de recuerdo. Se fue a las puertas de la finca, pues el repartidor de pizza ya había llegado, le pagó al chico y cerró la puerta de nuevo. Fue donde están los chicos y dejó sobre la mesita las cajas de pizza, llamó a los chicos para que disfrutaran de ella. Disfrutaron de la noche y todos se fueron a sus casas de campaña. Ana se encontraba sin sueño, por lo que fue a los columpios a distraerse un poco para así poder cansarse y conciliar el sueño. Chris también no podía dormir, por lo que salió de su casa de campaña y quiso caminar un poco. Notó a Ana a lo lejos, por lo que fue donde ella se encontraba.

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